| 2/1/1994 12:00:00 AM

Manual de inversión en pintura moderna

Aprenda a invertir en arte colombiano. Arriésguese apostándole a los pintores jóvenes y verá multiplicar su inversión en el mediano plazo. Hay que saber en quién invertir.

A lo mejor usted tiene un amigo que le ha contado cómo compró un cuadro de Botero por US$200 a comienzo de los años sesenta, o un Obregón por US$100 en esa misma época, o un Santiago Cárdenas por US$300 en los años setenta, o un Ana Mercedes Hoyos por US$500 a comienzo de los ochenta. Estos mismos cuadros hoy en día valen entre US$200.000 y US$20.000 ¿Se repetirá la historia en los años noventa con otros pintores?

Para un buen inversionista no es secreto que la mejor inversión es comprar cuadros de un pintor destacado antes de que se vuelva famoso. Es como ganarse una lotería. Tiene la ventaja que es menos difícil acertar. Además es una experiencia mucho más interesante y espiritualmente gratificante que comprar un billete de lotería.



El mercado de la pintura moderna colombiana ha dado varias vueltas. En los años cincuenta y sesenta irrumpieron en la escena una serie de pintores que hoy en día se llaman "los maestros". Son los pintores mayores de sesenta años. (Se dice que un pintor es joven hasta antes de cumplir 50 años). Entre ellos sobresale Fernando Botero por su figuración internacional. Después están Alejandro Obregón (fallecido), Enrique Grau, Gonzalo Ariza y Juan Antonio Roda. (Entre los escultores califican como "maestros" Edgar Negret y Eduardo Ramírez Villamizar). Hay, además, otros pintores mayores de sesenta años que han alcanzado una cierta cotización, pero cuyo valor es cuestionado en los medios artísticos, como David Manzur, Omar Rayo y Armando Villegas (peruano colombianizado).

Posteriormente viene la generación de pintores entre los 40 y 60 años, todavía en proceso de consolidación y maduración, aunque algunos ya fallecieron. Varios de estos pintores ya han alcanzado un precio relativamente alto en el mercado. Es el caso, por orden alfabético, de Antonio Barrera (fallecido), Luis Caballero, Juan Cárdenas, Santiago Cárdenas, Gregorio Cuartas, Cecilia Delgado, Alfredo Guerrero, Beatriz González, Manuel Hernández, Ana Mercedes Hoyos, Maripaz Jaramillo, Darío Morales (fallecido), Carlos Rojas y Miguel Angel Rojas.



Entre los escultores habría que mencionar a Bernardo Salcedo y Jim Amaral y en tapices a Olga de Amaral.

Y luego vienen los que están entre los 30 y los 40 años. Pero antes de profundizar en nombres y precios es necesario hacer algunas aclaraciones sobre las características del mercado colombiano del arte.



Lo primero que hay que destacar es que en Colombia el comprador inteligente de pintura es escaso. No hay en el país verdaderos coleccionistas tal como existen en otras partes, como Venezuela, para no ir muy lejos. Por comprador inteligente se entiende aquel que investiga, que asiste a las exposiciones, que se asesora de galerías de arte serias, que lee y se ilustra sobre las tendencias del arte contemporáneo, o sea que va un poco más allá de la compra de pinturas con el único propósito de decorar.

En muchos países los matrimonios invierten en arte al mismo tiempo que decoran su vivienda. Escogen obras de artistas contemporáneos que apenas comienzan a valorizarse. Poco a poco, si aciertan en su escogencia, logran reunir un número representativo de pinturas de artistas de la época que con el tiempo pueden alcanzar un valor nada despreciable. Se conforman así colecciones que acrecientan el patrimonio familiar.

En cuanto al lugar de trabajo se refiere, las grandes empresas en Colombia, con pocas excepciones, tampoco son compradoras inteligentes de arte. Esto es una lástima, por cuanto el componente más importante del mercado en todas partes del mundo son las compras institucionales. En Colombia, en la mayoría de las empresas la responsabilidad de la adquisición de cuadros recae sobre decoradores que por lo general poco saben por dónde va el agua del molino en el mundo del arte. En el mejor de los casos compran cuadros o esculturas de artistas que en el momento de la decoración de las respectivas oficinas están de moda, pero sin ningún criterio de colección, por ejemplo, sin hacer un esfuerzo consciente para adquirir un grupo representativo de obras de las diferentes escuelas que están surgiendo o las de un período clave de un pintor destacado. A la hora de las cuentas, por ignorancia o por descuido, las empresas tratan sus gastos en decoración como si fueran gastos corrientes y no de inversión.

