| 6/1/1994 12:00:00 AM

Loterías al azar

Por cada lotería departamental hay una investigación de la Procuraduría o una denuncia penal. El botín de los políticos debe privatizarse.

Desde las épocas de la Colonia, las loterías y juegos de azar han sido un monopolio del Estado. La fabricación de licores también continúa siéndolo, y en el caso de producción por parte de particulares, como la cerveza, hay impuestos específicos sobre el producto. Los servicios de salud departamentales viven de las rentas de las loterías y juegos de azar, del IVA a los licores, del 8% del impuesto a la cerveza, de un impuesto a las apuestas permanentes déciase chance), de la sobretasa al impuesto de timbre, del situado fiscal, y en menor medida de recursos propios. Con estas fuentes, el 100% de los colombianos podría estar cubierto en sus necesidades de salud.

Tanto las loterías como las empresas licoreras departamentales deben transferir sus recursos a los servicios seccionales de salud, los cuales a su vez deben hacer llegar los recursos a los hospitales de primero, segundo y tercer orden. Decimos "deben hacer llegar" porque en el camino es mucha la plata que se queda enredada. Las loterías y las licoreras han sido, casi sin excepción, el botín de los políticos. En esta oportunidad vamos a analizar únicamente el caso de los sorteos ordinarios de las loterías en 1993, para llegar a una ligera aproximación a /* la magnitud de los dineros embolatados.



La Superintendencia de Salud, bajo la dirección de Oscar Emilio Guerra, se enfrentó al problema en 1992, y descubrió mucho más de lo que esperaba. Hoy en día hay por lo menos una investigación de la Procuraduría, o una demanda penal, por lotería. Y \ hay 26 loterías en el país.

Cada lotería realiza un sorteo semanal, con excepción de la 9 Millonaria, que realiza sorteos quincenales. Esta última pertenece a los antiguos territorios nacionales, convertidos hoy en departamentos, incluyendo a San Andrés y, curiosamente, es una de las más eficientes y la que más recursos produce. Además hay cuatro sorteos autorizados que son el Extra de Chiquinquirá , y tres sorteos extraordinarios: El Extra de Colombia, el Binomio de Oro, de las Loterías de Bogotá y Medellín, y el Sorteo Extraordinario de Navidad. Esta proliferación de loterías significa que anualmente se juegan 1.324 sorteos. Cada semana se emite billetería por valor de $10.250 millones, y el plan de premios asciende a $4.351 millones. Obviamente que no todos los premios quedan en poder del público, pero casualmente hay algunas loterías, como la del Caquetá, que tienen un porcentaje de aciertos del 70%.

Lo normal es que el plan de premios de una lotería ascienda al 54% del valor de la billetería, pero hay casos como la Beneficencia de Antioquia donde el porcentaje es de 69% o la Lotería del Atlántico, donde la cifra es de 67%. La retribución por peso invertido oscila entre $2.708 en la Cruz Roja y $275.000 en la 9 Millonaria.

Las ventas de lotería ascendieron en 1993 a $200.646 millones, con un incremento nominal del 36% frente a 1992. Las transferencias a los servicios de salud ascendieron en 1993 a $59.900 FUENTE: Superintendencia de Salud, cálculos DINERO millones, pasando de ser el 15% de las ventas totales en 1992a 21% en 1993.

El nivel promedio de ventas al público es el 45% de la billetería, aunque hay casos como la 9 Millonaria, Manizales y Cruz Roja, que venden más del 70% y otros como La Sabanera y Caquetá que apenas venden el 13% de la emisión. La lotería que más vende es la 9 Millonaria con más de $49.000 millones en 1993. Le siguen la de Bogotá con casi $18.500 millones, y luego, con menores cantidades las de Cundinamarca, Valle, Boyacá y Medellín. El caso de la 9 Millonaria es muy particular. Es la lotería más nueva, vende la mayoría (98.6%) de su billetería en departamentos diferentes a los de origen, es la que ofrece el mayor plan de premios, la que tiene el billete más caro y la más exitosa, puesto que vende el 26% del total del sistema.

La primera anormalidad que se puede detectar es en el caso del impuesto a ganadores. Este asciende a 17% de los premios y la lotería debe retenerlo al momento de pagarle al ganador y transferirlo mensualmente al Servicio de Salud. Lo que encontró Oscar Emilio Guerra cuando llegó a la Supersalud, es que no solamente no se causaba el impuesto en su totalidad -o sea que se le cobraba al ganador pero alguien se lo embolsillaba-, sino que las transferencias se hacían cada tres meses, en el mejor de los casos. Con la sola labor policiva que ejerció la Supersalud en 1993, el impuesto a ganadores transferido pasó de $2.760 millones en 1992 a $18.000 millones en 1993, o sea un incremento de más del 600%, cuando las ventas de lotería sólo crecieron un 36% en el mismo período. Aun así, en 1993 se dejaron de pagar $1.558 millones por este concepto. El problema radica no sólo en la desaparición física de los recursos producidos por el impuesto, sino que también, como no existían reglas de contabilidad hasta el año pasado, era una costumbre común y aceptada contabilizar el impuesto a ganadores como un ingreso en lugar de una transferencia a terceros (gasto), con el fin de enjugar pérdidas.

