| 11/24/2006 12:00:00 AM

Las dos caras de la moneda

Las ventas de productos colombianos a Venezuela están disparadas y este año estarán cerca de US$2.500 millones. Este buen comportamiento se da justo cuando el vecino país se retiró de la Comunidad Andina y se anticipan cambios en las reglas del juego.

GM Colmotores venderá este año, hacia el mercado venezolano, unas 20.600 unidades, es decir, un aumento del 90% frente al año anterior. Por su parte, Sofasa creció sus ventas poco más de 23% y este año llegará a 16.500 unidades. El aumento en la demanda y la cantidad de recursos disponibles en este mercado han disparado el sector automotor en ese país.

Igual que estas empresas, muchas compañías colombianas, como Acesco, Ciamsa, Ajover, Haceb, Fabricato y Colanta, entre otras, están aprovechando el buen momento de las ventas a Venezuela y han incrementado sus exportaciones a ese mercado. De hecho, ningún sector ha decrecido y, según cifras de la Cámara Colombo Venezolana, en los primeros 7 meses del año las ventas al vecino país llegaron a US$1.326 millones —un incremento del 17% frente al mismo período de 2005—, y se estima que al cierre del año esta cifra esté cerca de US$2.500 millones. Pero no es solo en un sentido. Las importaciones de Colombia provenientes de Venezuela también vienen en aumento: a julio, crecieron 41%, al llegar a US$856 millones.

Sin embargo, lo paradójico es que estas cifras se vienen dando cuando Venezuela ha decidido retirarse de la Comunidad Andina de Naciones, CAN, hecho que protocolizó en abril pasado, cuando entró como miembro de Mercosur.

Este retiro tiene consecuencias jurídicas en el ordenamiento comercial. Primero, porque aunque el Acuerdo de Cartagena establece una vigencia en las ventajas otorgadas y recibidas por Venezuela por 5 años, esta vigencia solo cubre el segmento de bienes, no el de servicios. Y segundo, porque una vez fuera de la CAN, Venezuela inició la discusión, junto con los otros países andinos, de un memorando de entendimiento para establecer las condiciones, normas jurídicas y regulación que van a permanecer vigentes en los próximos 5 años. "Allí se incluyen normas relacionadas con salvaguardias, solución de controversias, medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos al comercio y la revisión del régimen de las normas de origen", explica Marcel Tangarife, abogado especialista en comercio internacional y ex director jurídico de la CAN.

La tercera semana de noviembre se dieron dos hechos que dejan en evidencia la realidad de la relación comercial colombo venezolana: mientras en Bogotá más de 300 empresarios de los dos países participaban en el encuentro Oportunidades Colombia-Venezuela, de la Cámara Colombo Venezolana, en busca de posibilidades de negocio y nuevas inversiones así como aprovechar un momento histórico en el comercio de los dos países, casi en forma simultánea, en Lima, Perú, un grupo de expertos analizaba el futuro jurídico de la relación comercial.

Venezuela con estas decisiones trabaja en dos frentes: uno, pensando en el perfeccionamiento de su ingreso como miembro pleno de Mercosur y otro, para evitar el ingreso de materias primas, insumos y hasta productos de Estados Unidos, utilizando como instrumento el Tratado de Libre Comercio de Colombia y Perú con ese país. "En este último sentido, buscaría hacer más exigentes los requisitos de origen de las normas andinas", explica Tangarife.

Tanto, que uno de los puntos más complejos en las negociaciones de hace unos días en Lima fue el referente a las normas de origen, en las que no hubo acuerdo, mientras que en otros temas como la solución de controversias, las medidas sanitarias y fitosanitarias, las medidas de salvaguardia y los obstáculos técnicos, "ya están prácticamente acordados", según una fuente que asistió a las reuniones.

En el caso de normas de origen, habrá una nueva reunión a mediados de diciembre, para definir en su totalidad las reglas del juego en el capítulo de bienes. Allí, uno de los puntos más críticos es el que corresponde a las zonas francas, pues la posición de Venezuela es que los bienes que allí se produzcan pierdan el cero arancel.

La negociación del memorando de entendimiento dependerá del clima político que exista. Si se mantiene como está hoy, es posible alcanzar un acuerdo interesante para los dos países. Si el tema político se deteriora —como sucedió hace un par de años con el caso del guerrillero Rodrigo Granda—, negociar el acuerdo sería más difícil. En el fondo, todo pasa por la variable política, más aún cuando Venezuela se alista para las elecciones presidenciales de este 3 de diciembre.



La coyuntura

Nadie discute hoy la importancia del mercado venezolano para los productos colombianos. Es nuestro segundo destino de exportaciones, superado solo por Estados Unidos; la gran mayoría de las ventas hacia el mercado del vecino país corresponde a productos manufacturados o con valor agregado, lo que las ha hecho muy competitivas.

A su vez, la economía venezolana creció en el primer semestre de este año 9,6% frente al mismo período de 2005, gracias en gran parte al precio del petróleo que se situó en promedio a septiembre en US$64,5 por barril. Esto ha generado que la demanda en Venezuela crezca de manera significativa. Si bien el plan del gobierno venezolano está enfocado en buscar el desarrollo endógeno, es decir, reducir su dependencia de productos del exterior, la realidad es que la reacción de su aparato productivo ha sido mucho más lenta que el incremento de las necesidades y de la demanda, que en el segundo trimestre de este año creció a una tasa de 17%, apalancada —según señala el documento Coyuntura de Venezuela, de la Cámara Colombo Venezolana— en el consumo que representó más de dos terceras partes del aumento de la demanda.

