| 2/16/2007 12:00:00 AM

Las mujeres marcan el paso

El calzado en Colombia ha sido uno de los más afectados por las importaciones de Asia. En medio de las dificultades, hay empresarias que sacan la cara por esta industria.

Detrás de la fabricación de cada par de zapatos interviene una mujer y, en muchos casos, ellas llevan las riendas de las empresas, aseguran las negociaciones y buscan la forma de diferenciarse para exportar.

La relación del género femenino con el calzado viene de tiempo atrás. "Ellas son perfeccionistas, creativas y, además, tienen olfato para conocer los gustos del consumidor", comenta Fabio Cuevas, de Calzado McFland.

Y aunque no hay estadísticas precisas de cuántas mujeres toman parte en este negocio, Wilfredo Castro, presidente de la Asociación Nacional del Calzado, Ansecalz, dice que el 90% de la mano de obra en la fabricación de zapatos corresponde al género femenino.

Solo en el barrio Restrepo de Bogotá, uno de los de mayor tradición en este mercado, se calcula que hay 300 mujeres empresarias del calzado, entre las 2.000 microempresas que se estima operan en este sector. Las 1.700 firmas restantes son, en su mayoría, empresas de familia donde la mujer tiene una significativa responsabilidad en el negocio, en especial en el diseño y la calidad de los productos.

Precisamente, esa pasión de la mujer por los zapatos, sumada a la capacidad para sacar proyectos a flote, llevó a Yormari Huertas a ser nombrada en la dirección ejecutiva de Ansecalz. Ella conoce las dificultades del negocio y está dispuesta a trabajar en un programa de asociatividad para que los empresarios del país puedan acceder a las oportunidades tanto locales como internacionales.

Uno de los principales retos de Yormari es integrar a los actores de la cadena para asegurar la existencia de cueros, herrajes, pegantes, suelas y demás materias primas que se utilizan en la industria, pues según la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, Acicam, los cueros de mejor calidad se están exportando a Europa y Estados Unidos, de manera que los que quedan para el mercado local salen más costosos y encarecen la producción local de calzado.

Otra muestra del compromiso con el sector la da Marlene Mendoza, de Induservicios Forever (antes Industria de Calzado Hevea). Ella y un grupo de compañeras de trabajo recibieron varias máquinas de Industria de Calzado Hevea, cuando la empresa entró en liquidación, y decidieron aplicar todo su conocimiento en la industria para seguir produciendo zapatos. Comenzaron maquilando productos para la marca Hevea, que no desapareció a pesar de la liquidación de la empresa. Ellas enfrentan las mismas dificultades del resto de los empresarios, pero tienen la habilidad para negociar el suministro de las materias primas y buscan contactos en el sector para proveer cadenas del comercio y almacenes especializados, cuenta Marlene.

Para estas mujeres, la calidad es importante pero el confort es el que predomina y le apuntan a desarrollar artículos cada vez más suaves para convencer a los colombianos de que vale la pena apostarle al zapato nacional.

Segmentación, una buena alternativa

Una de las preocupaciones de los industriales del sector es el acelerado crecimiento de las importaciones, en especial provenientes del mercado asiático. Según Acicam, entre enero y noviembre del año pasado se importaron US$153,9 millones en calzado, que representaron un crecimiento de 26,4% frente a 2005 y de 84,7% con respecto a 2004 (ver gráfico).

Esta cifra podría obedecer o bien a que está creciendo el consumo per cápita de zapatos o bien a que la industria nacional tiene que revisar su oferta y sus costos para competir.

Adriana Ramírez, una de las empresarias de este sector, dice que hay muchos segmentos en los que se puede sobresalir. Ella cree que el consumo per cápita de zapatos sí está creciendo y muestra de ello es el dinamismo de las importaciones. Hace cinco años, montó su fábrica y almacén en Bogotá con el eslogan 'arme su propio zapato'.

