Luces,cámara,¿acción?

| 8/3/2001 12:00:00 AM

Luces,cámara,¿acción?

Las producciones cinematográficas en Colombia volvieron a repuntar. El desafío es hacer esta industria más comercial e internacional.

La crisis económica y la disminución de usuarios en los espectáculos no ha sido ajena al negocio del cine y, en este caso, es dramática. Según un estudio de Fedesarrollo sobre esta industria nacional, la asistencia por habitante se ha reducido de 2,1 veces por año, a principios de la década de los 80, a menos de 0,5 en los últimos años.

Y si bien algunos tratan de justificar esta caída por la diversidad de la oferta, como el video, la televisión satelital y por suscripción, y por otras causas, como el precio de la boletería, lo cierto es que la historia de las producciones nacionales se mueve como un electrocardiograma, con profundas caídas o picos brillantes, como el registrado a finales de los 70 y principios de los 80, cuando Gustavo Nieto Roa produjo películas como El taxista millonario o Esposos en vacaciones, que tuvieron cerca de un millón de asistentes.



Pero las buenas épocas no se volvieron a presentar y a finales de la década de los 80 y principios de los 90 la industria casi desapareció. Esto coincidió con la liquidación de Focine y el recorte de la ayuda del Estado para esta industria. Por eso, no ha dejado de sorprender el inusitado florecimiento de producciones nacionales que hizo que en el 2000, 6 películas nacionales aparecieran en carteleras y que ha permitido que hoy se estén rodando cerca de 17 producciones. Esta situación se presenta en una economía de guerra y con una casi ausencia de políticas y apoyos del Estado para su desarrollo. Un fiel reflejo de ello han sido las convocatorias del Ministerio de Cultura que en el 98 entregó recursos por $2.400 millones y por más de $1.000 millones en el 99. Pero este año prácticamente desaparecerán.



En busca de plata



Frente a la ausencia oficial, conseguir recursos es una de las principales dificultades para los productores locales. Hacer una película no es nada fácil en Colombia, si se tiene en cuenta que una producción nacional en promedio requiere una inversión de cerca de US$500.000. Pero la cifra puede ir de US$100.000, como la cinta Terminal de Jorge Echeverri, hasta US$1,5 millones, como La vendedora de rosas o Golpe de estadio.



Si bien los productores han encontrado en los acuerdos regionales o comerciales un soporte para la financiación de las películas (ver recuadro), muchos han tenido que recurrir a créditos nacionales en el IFI y Bancoldex, o internacionales como Ibermedia, que fomenta la coproducción en la región y cuenta con un decidido apoyo de España y otros 12 países que aportan US$100.000 al fondo cada uno.



Sin embargo, estos recursos son el capital semilla para una producción. Por ejemplo, Víctor Gaviria, que está en la preproducción de la película Sumas y restas, y que requiere una inversión de US$700.000, recibió de este fondo un aporte de US$150.000. Para conseguir la cifra que falta, tiene apoyos de las administraciones de Medellín y de Antioquia e, incluso, ha recurrido al ingenio para sacar adelante su sueño. Jhon Jairo Estrada, el productor de esta película, está buscando la forma de comercializar 30 colaterales --publicidad dentro de la cinta-- con un valor individual de $20 millones.



Esta es una aproximación a un modelo un poco más rentable. Sin embargo, el mejor ejemplo de un cine comercial lo tiene Dago García, quien decidió seguir el camino de Nieto Roa y apalancarse en el éxito de la televisión para desarrollar su Pena máxima, que en 6 semanas de exhibición superó los 450.000 espectadores y que podría llegar a los 600.000. Su alianza con Caracol Televisión atacó una de las grandes debilidades de la industria nacional: la promoción y el mercadeo. Ahora, Tepuy, la distribuidora de las novelas del canal, hace los contactos para distribuir la película en Nueva York y Miami, dirigida hacia la población hispana.



