| 3/2/2007 12:00:00 AM

Maíz: la encrucijada

Los precios del cereal siguen subiendo sin freno, mientras la producción de etanol exigirá el doble de lo que consume hoy. En Colombia, la industria avícola y los porcicultores ven gris el panorama.

Las promesas de salvación y perfección que hicieron coro a la llegada del etanol, se pueden estar convirtiendo en cantos de sirena. Y no precisamente porque el etanol no actúe como se esperaba energéticamente hablando, sino porque la oportunidad de convertirse en un buen negocio paralelo a la siembra de su materia prima (maíz, caña de azúcar, palma…), ha seducido sin control a muchos productores agrícolas y tiene al borde de la angustia a otras industrias alrededor del globo. En Latinoamérica, el aumento en el precio del maíz ha puesto a temblar al mercado de las tortillas en México y a las gallinas y perniles de cerdo en Colombia.

El epicentro de este fenómeno se encuentra en Estados Unidos, donde el presidente George W. Bush fijó la meta de reducir en un 20% el consumo de gasolina en Estados Unidos en 10 años; y para lograrlo, propuso la producción de 35 millones de galones de etanol y combustibles alternativos al año hacia 2017. Ese volumen es casi 5 veces más de la meta actual para 2012, fijada por una ley vigente.

Algunos críticos son escépticos y consideran que la meta de Bush no es realista y podría más bien elevar artificialmente los precios del maíz, afirmación que el propio Bush corroboró la semana pasada, hablando en un panel en la corporación Novozymes North America, que investiga las enzimas para producir etanol de los desperdicios del maíz y otras plantas. En este foro dijo, de acuerdo con Dow Jones Newswires, que "el problema es que tenemos muchos criadores de cerdo en Estados Unidos… que están empezando a sentir los altos precios del maíz". Y eso mismo está sucediendo en Colombia.

Aquí, los principales consumidores del maíz importando de Estados Unidos (cerca de 2,1 millones de toneladas en 2006) son los avicultores, que compran el 75% del cereal, y los porcicultores, que también ganan peso en la economía colombiana y necesitan su porción de grano. Entonces, ambos sectores resultan clave para los 1,1 millones de toneladas que producen nuestros menguados campos. La competencia local por el maíz la completa el consumo humano, siendo las mismas comunidades que lo cultivan el principal consumidor, constituyéndose el maíz en el eje de varias cadenas económicas y sociales. Gracias a Dios, no producimos semiconductores y no tenemos una gran producción de medicinas que necesiten el cereal; de lo contrario, la situación sería peor.

Problemas a la vista
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos prevé una producción mundial de 692,89 millones de toneladas para el ciclo 2006-2007, contra 695,22 millones del año 2005-2006. Una reducción en la oferta de grano, justo cuando los inventarios de ese país solo podrían llegar al 26% de las reservas mundiales, cuando en 2005 representaron el 40%. Por su parte, el consumo mundial de maíz prevé un aumento anual de 3,5%, para llegar a 725,77 millones de toneladas. En sumas y restas, habría un déficit de 33 millones de toneladas de maíz en el mundo.

Y el etanol es de nuevo la explicación a esas malas cuentas con el incremento del 40% en el consumo estadounidense de maíz para la producción de etanol a finales de este año, al llegar a 57,15 millones de toneladas. Un grave problema mundial, si se tiene en cuenta que en el país norteamericano se produce casi la mitad de ese cereal, y un gran problema para Colombia, porque abastece el 100% de nuestras importaciones, que a su vez representan el 70% de la demanda nacional.

De acuerdo con analistas de México (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Sagarpa, y la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México, CNPAMM), y de Colombia (SAC y Semillas), los factores que serán determinantes en que el precio se estabilice o explote hasta las nubes son el impacto del encarecimiento de los granos forrajeros en el sector ganadero estadounidense; el comportamiento de la demanda de los importadores asiáticos, y la previsión de que China, segundo productor de maíz en el mundo, no modificará su política exportadora, la cual quedaría apenas en 4 millones de toneladas.

