| 4/13/2007 12:00:00 AM

No es cuestión de caridad

Los museos y la empresa privada están formando uniones estratégicas para fortalecer el patrimonio artístico colombiano. Sin embargo, se necesita que haya una mayor contribución.

"No hay cóndores, no hay abundancia...". Así presentó el escudo de Colombia, en su obra Escudo Nacional, Bernardo Salcedo, uno de los más destacados exponentes del arte conceptual del país. En los museos colombianos, como en las cordilleras que tenía en mente Salcedo, también hay escasez de cóndores.
 
Aunque parezca imposible, esos pájaros que aparecen en la obra emblemática del pintor Alejandro Obregón solo se encuentran en colecciones privadas nacionales e internacionales, pero no pueden ser apreciadas por el público: ningún museo local tiene cóndores.

Los museos no siempre cuentan con el presupuesto para adquirir las piezas más representativas de nuestros artistas, y por eso el mecenazgo de las empresas, particulares y artistas con conciencia cultural, contribuye a poner esta riqueza cultural a disposición de toda la sociedad. En esto juega mucho la filantropía, pero no tiene por qué ser así. Muchas empresas han visto esta labor como parte de sus planes de responsabilidad social corporativa, que tiene retornos cuantificables.

Los museos más dinámicos se han encargado de establecer proyectos que las empresas pueden apoyar y con esto mejoran los presupuestos limitados que tienen esas entidades para sostener sus gastos, mantener las obras y adquirir otras nuevas.

Algunos promueven el aporte monetario directo, como se ha hecho siempre. Otros tienen proyectos pedagógicos y culturales para los cuales obtienen financiación. Otros ofrecen salas en 'adopción'. "Las empresas adoptantes de salas en el Museo de Antioquia, financian los costos de mantenimiento, conservación de las obras, los guías de las salas, el material escrito y la iluminación, entre otros.
 
En el museo, la Sala Oriental del Maestro Fernando Botero cuesta alrededor de $120 millones, los cuales hay que gestionar a lo largo del año, ya que no tenemos un presupuesto destinado para este fin. El sector privado, nos ayuda a darle un sostenimiento financiero al museo", explica Lucía González, directora del Museo de Antioquia en Medellín.

De otra parte, las empresas han ideado formas para acercarse a los museos. Una de ellas es la de abrir sus colecciones privadas. Este es el caso del Banco BBVA, que ha realizado dos grandes exposiciones de arte en el país. En 2004, presentó en el Museo Nacional una exposición de Francisco de Goya, bajo el título de Obras Maestras de la colección BBVA.
 
En esta exhibición, los costos de transporte, seguros, curaduría, publicidad y convocatoria, corrieron por cuenta del BBVA España. La última exposición realizada por la entidad, Cuatro siglos de pintura europea, fue costeada enteramente por el BBVA Colombia. La respuesta de la comunidad fue muy buena.
 
"La exposición duró diez semanas y contamos con la presencia de 62.000 personas. Este tipo de actividades las hacemos con el fin posicionarnos como una entidad que comparte con Colombia, enmarcado en un esquema de responsabilidad corporativa, donde aportamos a la dinámica de las artes plásticas del país", comenta Mauricio Flórez, director de comunicación e imagen del BBVA.

Pero hay más formas rentables de participar, menos usadas en el país. Los museos pueden recibir en préstamo colecciones, o piezas de arte específicas. Si la empresa está interesada en mostrar sus obras pero no quiere donarlas, las puede entregar temporalmente en comodato. De esta manera, las mantiene en su balance y las expone con su nombre, que es una forma bastante eficiente de hacer publicidad.
 
"En mi opinión, creo que el sector privado está aburrido de ser el patrocinador financiero de todos los eventos culturales. Por lo tanto, hay que encontrar la manera de plantear contrapartidas publicitarias interesantes, que promuevan incentivos culturales con un mercadeo social.
 
Cuando la empresa está vinculada a proyectos culturales que tienen una rentabilidad social sostenible, puede verse el valor de su aporte como una inversión social", analiza María Paula Álvarez, directora del Museo de Arte Moderno de la Tertulia en Cali. Los comerciantes de arte aseguran que si la sala es buena, los préstamos temporales son incluso, una buena forma de valorizar la obra.

Alianzas estratégicas diseñadas en cualquiera de estos sentidos son un sistema de apoyo con beneficios para el museo y la empresa. "Adoptar salas o dar obras en comodato respaldan el desarrollo cultural y fomenta nuestra participación, como un factor de desarrollo y complemento para la vida de la comunidad.
 
Apoyar instituciones como el Museo de Antioquia, o la Bienal de Arte en Cali, permite darle un sentido corporativo a labores que se deben hacer por sentido común", explica Jorge Londoño, presidente de Bancolombia.

