| 9/17/2004 12:00:00 AM

Oportunidad de oro

Parece ser el mejor momento para la venta de las siderúrgicas Diaco y Sidelpa del Grupo Mayagüez.

No todos los días se pone en venta la mitad de un sector productivo. Por eso, es tan interesante para los observadores de la economía nacional, la posibilidad de que se venda el grupo siderúrgico Diaco, que produce el 52% del acero nacional.

El 23 junio, la asamblea de accionistas de Diaco autorizó a su presidente "para evaluar la posibilidad de potenciales alianzas estratégicas que podrían desarrollarse bajo diferentes esquemas, como contratos de colaboración empresarial o vinculación de capital accionario a la compañía", dice un informe. Con esto, despegó oficialmente un proceso que puede terminar en la venta parcial o total del grupo.

De hecho, ya ha rechazado ofertas, una de ellas -la más vistosa- la de la empresa argentina Techint, que produce cerca de 8,5 millones de toneladas de acero al año, esto es, 10 veces más que toda la producción colombiana junta.

Para los entendidos, la venta de los accionistas mayoritarios, la familia Holguín del Ingenio Mayagüez, es oportuna. Otros, en cambio, consideran que la integración del sector siderúrgico colombiano no ha terminado, y que Diaco podría comprar más firmas para integrarse horizontal o verticalmente.



Condiciones

La venta, sin embargo, tiene varias dificultades. De un lado, la consideración de los actuales accionistas, que no quieren vender para que se cierren sus plantas. Con 618 empleados directos en sus 4 siderúrgicas, no están interesados en despidos que agraven las condiciones de desempleo del país. La siderurgia genera el 18% del empleo industrial. Además, Colombia aprendió en 2003 que no puede depender totalmente del acero importado.

El otro escollo es el precio. Expertos estiman que las siderúrgicas se pueden vender hoy por 7 u 8 veces el Ebitda. En los dos últimos años, según cálculos de Standard & Poor's, se han hecho transacciones por cerca de 5 ó 6 veces el Ebitda. Por eso, la oferta de 2 veces el Ebitda de 2004 que hizo Techint por Diaco -es decir, US$125 millones- es demasiado baja.

Además, la figura puede tener variantes. Personas cercanas al grupo sostienen que no habrá una venta total, sino parcial. El socio extranjero invertiría en la compañía con la posible idea de tomar el control a mediano plazo y, por ahora, generaría una amplia mezcla de productos y de buenos precios, daría acceso a tecnología, equipos, licencias y defendería el mercado.

Otros piensan que antes de vender, debería absorber otras compañías para aumentar su valor. Esto no es extraño en Diaco, que tiene la característica de comprador desde su inicio. De hecho, hace tres meses adquirió Laminados Muza para ampliar su portafolio con los ángulos de esa fábrica cundinamarquesa. Consideran, además, que la familia Holguín no tiene prisa en la venta, porque le está yendo bien en sus negocios de azúcar y en Cine Colombia.



Qué hay de bueno

El Ingenio Mayagüez se hizo socio de la Siderúrgica del Pacífico, Sidelpa, en 1961, y aumentó notablemente su participación en 1980. En esos años compró también una participación mayoritaria en Sideboyacá, Sidemuña, Heliacero y luego, en 2001, en Simesa. Al final de ese año se fusionaron todas las compañías, bajo el nombre de Grupo Siderúrgico Diaco. La tarea de organización no fue sencilla, pero consiguió significativas reducciones de costos y mejoras de eficiencia.

El tremendo aumento en los precios internacionales del acero, empujado por la demanda de China, le dio una ayuda adicional a la empresa. Por primera vez, desde 2000, en 2003 Diaco mostró números negros en sus utilidades ($17.500 millones) y a junio, las ganancias se acercaban a los $50.000 millones.

Las cifras mejoraron en todos los renglones del balance. En junio, la rentabilidad del patrimonio fue de 18,4%, el endeudamiento aumentó, pero concentrado en acreencias de mediano y largo plazo, la utilización de la capacidad instalada fue de 79%, casi un récord histórico y el valor patrimonial de la acción superó los $1.123.

Con todo esto, Diaco Valores, holding de las inversiones siderúrgicas de Mayagüez y mayor accionista de Diaco, dio utilidades en junio por $1.500 millones, las primeras desde 1998. Así las cosas, en balance, se puede decir que el negocio de las siderúrgicas semiintegradas no ha sido bueno para los azucareros vallunos.

