| 6/23/2016 12:00:00 AM

Lecciones de un top executive para recién egresados

Jorge A. Uribe, colombiano que ha ocupado uno de los cargos directivos más altos en una multinacional global, pide a empresarios no dejar la innovación para épocas de crisis y al Gobierno fijar reglas de juego claras para la inversión.

El sueño de muchos profesionales es trabajar en una multinacional que les permita vivir en varios países y hacer carrera. Y aunque cada vez hay más colombianos trabajando fuera de las fronteras, son pocos los que han alcanzado altos cargos en las grandes corporaciones globales. Uno de ellos es el antioqueño Jorge A. Uribe, quien tras 34 años en Procter and Gamble (dueña de las marcas Gillette, Duracell, Ariel, Tampax y otras 300 más) trabajó en cuatro continentes y más de 30 países.

Además, escaló en el organigrama de la compañía, a donde llegó como asistente de mercadeo, fue vicepresidente en Venezuela y la región Andina, gerente general en Colombia, gerente de mercadeo en los Emiratos Árabes, presidente para América Latina, supervisando 20 países y, al final de su carrera en la empresa, fue el jefe global de productividad. Incluso alcanzó a ser tenido en cuenta para ocupar la presidencia de la poderosa multinacional.

Se pensionó en junio del año pasado, pero sigue muy activo en el mundo empresarial. Es miembro de junta de otra gigante de consumo masivo, General Mills, firma productora de alimentos que maneja marcas como Cheerios, Nature Valley, Haagen-Dazs y Old El Paso, entre otras. El paisa también está en la junta de Ingredion Incorporated y de la organización no gubernamental United Way Worldwide, en Estados Unidos, así como en las de Grupo Argos y Carvajal, en Colombia.

Es reconocido y respetado entre los empresarios colombianos y extranjeros; no en vano, durante los ocho años que estuvo al mando de la operación latinoamericana triplicó las ventas en la región, al tiempo que fue el responsable de traer al país en 1991 las marcas Ariel, Pantene y Head & Shoulders, que hoy están muy bien posicionadas. Adicionalmente, ha estado comprometido con el desarrollo del talento local, gracias a lo cual más de 100 colombianos trabajan con Procter and Gamble (P&G) en asignaciones internacionales.

Es ingeniero administrativo de la Universidad Nacional de Medellín y su primer trabajo fue en Coltejer. Luego salió del país a hacer un MBA en la Universidad Xavier en Cincinnati y no regresó. Sin embargo, conserva un marcado acento paisa.

Su voz es un referente que bien vale la pena escuchar ahora que el país se está desacelerando y en momentos en los que las empresas enfrentan cada vez más competencia y dificultades para mantenerse a flote. Así ve hoy Jorge Uribe a Colombia y a sus empresas.

¿Cómo fue su paso de Coltejer a un gigante como P&G?

Terminando mi carrera en Medellín, ingresé a trabajar como analista financiero con Coltejer y allí estuve 15 meses. Posteriormente viajé a Estados Unidos donde realicé un máster en Administración. Durante el MBA empecé a enviar hojas de vida a diferentes multinacionales buscando una experiencia de tres a cuatro años en una empresa de ese tipo, pero siempre con la idea de regresar al país. P&G fue una de las compañías que se interesó en mí, entre otras razones por ser recién egresado de la universidad, como se acostumbra contratar en P&G con miras a hacer una carrera a largo plazo en la compañía. Me entrevistaron en la casa matriz en Cincinnati, luego en Suiza, donde me ofrecieron trabajo en el área de mercados de importación y distribuidores. Inicié en P&G en agosto de 1981. Así, los tres a cuatro años que me había propuesto inicialmente se convirtieron en casi 34 en múltiples países y asignaciones.

¿Qué les recomienda a personas que, como usted, aspiran a trabajar en una multinacional?

A los recién egresados les recomiendo identificar una empresa donde se preocupen por el desarrollo de su gente, donde puedan crecer tanto como sus habilidades y ambiciones se lo permitan, y no por padrinazgos. Siempre he creído que el límite de nuestras carreras profesionales es responsabilidad de cada uno y no necesariamente de la compañía o empleo que uno ocupe. En las entrevistas de ingreso, recomiendo preguntar por la progresión de carrera de los altos directivos: qué tanto han crecido internamente mediante las oportunidades que ofrece la compañía, o si en cambio atraen el talento de afuera siempre que necesitan cubrir una posición. Para mí el potencial de desarrollo organizacional interno de cada compañía tiene prioridad sobre otros temas, como el salarial, a la hora de seleccionar un empleo. Otra recomendación es tener la disposición y la movilidad necesarias para tener experiencias en otros países, que son verdaderamente enriquecedoras.

