| 6/1/1997 12:00:00 AM

Las nuevas fronteras de Cali

El desánimo causado por la dramática crisis económica del Valle del Cauca impide mirar el enorme potencial de la región, de cara al nuevo milenio.

Casi no hay escenario en esta cálida y efervescente ciudad de dos millones de habitantes donde no se mire con pesimismo el presente y el futuro. Incluso en las altas esferas sociales y empresariales, donde se evitó hablar de crisis para no ahuyentar la inversión, se acepta ahora que Cali se encuentra en un estado terminal. Las cifras y los hechos lo demuestran.



Desde 1990, cuando se abandonó el modelo de sustitución de importaciones, la economía vallecaucana entró en un lento pero sostenido deterioro, que fue haciendo crisis a medida que productos como el café y el azúcar perdieron protagonismo y dinamismo.



En el segundo semestre de 1995, justo cuando la economía regional necesitaba estímulos, el actual gobierno nacional impuso severos controles monetarios, que restringieron el crédito de inversión. El panorama se descompuso con el estallido de la crisis política y -todavía peor- con la persecución contra los líderes del Cartel de Cali y su aparato delictivo y económico.



A comienzos de 1996, el panorama se tornó más sombrío. Las ventas industriales, a diciembre del año pasado, retrocedieron en un -6,43%, en tanto que la producción industrial del Valle del Cauca sucumbió a niveles del -8,23%. El remezón, como era de suponerse, generó impactos negativos en la infraestructura financiera de la ciudad y la región.



En el caso de Cali, por ejemplo, la brecha entre cartera y depósitos, a febrero de 1997, totalizó $950.000 millones, mientras que, a septiembre de 1996, la del Valle del Cauca ya ascendía a $1.7 billones. Y si en 1996 la cartera vencida representaba el 4,6% del total de créditos, a marzo de 1997, esa cifra ya había aumentado al 5,2%.



Vino luego una cascada de liquidaciones y concordatos que, a marzo de este año, arrastró consigo a 70 empresas, con capitales superiores a los $130.000 millones. Entre los sectores más golpeados figura la construcción, que, al cierre del año anterior, había decrecido, en el Valle, en un -29,2%, y en Cali, en un -30,5%. Rápidamente, el desempleo hizo metástasis, alcanzando actualmente el 17,47% de la población económicamente activa, el más alto del país. En términos humanos esto quiere decir que 160.000 habitantes están desocupados. El drama para ellos y sus familias comienza a evidenciarse en calles, andenes y avenidas.



De todo este deterioro se deriva una disminución en el volumen de los recaudos oficiales, lo mismo que en la inversión pública y privada para generar trabajo. En la actualidad, los gobiernos local y departamental se esfuerzan por desarrollar obras que eviten una agudización del problema.



Cifras preliminares, aún no reveladas oficialmente, indican que el decrecimiento económico de Cali, en 1996, es de -6%, con la consecuente caída del ingreso per cápita en 1,2%. Con sus cinturones apretados y menos plata en el bolsillo, los caleños han comenzado a liderar un movimiento nacional en pro de reformar el impuesto predial y el sistema UPAC. Seis mil usuarios de crédito de vivienda se han declarado incapaces de cancelar sus deudas.



De no revertirse la tendencia, se prevé una creciente movilización social, en medio de un desplome del sector financiero. Paralelamente, la informalidad amenaza con repuntar como en ninguna otra época de la historia, causando una recesión generalizada, desempleo masivo y una catástrofe social y económica, de consecuencias imprevisibles para la región y el país.



Por un lado, el Valle del Cauca está pagando el precio de su dependencia nacional. Cali es la fuente del 33% de la producción colombiana de alimentos, más del 60% de la del caucho, entre el 50% y el 60% de la industria gráfica y papelera, casi el 40% de la industria farmacéutica y química, y más del 20% de la industria metalmecánica. Y lo que es más crítico aún, solamente exporta el 10% de su producción. No sorprende, entonces, que si a Colombia le va mal, al Valle del Cauca le puede ir peor. "Eso nos pasa por tener los huevos de nuestra economía en la canasta del mercado nacional", dice Felipe Millán, director general de la Fundación para el Desarrollo Integral del Valle del Cauca, FDI.



