| 2/19/2010 12:00:00 AM

No sea víctima de la especulación

El arte contemporáneo está de moda y este fenómeno puede prestarse para la manipulación de sus precios. Una buena asesoría es vital para garantizar que el precio de la obra sea justo.

Se dice que el artista británico contemporáneo Damien Hirst, considerado el artista vivo con la obra mejor vendida del mundo, es quien compra su propia obra, le sube el valor y la vuelve a poner a la venta. Por ejemplo, algunos aseguran que su calavera humana incrustada de diamantes fue adquirida por una "compañía de inversiones" por un valor cercano a los US$100 millones en 2008, detrás de la cual se escondía el propio artista, quien pretendía de manera artificial mantener alto el precio de sus obras.

Las jugadas de este artista revolvieron el mundo del arte en los últimos años, pues implicaron la incursión de prácticas poco antes vistas. Además de lo anterior, está el inusual hecho de que un artista contemporáneo llegara, de manera masiva y a precios muy elevados, a vender en subastas en lugar de en galerías comerciales. Así, en 2008, Hirst en tan solo dos días recaudó US$200 millones en la casa de subastas Sotheby's por la venta de 218 de sus obras.

A diferencia del arte contemporáneo, vender en subastas sí es una práctica común para el arte moderno. Sus artistas están tan posicionados en el mercado y su obra se ha vuelto tan escasa, ya sea porque han muerto o porque ya no están produciendo más, que se pueden dar el lujo de vender a precios exorbitantes. Un caso reciente es el de la escultura El Hombre que Camina I, del difunto artista moderno suizo Giacometti, que fue vendida hace pocos días por US$104,3 millones, convirtiéndose en la obra más cara jamás subastada.

Las estrategias implementadas por Hirst dejan claro que sus obras no valen lo que se pagó por ellas y que los compradores pueden estar siendo víctimas de un pago ficticio.

¿Cómo puede un coleccionista estar tranquilo en cuanto a que el valor que paga es justo y no está sujeto a estrategias que tienen que ver con la especulación?

Las galerías de arte cumplen esta labor. Sus estrategias para posicionar a los artistas ayudan a fijar los precios de las obras, los cuales en casi todos los casos van por un sendero ascendente y reflejan, no la especulación, sino la trayectoria del artista. Lo importante es asesorarse bien, ya que hay valores intangibles que hacen que haya espacio para la manipulación de los precios.

| La formación de precios |

Mauricio Gómez, director de la galería de arte contemporáneo 12:00, dice que los precios de las obras van subiendo en la medida en que el artista va obteniendo reconocimiento, el cual no tiene nada que ver con estar en una subasta o no, sino que va ligado a su trayectoria.

Gómez indica que una galería debe buscar siempre asignar el precio justo al cual las obras puedan ser realmente comercializadas sin desbordar al mercado local, ya que de no hacerlo se podría perjudicar enormemente al artista.

En este sentido, Gustavo Arroníz, director de la galería mexicana Arroníz Arte Contemporáneo, cree que "lo peor es apresurarse cuando el artista comienza a tener cierto éxito y elevar los precios sin mesura. Esto puede hacer que la obra del artista reviente y que no haya quien pueda o quiera adquirirla más".

A este respecto, el artista plástico Alberto Baraya dice que "las estrategias de valoración que emprende una galería dependen de la demanda de mercado, por lo que no siempre es conveniente un alza desmesurada en el precio de la obra de un artista porque el mercado puede detenerse".

Para evitar los riesgos que trae consigo una mala asignación de los precios, Carlos Hurtado, director de la galería Nueveochenta, diseñó un modelo económico, con el cual se puede asignar el precio de una obra hoy y proyectar el precio futuro, dependiendo de variables tales como comparación con sus pares, estudios realizados, exposiciones individuales y colectivas, inclusión de obras en colecciones privadas importantes, impacto generado por la adquisición que han realizado colecciones institucionales, residencias realizadas, efecto derivado de las publicaciones que hacen referencia a su trabajo y distinciones obtenidas.

Hurtado afirma que "la valoración de una obra no debe tener nada que ver con el azar o el capricho. Tampoco tiene nada que ver con decisiones que se ven en otros sectores, como que no se le ha subido a la pieza en dos años. El precio debe ser el reflejo del posicionamiento plástico de un artista y al tratar de entender cuál es este posicionamiento podemos prever su comportamiento comercial en el tiempo".

Dentro de las estrategias de la galería Nueveochenta para posicionar a los artistas que están en su portafolio, su director hace énfasis en la importancia de saber a quién se le vende, para poder hacerle seguimiento a las obras. "Para nosotros es claro que nunca le vamos a vender a un dealer ni a otro galerista; es decir, a nadie que esté interesado en vender la obra, porque protegemos el mercado primario de nuestros artistas. Si no podemos controlar los precios es muy difícil controlar el mercado de los artistas".

Nueveochenta también tiene claro que no se hacen descuentos de ningún tipo y de tal manera le están garantizando a la gente que están pagando lo que vale. "Hacer descuentos sería una señal de que la obra vale menos de lo que se pide por ella", dice Hurtado.

Esta Galería tampoco incentiva la producción en masa de un artista, tal y como sucede en el caso de Damien Hirst, porque, como dice su director: "enviar el mensaje de que todo se puede hacer mil veces es celebrar la muerte cerebral de un artista. Las piezas son las que son y se deben comprar ahora o nunca".

En este sentido, el artista plástico Daniel Salamanca dice que para él una muy mala estrategia es que su galería influya demasiado en la producción: "el hecho de que se comprometa a hacer encargos o trabajos especiales puede empezar a fundir al artista y estancar su proceso, al punto que al final los precios se vean afectados".

Entre muchos otros ejemplos, con estas estrategias la galería Nueveochenta ha logrado que en tan solo ocho meses, los primeros dibujos del joven artista Kevin Mancera pasaran de valer $300.000 a $1,2 millones o que la obra de Miller Lagos lograra en dos años un aumento de 269% en su valor.

Se puede observar cómo es clara la responsabilidad que tiene una galería sobre el coleccionista en bajar el riesgo y la especulación sobre las obras. Burlarse del mercado como lo hace Damien Hirst no es sostenible. Lo importante es saber que la galería está haciendo todo para que el artista logre un buen posicionamiento comercial que refleje su trayectoria, ya que de esto dependerá que el precio de la obra que se compre siga un sendero real y ascendente.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?