¿Qué es lo que más destaca de la cultura empresarial estadounidense y qué tanto aventaja a la colombiana?

La diversidad; es decir, trabajar con personas de varias nacionalidades. Se encuentra de todo, gente muy capaz y experiencias que construyen y llevan a mejores decisiones de negocio. Pero, también es cierto que una gran ventaja competitiva del gerente colombiano es su capacidad para manejar la incertidumbre, la volatilidad de la economía, la inseguridad, etc. Además, el colombiano es conocido en el mundo de las multinacionales por su actitud positiva, su capacidad de trabajo, recursividad, su compromiso y su gran capacidad creativa. De ahí la creciente cantidad de colombianos en las filas de multinacionales.

¿Cómo ve las multilatinas colombianas? ¿Considera que ya tienen el tamaño y la capacidad suficiente para expandirse en los mercados desarrollados?

Ya han alcanzado buen grado de madurez. Lo importante es mirar al largo plazo para construir un negocio estratégico sostenible en el tiempo y no como algo oportunista cuando el mercado local está flojo. En mi opinión, tendría cuidado con no sobreextenderse simultáneamente en expansión de líneas y países. En mi experiencia en consumo masivo, los lanzamientos potenciales en nuevas categorías los analizábamos desde tres ángulos: tamaño del mercado, posibilidades de éxito (conseguir la participación y rentabilidad esperadas) y las implicaciones financieras del proyecto.

¿Cómo ve hoy a la industria nacional: rezagada o a la vanguardia de sus competidores?

La nueva tasa de cambio está devolviendo competitividad a ciertos sectores tras una década de revaluación. Con esta nueva competitividad, creo que la industria, la agricultura y el turismo pueden ser motores importantes del PIB en los próximos años. El crecimiento de la industria en los últimos trimestres puede ser un anticipo de los crecimientos sostenidos por venir. Es importante aprovechar esta coyuntura para hacer inversiones de capital, actualizar los equipos con las últimas tecnologías y hacer la industria aún más competitiva a futuro.

¿Qué les recomienda a los empresarios colombianos para ser más innovadores?

Hay que pensar cómo cambiar su modelo de negocios antes de que lo haga la competencia. También se requiere adoptar una cultura de productividad permanente, que vaya de la mano de la innovación y no esperar que esta sea consecuencia de una crisis. Es preciso además ver la inversión social y el desarrollo de las comunidades de influencia de la empresa como algo estratégico y no como algo separado.

¿Qué debería hacer el Gobierno para fomentar los negocios?

Debe propiciar reglas de juego claras y sostenibles para la inversión local y extranjera. La nueva reforma tributaria es urgente y no da espera, siempre y cuando propicie una industria más competitiva. Cuando uno escucha a empresas extranjeras expresando que los impuestos de Colombia son de los más onerosos del mundo y, con ello, llevándoles a cuestionar inversiones en el país, al igual que empresas colombianas que expresan que les sale más rentable producir en el extranjero, aún para vender en el mercado local, definitivamente hay un problema. Por tanto, la incertidumbre jurídica en ciertos sectores y la alta carga impositiva a las empresas está claramente ahuyentando la inversión en Colombia. Igualmente, el Gobierno debe tener cuidado en no poner barreras innecesarias a las nuevas innovaciones tecnológicas que están cambiando la manera tradicional de hacer negocios, y que le van a dar una mayor competitividad a la economía, así como mejores opciones al ciudadano en el día a día.

¿Cómo ve el consumo en el país, dado que en muchos productos nuestros consumos per cápita son inferiores a los del vecindario?

Es cierto que los consumos per cápita de Colombia son inferiores a los de países similares en América Latina, pero eso es una gran oportunidad. Cuando en consumo masivo el mayor crecimiento viene de quitarle participación de mercado a la competencia, esa propuesta siempre es más costosa que si tienes la posibilidad no solo de ganar participación, pero también de hacer crecer la categoría al llegarle a más consumidores. Además, el mercado colombiano es uno de los más competidos de América Latina por la combinación de multinacionales extranjeras y compañías locales muy exitosas.

¿Qué tan optimista o pesimista es con el proceso de paz?

