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Luis Carlos Sarmiento, dueño del Grupo Aval, propietario del Banco Popular.

| 3/7/2013 1:00:00 PM

Líbranos señor

Aunque hay un boom del crédito de libranzas en la banca, una gran tajada del negocio sigue siendo informal. Si no se vigila puede terminar afectando el mercado de valores.

Buena parte del crecimiento de la cartera de la banca en 2012 se debió al fuerte repunte que tuvieron las libranzas. Una modalidad de crédito cuyo pago se efectúa a través de descuento directo por nómina.

De hecho, es el tipo de crédito que más crece (18,5%), incluso por encima de las tarjetas de crédito (15,3%), los préstamos de libre inversión (13,3%) y hasta de los destinados para vehículo (11,1%).

Hoy, la libranza representa alrededor de una tercera parte de la cartera total del sistema financiero al haber alcanzado los $23,2 billones en créditos.

Sin duda, los grandes bancos están encontrando en esta figura una forma de bancarizar con un riesgo moderado y costos operativos de recaudo y seguimiento más bajos. Es más, la cartera vencida en libranzas alcanza a diciembre tan solo 2,06%.

El jugador más grande en libranzas es hoy el Banco Popular, entidad del Grupo Aval y propiedad del banquero Luis Carlos Sarmiento, que por haber sido estatal es el primer gran operador de nóminas del sector público. Este tendría alrededor de la cuarta parte de los $23,2 billones en créditos de libranza que tiene la banca y es, sin duda, el grueso de su negocio bancario. Como lo es para el GNB Sudameris, propiedad del Grupo Gilinski, que tendría algo más de 10% de este tipo de créditos.

Sin embargo, hay otras entidades como BBVA y Davivienda que han venido creciendo agresivamente en este negocio y que hoy representarían 15% y 12% del total, respectivamente.

Otros bancos como el Bancolombia y Bogotá, a pesar de ser grandes operadores de nómina y de las entidades financieras más grandes del sector, no han explorado proporcionalmente este negocio.

A pesar de esto, la banca en su conjunto sí ha crecido sostenidamente en el crédito de libranzas en los últimos años. Mientras a finales de 2008 estos representaron 22% de la cartera total, al finalizar el año pasado representaron 32,8% del saldo de créditos otorgados por la banca.

Y el potencial es enorme. En otros países como Brasil, donde se han implementado leyes como la que se sancionó hace 18 meses en Colombia, las libranzas son alrededor de 60% del crédito personal.

Además de los bancos se destaca en este negocio Credivalores, una entidad no bancaria que con cerca de $500.000 millones en cartera, 60.000 clientes y cerca de 850 convenios con los principales empleadores, es una de las diez entidades más grandes de libranzas del país. “Estos números nos convierten en la entidad crediticia no bancarizada más grande”, afirma David Seinjet Neirus, fundador y presidente de la entidad, que cuenta con el respaldo de Acon Investments, un fondo de private equity de más de US$1500 millones.

En este negocio también hay entidades cooperativas grandes como Juriscoop, Cotrafa, Coofinep, Confiar y la compañía de financiamiento Macrofinanciera.

La otra cara

A pesar del avance de la banca en libranzas, y a que hace más de un año se promulgó una ley para ordenar dicho negocio, buena parte de este mercado sigue siendo informal y hasta ilegal.

A lo largo del país abundan cientos de prestamistas que, disfrazados, o mejor, escondidos detrás del desorden y el caos de algunas cooperativas, ofrecen crédito sin ningún tipo de regulación ni vigilancia y que también encontraron en las libranzas un mecanismo para ejercer su actividad. Buena parte del crédito que se ofrece informalmente en el país estaría camuflado bajo esta figura. “Detrás de los volantes que entregan por la calle o las entidades que ofrecen plata prestada fácilmente, finalmente se materializan a través de libranzas”, afirman quienes conocen cómo funciona el lado informal del negocio.

“Tras estas cooperativas de papel que originan crédito sin responsabilidad hay verdaderas mafias que venden códigos de descuento por nómina y/o convenios con pagadurías. Y tesoreros de entidades tanto públicas como privadas que convirtieron el pago de la nómina en un negocio personal. Es uno de los mercados más corruptos que existe”, agregan.

Las historias de engaños a través de esta figura permiten llamar la atención sobre este creciente fenómeno.

La Superintendencia Financiera vigila que no exista captación ilegal, pero no a quien otorgue créditos con sus propios recursos. Sin embargo, el Estado ya tiene la herramienta para comenzar a controlarlo –la Ley de Libranzas– y evitar que operadores de libranzas que no tengan idoneidad en el negocio comiencen a “captar” y fondearse en el mercado de valores.

La Ley de Libranzas buscó que fuera el empleado y no el empleador quien eligiera el operador de libranzas para fomentar la competencia y prevenir todos estos problemas, así como crear un Registro Único de Entidades Operadoras de Libranzas, pero después de 18 meses el Ministerio de Hacienda no ha reglamentado cómo va a hacer este listado de operadores idóneos para tratar de depurar el negocio. Las diferentes Superintendencias que debían disponer de la información comparativa de tasas de libranzas tampoco han hecho su tarea.

Pero lo más grave es que las libranzas están llegando al mercado de valores sin mucho control, con lo cual numerosas carteras colectivas y fondos de inversión podrían tener hoy dentro de sus portafolios miles de millones de pesos en libranzas.

Hay que reglamentar rápidamente la ley para que las libranzas se potencien como un mecanismo para fomentar la bancarización y no se conviertan, por el contrario, en un factor de desestabilización del crédito y del mercado de valores.

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