| 4/18/2013 12:00:00 AM

Los gigantes del mar

Compas, una sociedad del Grupo Argos y la familia Echavarría, está invirtiendo más de US $300 millones en el tema de puertos. ¿Cuál es su apuesta?

El pasado miércoles 20 de marzo, durante la asamblea general de accionistas del Grupo Argos, por la mente de José Alberto Vélez, presidente del conglomerado, pasó la gratificante sensación que deja el deber cumplido. Ese día, luego de presentar la nueva imagen de la compañía y sus filiales, el ejecutivo dio por terminado un proceso de transformación que por cerca de 10 años pretendió separar las líneas de negocios del Grupo. Es decir: dejó lista la individualización de sus unidades empresariales, las cuales trabajaron por años en temas de cemento, actividades inmobiliarias, explotación de carbón y en el sector portuario; que ahora complementarán –junto con Celsia, en energía– el portafolio de infraestructura de Argos.

Sin duda, una tarea de marca mayor que abre las compuertas de una etapa ‘emancipadora’ dentro del Grupo. Y, aunque cada una de sus empresas seguirá apostándole al crecimiento, quizás la de los puertos será la gran protagonista de este naciente capítulo que hoy se escribe en las entrañas de Argos. Tanto es así que, aquel día de la asamblea, Vélez llamó la atención de sus socios sobre la importancia de haber creado Compas, la firma que tiene actualmente entre sus manos los asuntos portuarios del Grupo y moverá poco más de US$312 millones en los próximos años.

Pero, ¿qué es exactamente Compas? ¿Por qué desempeñará ese rol estelar dentro de Argos? y ¿cuáles son sus planes de inversión en el corto y mediano plazo? Para responder el primer interrogante vale la pena remontarse al segundo semestre del año pasado, cuando el área de puertos del Grupo Argos decidió fusionarse con la Familia Echavarría Obregón y el grupo portuario español Ership –por ese entonces propietarios de Muelles El Bosque–. Dicha unión dio origen a la Compañía de Puertos Asociados (Compas), que en términos prácticos se convirtió desde ese preciso instante en la primera red portuaria multipropósito de Colombia, con siete terminales a lo largo del país y dos proyectos en el exterior.

La negociación fue clara: 50% de la empresa sería para el Grupo Argos y el 50% restante para los Echavarría y Ership –estos últimos, a su vez, constituyeron otra sociedad que hoy funciona bajo el nombre de Southern Port Holding Inc.–. Eso significa que Compas es en la actualidad la única unidad de negocios del Grupo Argos en donde este no tiene el control.

Precisamente esa particular condición hace que la naciente empresa portuaria cuente con plena autonomía para manejar las terminales que años atrás estuvieron bajo las riendas del Grupo Argos y Muelles El Bosque. De hecho, el pasado 1 de abril, la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) expidió dos resoluciones en las que deja en cabeza de Compas la titularidad de tres concesiones de alto tenor: los puertos de Barranquilla, Tolú –en el Golfo de Morrosquillo– y Buenaventura.

A juicio de Alberto Jiménez, presidente de la compañía, esta coyuntura sin precedentes envía un parte de tranquilidad a aquellos escépticos que aseguran que el país aún no está preparado para enfrentar los desafíos portuarios que plantearán los 12 tratados de libre comercio que ha firmado el país en los últimos meses. Bajo esa perspectiva, no es fortuito que dentro de los planes próximos de Compas esté invertir miles de millones de pesos para dejar su infraestructura a pedir de boca. Pero, ¿cómo lo hará

Proyectos millonarios

Para entender los planes de inversión y expansión que aparecen dentro de los primeros renglones de la agenda de Compas, no está demás revisar las cifras que rodean la empresa. En 2012 su facturación fue de US$58 millones y para este año sus cálculos apuntan a US$70 millones, que en plata blanca representaría un incremento de 20%. Dentro de su planta operativa, la nómina de empleados llega a los 332, sin tener en cuenta los 40 que están vinculados temporalmente o los 500 empleos indirectos que genera la actividad portuaria de Compas; que entre otras cosas mueve anualmente cinco millones de toneladas y espera llegar a 20 millones en 2018.

Los números lucen inmejorables. Y, en ese orden de ideas, queda claro que se trata de una organización con el suficiente músculo financiero para emprender una millonaria ‘cruzada’ inversionista. En Tolú, por ejemplo, Compas suscribió un contrato por US$12 millones para adecuar sus instalaciones y poder descargar allí graneles sólidos. Algo similar a lo que ocurrirá en la terminal de Barranquilla en donde gracias a una partida de US$50 millones, la firma incursionará en el negocio de graneles líquidos y sólidos.

Las inversiones en Buenaventura no se quedan atrás. Ahí, la firma trabaja día y noche para implementar su operación de graneles sólidos y carbón dentro de la terminal Aguadulce, concesionada a la operadora de puertos de Filipinas ICTSI. El costo del proyecto –uno de los más grandes de Suramérica en la costa del Pacífico– será de US$150 millones. Pero ahí no se detienen las cosas. En la segunda terminal Buenavista de Cartagena, en asocio con Abocol y Saam de Chile, la inversión superará los US$25 millones.

Así como los planes dentro de Colombia parecen no detenerse para Compas, su futuro en el exterior luce igual de alentador. No en vano la compañía va a administrar y operar los puertos de Argos en Panamá y Houston. Este último es tal vez el punto desde donde se hacen los envíos de infraestructura petrolera más grandes que llegan a Colombia.

Este cúmulo de ambiciosos proyectos ha llevado a creer a más de uno que, en el mediano plazo, Compas tendría intenciones de entrar a la bolsa. Alberto Jiménez, no obstante, asegura que se trata de un frágil rumor. “Hoy tenemos prioridades diferentes: la empresa cuenta con el suficiente respaldo económico y el compromiso de sus accionistas para atender con recursos propios y eventuales créditos locales estos planes de expansión”, le dijo el ejecutivo a Dinero.

Por lo pronto, mientras los puertos de Compas terminan su proceso de transformación, lo cierto de todo es que el país está siendo testigo de excepción del nacimiento de uno de los complejos portuarios más modernos de Latinoamérica. Sin duda, una noticia refrescante en épocas donde el libre comercio está llamado a imponerse por estas latitudes.

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