| 4/13/2011 12:00:00 AM

Los nuevos venecos

Una nueva generación de empresarios venezolanos está llegando al país a montar empresa.

Semana a semana llegan por decenas venezolanos que buscan probar suerte en ciudades como Bogotá, Medellín, Cartagena o alguna de las capitales del país. Su presencia es cada vez más evidente en restaurantes, centros comerciales, tiendas de lujo, discotecas y colegios.

Este grupo de nuevos inmigrantes tiene dos características: son, en su mayoría, profesionales o inversionistas con alto poder adquisitivo, que están explorando oportunidades laborales o de negocios. Aunque no existe una cifra precisa del número de venezolanos que en los últimos años llegó a vivir en Colombia, hay quienes la estiman en más de 100.000.

Pero, más allá de lo anecdótico que puede resultar esta nueva inmigración, está el impacto que tiene en el mundo de los negocios, la economía y la vida social del país. Desde compañías de construcción e inmobiliarias, hasta firmas de consultoría económica, tiendas de artículos de lujo, hoteles y universidades reportan una mayor demanda atribuible a este fenómeno migratorio. ¿Cuál es el efecto económico de la llegada de los vecinos?

Camilo Herrera, gerente de la firma de consultoría Raddar, confiesa sorprendido que en la historia de su compañía no había tenido un semestre tan movido como el que registra desde octubre de 2010. "Hemos tenido requerimientos de al menos 15 compañías o inversionistas venezolanos interesados en estudios de mercado y consultoría", señala Herrera, quien cree que la economía colombiana en 2011 podría estar muy movida por este fenómeno.

Y es que la incursión de venezolanos se extiende a todo tipo de sectores. Aunque las inversiones más conocidas son las petroleras, con Pacific Rubiales, Vetra y Alange a la cabeza; las de cadenas de droguerías, con Farmatodo y Locatel; el Banco Mercantil y la industria de Alimentos Polar, su radio de acción ha crecido.

Luis Alberto Russián, director de la Cámara de Comercio Venezolano-Colombiana, Cavecol, señala que este movimiento no tiene que vincularse necesariamente con una posible 'salida' de compañías venezolanas de su territorio, sino más bien con el interés de algunas de ellas por expandir sus negocios.

Dos casos recientes involucran a emblemáticas compañías venezolanas: el grupo Dipromuro, uno de los mayores concesionarios de vehículos de Venezuela, que ya ha abierto locales en territorio colombiano para distribuir marcas como Ford (a través de la comercializadora Lumosa); Toyota (Autoyota) y Mazda (Automazda), y cuya inversión supera los US$6 millones; y Ovejita, una tradicional compañía de ropa con 65 años de historia, que este año planea abrir tres almacenes en Bogotá, una inversión cercana a los US$7 millones. Juliana Loaiza, gerente comercial en Colombia, señala que la compañía está haciendo una apuesta ambiciosa por el mercado colombiano, que implica la internacionalización de su operación. En Venezuela, Ovejita cuenta con 190 tiendas y más de 3.000 empleados.

Otros ejemplos de inversión son los de Latina Producciones en el sector de industrias creativas para desarrollar cine y televisión -están grabando una película en Colombia- y de la firma de cosméticos Drocosa, que invertirá US$2,2 millones en el montaje de su operación y comercialización.

Pero también se da el caso de empresarios que están viendo cómo establecer sus negocios en Colombia y, para ello, han decidido invertir en franquicias de servicios, sector inmobiliario, distribuidoras de vehículos, restaurantes y almacenes de comercio, entre otros.

Es el caso de Carlos García, gerente de Múdate a Colombia, una compañía de gestión y asesoría inmobiliaria que arrancó en octubre de 2010 y ha logrado vender siete inmuebles a sus compatriotas y asesorar a decenas de familias venezolanas.

La idea del negocio surgió por los contactos de García en las redes sociales, a partir de los cuales logró identificar algunas necesidades de sus compatriotas. Hoy se dedica a gestionar la relocalización de venezolanos, apoya la búsqueda de vivienda (en venta o arriendo), la consecución de colegios, visas y estrategias de negocios. La compañía tiene alianzas con constructoras colombianas para facilitar la venta de viviendas; con el Helm Bank para financiar proyectos y con firmas de asesoría contable y consular.

Lujo y estilo
Pero quizá en el sector en que más ha impactado la llegada de venezolanos es en el de lujo y entretenimiento. El alto poder adquisitivo y la tradición de compra de los venezolanos están generando una dinámica en estos negocios.

El crecimiento en las ventas lo registran particularmente prestigiosas tiendas de centros comerciales al norte de Bogotá los fines de semana, con el aumento de la afluencia de ciudadanos venezolanos. Nadie sabe con exactitud cuál es la participación que tienen los clientes del vecino país dentro de las ventas totales. Pero lo cierto es que en los dos primeros meses del año las ventas de estas tiendas han crecido a ritmos entre 30% y 50%.

Adriana Gómez, de la tienda de artículos de lujo Loewe, asegura que "no pasa una semana sin que lleguen clientes venezolanos, que son muy buenos porque entran y compran ya que los gustos de la mujer venezolana coinciden mucho con el de nuestras barranquilleras, que buscan moda y accesorios de alta calidad". Tiendas como Cartier, Tous y Louis Vuitton, entre otras, registran crecimientos de dos dígitos en las ventas del primer bimestre. En el caso específico de Vuitton, hay quienes atribuyen los mayores ingresos al cierre de estas tiendas en Venezuela, a raíz de las trabas que impedían a la compañía importar artículos y repatriar sus capitales.

En el negocio del arte también hay impacto. Esteban Jaramillo, de la galería La Cometa, explica que ha sido tradición del venezolano coleccionar arte, al punto que en 1920 era el país con el mayor número de coleccionistas de América Latina. "Nosotros hemos podido aprovechar esta sensibilidad hacia el arte, y la experiencia ha sido muy grata", comenta Jaramillo, quien estima que el 50% de las ventas de la galería se deben a extranjeros, y de ellos, 80% son venezolanos.

La diáspora venezolana se ha convertido para Colombia en una oportunidad. Y, con seguridad, su impacto no se quedará solo en los negocios, también trascenderá en los ámbitos social y cultural.

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