Otro aspecto del mercado de arte colombiano es la falta de crítica. En el caso del arte moderno hay ausencia de crítica que llegue y oriente al comprador no entendido. Ni en los periódicos ni en las revistas de consumo masivo hay análisis consistente serio y al alcance de aquellos mortales que podrían interesarse en el tema. Hay un divorcio casi completo entre el mundo de la pintura y de la escultura y el grueso público, entre los protagonistas de ese complejo mundo y quienes podrían ser sus consumidores finales. De esta manera, se quedan a mitad de camino los esfuerzos de divulgación de instituciones como el Museo de Arte Moderno y la Biblioteca Luis Angel Arango de Bogotá o del Museo La Tertulia de Cali. O de publicaciones especializadas de gran calidad como la revista Arte en Colombia (o Art Nexus como se llama su edición internacional).



Para completar el panorama, hay que señalar que el mercado del arte colombiano siempre se ha distinguido por su provincialismo. Sólo recientemente artistas, galerías y compradores, están mirando más allá de las fronteras, no como resultado de esfuerzos individuales, tal como fue el caso de Fernando Botero, sino colectivos. Poco a poco el mundo artístico colombiano se está integrando a las grandes corrientes del arte latinoamericano, como lo atestigua su presencia en las últimas exposiciones de Caracas y Miami. No hay que olvidar que la prueba de fuego sobre el verdadero valor de una obra de arte no reside solamente en su acogida en el mercado doméstico sino también en el internacional. Es decir, que la obra trascienda el ámbito puramente local o provincial hasta convertirse en patrimonio de un continente o del planeta.

El gusto relativamente primitivo de los colombianos por la pintura se refleja en una marcada preferencia por motivos decorativos simples. Muchos pintores se ven impulsados, entonces, a abandonar sus propuestas más innovativas e interesantes iniciales en favor de lo que un crítico llama " la pintura del bodegón". O han "endulzado su obra", al decir de otro crítico. Por ejemplo, eso ha sucedido con pintores como Santiago Cárdenas, Ana Mercedes Hoyos y varios otros menos talentosos.



Otros simplemente no han desarrollado, al final de cuentas, una propuesta artística propia lo suficientemente seria, tal como es el caso de Enrique Grau, Maripaz Jaramillo, David Manzur, Mónica Neira y Armando Villegas. O hay otros cuya propuesta, aunque seria, está al margen de las tendencias del arte contemporáneo, como es el caso de Juan Cárdenas.

Otros pintores han manejado muy bien una propuesta artística seria pero restringida. Es el caso de los denominados buenos dibujantes, con Luis Caballero y Darío Morales a la cabeza. Nadie puede discutir que ambos son excelentes dibujantes del cuerpo humano. En este sentido han llenado un vacío en el arte contemporáneo colombiano, donde los buenos dibujantes no han brillado por su presencia. Pero buenos dibujantes del cuerpo humano existen muchos a lo largo y ancho del planeta.



Mención aparte merecen los paisajistas. Su propuesta artística también es restringida: es muy difícil pensar que ella trascenderá las fronteras del país o de una región específica del país. Es el caso de los pintores de la Sabana de Bogotá, con Gonzalo Ariza a la cabeza (y de precursores como Roberto Páramo). Pero ello no significa que su arte no. merezca ser especialmente apreciado por quienes viven en Bogotá y sus alrededores.

Las críticas anteriores son naturalmente controversiales en un mundo que se caracteriza precisamente por eso, por ser intrínsecamente controversial. Pero son críticas necesarias cuando se trata de tomar decisiones sobre invertir en arte. Es un golpe de suerte adquirir obras de pintores que eventualmente van a ser catalogados como excepcionales, más en un país sin una sólida tradición en este arte. Pero es menos difícil hacerse a obras de pintores buenos, así sea con propuestas de alcance limitado, que de todas maneras pueden llegar a tener sustanciosas valorizaciones.

Un repaso del mercado actual de la pintura moderna en Colombia lleva a las siguientes conclusiones con respecto al valor y posibilidades de las obras de los siguientes pintores. Los precios se refieren a sus cuadros y períodos artísticos:

Fernando Botero: US$200.000 - 500.000. No se espera por ahora valorizaciones significativas adicionales no obstante la gran promoción comercial de su obra.

Alejandro Obregón: US$50.000 - 100.000. A diferencia de Botero, no comercializó internacionalmente su obra. Se está registrando una tendencia a la valorización en sus cuadros anteriores a 1970, porque fue su época realmente innovativa.



Darío Morales: US$40.000 - 70.000. Ya alcanzó un precio relativamente alto para un buen dibujante.

Enrique Grau: US$40.000 - 60.000. Su obra más reciente es poco apreciada, lo cual lleva a concluir que ya llegó a un tope.

David Manzur: US$20.000 - 60.000. Muchos críticos consideran que el valor comercial es superior al valor artístico.

