| 11/17/1998 12:00:00 AM

Moviéndose a gas

El centro del país entra en el mundo del gas vehicular en 1999. Los negocios de transporte público y distribución de gasolina sentirán el impacto.

A mediados de 1999 empezarán a operar las estaciones de gas para vehículos en Bogotá, Cali y Medellín. Para los dueños de más de 160.000 vehículos de servicio público será la oportunidad se entrar en un sistema que ahorra costos, cuida mejor el motor y contamina mucho menos. Además, con el gas natural comprimido, GNC, se reduce en un 80% la emisión de monóxido de carbono, causante del efecto invernadero.



El GNC ya se ha experimentado con éxito en varias partes del mundo, incluida Colombia. En la Costa, Promigás viene trabajando con GNC hace más de 15 años y ya hay cerca de 4.500 buses y taxis convertidos a gas. Actualmente opera una estación piloto al sur de Bogotá en asocio con Terpel.



Alrededor del GNC se mueven varios negocios: las estaciones de servicio, las empresas que tienen los equipos para convertir los carros, la venta de equipo para las mismas estaciones y, por supuesto, los talleres de mantenimiento.



Se necesita un sistema



Masificar el GNC exige todo un sistema. Luego de establecer la red urbana de gas, es necesario contar con estaciones para garantizar a los clientes el suministro del combustible. En Bogotá, que será el piloto en el centro del país, comenzarán a funcionar 2 estaciones de gas en mayo, que seguramente operará Esso en asocio con la empresa colombiana Talleres Nivi (TNV).



Las estaciones necesitan una dotación especial de equipos de tecnología avanzada. El costo de una estación con dos surtidores dobles podría llegar a los US$380.000. Una de las fabricantes más importantes de esta clase de equipos es la argentina Aspro, que ya tiene negocios avanzados con TNV para dotarlos con los primeros compresores para Bogotá.



El potencial



El potencial en el centro del país es de cerca de 84.000 vehículos de servicio público.



No es improbable que las principales empresas distribuidoras de gasolina del país, como Terpel, Texaco, Mobil o Esso, quieran participar en el negocio, habilitando sus estaciones para suministrar tanto gasolina como gas.

Porque es posible, además, convertir los vehículos a un sistema dual, que emplea tanto gasolina como gas. Según José Aspromonte, socio y gerente de Aspro, los costos de la conversión a gas y al sistema dual serían muy similares. Cada usuario deberá calcular lo que más le convenga dependiendo, por ejemplo, de la distancia que pueda haber desde su base hasta la estación de gas más cercana.



Carlos Nieto, gerente comercial de TNV, afirma que el precio de la conversión dependerá de la cantidad de cilindros que se desee instalar. Calcula que una conversión para un taxi estaría alrededor de los US$1.500, mientras para un bus podría ser de US$3.500.



Para masificar la costosa conversión será necesario desarrollar atractivos esquemas de financiación. Sobre este punto hay propuestas novedosas como la de Eco Energy Ltda., una empresa que ya opera en Bogotá. La idea para Eco Energy es que la deuda se pague con el dinero que se ahorra cada usuario al hacer el cambio a gas.



Por ejemplo, si tanquear un vehículo con gasolina cuesta $25.000, pero la recarga con gas cuesta $13.000, se le ofrecería al propietario un esquema de financiación en el cual los $12.000 de diferencia se usarían para pagar el crédito que financió la conversión.



Si la experiencia de Argentina sirve como antecedente, el impacto del gas vehicular se va a sentir. Allí se empezó a utilizar en 1986 (el mismo año en que se desarrolló en Barranquilla) y hoy ese país tiene 450.000 carros convertidos y 621 estaciones.



Aunque la inversión inicial es alta, los menores gastos en combustible y mantenimiento llevará a muchos propietarios de vehículos a ensayar este camino. Pronto veremos este nuevo modelo en acción en el centro del país.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?