| 1/23/2004 12:00:00 AM

Los escándalos continúan

Lejos de acabar, el mal manejo en las grandes corporaciones de Estados Unidos y Europa sigue siendo pan de cada día. ¿Habrá un límite?

El reciente escándalo de Parmalat volvió a prender las alarmas. La gigante italiana de la industria láctea tuvo que declararse en bancarrota, luego de que se descubrió que maquilló sus balances al inventar cuentas inexistentes para esconder un hueco contable de más de US$10.000 millones. La suma convierte a Parmalat en uno de los mayores fraudes financieros en la historia y vuelve a dejar el gobierno corporativo y la transparencia de las empresas en medio del huracán.

La crisis de las grandes corporaciones que desató Enron en 2001, seguida por empresas como WorldCom, Tyco e Imclone, entre otras, evidenció profundas fallas éticas en el sistema corporativo estadounidense y provocó una crisis de confianza que puso en apuros el futuro de las empresas. El efecto dominó de estos escándalos aún sorprende. Cada año, en cientos de empresas se descubren comportamientos poco éticos. Escándalos de fraudes, intrigas, engaños, falsificación de documentos y gastos excesivos llenan páginas enteras de diarios, revistas y libros.

Los más poderosos y respetados miembros del mundo empresarial son acusados de tratar de engañar al mercado, utilizando toda clase de artimañas para mostrar utilidades en donde lo único que había eran pérdidas y deudas excesivas. Ahora muchos de ellos enfrentan la posibilidad de ir a la cárcel por un buen tiempo, debido a sus actividades poco éticas, dignas de un villano de película. Andrew Fastow, ex CFO (Chief Financial Officer) de Enron, será sometido este año a juicio por cargos de fraude, conspiración y lavado de activos. A él se unirá su esposa Lea, quien es acusada de evasión de impuestos, falsedad en reporte de impuestos, fraude y lavado de dinero. Otros personajes, como Martha Stewart, la reina de los hogares estadounidenses, también enfrenta un juicio por la discutida venta de sus acciones de Imclone. Calisto Tarzi, ex CEO (Chief Executive Officer) de Parmalat, por su parte, está bajo arresto por cargos de fraude, falsa contabilidad y destrucción de evidencia.

Importantes ejecutivos también han tenido que salir de las organizaciones más respetadas por actitudes cuestionables. Philip M. Condit, de la Boeing, renunció luego de escándalos por sobornos a la Fuerza Aérea de Estados Unidos, mientras que Dick Grasso, ex presidente de la Bolsa de Nueva York (NYSE), se vio forzado a renunciar luego de descubrirse que recibió un paquete salarial que alcanzó los US$140 millones.

La lista continúa. Europa, que había estado marginada de la discusión, también ha ido destapando sus propios 'Enrones'. A la crisis de la gigante de medios de comunicación francesa Vivendi, que maquilló sus balances por un millón de libras, se unieron la cadena de supermercados alemana Ahold, que infló sus ganancias en US$1.200 millones, la italiana Parmalat y, más recientemente, Adecco, la mayor firma del mundo de empleo temporal, que reportó una demora en el anuncio de sus balances de 2003 luego de encontrar maniobras contables fraudulentas en algunos países.

¿Hasta cuándo?

Ahora muchos se preguntan cuál será el límite de esta ola de escándalos. La situación ha revelado una profunda crisis de valores en el mundo de los negocios, producto de la ambición y el conflicto de intereses que vive la clase empresarial. También ha puesto en evidencia un enorme vacío en la regulación de las empresas, pues demostró que demasiada confianza termina volviéndose una tentación para engañar. Esto indica que para el futuro será necesario un enorme trabajo en el fortalecimiento de las normas y en la difusión de principios éticos empresariales que garanticen una mayor transparencia. Solo así se evitarán mayores escándalos.

Algunos países han empezado a trabajar en el tema. En Estados Unidos, la emisión de la ley Sarbanes-Oxley, en 2002, que constituyó la reforma más ambiciosa al sistema corporativo de ese país desde 1930, puso límites a la industria contable, al regular desde las juntas directivas hasta la labor de los auditores de las empresas.

Europa, por su parte, aunque tiene para mostrar más de 35 iniciativas de buen gobierno para las empresas en Inglaterra, Alemania y Francia (Inglaterra ya ha emitido 11 modelos de códigos de buen gobierno), aún no ha aprobado leyes que regulen el comportamiento de las empresas. El gobierno corporativo es más un sistema de autorregulación en la zona euro y, para una región con amplia tradición de empresas familiares, esto agrava la situación pues hay más dificultades para ejercer un mayor control.

El mercado les está exigiendo a los reguladores europeos nuevas normas que obliguen a las empresas a ajustarse a estándares de buen gobierno corporativo, y que regulen la labor de los auditores y la independencia de las juntas directivas. La unificación de las normas contables internacionales, que entrará a regir en los países de la zona euro el próximo año, promete ser un gran remedio a este problema. Otros países también están estudiando el tema, pues los estándares de contabilidad globales garantizarían una homogeneización de las normas y mayor transparencia en la información.

Colombia, en particular, está estudiando un borrador en el que se adoptarían estándares internacionales de contabilidad, auditoría y contaduría, desarrollados por Naciones Unidas. Para un país cuyas normas contables están aún lejos de los parámetros internacionales esto implicaría un gran esfuerzo. Pero su gran beneficio sería llegar a un sistema único comparable, transparente y de alta calidad.

Así pues, aunque las noticias de los escándalos no cesan, el mundo está trabajando fuertemente para que la situación mejore. Los cambios en la regulación de los próximos meses prometen convertirse en trabas importantes a las actuaciones poco éticas. La humillación de la que han sido objeto los ejecutivos involucrados en los escándalos, además, muy seguramente amedrentará a la clase empresarial para continuar con este tipo de prácticas. El gobierno corporativo sigue adquiriendo una importancia considerable en el mundo de los negocios y poco a poco las empresas irán descubriendo que representa no solo un compromiso con un comportamiento ético, sino un mecanismo de supervivencia frente a un mercado que exige confianza.

Para este año, los escándalos no desaparecerán pero muy posiblemente serán menos comunes que en los años anteriores.
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