Gonzalo Ariza: US$20.000 - 40.000. Puede que a largo plazo siga valorizándose si se reafirma como el mejor paisajista de la Sabana de Bogotá.

Luis Caballero: US$20.000-30.000. Se duda que llegue a cotizarse igual que Darío Morales.

Santiago Cárdenas: US$20.000 - 30.000. Se está empezando a cotizar internacionalmente. Puede valorizarse pues tiene el talento para desarrollar una propuesta artística interesante.

Ana Mercedes Hoyos: US$20.000 - 30.000. Sabe comercializar sus cuadros, pero su propuesta artística, a pesar de ser muy decorativa, no permite esperar grandes valorizaciones adicionales.

Antonio Barrera: US$18.000 - 25.000. Murió sin consolidar del todo su propuesta artística.

JuanAntonio Roda: US$15.000 - 25.000. Hay quienes aseguran que los actuales precios no reflejan el valor artístico de su obra.

Juan Cárdenas: US$12.000 - 18.000. Su obra no despierta un entusiasmo suficiente como para pronosticar una disparada en los precios.

Maripaz Jaramillo: US$10.000 - 15.000. Su obra no ha evolucionado favorablemente después de un inicio interesante.

Carlos Rojas: US$8.000 - 13.000. Uno de los pioneros de la pintura abstracta, la cual no tiene mucha acogida comercial en Colombia. Sólo se valorizaría si su obra adquiere reconocimiento internacional.

Miguel Angel Rojas: US$8.000 - US$12.000. Debe valorizarse pues es considerado como un artista serio cuyos precios no reflejan el interés que empieza a despertar su obra.



Ahora bien, las mayores valorizaciones serán indudablemente entre los pintores entre los 30 y los 40 años, que apenas empiezan a salir a la superficie y que ya tienen el esbozo de una obra para mostrar. Si usted le gusta un alta riesgo calculado en sus inversiones debe moverse en este rango. Apostar a los más jóvenes, los que están en los veintes, es como jugar a la lotería, o sea un alto riesgo no calculado. Los precios entre la generación de los treintas fluctúan entre US$2.000 y US$10.000.



Aunque es verdaderamente aventurado establecer cuáles pintores jóvenes serán los más exitosos, el consenso en este momento es que no hay pierde invirtiendo en los siguientes artistas (por orden alfabético): María Fernanda Cardozo, Rodrigo Facundo, Luis Luna, Diego Mazuera, Catalina Mejía, Oscar Muñoz, Rafael Ortiz, Carlos Salas, Carlos Salazar y Viviana Vélez. De hecho, la lista de pintores con porvenir es mucho mayor. Hay para todos los gustos. Lo interesante es que el precio en dólares de un cuadro de un pintor que está empezando a sobresalir puede perfectamente duplicarse, triplicarse, quintuplicarse y más hasta alcanzar su madurez. De hecho, la valorización tiende a ser mayor al comienzo del ciclo comercial del artista, pues se parte, por lo general, de unos precios base muy bajos.

En general, un buen número de pintores colombianos menores de 50 años están vendiendo a precios relativamente bajos en comparación con los estándares prevalecientes en otros países latinoamericanos. Con la incipiente pero cada vez mayor internacionalización del arte colombiano la valorización de los mejores pintores podría acelerarse. Además, en períodos de abundancia de divisas, como el que se prevé para los próximos años, una de las alternativas de inversión interesante es el arte en sus distintas manifestaciones. Y en el caso de la pintura moderna, con la excepción de unos pocos pintores que ya están suficientemente valorizados, queda margen para aumentos de los precios en dólares.

Sin embargo, recuerde que en la compra de arte dos más dos no son cuatro. Que un buen pintor se puede o no valorizar rápidamente dependiendo de la promoción comercial de su obra. Que no todos los pintores jóvenes que empiezan a tener reconocimiento tienen éxito en consolidarlo. Que lo más frecuente son los casos de buenos pintores jóvenes cuya obra no resiste el paso del tiempo. Que hay bastantes pintores buenos, pero muy pocos pintores excepcionales. Que si usted no está interesado en especular compre a un pintor ya consolidado, ojalá con proyección internacional. Y que el pintor bueno no es necesariamente al que usted le gusta a primera vista: como en todo mercado, usted necesita informarse antes de hacer su inversión y eso demanda tiempo y una buena asesoría por parte de galerías serias.



Y ante todo recuerde que aunque no se gane la lotería comprando el equivalente a un Botero de comienzos de los años sesenta, de todas maneras le va a ir mejor que comprando cuadros de paisajistas baratos o cuadros que a duras penas sirven para adornar los cuartos de san alejo de las casas y oficinas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?