Pero, ¿qué interés podría despertar en inversionistas internacionales el 52% de un mercado comparativamente pequeño que produce 800.000 toneladas anuales y consume 1,8 millones de toneladas?

"Será interesante cuando se acabe la bonanza actual", explica Juan Manuel Lesmes, de la Cámara Fedemetal, de la Andi. Y como, sin duda, los industriales mundiales del acero piensan en plazos largos, Diaco tiene buena pinta por varias razones.

Colombia importa 1,4 millones de toneladas, un volumen atractivo, sobre todo si se considera que el consumo per cápita de productos de acero es de 54 kilos por año, uno de los más bajos del hemisferio y que con un TLC con Estados Unidos, la demanda de las empresas metalmecánicas exportadoras puede aumentar. Hoy, las importaciones son mayoritariamente abastecidas de manera legal o ilegal (ver recuadro) desde Venezuela.

Diaco conformó una red de 7 centros de acopio para su materia prima -la chatarra-, con lo que puede competir mejor contra el acero importado. Además, en su plan estratégico, tiene el proyecto de aumentar su producción a un millón de toneladas anuales en 8 años y completar su oferta actual de barras para construcción con otros aceros de construcción, como vigas, canales y perfiles. Así atendería desde el país cerca del 40% de la demanda que hoy solo cubre en 25%. Su ventaja en este empeño de producción sería el hecho de jugar de local y los inversionistas interesados entienden eso como un valor.

Pero hay más. El fondo Latin America Enterprise Steel, mayor accionista individual de la compañía con el 42%, anda en retirada. Sus inversionistas, un grupo de peruanos, ya salieron de sus acciones en empresas de Argentina, Venezuela y México y solo les quedan las colombianas. Por su naturaleza, no tienen intención de quedarse para siempre y los inversionistas potenciales aprovecharían esa situación.

Pero además habría toda clase de intereses estratégicos para entrar ahora al sector siderúrgico nacional.



Ajedrez global

"En las reuniones internacionales, a Colombia le dicen el gueto", dice Juan Manuel Lesmes, de la Cámara Fedemetal, de la Andi. Esto porque compañías colombianas hacen toda la producción de acero. Paz del Río, Diaco, Acasa, Sidoc, Sidunor y Aceros Sogamoso tienen capital mayoritariamente colombiano. Esto es un caso excepcional en el mundo, porque como en otras industrias, la producción se está consolidando en pocas transnacionales.

En América Latina, Techint produce en Argentina, es dueña de Sidor en Venezuela, de Tamsa en México y funde acero en Italia. La compra de Diaco le significaría la mejor oportunidad de conservar el mercado colombiano que hoy abastece desde Sidor.

La gigante brasileña Gerdau, la mayor productora de aceros largos en el continente americano, tiene plantas en Brasil, Argentina, Canadá, Estados Unidos y Uruguay y una capacidad instalada de 14,7 millones de toneladas de acero por año. Gerdau opera en Estados Unidos como Gerdau Ameristeel y acaba de comprarle ocho fábricas a Cargill por US$266 millones. En ese país, Gerdau se convirtió en el segundo productor de acero con miniplantas. Para la brasileña, Diaco podría representar la entrada por Colombia al mercado de Estados Unidos con algunos productos, cuando esté operando el TLC y de competirle a Techint en el mercado colombiano.

Como estas empresas, hay otras que podrían aprovechar sus enormes utilidades para incluir a Diaco en sus planes de expansión mundial. Entre ellas estaría la mexicana Sicartsa, que produce 1,6 millones de toneladas anuales y en el futuro se podría interesar en vender a Ecuador o Perú desde Colombia. La europea Arcelor, la mayor productora de acero del mundo, que despacha 40,2 millones de toneladas, dueña de CST en Brasil y que ha manifestado su interés por comprar más compañías; la india Ispat, el segundo productor mundial, con operaciones en México, Estados Unidos, Canadá, Trinidad, África y Europa, podría interesarse en la posición ventajosa de Colombia con Mercosur. Incluso, en la lista podría estar la brasileña Usiminas que también es socia de Sidor.

Habrá forcejeos, naturalmente, pero la opción de venta con alguna de las variantes mencionadas al inicio parece clara. El Ingenio Mayagüez es un buen negocio que muestra una utilización de capacidad instalada del 95%, y avanza en la construcción de una planta de etanol que vale US$11,5 millones. Con esa perspectiva y con los comparadores globales golpeando a la puerta, la posibilidad de vender las siderúrgicas con alguna de esas fórmulas parece tan dulce como el azúcar.
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