Paralelamente, el veneno del narcotráfico y sus dineros fáciles alcanzaron toda la fibra de la economía local, creando una distorsión que nadie previó. Cálculos disponibles dicen que la sustitución de la economía del narcotráfico tiene que ser compensada con unos US$1.500 millones anuales de exportaciones legales, algo que los más optimistas planificadores consideran un reto gigantesco. "Sin una visión estratégica definida, con una débil visión internacional, con la clase dirigente en desbandada, y con una ignorancia crasa sobre el impacto del narcotráfico en la economía, los hechos nos arrollaron", dice Germán Jaramillo, director de la Fundación Empresarial para el Desarrollo de Yumbo, FEDY.



Pero por vía del ajuste ético, y del reacomodamiento de la economía regional, las finanzas de la zona comienzan a perfilarse, ahora sí, sin contaminantes.



"En efecto, estamos en nuestras platas", agrega Millán. "Vivimos más tranquilos que hace dos o tres años, cuando la construcción se hacía con materiales traídos de Grecia o las calles lucían atestadas de vehículos costosos, al mando de figuras como el "traqueto", el "engallado", la "barbie" y el "embambado", términos que, por fortuna, ya han entrado en desuso".



Hoy, de alguna manera, en medio de la catástrofe económica que vive la ciudad, la crisis ha hecho crisis, y esa Cali del derroche y la anestesia económica y social parece estar tocando a su fin. Otra ciudad, muy distinta, comienza a surgir desde la oscuridad



Dinámica oculta



Sólo hasta ahora resulta evidente que los agentes económicos de la ciudad, tanto a nivel público como privado, han venido desarrollando una estrategia con objetivos empresariales, económicos, sociales y políticos bien definidos.



Las compañías, por ejemplo, han realizado ajustes internos, cerrando líneas de producción y concentrándose en aquellas que pueden ser competitivas a nivel nacional e internacional. Los ajustes han demandado inversiones, en los últimos cinco años, por más de US$2.700 millones.



Y lo que en un principio se vio como una estampida de multinacionales, se interpreta ahora como una reorganización de las operaciones regionales de esas compañías, que han decidido manejar desde el Valle del Cauca su penetración en los mercados andinos y centroamericanos. Chiclets Adams cerró su fábrica en Venezuela para concentrar su producción en Cali; Supapel clausuró plantas en Centroamérica y Ecuador, para funcionar desde la Zona Franca del Pacífico; Gatorade, de Quaker, se dispone a calmar la sed del mercado latinoamericano desde una nueva sede en el Cauca; Coca-Cola envía desde Cali, al mercado andino, todos los dispensadores refrigerados para bares y comercios; Smurfit Cartón de Colombia y Propal han aumentado su participación internacional, y Carvajal sigue consolidándose como la primera multinacional colombiana.



De manera simultánea, el Valle del Cauca se dedica a modernizar su infraestructura física para apalancar numerosos proyectos empresariales, todos enfocados a un solo fin: convertir al Valle del Cauca, y por extensión a todo el centro y suroccidente del país, en un corredor exportador.



"Si, de hecho, hemos sido, por muchos años, un corredor exportador, por qué no volvernos en un corredor internacional hacia el Pacífico, el mar del siglo XXI", dice Fabio Rodríguez, presidente de la Cámara de Comercio de Cali.



Esta vez, sin embargo, Cali lo hará de manera integral, involucrando a todos los departamentos vecinos, porque, según Rodríguez, "lo verdaderamente importante no es la ciudad ni el departamento, sino la región". Siguiendo esta misma filosofía, no puede haber una empresa sana en una ciudad pujante, si todo el entorno está enfermo.



Desarrollo Estratégico



El objetivo, por consenso, es integrar al Valle del Cauca a los ejes del desarrollo latinoamericano. Por un lado, al que viene de Ecuador y Perú en dirección al Caribe, y, por el otro, el que avanza hacia y desde Venezuela, para buscarle al vecino país una salida al Pacífico. El Valle del Cauca se ha propuesto convertir a su corredor de comercio en el más competitivo de Colombia y de Suramérica.



Por efecto, la actual infraestructura física y de servicios apunta también a desarrollar la mejor plataforma de localización de empresas exportadoras hacia Centroamérica y los países andinos.