Ella rompió con la práctica de forrar los zapatos para ocasiones especiales y fabrica zapatos de alta costura. Adriana atribuye su éxito a la oportunidad que tiene el cliente de escoger los materiales, suelas, diseños y todo lo que requiere para lograr un producto a su medida. Reconoce que el precio es alto, debido al costo de los materiales. "Pero a la gente le gusta y lo valora".



Hay que estudiar

Las estadísticas confirman la percepción de Adriana Ramírez. Según el estudio realizado por la investigadora de mercados Raddar para el gremio Acicam, el cual fue presentado en la versión número 15 del Footwear & Leather Show, el consumo de zapatos en Colombia creció el año pasado 11,5% frente a 2005 y llegó a $2 billones. Este fue el crecimiento más alto de los últimos años. En 2000, la tasa de crecimiento fue de 6,4% y posteriormente comenzó a bajar hasta llegar a 0,5% en 2003. En 2004, empezó a aumentar de nuevo.

En opinión de María Elvira Morales, una de las fundadoras de Addax y de OutBack Colection, la clave para aprovechar las oportunidades está en estudiar no solo moda y diseño, sino anatomía del pie para saber cómo hacer un zapato cómodo, durable y amable con el cliente. "Eso logra clientes fieles a las marcas". OutBack ya tiene dos almacenes en Bogotá y tiene planes de abrir más en el resto del país.

María Elvira aprendió de la experiencia que tuvo con Addax, una marca que llegó a ser tan reconocida como La Corona, Croydon y Hevea en su momento, pero que se debilitó por diversas causas. Addax llegó a tener una red de 26 almacenes y hoy solo queda uno.

"Teníamos diseño, calidad y buenos productos. Sin embargo, tuvimos algunas fallas que ya estamos corrigiendo para revivir la marca".

¿De capa caída?

Para muchos empresarios, el consumo per cápita en Colombia sigue siendo bajo (1,9 pares de zapatos por año, según Acicam) y la industria nacional está de capa caída. Sin embargo, los analistas del tema aseguran que si se estimula un mayor crecimiento, como lo plantea Acicam, la oportunidad está dada tanto para nacionales como para extranjeros.

Muestra de ello es que inversionistas chilenos y de Estados Unidos están mirando con buenos ojos a Colombia para traer filiales de sus negocios y en mercados como Ecuador, Venezuela y Estados Unidos los productos son bien recibidos por los consumidores.

La empresaria Diana Ramírez, quien lleva 15 años trabajando en el calzado, siente que los negocios andan bien y que, a pesar de las adversidades, hay buenas alternativas para trabajar. Diana comenzó su carrera ascendente respaldada por marcas como Bossi, Santorini y Vélez, entre otras, que le dieron la oportunidad de diseñar y producir líneas de calzado para sus almacenes. Actualmente, está posicionando su marca Le Scarpe con la cual también ha logrado buenos resultados.

Para ella, la competencia es lo de menos y el inconveniente de materias primas lo arregla —igual que muchas de sus colegas— pactando buenos negocios y pagando por adelantado los cueros para tener inventario en su bodega.

Y aunque sigue los parámetros de la moda internacional, que se presenta cada año en las ferias especializadas del sector, se fija más en que los terminados del producto sean perfectos para que no cansen al consumidor ni le aprieten en ninguna parte del pie.

En esto tiene puntos a su favor. De hecho, la encuesta de Raddar dice que un 49,5% de los colombianos compra zapatos por necesidad; un 33,3% lo hace por gusto; el 3,1% se inclina por el precio y solo el 1,2% se fija en la moda. Lo que quiere decir que un usuario feliz con el calzado se convierte en un comprador fiel de determinados productos.

Alba Cruz, de la cadena de almacenes Zaffis, ratifica esta teoría. "Llevo 11 años con mis almacenes en el centro de Bogotá y aquí me buscan mis clientes", afirma.

Lo que está claro es que quienes llevan más de 30 años apostándole a esta industria e incluso los que incursionaron hace 10 años o menos están dispuestos a seguir defendiendo la fabricación nacional y a lograr que sus productos tengan más espacio en los mercados mundiales, sin descuidar al consumidor local.
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