| 3/4/2005 12:00:00 AM

Los negocios de Kyoto

El 16 de febrero entró en vigencia el Protocolo de Kyoto, que obliga a los países industrializados a reducir emisiones. Colombia tiene oportunidades.

Bavaria, Peldar, Alpina, Suizo y Protela toman parte, junto con otras empresas, de un proyecto que desde octubre de 2002, lidera Gas Natural. Es la sustitución de combustibles contaminantes en sus procesos operativos, por gas. Pero para convencerlos de las bondades de este cambio, la multinacional española dirigió sus esfuerzos a los beneficios de los cuales se venía hablando desde principios de esta década, y que representaban un nuevo mercado: la venta de reducción de emisiones.

Durante más de 2 años, estructuraron el 'Proyecto Sombrilla', en el que participan 8 empresas, y que busca reducir 30.000 toneladas anuales de CO2 por 10 años y venderlas a los países industrializados que firmaron el Protocolo de Kyoto. El precio por tonelada de CO2 oscila entre 4 y 8 euros. "Estos mecanismos les dan un valor agregado a las industrias para que sustituyan combustibles contaminantes. Nuestro objetivo es vender gas, por eso los recursos que se obtengan por este concepto irán directamente a las empresas del proyecto", advierte un vocero de Gas Natural. Antes de final de año, Gas Natural, como articulador, y las empresas del programa, esperan tener lista toda su documentación para llevarla a la junta ejecutiva del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto y la subida de los precios, tras la ratificación.

El Proyecto Sombrilla tiene grandes posibilidades de desarrollo. Por una parte, en las estrategias de la casa matriz, Gas Natural desea replicar este modelo en México, Argentina y Brasil. Y por otra, en Colombia busca llegar a industrias muy contaminantes, como las ladrilleras; servir de modelo para que este caso se replique en otras partes del país, como quiere hacerlo Empresas Públicas de Medellín, EPM; y ser ejemplo para las industrias, entendiendo que al unirse generan proyectos rentables de desarrollo sostenible.

Como este, en el país hay 42 proyectos que buscan apalancar en la venta de certificados de reducción de emisiones, parte de sus ingresos hacia el futuro, más aún cuando el Protocolo de Kyoto ya fue ratificado. Según cálculos de los analistas, si estos proyectos avanzan y cumplen sus compromisos en reducción, podrían generarle al país más de US$200 millones entre 7 y 21 años. Pero no se trata solo de los ingresos por este concepto, sino de las inversiones que generan. Jepirachi, el proyecto eólico en la Guajira, recibirá unos US$3 millones por 10 años, y el costo del proyecto fue de US$20 millones, según datos de EPM. Esto significa que junto con la venta de certificados de reducción de emisiones, se pueden generar nuevas inversiones. "Estos certificados se convierten en un incentivo para que se desarrollen proyectos", señala Sandra Suárez, ministra de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.



El escenario

En 1997, se acordó la adopción del Protocolo de Kyoto para reducir emisiones en los países industrializados de 5,2% por debajo del nivel de 1990. "Hasta hoy, 129 países han ratificado el protocolo, entre ellos 36 industrializados que representan cerca de 62% de las emisiones, con lo que se cumple la vigencia del protocolo -tener la ratificación de países que representen al menos 55% de las emisiones-, dándoles carácter obligatorio a la reducción de emisiones propuestas hace 8 años", explica Juan Pablo Bonilla, ex viceministro de Medio Ambiente y miembro de la junta ejecutiva del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL).

Algunas regiones, como Europa, ya tienen entre sus prioridades la reducción de emisiones. "Una directiva europea establece que los países deben tener un plan nacional de asignaciones y sus compromisos empiezan a regir a partir del 1 de enero de este año para que las empresas inicien su reducción de gases de efecto invernadero. Así, se anticipa el proceso porque lo que esperan es que la gradualidad les permita cumplir en esa primera fase 2008-2012 y deben empezar a hacer los ejercicios de reducción", agrega la ministra Suárez.

Para cumplir sus obligaciones, los países industrializados tienen varias opciones. Una, que sus empresas hagan esas reducciones internamente, algo muy costoso, dado que tienen tecnología de punta. "Así, reducir una tonelada de emisiones de CO2, podría costarle US$500 a una compañía", explica Fabio Arjona, director de Conservación Internacional.

Otra opción es que países en vía de desarrollo y sin obligación de reducir emisiones, asuman el proceso y vendan los certificados de reducción. Así, el Protocolo de Kyoto estableció el MDL como un instrumento económico para desarrollar estas iniciativas, creando un mercado mundial de certificados de reducción de emisiones. Desde 2002, se abrió una oportunidad con la pronta implementación del MDL, que se anticipaba a la ratificación, de modo que fuera un escenario de prueba antes de 2008. Colombia con el parque eólico Jepirachi de EPM en la Guajira; el de Amoyá en Tolima; o TransMilenio en Bogotá, entre otros, inició el proceso. Allí, las compras de los certificados se hicieron, en parte, apalancadas en los fondos, como el del Banco Mundial, que se generaron para este efecto.