A diferencia de otras regiones colombianas, el occidente -con el Valle del Cauca a la cabeza- ofrece ya una red de ciudades estrechamente articuladas -y con niveles de desarrollo eventualmente homogéneos-, interconectadas, en un futuro cercano, con autopistas de doble calzada, que irán desde Manizales hasta Buenaventura, por vía terrestre, y desde esta amplia zona al resto del mundo, por fibra óptica.



El plan estratégico, actualmente en marcha, gira en torno a tres grandes áreas: desarrollo físico, desarrollo funcional y desarrollo social. En desarrollo físico, avanzan proyectos viales, de telecomunicaciones, de mejora de puertos y aeropuertos, de un ferrocarril entre Buenaventura y Medellín, y de un nivel cada vez mayor de autosuficiencia en energía eléctrica y combustibles. En lo funcional, se ejecutan programas de seguridad (en los últimos dos años, ha habido 1.500 homicidios menos en el Valle del Cauca), convivencia ciudadana, medio ambiente, transporte, investigación y desarrollo, y elasticidad financiera. Por último, en el área de desarrollo social, los frentes de trabajo incluyen cultura política, salud y bienestar, educación, recreación, vivienda popular, participación ciudadana y empleo.



No obstante, hay que superar todavía varios escollos. Por ejemplo, definir la verdadera vocación industrial de la zona, ante la realidad de que exportar azúcar es cada vez menos lucrativo y más riesgoso. La industria vallecaucana hace esfuerzos para aumentarle valor agregado al producto, en confitería, producción de papel, extracción de alcoholes y sucroquímicos. Lo que aún está por resolver es si se trata de un portafolio de calidad mundial.



Otras limitantes por superar son: deterioro de los recursos naturales, infraestructura física y de servicios aún ineficiente, bajos niveles de investigación y desarrollo, baja formación de capital humano, escasa formación de capital social, baja capacidad de inversión, bajos niveles de inserción en los mercados internacionales, exportaciones de bajo valor agregado -y sólo de bienes, no de servicios-, mercado nacional estrecho y de baja capacidad de compra, y altos niveles de pobreza e inequidad social.



Pero la fuerza del cambio -coordinada por la Cámara de Comercio- sigue adelante, apoyada en grupos de trabajo activos, con presupuesto propio y con gerentes y personal de apoyo remunerados. Entre ellos están el Comité Empresarial del Valle, el Comité Intergremial de Cali y los de empleo, promoción, universidad-empresa, comercio exterior y medio ambiente, entre otros.



El de más alcance es el Comité Empresarial del Valle, responsable de vigilar la marcha de todos los proyectos de infraestructura nacional, departamental y local, y velar por su cumplimiento y entrega. Este comité, presidido por el empresario Rodrigo Velasco Lloreda, se ocupa de los proyectos energéticos, de vías, puertos y aeropuertos, y seguridad y convivencia ciudadana. Han sido impulsores de las principales obras de infraestructura, actualmente en marcha. "Hablamos y nos escuchan, así sea en la Casa de Nariño", dice Velasco.



Paralelamente, y noche a noche, se reúne la generación del relevo, en grupos de estudio y análisis, como Tercer Milenio y el G-7, que involucran a empresarios, académicos, sindicalistas, políticos y científicos sociales. "Somos producto de la crisis", dice Jaramillo, del FEDY.



Hacia el futuro, se está despejando el camino para constituir una Holding Vallecaucana, a manera del Grupo Antioqueño. También se gestan un Instituto de Desarrollo de Mercado de Capitales, un Fondo de Capital de Riesgo, un Bloque Vallecaucano para negociación del presupuesto nacional (similar al costeño, que ha aumentado su participación del 12 al 25%), una Asociación de Municipios, un Fondo Regional de Pensiones y Cesantías, y un Centro Financiero Internacional.



En suma, el Valle del Cauca busca rescatar su rol regional y nacional, y reparar, de paso, las heridas del pasado. Carlos Alberto Saavedra, secretario municipal de Fomento Económico y Competitividad -una entidad creada por el alcalde Mauricio Guzmán-, remata diciendo que "nos hemos vuelto a unir para levantar una sola voz; una voz que se oiga dentro y fuera de Colombia".
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