| 5/1/1993 12:00:00 AM

Oro, la edad De piedra

El oro que sacan los barequeros de los ríos, el único que Colombia produce, es sólo el vestigio de inmensos yacimientos por explotar en el corazón de las montañas.

Colombia está sentada en una bomba de tiempo. La población se doblará en 25 años. Si la economía del país es incapaz de crecer al mismo ritmo, los servicios públicos harán crisis y los colombianos recordarán a 1993, como "los buenos viejos tiempos". Es necesario que la economía colombiana crezca al mismo tiempo que la población, pero ¿cómo? Simplemente el país no está concentrado en su ventaja comparativa más grande, que son sus recursos naturales. ¿Pero qué está pasando con su recurso natural más famoso: el oro?

El Museo del Oro no se encuentra en Bogotá por accidente. Durante 300 años de gobierno colonial, 30% del oro enviado a España desde el hemisferio occidental provino de Colombia. El país es rico en oro, pero los colombianos no lo saben. Oro es una palabra sucia en Colombia. El oro, como las esmeraldas, está asociado en la mente popular con soñadores, estafas, robos y asesinatos. El colombiano promedio se imagina a un minero como una vieja desdentada, con el vestido roto, descalza, sentada en una piedra, en medio de un río con una batea, trabajando cinco o seis horas al día para recoger dos mil pesos en oro. Mas no debe criticarse al colombiano promedio por tener esta imagen del minero, pues en Colombia esta es la realidad. ¿Dónde se encuentra Colombia en este escenario de desarrollo de los recursos naturales? El país simplemente no está pensando en la minería.

Canadá, Australia y Sudáfrica, tres países con situaciones similares a Colombia en cuanto a recursos naturales, han aprendido que una nueva mina no sólo provee nuevos empleos e impuestos, sino que además, y esto es más importante, una nueva mina significa un pueblo nuevo, una carretera nueva y la apertura de tierras antes inaccesibles. Un país en vías de desarrollo, rico en recursos naturales, no puede darse el lujo de dejar su riqueza en el subsuelo. Colombia ya está 80 años atrás de Canadá, Australia y Sudáfrica en el desarrollo de la explotación de esos recursos, y 130 años atrás de los Estados Unidos.

Hoy día no hay una sola mina de oro en Colombia que opere con tecnología del siglo XX. Hoy día no hay un solo laboratorio en el país capaz de producir análisis confiables de oro. Las piedras deben enviarse a Estados Unidos para su análisis. Lo más parecido en el país a una operación aurífera moderna y en gran escala son las dragas en el río Nechí, pero esto es nuevamente una operación de sacar oro de un río, no de las montañas, que es donde se origina el oro que corre con los ríos, y es donde yacen las vetas auríferas escondidas, sin descubrir, y consecuentemente sin desarrollar.

¿Son de importancia económica estas vetas escondidas? El mejor ejemplo resulta de analizar los orígenes del oro del río Nechí. Si el oro extraído por el hombre en los últimos 100 años del río Nechí representa el 10% del oro contenido en las montañas que se encuentran en el nacimiento del río, -y este es un estimativo muy conservador-, entonces la cantidad de oro que yace escondido sería equivalente aproximadamente al valor en dólares de los 1.500 millones de barriles de petróleo de Caño Limón. Y esto es un solo río, en una sola región de Antioquia.

¿Qué tiene que hacer Colombia para estimular el desarrollo de sus recursos mineros? Para eso hay que rememorar a la vieja con la batea. Una toma de conciencia pública es el primer paso, y tal vez el más difícil de todos. Si el 90% del público norteamericano es analfabeto respecto a la ciencia (una cifra de aceptación general en los Estados Unidos), ¿dónde se sitúan entonces los colombianos? Es obvio, por tanto, que la población no va a levantarse en masa a desfilar en frente del palacio Presidencial, demandando que el gobierno ataque el problema del desarrollo de los recursos naturales. La iniciativa debe provenir del gobierno mismo. Más que preocuparse sobre cuándo prender la luz y cómo arreglar el oleoducto, el Ministerio de Minas y Energía podría centrar su atención en hacer algo acerca de la infraestructura básica de Ecominas, y diseñar incentivos económicos para atraer compañías multinacionales a Colombia.

Pero hay que dejar descansar por un momento al Ministerio de Minas. Sus funciones son demasiadas, en primer lugar. Los embalses hidroeléctricos, las empresas de energía y las estaciones de gasolina no deberían ser dirigidas desde la misma dependencia que maneja el petróleo, el carbón y los recursos mineros. De hecho el petróleo, el carbón y la minería no deberían ser manejados desde una oficina, si los recursos mineros fueran a formar parte seriamente de la planeación a largo plazo del país.

Las discusiones sobre el oro en Colombia se centran invariablemente en Antioquia y Chocó. Esto es natural, puesto que históricamente allí es donde ha habido mayor producción aurífera y donde, indudablemente, en el futuro se desarrollarán minas similares a las del resto del mundo. No obstante, en Canadá, Sudáfrica y la antigua Unión Soviética, los mayores productores de oro en el mundo, el mineral se encuentra en rocas muy diferentes a aquellas de los Andes colombianos. Las rocas son antiguas, no jóvenes de menos de 70 millones de años de edad, como en el caso de los Andes, sino que tienen más de dos millones de años. Pero, ¿tiene Colombia rocas antiguas como aquellas encontradas en Canadá, Sudáfrica y la antigua Unión Soviética? La respuesta es sí: en el Amazonas.
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