Soy optimista por naturaleza y creo en el proceso de la paz. Aunque ya se nota un agotamiento en la población por los varios años del proceso, más importante que una fecha en particular es llegar a un buen acuerdo, así se alargue por unas semanas de más (¡no meses!). Al final del día, en el futuro nos acordaremos de qué tan sólido fue el acuerdo y no la fecha en que se firmó.

¿Qué tanto cree que le ha servido al país el TLC con Estados Unidos?

No soy un experto en el tema, sin embargo, en un mercado más libre el gran beneficiado es el consumidor. La clave en estos acuerdos es tener reglas claras y equitativas para la inversión local y extranjera, evitando temas que pongan en desventaja a la industria local. Por ejemplo, se crea una desventaja cuando productos finales importados entran libres de impuestos, pero los productores locales en cambio están sujetos a impuestos en la importación de materias primas o mayores precios de las mismas en el mercado local por encima de los precios internacionales. También hay que reconocer que no todos los sectores van a ser competitivos, por lo que se deben buscar y fomentar los clústeres donde se tenga una ventaja competitiva regional o global.

¿Qué le aconseja a un profesional que, como usted, aspira a llegar a altos cargos directivos?

Más que una recomendación, quiero compartir tres cosas muy simples que me han funcionado:

1) Actitud positiva en todo, más si se tiene en cuenta que no tenemos control sobre casi 90% de las cosas que nos pasan. Por eso, la clave está en cómo reaccionamos ante hechos, retos y oportunidades que se nos presentan. Una actitud positiva es mirar el vaso medio lleno, enfocándonos en posibilidades, y no ver el vaso medio vacío, enfocándonos solo en las limitaciones. Una actitud competitiva es tratar de ser el mejor en nuestras áreas y asignaciones. Una actitud proactiva es ir en el asiento del conductor, y no en el del pasajero.

2) Humildad y sencillez. Reconocer que eres bueno, pero puedes ser mejor. Que no te las sabes todas. Saberse rodear de gente más capaz que uno. La humildad te hace escuchar mejor, ver la realidad del negocio y crear una cultura de respeto por la gente. Te hace reconocer los errores, aprender de ellos y seguir adelante.

3) Persistencia. Hay un dicho de un presidente estadounidense que resume el punto: “Nada en el mundo toma el lugar de la persistencia, ni el talento. El mundo está lleno de gente talentosa sin éxito. Educación sola tampoco. El mundo está lleno de gente educada muy descarriada. Persistencia y consistencia son omnipotentes”.

En lo que se debe trabajar

En momentos de alta competencia, las empresas no solo deben producir más con menos, sino también mejorar su cultura organizacional. Tres puntos para ser más eficientes en este aspecto.

A partir de su experiencia en varios mercados desarrollados, Jorge A. Uribe considera que estos son los tres aspectos en los que se debe trabajar para mejorar la cultura organizacional de las empresas:

1. Productividad: en muchas empresas la palabra productividad a veces conlleva una connotación negativa, pues se invoca cuando hay crisis. El reto es cómo crear una cultura de productividad sostenible que permee el ADN de la empresa y que vaya de la mano de la innovación como estrategia fundamental de la compañía. La productividad es la que crea la flexibilidad financiera para invertir más en las innovaciones claves y en crear más capacidad en la organización, lo que al final sirve para entregar mejores utilidades.

2. Desarrollo organizacional. La tarea de un gerente no es solo entregar los resultados de negocio, sino desarrollar la organización, formar líderes y asegurar una sucesión exitosa. Crear planes de carrera para que la gente alcance su máximo potencial y permanentemente subir la barra de talento y desempeño, reconociendo que habrá algunos más talentosos que otros. Además se deben crear oportunidades para aquellos que vienen subiendo y mantenerlos retados con nuevas asignaciones.

3. Más diversidad. Esto incluye tanto en género, como en geografías, niveles socioeconómicos, etc. El objetivo es que la organización interna sea un espejo de los mercados o consumidores que se están sirviendo afuera. Si miramos la diversidad de género, generalmente hay una buena representación a niveles gerenciales medios y bajos, pero persiste la oportunidad para mejorar la representatividad femenina en los niveles más altos de las compañías. Las empresas deberían ofrecer herramientas para ayudar a las madres a buscar un balance familiar y profesional. Así mismo, se requiere una mayor integración regional, incentivando a las compañías a reclutar talento fuera de la ciudad donde están basadas (por ejemplo que las de Medellín contraten personal en Cali), para reflejar mejor el tipo de consumidores o mercado que están atendiendo.

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