| 5/11/2011 12:00:00 AM

Los líos de Dilma

La inflación y la revaluación del real se están convirtiendo en verdaderos dolores de cabeza para la Presidente de Brasil, que está inventando 'de todo' para frenarlas.

No han sido fáciles los primeros cinco meses de mandato para la presidente de Brasil, Dilma Rousseff. El sábado 30 de abril fue internada en el hospital Sirio Libanés de Sao Paulo con un diagnóstico de neumonía leve, tras presentar un cuadro gripal por más de una semana, que la obligó a permanecer dos días en el centro hospitalario.

Los quebrantos de salud suscitaron conjeturas en medios políticos y periodísticos, pero también acallaron las duras críticas que le llovieron por su ausencia en el Foro Económico Mundial (FEM), realizado en Sao Paulo durante ese fin de semana y que reunió a las 700 personalidades económicas más importantes de la región.

Esos problemas de salud se deben en parte a los 'chicharrones' que se está teniendo que 'comer': aumento de la inflación por encima de la meta, mayor apreciación del real, desaceleración del crecimiento económico y líos en la política interna. A esto se suma su menor interés por aparecer en medios masivos, contrario a lo que ocurría con su carismático antecesor Luiz Inacio Lula Da Silva, que remarca aún más los contrastes en el estilo de gobierno y que no les gusta a muchos brasileros.

Sin duda, el tema que mayor esfuerzo le ha exigido a la presidente de Brasil es la inflación. Datos del Banco Central muestran que el Índice de Precios al Consumidor para los últimos 12 meses, al cierre de abril, reportó un alza de 6,51%, una cifra preocupante si se tiene en cuenta que superó el rango meta fijado por el gobierno para 2011 -de 4,5% con dos puntos de margen hacia abajo o hacia arriba, en cuyo caso sería de un máximo de 6,5%-.

Este comportamiento de la inflación por encima de la meta ha generado preocupación en los mercados, que aún tienen frescos los recuerdos de los años 90, cuando el país vivió un fenómeno de hiperinflación que puso en riesgo su estabilidad económica.

El fantasma de la alta inflación ha llevado al gobierno a adoptar fuertes medidas como las sucesivas alzas en la tasa de interés referencial, Selic, -cuatro este año, la última el 29 de abril-, que llega hoy a 12% frente a 10,75% con que arrancó 2011. Con estos aumentos, el gobierno ha tratado de frenar la inflación enfriando la demanda y controlando el crédito bancario, aún a costa de lo que podría ser un menor crecimiento de su economía, que el año pasado alcanzó 7,5% y este año se calcula en 4%, de acuerdo con proyecciones del Fondo Monetario Internacional.

Camilo Pérez, jefe de investigaciones del Banco de Bogotá, explica que aunque las tasas de interés en Brasil han sido tradicionalmente altas, los ajustes de los últimos meses muestran "la notoria precaución del gobierno frente a la inflación". Incluso, los medios han destacado en las últimas semanas que este tema ha sido clave en los discursos de la presidente Rousseff, quien lanzó a finales de abril una 'cruzada contra la inflación' que tuvo una seguidilla de declaraciones por parte de su ministro de Hacienda, Guido Mantega, quien se comprometió en el Congreso a llevar a cabo recortes fiscales focalizados para evitar que el propio Estado genere más combustible para la inflación.

Pero el gabinete económico no es el único preocupado. El propio ex presidente Lula entró a terciar en el tema y salió en defensa de su pupila al criticar la política de Estados Unidos que, en su opinión, está generando una "pseudocrisis económica" marcada por brotes de inflación y especulación que llamó a contener.

Para Eduardo Lora, economista jefe del Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo, buena parte de los problemas que hoy enfrenta Brasil están relacionados con el recalentamiento de su economía y el aumento de los precios externos de los alimentos, que están golpeando a la mayoría de países emergentes.

Pero, los instrumentos utilizados para frenar la inflación le están poniendo el acelerador a la revaluación. Ricardo Bernal, gerente de investigaciones económicas de Serfinco, sostiene que las mayores tasas de interés se han convertido en 'imán' para el mayor flujo de capitales extranjeros.

Lora sostiene que el gobierno brasileño está haciendo lo correcto al elevar los tipos de interés para controlar la inflación, aunque reconoce que el mayor ingreso de capitales extranjeros contribuye a exacerbar la revaluación del real, que en lo corrido del año hasta finales de abril llegaba a 5,27% y a 9% en los últimos 12 meses. "El gobierno sabe que no hay almuerzo gratis y que debe decidir si quiere más inflación o más revaluación, y uno pensaría que la respuesta es obvia porque en este momento hay que proteger a los más pobres", asegura Lora.

Aunque el gobierno de Rousseff ha tratado de aguantar la acelerada revaluación, las medidas solo han logrado contener en parte esta escalada. Estas han incluido compra de divisas por parte del Banco Central y la adopción de una tasa de 6% a los fondos extranjeros que inviertan en títulos públicos, acciones u otorguen préstamos de corto plazo. Los objetivos: absorber los abultados flujos de capital extranjero atraídos por las tasas de interés y frenar el impacto de las mayores exportaciones de sus commodities, que ya pesan 55% en las ventas totales al exterior.

Un informe del departamento de investigaciones del Banco Santander señala que de no haberse dado esta intervención del Banco Central, el precio del real estaría hoy en 1,40 reales por dólar, y no en los 1,61 que registró al cierre de la primera semana de mayo.

Este resultado, sin embargo, tiene muy inconforme al sector empresarial, que ha visto en la apreciación del real una barrera para su crecimiento industrial, competitividad y expansión de las exportaciones. De hecho, cada día crecen las voces que claman por la imposición de salvaguardias a los productos procedentes de China, que por efectos de la revaluación tienen precios más favorables para los consumidores pero amenazan con deteriorar la ya alicaída industria brasileña.

El gran desafío de Dilma Rousseff será hacerles entender a sus compatriotas que la apreciación de la moneda alivia la presión inflacionaria porque reduce el costo de los importados para los consumidores. Y, al mismo tiempo, hacer entender a los empresarios que el costo del crecimiento de Brasil pasa por acostumbrarse a vivir con un real cada vez más fuerte.

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