| 12/7/2006 12:00:00 AM

Más allá de una bella inversión

El arte colombiano se está cotizando cada vez más en el mundo, ya que su propuesta señala reflexiones políticas y sociales que se revelan en un contenido profundo e inquietante.

El revuelo que generó la presencia de galeristas importantes, coleccionistas prestigiosos y el interés de compradores de todos los presupuestos en la II Edición de la Feria ArtBo en Bogotá refleja que el arte —además de ser un ejercicio visual y un medio cultural— se empieza a consolidar como una herramienta de inversión en el país. Este evento, y otros que han venido renaciendo, se han convertido en espacios en los que se pueden observar numerosas propuestas artísticas que incluyen fotografías, instalaciones, esculturas, fotomontajes, videos y nuevos medios, entre otros.

Aunque no se conocieron cifras ni montos de los negocios, ArtBo, en 2006, contó con más de 15.000 espectadores, y con un amplio portafolio de coleccionistas, compradores internacionales, críticos y curadores. La presencia de las galerías internacionales se incrementó al llegar a 31 expositores y la nacional alcanzó las 21 firmas. Se expusieron obras individuales con precios de $100.000 hasta más de US$200.000.

Estos eventos facilitan al público el conocimiento de otro tipo de obras no pictóricas, ya que los artistas están utilizando otros recursos y medios para llevar a cabo sus creaciones. Reunir galerías de Argentina, Venezuela, Chile, Brasil, México, España, Cuba y Estados Unidos acerca al espectador a conocer en qué trabajan sus artistas contemporáneos y qué se expone hoy en su medio artístico. La importancia de este tipo de ferias es que promueven el arte más allá de un aprendizaje cultural y lo presentan como una inversión tangible que se acomoda a los diferentes gustos estéticos y poderes adquisitivos.

El arte colombiano y sus artistas pasaron por duros momentos económicos en los años de crisis. Las galerías tenían que esforzarse al máximo por patrocinar a sus artistas y los segundos, en continuar con su producción artística, a pesar del poco movimiento. "El problema político, económico y de violencia de Colombia ha repercutido en la formación y creación de sus artistas. Hoy, este país ha sobrevivido y los artistas se sostuvieron", señala Jairo Valenzuela, director de Valenzuela Klenner Arte Contemporáneo. Debido al contexto cultural, el arte colombiano mostró una profunda reflexión en sus obras, las cuales empezaron a tratar temas que iban más allá de la denuncia o la estetización del conflicto. Elementos como la poesía, el dolor, la lucha y la introspección se emplearon para señalar realidades que son para algunos, intermitentes y para otros, un continuo de la cotidianidad del país.

De esta manera, colecciones internacionales como la Colección Daros, de Suiza y la Colección Cisneros, de Venezuela, empezaron a validar este tipo de propuestas y mostrar un mayor interés por las obras de los artistas colombianos. Su interés se despertó "porque es un arte comprometido, que muestra una crítica por medio de lo estético, que tiene algo qué decir", reitera Valenzuela. Los coleccionistas han mostrado particular interés por artistas como Doris Salcedo, Óscar Muñoz, Miguel Ángel Rojas, Juan Fernando Herrán y María Fernanda Cardoso, entre otros. Estos artistas han buscado por medio del arte contar otras historias del país sin recurrir a la literalidad, por el contrario buscan la manera de crear memoria, de apartar el olvido. "Y sus obras se han valorizado en muchos casos en más de 300%", explica un galerista.

El arte ha cobrado fuerza en el país pues se ha visto una mayor profesionalización en la formación académica del arte, al igual que en la curaduría y las galerías. Contar con instituciones sólidas que otorguen respaldo y contextualización, como la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Cámara de Comercio de Bogotá, el Ministerio de Cultura y las universidades con sus programas académicos en torno al arte, muestran que este medio se quiere potenciar. La seriedad de estas entidades valida un interés por el arte, el cual dinamiza el tema cultural y potencia la posibilidad de invertir. Gracias a todos los esfuerzos, se revivirá la Bienal de Coltejer que años pasados fue un evento impactante y novedoso para el mundo del arte.

Por su parte, las galerías muestran cada vez una mayor fortaleza en su conocimiento del artista y de la obra, lo cual garantiza un respaldo para quien está interesado en comprar las obras. "La venta directa cuestiona la calidad y profesionalidad del artista. El público desinformado cree que está comprando más barato al no tener la galería como intermediaria, pero esto no es así. Para adquirir obras de arte, hay que pensarlo —como las acciones—, el que está interesado no le compraría a cualquier persona en la calle, sino a una empresa de corretaje, que ofrezca respaldo, garantía y seguridad", indica el galerista Enrique Guerrero, de México. El potencial comprador de arte debe considerar que es riesgoso comprar obras a marchantes o artistas independientes que no muestren ningún tipo de trayectoria, preparación y conocimiento.

El mercado del arte está siendo impulsado por un favorable crecimiento en la economía. Cada vez más personas están interesadas en las nuevas propuestas y poder adquirir una pieza que les guste mucho. Dos grandes jugadores han servido para incentivar la inversión en arte. Una, la presencia de coleccionistas internacionales que han encontrado en obras de artistas colombianos un complemento a sus colecciones, como el caso de la Colección Cisneros. Y otra, la decisión de reconocidos compradores nacionales, como el ex presidente César Gaviria o el empresario Leo Katz, que se han interesado desde hace mucho por la actividad creativa del país. A diferencia de otros activos de inversión, hay obras que en cuestión de dos años han incrementado hasta 3 veces su valor. "La producción artística colombiana se había subvalorado en los momentos de crisis, pero ahora el interés por nuestros artistas está más fuerte que nunca", comenta Valenzuela. Las inversiones que se están haciendo en el arte, van más allá de la compra de obras de artistas íconos del arte colombiano, como Obregón o Botero. Las obras de estos artistas siempre van a tener un valor muy alto que puede empezar desde US$200.000 y extenderse a cifras exorbitantes. Sin embargo, el movimiento de nuevos artistas mencionados anteriormente ha orientado a los compradores a un segmento de arte contemporáneo más joven.

Según Leticia Rebottaro de la Galería Dabbah Torrejón, de Argentina, las obras de artistas nuevos, con arte contemporáneo, está valorizándose, entre 15% y 25% al año.

Aunque muchos están de acuerdo en que el arte colombiano muestra crecimiento, otros consideran que al mercado de nuestro país le falta consolidación y conocimiento. "Al mercado colombiano le falta información sobre artistas de otros países y conocer el potencial de este tipo de obras como inversión. He observado que está muy concentrado en el mercado regional de artistas. Por otra parte, el desconocimiento de los modos de negociación de las piezas se enfoca al regateo. Si no se va a comprar, el regateo es un insulto para el vendedor", enfatiza Joan Guaita, galerista español.

De esta manera, para comprar arte colombiano o internacional es fundamental mostrar interés por un mayor conocimiento del artista y de su obra. A su vez, hay que conocer el tipo de cultura al que se está accediendo para entender sus formas de negociación y venta. Por otra parte, recurrir al respaldo profesional de los galeristas facilita al comprador, adquirir obras que tienen un sentido, una trayectoria y potencial de valorización. Si el artista y las obras han sido reconocidos nacional e internacionalmente, son indicios de que se está cotizando y de que pueden tener un mayor valor en el futuro. Finalmente, "invertir en arte es comprar un objeto que nos gusta mucho, que nos emociona tenerlo y que nos hace reflexionar", concluye Gloria Saldarriaga, directora de la galería Al Cuadrado.

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