Pero con la ratificación del protocolo, la venta de certificados de reducción de emisiones entra en una nueva etapa. "Antes era un mercado de compradores. Con la vigencia del protocolo, es más un mercado de vendedores donde entran competidores como India, China o Rusia por su posibilidad de desarrollar megaproyectos", explica Claudia Martínez, vicepresidente de desarrollo social y ambiental de la CAF.

Esto ha generado una discusión: ¿es una cuestión de mercado o se piensa en el desarrollo sostenible y en la viabilidad del planeta? "Si se mira solo desde la óptica del costo y el precio, países como China podrían absorber la demanda, ¿pero qué pasa con los proyectos de países en vía de desarrollo como Colombia? No se trata solo de un mercado, sino de ejecutar proyectos de desarrollo sostenible y de que los países miren más esas alternativas", agrega la ministra. Por eso, el gobierno firmó memorandos de entendimiento con Países Bajos, España, Francia, Canadá, Austria y Japón. "Se busca sincronizar la oferta y la demanda para que encuentren en Colombia un destino a su inversión de certificados de reducción de emisiones", dice Martha Castillo, de la oficina de mitigación de cambio climático del Ministerio.



las oportunidades

Colombia ha avanzado en la formulación de proyectos. Pero esto no quiere decir que todos van a pasar (ver recuadro). Así, ¿dónde están oportunidades? Además de las iniciativas empresariales como las del Proyecto Sombrilla, varios sectores pueden desarrollar proyectos.

Uno, el de generación de energía. Generadora Unión, una empresa antioqueña de energía eléctrica, estableció como prioridad en su modelo para el desarrollo de proyectos, el aspecto ambiental. Con él han vinculado recursos a sus proyectos que de otro modo no habrían llegado. Amoyá ganó en 2003 el premio internacional Energy Globe, en Austria, y su construcción se iniciará en los próximos meses. Esto catapultó a la empresa y hoy, Agua Fresca, uno de sus nuevos proyectos, reducirá 30.000 toneladas de CO2 por año, y ya se vendieron al gobierno austriaco así: 80% a 4,3 euros por tonelada, y el 20% restante a 5,1 euros. "Los certificados de reducción de emisiones pueden representar entre el 10% y el 15% de los ingresos anuales de cada proyecto", dice Gabriel Jaime Ortega, presidente de Generadora Unión.

EPM, además de Jepirachi, ha desarrollado el modelo para las centrales La Vuelta y La Herradura y va a llevarlo al exterior: la planta que construye en Panamá podrá reducir unas 80.000 toneladas anuales. De darse un segundo período en el Protocolo de Kyoto después de 2012, Porce III será el principal candidato.

El Protocolo de Kyoto establece, entre las emisiones a reducir, otros gases, además del CO2, como el metano y el óxido nitroso. Cada uno de estos gases equivale a 21 y 310 veces, la reducción de CO2, por lo que su potencial es muy alto. ¿Dónde se producen estos gases? Las aguas residuales y los rellenos sanitarios son candidatos para entrar bajo este esquema, con la ventaja de que en el mundo la metodología ya está implementada y solo tienen que seguirla.

En el caso de los rellenos sanitarios, Doña Juana en Bogotá tiene lista la licitación; mientras que en Bucaramanga la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Domésticas PTAR Río Frío reducirá en su primera etapa, entre 2006 y 2012, 28.810 toneladas a US$4,75 por tonelada de CO2 equivalente. Además, en el caso de reducción de óxido nitroso, Mónomeros ColomboVenezolanos adelanta una iniciativa en este sentido.

Tener metodologías aprobadas internacionalmente evita problemas como los de TransMilenio, proyecto pionero en la reducción de emisiones de transporte masivo, pero que está rediseñando su modelo, pues la junta ejecutiva de MDL hizo observaciones sobre el cálculo de reducción de emisiones. Antes de final de año, el proyecto habría pasado por la junta.

Por su parte, el trabajo forestal también representa una posibilidad de negocio, aunque tiene complejidades frente a los demás proyectos. Sin embargo, Procuenca, en Manizales, está desarrollando un proyecto forestal que busca la conservación de 15.000 hectáreas de bosques naturales y el establecimiento de 15.000 hectáreas y plantaciones forestales comerciales maderables.

Pero las oportunidades no solo están en los proyectos. En el mundo solo hay 4 entidades certificadoras que avalan la reducción de emisiones para que se hagan efectivos los certificados. Son dos alemanas, una noruega y otra japonesa. Ante la junta del MDL hay en proceso 21 entidades más, y entre ellas dos latinoamericanas: una brasileña y el Icontec.

Según Fabio Tobón, director del Icontec, a finales de marzo, tendrán la auditoría por parte de la junta de MDL y se espera que antes de que termine este año formen parte de este portafolio de entidades certificadoras. "Nuestro objetivo es que los precios que hoy se cobran -entre US$50.000 y US$60.000- en el mercado por este proceso se puedan reducir y sean también rentables para nosotros. Además, nos permite desarrollar más activamente el mercado de exportación de servicios", agrega.

La ratificación del Protocolo de Kyoto abre una ventana de oportunidad en un nuevo mercado nada 'gaseoso'. El reto ahora es vincular más activamente al sector financiero, para que los certificados de reducción de emisiones se conviertan en una garantía para la inversión, y los proyectos, en una alternativa de desarrollo sostenible para el país.
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