| 10/1/1994 12:00:00 AM

Limosina y celular

En Colombia ya se alquilan limosinas y son el blanco de todas las miradas.

En Estados Unidos no es raro verlas por las calles llevando personajes famosos, poderosos, adinerados, o simplemente ostentosos. En Colombia, se pueden contar con los dedos de la mano y son objeto de diversos comentarios: unos consideran que son elegantes y dan imagen; otros, que son extravagantes o lobas. A pesar de las opiniones encontradas, alquilar una limosina se ha vuelto cada vez más común, sobre todo desde que están apareciendo en programas de televisión como Almas de piedra, Sólo una mujer, La Tele y Fiebre.

Aunque el negocio ha progresado, si se tiene en cuenta que hoy en día hay en Bogotá seis empresas dedicadas a esta actividad, cuando hace seis años sólo había una, todavía no ha alcanzado la extensión de Estados Unidos, y tardará mucho en hacerlo. En ciudades como Nueva York, una empresa de alquiler fácilmente puede tener entre 10 y 20 limosinas de todos los tamaños, colores y servicios, incluyendo jacuzzi en la parte trasera. En Bogotá, por el contrario, el promedio de vehículos por compañía está entre uno y... dos. Los servicios que ofrecen son los típicos: televisión en color, bar, nevera, división automática con vidrio para aislar al conductor, citófono, radiocasete, teléfono, techo corredizo y juego de luces, por si se necesita.

Desde hace aproximadamente seis años, cuando se montó el primer negocio de alquiler de limosinas modernas, los principales usuarios siguen siendo las parejas que van rumbo al altar, pero también contratan el servicio ejecutivos, diplomáticos, recién graduados y, por supuesto, artistas y programadoras de televisión.

Las tarifas para los matrimonios oscilan entre $130.000 y $150.000, dependiendo de dónde se vaya a realizar la ceremonia. El paquete de bodas incluye ir a la floristería para arreglar el vehículo, o en su defecto hasta la residencia de la novia para que se "vista" allá el carro; llevar a la novia a la iglesia y de ahí, a la pareja de recién casados al lugar donde se va a realizar la recepción.

La otra modalidad de contratación es por horas, en cuyo caso la tarifa va de $30.000 a $50.000, con la condición de que se alquile como mínimo dos horas. Las bebidas alcohólicas son adicionales, ya que el bar está equipado únicamente con agua y gaseosas. Dependiendo del licor que solicite el cliente -y el tamaño de la botella- la cuenta puede aumentar entre $10.000 y $150.000. Pero si el usuario desea llevar su propia bebida, no hay ningún problema. Sólo en algunos casos le cobran el descorche, lo que no supera los $20.000.

Como en toda empresa, los propietarios tienen que tomar sus precauciones. Por esta razón es normal que exijan un depósito hasta del 50% para apartar el cupo y, en algunos casos, la firma de un contrato en el cual no se hacen responsables del uso de drogas, armamento o de cualquier actividad fuera de la ley que realicen los ocupantes del automóvil.

Los primeros en montar una empresa con limosinas "nuevas" en Bogotá fueron María Consuelo y Carlos Fernando Barriga. Ellos mandaron a convertir dos Chevrolet Celebrity 84 en los alargados vehículos que estaban tan de moda en otros países. Hasta ese momento lo usual era alquilar carros antiguos, pero empezó a haber demanda de artistas extranjeros y nacionales por limosinas, "lo que nos motivó a montar el negocio", explica María Consuelo. Además de los artistas, se comenzaron a alquilar los carros para matrimonios, bautizos y funerales, con lo que la empresa se mantuvo por dos años.

En 1990, los Barriga le vendieron los carros a Gonzalo Castiblanco, quien montó "Limousines de Colombia". Para Castiblanco, quien acaba de vender las dos Celebrity a una agencia de publicidad, el negocio no es tan bueno como algunos creen. Considera que sería rentable si se pudieran facturar entre $3 y $4 millones al mes, pero con la demanda actual la facturación no llega a $2 millones.

Pero no todos opinan lo mismo. El representante legal de Midnight Express, Néstor Clavijo, dice que es un mercado con tal futuro, que va a importar una Lincoln blanca modelo 95, que vale unos $150 millones, para mejorar el servicio que presta desde agosto del año pasado. Precisamente Clavijo fue el primero en importar una limosina, ya que las que había en el país eran carros de lujo convertidos en un taller de Cali, como los Chevrolet Celebrity.

Para traer la Lincoln modelo 88, Clavijo aprovechó el permiso que dio el anterior gobierno a los colombianos que regresaban al país para nacionalizar los carros que usaron en el exterior. Lo mismo hizo Adolfo Alvarez, propietario de Adolfo Auto Rent. En abril de este año trajo una Lincoln blanca modelo 93, porque considera que las limosinas fabricadas en Estados Unidos cumplen con los requisitos de comodidad, confort, elegancia y status que exige el cliente conocedor del tema. Para Alvarez el mercado es bueno, pero lamenta que las empresas que se pueden beneficiar del servicio, como las agencias de viaje, los hoteles y las grandes compañías, no lo estén aprovechando a cabalidad.

Y como el negocio de los espectáculos está tan ligado al de las limosinas, la Organización Ricardo Leyva, que era muy buen cliente de las demás empresas, decidió adquirir vehículo propio para transportar a sus artistas. A través de la firma First Class Limousine, que empezó a operar este año, alquilan una Mercedes Benz blanca modelo 82, fabricada en Cali. Cuando no están ocupados con los cantantes y los conciertos, prestan el servicio a los matrimonios.

Pero no sólo hay limosinas modernas en el mercado. Acuarius cuenta entre su flotilla con una "limo" (como le dicen los gringos) Cadillac negra modelo 1948. Aunque no tiene televisión ni bar como las modernas, posee otro tipo de accesorios que eran muy elegantes para su época, como enchapados en madera de nogal, descansapiés y dos asientos auxiliares. Estos aditamentos los intercala con teléfono celular, para entrar en la onda de las nuevas comunicaciones. Eso sí, el cliente paga las llamadas.

Acuarius nació en 1988 obligado por las circunstancias. Los propietarios son aficionados a los carros antiguos y, como muchos coleccionistas, se veían obligados a prestarlos para ceremonias especiales. Ante la insistencia de familiares y amigos de los amigos, decidieron alquilarlos. La Cadillac es muy apetecida para los matrimonios, pero también tiene buena demanda un Sedán Buick Special modelo 38, que al parecer lleva el karma de competir con las limosinas. El Sedán estuvo asignado a la Presidencia de la República durante la administración de Eduardo Santos, pero como el carro particular de éste era mejor, decidió utilizar su limosina Packard y dejar el Buick para uso de otros funcionarios.

El alquiler de limos sigue siendo un negocio exótico en el país, pero quienes están de lleno en esta actividad confían en que una vez el colombiano aprenda a montar en estos vehículos, no pueda prescindir de sus servicios. Mientras tanto, las escasas limos que desfilan por las calles despiertan la atención de todas las miradas, ya sea por exclusivas o extravagantes, o son confundidas con carros funerarios. Es por ello que muchos las prefieren blancas.
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