"Venezuela muestra una liquidez brutal. Hay mucha plata en el mercado, mucho crédito disponible, intereses bajos y no hay productos para atender la demanda que genera esa disponibilidad de liquidez", explica un empresario colombiano.

Leonardo Buniak, calificador de riesgo financiero, en su intervención en el foro sobre escenarios financieros y económicos, organizado por InverUnión Banco en Caracas, gracias a los ingresos petroleros el crecimiento de la economía continuará apoyando la expansión del consumo y del crédito bancario al menos por dos años más.

Cientos de empresas colombianas tienen allí gran parte de sus apuestas y tuvieron que aprender a convivir con un nuevo modelo económico para crecer. Por ejemplo, el Grupo Neme, de autopartes, decidió hace unos años montar 7 plantas en Valencia, para complementar su oferta desde Colombia y su producción viene creciendo: hoy los ingresos del grupo están en 60% en Colombia y 40% en Venezuela. "Estar en los dos países da una flexibilidad frente a las políticas propias de cada gobierno. Si bien en Venezuela hay más trámites, por ejemplo frente a la Comisión de Administración de Divisas, Cadivi, lo solucionamos con más gente juntando papeles y tratando de que todo esté en regla. Es una tarea de paciencia, pero nos ha ido bien", explica Orlando Álvarez, vicepresidente financiero de este grupo.

En el sentido contrario, empresas venezolanas han visto en Colombia una oportunidad de expansión. Un grupo de inversionistas colombo venezolano montó en Bogotá la cadena de farmacias Locatel. "Ya tenemos 3 locales en Bogotá, el de más reciente apertura bajo el modelo de franquicia, y las ventas superarán los US$12 millones este año. Estamos a punto de iniciar un plan de expansión bajo el modelo de franquicias para llegar a Cali, Medellín y Barranquilla, entre otras ciudades. Además, desde Colombia, el objetivo es ingresar a los mercados de Perú y Ecuador", dice el venezolano Carlos Eduardo Hellmund, uno de los socios en este negocio.

Sin embargo, hay oportunidades que se generan pero que falta cocinar. "Durante los últimos años, el gobierno venezolano destinaba en promedio entre US$400 y US$700 millones para impulsar la vivienda en nuestro país. Para este año, la cifra llegará a US$4.500 millones. Allá hay un negocio, pero no hay empresas para producir", explica Juan Guillermo Álamo, director de Ciudad Casarapa, empresa constructora de Vivienda de Interés Social. Pero está midiendo el riesgo. "No voy a hacer inversiones millonarias en Venezuela que después pueda perder. No estamos en manos de un gobierno que permita ver con claridad el futuro y en el campo político, la incertidumbre es grande", agrega.

Por su parte, Andrés Camargo, presidente de Constructora Colpatria, al analizar esta posibilidad de negocio señaló que, si bien la compañía ha estado observando su incursión en el mercado venezolano, una de las mayores dificultades era la imposibilidad de reintegrar el capital que se enviaba y las utilidades. "Lleve capital, haga ejercicio, gane dinero, pero déjelo allá. Eso para una compañía extranjera es una locura", dijo Camargo en el foro de Oportunidades Colombia-Venezuela, que se realizó a mediados de noviembre en Bogotá.

La agenda

Si Colombia quiere mantener ese mercado y cuidarlo hacia el futuro, hay varias tareas pendientes, pero no solo están en cabeza del gobierno sino también de los empresarios.

El gobierno, por su parte, deberá dejar listo el memorando de entendimiento para el sector de bienes, en las próximas semanas. La discusión más dura será el tema de normas de origen y las zonas francas. "Los sectores exportadores colombianos que podrían tener más dificultades serían aquellos en que la política interna venezolana busca sustitución de importaciones y donde ese país busca autosuficiencia, en particular agroindustria y producción de alimentos. Otros sectores que podrían verse afectados son electrodomésticos, algunos bienes intermedios o finales de plásticos y manufacturas en general, pero depende de cómo se aplica la política interna venezolana", explica Tangarife.

"Si los bienes que se producen en zonas francas con destino a Venezuela, no mantienen el cero arancel, vamos a perder competitividad frente a otros mercados", explica un empresario.

Otros podrían resultar ganadores, como el de vehículos, pues el tema de origen no está en discusión y los países seguirán aplicando el convenio de complementación industrial del sector, con el que operan hoy.

El otro capítulo es definir qué va a pasar con la exportación de servicios. Este tema está en un limbo, al igual que la regulación de inversiones. "En Venezuela hay muchas empresas colombianas y en sentido contrario que quedaron sin sustento legal especial. Tienen el sustento legal de las normas colombianas o venezolanas, pero antes tenían normas comunitarias que daban un marco jurídico de cómo operar y hoy no lo tienen", explica un analista. La tarea del gobierno es compleja: terminar con el memorando y arrancar una negociación bilateral para blindar las exportaciones de servicios y las inversiones.

Por su parte, para los empresarios colombianos, la tarea es dejar de lado esa posición —como la calificó uno de ellos— de 'relativa antipatía' hacia el gobierno venezolano. "El industrial colombiano está relacionado con el sector tradicional empresarial venezolano, pero no se puede desconocer que hay un sector industrial y empresarial nuevo que tiene un campo de acción muy grande y mientras el gobierno del presidente Chávez continúe, seguramente su influencia va a crecer. Eso no se debe descuidar", puntualiza el empresario.
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