Por eso, despacio pero con seguridad, este mercado de apoyo al arte se está abriendo camino en el país. El Museo de Antioquia ha sido ejemplo por sus diferentes formas para incentivar la participación de las empresas. El Museo de la Tertulia, está utilizando el esquema de adopción de salas y el de promover las actividades culturales que patrocinan las empresas como una forma de responsabilidad social corporativa.
 
Desde el lado de las empresas, Bancolombia, BBVA, Compañía Nacional de Chocolates, Pintuco, Carvajal, Noel, Suramericana, la Cámara de Comercio de Cali y Gas Natural, tienen programas claros de apoyo a los museos dentro de sus planes de responsabilidad social.

Los incentivos que faltan
Desde la época de Cayo Cilnio Mecenas, en la antigua Roma, el altruismo y la conciencia sobre el valor de la preservación de la historia han sido motores del patrocinio a los museos.
 
"Creo que el problema no está en los estímulos económicos, sino en que el concepto de patrimonio cultural es precario y aún más precario el de patrimonio público. Se requiere un nivel de conciencia muy alto para entender que hay piezas que hacen parte fundamental de la obra y que deberían estar al alcance de todo el mundo. Estas obras ayudan a contar un relato, la historia de un país y creo que compartirlas es cuestión de conciencia y generosidad, los cuales son un capital escaso", plantea Lucía González.

En algunos casos la generosidad funciona. El Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá fue creado hace 40 años y el propósito de su fundador, el padre García Herreros, era darle un significado social a la cultura.
 
"El Padre decía que la belleza y la riqueza tienen una obligatoria función social, y basándose en esta premisa, muchos artistas jóvenes y personas pudientes se motivaron a donar sus obras; ponerlas a disposición del museo y darle un significado social a su contribución", recuerda Gustavo Ortiz, director de esta institución. Actualmente, el museo cuenta con más de 1.100 obras que han sido donadas tanto por artistas latinoamericanos, colombianos y personas que han dejado su legado como herencia.

Los artistas también han contribuido con donaciones a enriquecer el patrimonio cultural. Entre ellos Omar Rayo con el Museo Rayo en Roldanillo (Valle), Enrique Grau con el Centro Cultural Enrique Grau de Cartagena y Fernando Botero con la Donación Botero en Medellín y Bogotá, por mencionar unos cuantos ejemplos.
 
Estos artistas no solo entregaron sus obras propias, sino las de otros artistas internacionales, y con ello ayudan a ampliar la visión de los colombianos y a construir y preservar la historia del arte nacional en salas de exhibición públicas.

En muchos casos, la generosidad tiene una enorme recompensa. "Si una persona contribuye de esta manera, puede inmortalizar y hacer perdurar su nombre", opina María Victoria de Robayo, directora del Museo Nacional de Colombia.

Sin embargo, para las empresas y muchas personas el tema del prestigio y la inmortalización no aparece en su lista de prioridades. Por eso buscan otro tipo de incentivos. De hecho hay quienes piensan que los particulares no donan porque no tienen estímulos para hacerlo.
 
"La legislación colombiana no tiene apartes específicos sobre las donaciones de arte. Cualquier tipo de donación -incluyendo las de arte- es deducible del impuesto de renta para el donante, como si fuera un gasto administrativo o financiero", explica Alfredo Lewin, abogado tributarista y decano de Derecho de la Universidad de los Andes.
 
Sin embargo, la ley no prevé beneficios adicionales para el arte, como sí los ofrece para quienes invierten en proyectos de cinematografía y campañas políticas. "Con incentivos atractivos se promovería un muy necesario cambio de actitud, que con el tiempo enseñaría e invitaría a donar", añade. Sin embargo, recomienda tener cuidado en la formulación de este tipo de propuestas, para evitar los 'micos' que terminan favoreciendo injustificadamente a los donantes.

José Ignacio Roca, director de Museos y Colecciones del Banco de la República, coincide con Lewin. "Mientras no haya incentivos tributarios reales, no habrá mayores donaciones de arte. Sin embargo, considero que la gente debe hacerlo más que por un estímulo financiero y por prestigio personal, porque lo considera una actitud de responsabilidad social".

Lucía González también le ve sus ventajas. "En un país como el nuestro es muy escaso el presupuesto para la adquisición directa de obras de arte, puesto que hay necesidades de la sociedad que tienen una mayor prioridad. Fomentar una política de donaciones es preciso para que particulares aporten piezas que no se pueden comprar y exhibir al público", dice.

Hoy los museos son cada vez más conscientes de que su existencia no puede depender de la filantropía. Por eso, se han acercado a las empresas de una forma diferente. Esta nueva alianza estratégica permite el acceso de muchos ciudadanos al arte y la cultura, sin inventar más exenciones, sino más bien usando creativamente los recursos privados.
 
 
 
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