Algo similar pasaba con el impuesto a loterías foráneas. Este impuesto lo deben pagar loterías de un departamento, que se venden en otro. Es el 10% del 75%-del valor de la billetería vendida. Su recaudo pasó de $4.150 millones en 1992 a $8.221 millones en 1993, o sea un incremento del 100%. No obstante, al igual que el impuesto a ganadores, se embolataron en el camino $3.548 millones. En el caso de los sorteos extraordinarios se dejaron de pagar $5.500 millones en impuestos. El impuesto a loterías foráneas también se contabilizaba como ingreso con el mismo fin:

investigación de la Procuraduría de una denuncia penal. El hueco es de tal tamaño que ya la Procuraduría nombró un delegado dedicado exclusivamente a estos casos, que está iniciando investigaciones de oficio (sin que medie denuncia).

Estas pérdidas para la salud de los departamentos se pueden cuantificar porque hay bases para calcular los impuestos. Pero, ¿qué pasará por ejemplo con las compras a los proveedores? Se sabe que se manda a imprimir billetería en cantidades muy superiores a las requeridas, y con especificaciones como código de barras, para poder asignarle el negocio a un impresor determinado. Lo más triste del asunto es que ninguna ¡ lotería ha implementado el sistema de código de barras, no tiene los lectores, ni los sistemas para utilizarlo. El costo de impresión es el 33% de los costos totales. Si las ventas alcanzan en promedio el 45% de la impresión es urgente que algunas loterías ajusten su impresión a las ventas reales.

Otra enorme erogación es el gasto en publicidad, que en el promedio asciende a 5% de las ventas, cuando en el resto del mundo es del orden del 1%. Guerra sostiene que una lotería puede manejarse con 25 empleados. Las loterías colombianas tienen una nómina promedio de 60 personas, que en algunos casos llega a 160 personas. Otro rubro de gasto exagerado es el de los distribuidores. "En Colombia la comisión promedio es del 25%, cuando en el mundo la regla es el 10%", dice Guerra.

Gabriel Robayo, superintendente delegado, cuenta que hasta 1992 estaba prohibido que ningún funcionario de la Superintendencia de Salud asistiera a los sorteos. "Se vendía el 20% de los billetes y el 100% de los premios caían en poder del público, cuando la ley de las probabilidades dice que sólo el mismo 20% debería llegar al público", dice Robayo.



Otro problema es el de Ecosalud. "Esta es una entidad del orden esconder las pérdidas. La gran mayoría de las loterías trabaja a pérdida. No obstante, Guerra pone como- ejemplos a seguir los casos de las loterías del Valle, 9 Millonaria, Cruz Roja, Manizales, Risaralda y Vallenata, que se han distinguido por su buen manejo.

En el total, sumando impuestos y recursos del balance, las loterías dejaron de transferirle a los servicios seccionales de salud la suma de $12.000 millones en 1993. Este resultado es extraordinario comparado con el de 1992, donde se dejaron de transferir $23.904. En cada uno de los faltantes existe una investigación nacional, cuya junta directiva está conformada por gobernadores de departamentos, y cuyos recursos van a los municipios", dice Guerra. "Así es una utopía esperar que funcione". Ecosalud fue creado por la Ley 10 de 1990, para administrar los juegos de azar diferentes a loterías. Los recursos producidos debían destinarse al sector de la salud en los municipios. La primera experiencia de Ecosalud fue con la Instantánea (raspa-raspa), que ya todos saben cómo acabó. La empresa encargada de la comercialización incumplió los términos del contrato. Para el equipo de la Supersalud, el peor error de la Instantánea fue utilizar la misma cadena de distribución de las loterías tradicionales. Los mismos distribuidores y loteros sabotearon la comercialización del nuevo producto, que finalmente desapareció. En este momento se está planteando la reforma o supresión de Ecosalud.

La posición de Guerra es que Ecosalud debe reformarse en sus estatutos y dedicarse a administrar la Lotto. Y ¿qué es la Lotto? La Lotto es una lotería nacional, que funcionaría como su homóloga de Estados Unidos: sería electrónica, los costos de distribución serían similares a los estándares mundiales, los premios serían mucho mayores a los de las loterías actuales, no se incurriría en gastos de impresión de billetería porque se trabajaría con formularios en blanco -sellados una vez comprados- y la cadena de distribución sería diferente a la de la lotería tradicional.

Para Guerra y su equipo en Supersalud la Lotto sería la competencia que pondría a funcionar en forma eficiente a las 26 loterías del país y tres sorteos extraordinarios.

Vale la pena preguntarse si la solución a una sobresaturación de loterías ineficientes es crear otra lotería. Tal vez sea más lógico acabar con el monopolio del Estado en los juegos de azar, dejar que sean explotados por los particulares interesados en ello, y cobrarles impuestos específicos, como en el caso de la cerveza, o incluso el IVA, ya sea a la misma tarifa o a una más alta, como es el caso de los bienes de lujo. Es difícil que un ente como la planeada Lotto no se convierta en lo mismo que todas las loterías del país. Los controles que se ejercerían serían los mismos que ha implementado la Supersalud, y que han frenado el saqueo hasta cierto punto. Pero mientras las loterías sigan siendo públicas el botín estará allí, a la vista de los políticos tratando de echarle mano.
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