Una unidad de investigación de Sagarpa, atenta al impacto de las alzas del maíz en la economía mexicana, dice en un informe de diciembre de 2006 que "las exportaciones (de Estados Unidos) están 34% por arriba de las registradas en 2005, pues la depreciación del dólar ha incentivado la demanda (internacional)". Esto ha hecho el panorama más tenso.

El análisis también habla de unos posibles "factores bajistas" en el precio: los compromisos de exportación de ese país se han concentrado en los meses más cercanos, lo cual anticiparía una menor demanda a finales de la temporada; que el mercado de futuros se encuentra vulnerable a una liquidación masiva de posiciones largas por parte de los especuladores; que los altos precios podrían reducir el consumo forrajero en el mundo; que las condiciones climáticas en Argentina están favoreciendo el desarrollo del cultivo; y que aumenta la superficie sembrada en Brasil, por lo que su producción podría ser de hasta 43 millones de toneladas, y elevar sus exportaciones.

Soluciones a la colombiana
En el país, la encrucijada la viven en primer lugar los porcicultores, cuyo ciclo de expansión de la cría en 2006, luego de un par de años de buenos precios en la comercialización, fue frenado por un cambio de tendencia en el preciso momento en que subieron los precios del principal insumo en el alimento de los cerdos. "En todo 2006 tuvimos un incremento de los costos de producción de 4,7%, y en enero pasado, solo en un mes, registramos un incremento igual", comenta Ximena Mahecha, directora del área de estudios económicos de la Asociación Colombiana de Porcicultores, "mientras tanto, los precios de compra al productor han bajado 14%", explica.

Tal situación está siendo represada en los criadores, pues los comercializadores pagan menos pero no transmiten los precios al consumidor, lo que no estimula el consumo a futuro y reduce las posibilidades de mayor demanda para los porcicultores. "Los mayores costos de los insumos los asumen los criadores, que están sujetos a los comercializadores. Por ahora, algunos de los más pequeños ya están retirándose del mercado con grandes deudas", dice Mahecha.

La guerra de aguante es también para los avicultores, aunque ellos tienen un mercado más grande y han registrado un mayor crecimiento en la demanda, lo que les permite pensar que tienen tiempo de sobra para responder a la situación. "Ya se está pensando en sustitutos parciales, como el DGS (distiller's grain and soluble), que se obtiene en el proceso de producción del etanol y que es más barato que el maíz. Hoy solo está permitido utilizar el 5 ó 7% dentro de la formulación de alimento avícola. Buscamos que el gobierno nos ayude aumentando ese porcentaje y dejando sin arancel la importación", dijo a Dinero Carlos Guillermo Tobón, gerente general de Avinal.

Tobón espera que la producción local se reactive con los nuevos precios, aunque destaca obstáculos que deben salvarse: "no tenemos la infraestructura adecuada para impulsar y soportar un crecimiento de la producción de maíz, nos falta infraestructura de carreteras, incentivos y facilidades para la tecnificación que capitalizaría un buen momento de extender áreas cultivadas, como el que se propicia para el segundo semestre de este año con precios altos internacionalmente y una demanda creciente en el mercado nacional", dice. "Necesitamos mejorar la investigación en semillas y asegurar calidad y productividad en las zonas cultivadas y en nuevas zonas maiceras, de esa forma crecer los cultivos sería una solución", subraya por su lado Mahecha.

Aunque los precios al consumidor no se vean afectados aún por el efecto 'popcorn' del etanol, Estados Unidos tratará de subsanar su déficit de maíz con la oferta exportable y en Colombia la dependencia de esas importaciones haría que otros alimentos suban de precio, como el fríjol, que podría ser usado en mayor cantidad sustituyendo en parte al cereal para forraje, pero aun sin evitar el alza de precios de la carne de pollo, vaca y cerdo, además del de la leche y los huevos.

La ecuación es simple, pero complicada para el gobierno y el bolsillo de los colombianos.
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