La tarea, entonces, es hallar posibilidades de recursos para la producción, que van desde los modelos de coproducción regional, hasta los recursos propios y la venta de publicidad dentro de la película.



Precisamente, esta es la estrategia que se busca: en el corto plazo, cautivar un público nacional para las películas colombianas y, en el mediano plazo, llegar a los mercados externos. Para el comentarista de cine y economista Mauricio Reina, "las producciones cinematográficas nacionales tienen un potencial importante en el mercado hispano ampliado, siempre y cuando suceda con el cine algo similar a lo que está ocurriendo con la música y la televisión colombianas".



Este resurgimiento del cine nacional viene acompañado de un interés de algunos distribuidores internacionales que ya han tocado las puertas de proyectos colombianos que están en camino, para desarrollar negocios a largo plazo. Y si bien la exhibición en las salas de cine es una alternativa, las otras ventanas que antes eran su amenaza --el video y la televisión por suscripción y satelital--, hoy son su oportunidad.



A iniciar el rodaje



Según el estudio de Fedesarrollo, el nivel de espectadores en Colombia en los últimos años ha sido, en promedio, de cerca de 17 millones, el más bajo de su historia. En un escenario, agrega el informe, de una asistencia promedio de 300.000 personas por película y la realización de 14 películas anuales, entre los años 2001 y 2005, el valor agregado de esta industria a la economía nacional sería de $46.700 millones para este año. Con crecimientos anuales del 9,7%, en el 2005, esa cifra se ubicaría en $76.300 millones. ¿Qué hacer para llegar a estos niveles y lograr una industria del cine en crecimiento? Si bien los recursos externos, las coproducciones, las posibles alianzas y las ventanas para vender el producto están disponibles, y la calidad definirá su aceptación o no, en esta industria el apoyo del Estado es fundamental.



Por eso, con respaldos económicos directos, estímulos de taquilla y rentas de destinación específica, el cine nacional encontraría un soporte permanente.



En este sentido, la próxima legislatura del Congreso tendrá un proyecto de ley sobre cine que busca crear una renta parafiscal y gravar a un grupo de protagonistas de la industria para su propio beneficio --exhibidores, productores y distribuidores-- y crear con ellos un fondo común. Se quiere que la televisión paga contribuya en esta renta, pero que a su vez se favorezca con descuentos sobre el IVA. "Es un proyecto acorde con las circunstancias de hoy y que tiene en cuenta las dificultades del gobierno y de los productores", asegura Claudia Triana de Vargas, directora del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica, Proimágenes.



En el futuro, los países latinoamericanos no saldrán solo a buscar recursos para realizar coproducciones; también vendrán a buscar y ver qué estamos haciendo. Y si el mercado se consolida y se dan las condiciones, seguramente seremos más competitivos. El turno, pues, es para el cine...



El presente

Hoy se producen 17 películas y el año pasado 6 estuvieron en cartelera. Una de las mejores cifras de la década.



El mercado

El cine puede crecer en un mercado hispano ampliado, empujado desde Estados Unidos.



Las alternativas

Los valores que pagan en televisión satelital y por cable oscilan, por película, entre US$40.000 y US$60.000.





Unidos para producir

Desde 1992, 11 países iberoamericanos se han organizado alrededor de la Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica (CACI) que certifica las obras que se exhiben como nacionales, para ampliar la posibilidad de nuevos mercados.



Dentro de este acuerdo se desarrolló, por ejemplo, la experiencia con Ciro Durán y Joyce Ventura (Bésame mucho, La toma de la embajada) con el modelo del Grupo de los Tres, G-3, en el que han realizado 6 películas. Se trata de buscar socios y coproductores en Venezuela, México y Colombia, para captar un mercado donde una sola inversión, US$900.000 por cada país, se divide para las producciones de los miembros del G-3 así: el país sede pone el 60%, y los otros dos, el 20% cada uno. De esta manera, se amplía mercado y se diversifica el riesgo.
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