| 5/30/2015 6:30:00 PM

Competencia desleal alerta a industria textil

Los problemas para la industria textil-confección no paran: textileros e hilanderos le piden al Gobierno medidas para defenderse de la competencia desleal.

Los protagonistas de la cadena textil-confección están en pleno proceso de reajuste y analizando los escenarios para competir con en el mercado de exportación, gracias –en gran parte– al aumento en el precio del dólar que les abre una ventana de oportunidad. Pero en el escenario local, la amenaza persiste porque cada vez llegan más jugadores.

La historia reciente todavía tiene maltrechos algunos de los eslabones de esta cadena y a otros, haciendo cuentas de las medidas que se adoptaron en los años recientes para combatir el contrabando y la revaluación del peso, que se prolongó hasta el tercer trimestre del año pasado.

Por una parte, los confeccionistas pudieron cantar victoria gracias al Decreto 456, que entró en vigencia el primero de marzo de 2013 y que impuso un arancel mixto para frenar las importaciones de prendas de vestir que llegaban a precios irrisorios.

La medida, a juicio de muchos de ellos, fue efectiva y las cifras lo confirman. Mientras en 2012 las importaciones de confecciones tuvieron un crecimiento de 20% frente a 2011, con la entrada en vigencia de la medida el aumento en 2013 fue de 2%, mientras en 2014 alcanzó 5,9% comparado con el año anterior.

Si se analiza el primer bimestre de 2014 frente al mismo lapso de este año, se evidencia una reducción de 3,3% en las compras externas de prendas de vestir. Con el Decreto, el precio promedio de importación de confecciones ha venido en aumento luego de haber estado muy por debajo de US$10 el kilo. Hoy se ubica alrededor de US$14 por kilo.

Aunque hay empresas confeccionistas, como CI El Globo, que señalan no haber sentido mayor efecto como consecuencia de la mencionada norma, debido a que la mayor parte de la materia prima la adquiere en el país, lo que sí tienen claro es que este es un buen momento para este eslabón de la cadena.

Claudia Uribe, su directora de gestión humana, asegura que la producción de la compañía está en uno de los mejores momentos, con 350.000 prendas al mes y generando empleo directo para más de 780 personas.

Hoy tiene al tope de su capacidad las siete plantas de producción y se ha dado a la tarea de buscar nuevos clientes. Fruto de este trabajo de exploración, recientemente se unió Lacoste a su portafolio de marcas, la cual se suma a otras como Náutica, Hollister y Levi’s con las que ya viene trabajando desde hace años.

Grandes retos

A pesar de la experiencia favorable de este caso, para el sector confeccionista hay un reto gigantesco: debido a la revaluación del peso de los años anteriores, muchas compañías diversificaron su producción en el exterior aumentando la participación de producto importado para sus tiendas y clientes. En la coyuntura actual, con el dólar más caro, algunas consideran la posibilidad de aumentar su producción local y buscar nuevos destinos en el exterior.

“Hoy tenemos un problema de mano de obra porque mucha de ella se fue a otros sectores buscando más estabilidad. El desafío es atraer y calificar trabajadores que en el pasado reciente hicieron de esta una de las industrias con mayor fuerza laboral”, explica uno de los dirigentes empresariales de ese sector.

Además, el mercado interno, que ha venido creciendo y cuyo valor, según Raddar, asciende a $19,9 billones, es cada vez más competido para las empresas locales por el interés de firmas del exterior de complementar la oferta existente. Hoy ya están marcas de Inditex (como Zara), Mango, Falabella y a las que se añadirían otras de lujo que serán traídas por la reconocida Le Collezioni, como Etro, Brioni, Armani Collezioni, Carshoe y Casadei.

Pegados del techo

Pero, si por el lado de los confeccionistas las medidas adoptadas les ayudaron y los retos son promisorios, para los hilanderos y textileros el panorama es crítico.

Datos de la Cámara de Textiles de la Andi indican que en hilados y filamentos las importaciones crecieron 11,52% en 2014, en tanto el aumento en tejidos se situó en 11,46%. Las fibras, por el contrario, registraron una reducción superior a 12%.

Juliana Calad, directora de la Cámara de Algodón, Fibras, Textiles y Confecciones de la Andi, dice que una gran desventaja de la norma es que la subfacturación que se registraba en las confecciones se trasladó a los textiles e hilados.

“Si bien la Policía Fiscal y Aduanera (Polfa), la Fiscalía y la Dian han reforzado el trabajo, es necesario que se imponga –de manera urgente– un arancel para estos eslabones de la cadena”, dice.

Los industriales de textiles e hilados tienen claro que no quieren que se frenen las importaciones legales sino parar la subfacturación.

Carlos Alberto de Jesús, presidente de Fabricato, coincide en que el gran problema del Decreto 456 fue no considerar el arancel mixto para toda la cadena productiva. “Esto motivó un incremento desproporcionado en las importaciones de telas en 2014 frente a 2013. En algunas partidas arancelarias, este aumento fue superior a 100%”, manifiesta el empresario.

Los textileros no comparten el argumento de los confeccionistas de que el precio de la tela aumentaría si la norma se extiende a todos los eslabones. De Jesús explica que para las telas e hilos, así como para la confección, la medida solo se haría efectiva de un determinado precio hacia abajo. Sugiere, por ejemplo, que podría ser US$4,70 por kilo.

Calad manifiesta que el sector hilandero es un eslabón clave. Por un lado, para cumplir las reglas de origen y, por otro, para que no se acaben los cultivos de algodón. La situación es tan compleja, dice Calad, que en este momento en el mercado solo quedan dos hilanderías de algodón grandes: Colhilados e Hilanderías Universal.

Otro factor que empezó a golpear a los textileros e hilanderos es la triangulación. Esta situación se presenta con países con los cuales Colombia tiene acuerdos comerciales, porque ingresan mercancías que no cumplen la regla de origen, o a precios muy bajos y, como si fuera poco, sin pagar arancel.

En medio de este panorama, la extensión de la medida para proteger de la competencia desleal las telas e hilos se convertiría en un avance para la creación de un ambiente de competencia leal que le permitirá a la industria fortalecer su perfil exportador y, de esta manera, sacar provecho de la tasa de cambio.

Acumulación de origen


Los textileros e hilanderos también han pedido que se dé una acumulación de origen con los países de Centroamérica, México y Perú para exportar a Estados Unidos. “A las hilanderas colombianas les abriría posibilidades poder vender sus productos a los países del Cafta y luego, que estos se exporten como producto terminado al mercado americano”, manifiesta Juliana Calad.

Este aspecto también es clave para los confeccionistas que buscan aprovechar los acuerdos comerciales, pero algunos argumentan que la calidad de las telas producidas en Colombia no permiten llegar a mercados como el de Estados Unidos y tienen que importar insumos de otros países, lo que los hace perder el beneficio por el origen. La idea es que se dé la acumulación de origen de los países que tienen acuerdos con Estados Unidos y desde allí se puedan importar insumos y telas para producir con destino al mercado estadounidense.
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