| 6/1/1994 12:00:00 AM

Llegó el momento

Con la creación del Ministerio del Medio Ambiente llegó el momento de realizar verdaderamente una gestión racional de conservación de los recursos.

Este es el mejor momento pana dan una minada general a la gestión ambiental en Colombia. La: lecciones del pasado, la: realidades del presente y las oportunidades del futuro aparecen más claras que nunca. Estamos en un momento privilegiado pana el esta dio y crucial pana la acción.

El pasado dejó importante; lecciones. Colombia actuó pon reacción ante la temprana conciencia ambiental internacional. Resultados positivos fueron un adelantado pensamiento ambiental y una avanzada legislación. Peno tan adelantado y avanzado fue el' movimiento, que las ideas y las normas no respondían a las necesidades de nuestro país, apenas en vías de industrialización.

Así se cerró el pasado de la gestión ambiental: el legado de avanzados conceptos técnicos y norma [vos reñía con el país de las mayo rías. El sector productivo público y privado, los habitantes urbanos y sus automotores parecían no poden

ti querer escuchan las palabras de las entidades nacionales y regionales encargadas de la administración de los recursos naturales y el ambiente.

El presente ha estado sincronizándose con las realidades nacionales. En el Plan de Desarrollo de la administración Gaviria se evaluó el pasado y se estableció la tarea del presente. La evaluación física e institucional de la situación ambiental nacional fue justa.

La realidad nacional era otra distinta a la que previeron los pensadores y legisladores del pasado. Las posibilidades tecnológicas de la empresa y la industria colombiana eran inferiores a lo esperado de ellas. Las circunstancias socio-económicas y culturales de la sociedad en general no eran las de un compromiso con la preservación, capaz de renunciar a los efectos positivos del desarrollo.

y la calificación fue relativamente baja. La política legislativa y administrativa de control y sanción se exhibió desnuda en su ineficacia y su contravía. Igual suerte tuvo la fraccionada preocupación sectorial por el ambiente. En consecuencia, el Plan de Desarrollo trabajó la política de medio ambiente como una de las cuatro estrategias transversales, junto a las similares de infraestructuras humana, física y de ciencia y tecnología. Y, desde entonces, la recomendación y tarea ha sido la búsqueda de la eficiencia en la distribución funcional de la gestión ambiental.

Dos principales acciones han sido el acierto del presente. De un lado, está la creación del Ministerio del Medio Ambiente que aclaró el presente institucional. El nuevo ministerio es eminentemente un rector de política nacional, mientras las corporaciones regionales se encargan de ser ejecutoras locales. Del otro lado, está la nueva concepción de la gestión ambiental comprometida con el desarrollo sostenible. Ahora el ministerio y las corporaciones miran a la sociedad en general y a los sectores público y privado como socios en su compromiso. La necesidad de ser eficientes obliga a todos a llegar a un entendimiento de los diversos

intereses y des echar la opción de la reglamentación inconsulta, la condena indolente y la persecución fallida.

Ahora la vía, es la concertación, el acuerdo y los incentivos positivos.

Así se están presentando los retos del presente: el Estado está rediseñando su tarea para actuar en las áreas donde es más eficiente, y el sector privado y la

sociedad en general están recibiendo las tareas que les corresponden. La reasignación de funciones se dirige a que el país sea competitivo en el ámbito internacional gracias a su eficiencia interna. Por ello, los sectores público y privado deberán ser socios complementarios.

El futuro traerá oportunidades únicas. Pero ellas serán exclusivo producto del presente. El proceso de desarrollo sostenible, entendido como el crecimiento económico que se funda en la equidad de oportunidades y el manejo eficiente de los recursos naturales, es el futuro que. tiene que volverse presente en el final de esta administración y en la siguiente. Sus fundamentos deben fraguarse ahora.

El futuro permitirá una acertada comprensión de lo que "acceso equitativo a las oportunidades" significa. De hecho, el concepto envuelve a los otros dos componentes del desarrollo sostenible. La protección de los recursos naturales y del ambiente parece, a primera vista, la vía más corta para garantizar el derecho de los ciudadanos a gozar de un ambiente sano. Sin embargo, una protección ambiental excesiva que consiga sofocar al empresario generador de riqueza y

empleo puede atacar la estabilidad socio-económica del país.

En próximos días, el Ministerio del Medio Ambiente y el sector productivo público y privado definirán importante legislación técnica sobre calidad ambiental de aire,

aguas y suelos. Se tendrá la oportunidad de concertar para evitar ordenar lo imposible, lo que no se alcanza de la noche a la mañana, o lo que carece de coherencia con la realidad nacional.

Nuestro país de funcionarios, empresarios y ciudadanos ha avanzado hasta reconocer que un límite de contaminación cero no es aceptable socialmente por la paralización de la vida diaria en las residencias y las empresas. Un nivel de contaminación fijado para alcanzarse antes de que sea viable, es un imposible económico, social y/o político, que sólo genera variables de ilegalidad e informalidad poco deseables pero inevitables. La realidad que sirve de lente al presente para planear el futuro, hace ver que una norma que no consulta el conocimiento, la capacidad, posibilidad y voluntad de aquellos que deben cumplirla, tiene alta probabilidad de estar errada.

En conclusión, el próximo gobierno, rojo o azul, no debe ser sólo verde. En el pasado cuando Colombia fue verde, estábamos demasiado biches todavía para ser un país de ecologistas. Tampoco se debe ser demasiado rojo o azul como antes. La antigua concepción del rojo a ultranza, llevaría al país a problemas macroeconómicos graves, y el antiguo concepto del azul extremo, podría aplazar el arreglo de ciertos desequilibrios riesgosos. Más bien, deberíamos ser, a la vez, azules, verdes y rojos: azules, para buscar el crecimiento económico fuerte, verdes para basarlo en un desarrollo eficiente de los recursos naturales, y rojos para acercarnos a una sociedad más equitativa.
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