| 9/30/2005 12:00:00 AM

Les cogieron la caña

Sin perder avances en competitividad, los ingenios se comprometen a eliminar intermediarios y a contratar el corte de caña con cooperativas de trabajadores. En La Cabaña persistía la huelga.

Era un problema latente desde hace rato. Cuando los ingenios del Valle y el Cauca empezaron el proceso de flexibilización laboral en los 90, en busca de mayores eficiencias competitivas y de reducción de costos, el corte de la caña se tercerizó. Esto hizo que los corteros se quedaran poco a poco por fuera de las nóminas de la industria azucarera y de las mieles de las convenciones colectivas de trabajo. La idea inicial era que los trabajadores que fueran saliendo se organizaran en cooperativas o empresas de trabajo asociado con las cuales se contratara el servicio. Sin embargo, en muchos casos, el negocio fue quedando en manos de intermediarios, algunos de los cuales habían tenido cargos medios en los ingenios y conocían todo el teje maneje administrativo de estas organizaciones.

Con el tiempo, algunas de estas cooperativas empezaron a incumplir obligaciones laborales como la vinculación de los trabajadores a la seguridad social. Tampoco se afiliaron a cajas de compensación, lo cual frenó la posibilidad de que los corteros accedieran a planes de vivienda subsidiados. Y en muchos casos las tarifas de corte por tonelada tampoco compensaban el duro trabajo en los cañaduzales, mientras que los márgenes se quedaban en los bolsillos de los intermediarios.

Por eso, pasó lo que todos temían. En junio, unos 10.000 corteros, que por intermedio de contratistas trabajan para ingenios como La Cabaña, Manuelita, Providencia y Central Tumaco, entre otros, se rebelaron. Suspendieron sus actividades, bloquearon vías, impidieron la entrada a los ingenios y cultivos y paralizaron por unos días buena parte de la industria azucarera, que en el caso del Valle le aporta el 55% de su Producto Interno Bruto.

Pero no hay cifras concretas de lo que en términos económicos pudo representar esta huelga, pues la producción no se detuvo del todo. Los corteros, en promedio, ganan 2,5 salarios mínimos al mes, dependiendo de su capacidad de corte.

Con esta alarma encendida, la industria, los cultivadores, el Ministerio de la Protección Social y los gobiernos regionales se pusieron rápidamente a buscarle soluciones al conflicto, pues 'río revuelto, ganancia de pescadores'. No faltaron las versiones en el sentido de que las protestas estaban siendo promovidas por las Farc, por los movimientos de izquierda o por los sindicatos. Incluso se especuló que estaba siendo financiada por Hugo Chávez o por inversionistas del sector azucarero de Estados Unidos y Centroamérica para mostrar una emproblemada industria azucarera colombiana para sacar ventajas en futuras negociaciones del TLC.

Sin embargo, para el politólogo Otty Patiño, esas aseveraciones no tienen sentido. "Desconocen que la rabia de estos trabajadores es genuina, que no fue introducida por otros y que nació bajo el ardiente sol vallecaucano". Por eso, hace énfasis en que si bien no se puede regresar al modelo del pasado, hay que cogerles la caña a las empresas de intermediación laboral para convertirlas en cooperativas de verdad, con la participación de los corteros.



Sin intermediarios

Y en eso, precisamente, están trabajando los empresarios y los corteros. Sobre la base de este entendimiento y la firma de un acuerdo en este sentido, se puso fin a la huelga. Según explicó Ricardo Villaveces, presidente de Asocaña, tras detectar todo tipo de problemas con estos intermediarios, cada ingenio está promoviendo la creación de cooperativas conformadas y administradas por los mismos corteros. Explicó que con el apoyo del Sena y del Ministerio de la Protección Social se les brindará capacitación para que administren estas empresas de manera eficiente y rentable y para que brinden a sus trabajadores todas las garantías laborales. Con el apoyo de la Universidad Javeriana, por ejemplo, se les brindará a los directivos un programa de gerencia social. De igual manera, la industria se comprometió a gestionar ante las cajas de compensación para ver si las cooperativas pueden cotizar y de esta manera los trabajadores del sector pueden ingresar a sus planes de vivienda de interés social.

"Hay que reducir la vulnerabilidad de los cortadores de caña, sin que la industria pierda los avances en competitividad que ha logrado en todos estos años", dijo el dirigente gremial.

Por su parte, Tarcisio Rivera, directivo de la CUT, destacó el hecho de que la industria reconociera la movilización y se comprometiera con la solución de problemas como la seguridad social de los trabajadores y la contratación con empresas conformadas por los mismos corteros.

Sin embargo, en el ingenio La Cabaña aún persiste el conflicto, pues 800 corteros se declararon en huelga indefinida en el parque central de Puerto Tejada (Cauca), tras denunciar que el gerente, pese a la firma de los acuerdos, siguió contratando con intermediarios, desconociendo las cooperativas conformadas directamente por los trabajadores. "Los contratistas cambiaron las razones sociales de sus empresas para que parezcan nuevas, con la anuencia del gerente del ingenio", dice un vocero de los trabajadores.

Y según Julio Mosquera, representante de los corteros de los ingenios del norte del Valle, esta situación puede desestabilizar el proceso en general pues los corteros de los demás ingenios piensan solidarizarse con sus amigos de La Cabaña. Por su parte, Eduardo Valderrama, gerente de La Cabaña, prefirió no dar declaraciones al respecto.

Mientras se resuelve esta situación, en la que nuevamente mediará el Ministerio de la Protección Social, el sector azucarero prevé que se aproxima un nuevo conflicto, esta vez entre la industria y los cultivadores de caña. Y se relaciona con el precio que les va a pagar a estos últimos por la materia prima que se destine a la producción de alcohol carburante. El tira y afloja entre unos y otros ya empezó y aún no se define una fórmula definitiva.
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