| 3/4/2011 12:00:00 AM

Las cuentas de Berlusconi

Mientras el Primer Ministro italiano gasta parte de su fortuna en fiestas al estilo rock star, también trata de impedir que la economía de su país le venga abajo. Muchos se preguntan si lo logrará, pues de la suerte de Italia podría depender el destino de la Unión Europea.

Silvio Berlusconi sabe lo que puede hacer con su dinero. El año pasado gastó US$1 millón en 17 fiestas (a razón de una cada tres semanas) en las que hubo de todo: música, alcohol, mujeres bellas y hasta niñas, si así lo confirman las autoridades que ahora lo investigan por incitación a la prostitución de menores y cohecho. Por todo esto, la revista Rolling Stone lo escogió como el 'rockero' del año en 2010.

Lo que el mundo todavía no sabe es si con ese mismo desafuero con que gasta su fortuna personal está manejando las finanzas de su país. Italia ha enfrentado en los últimos años las mismas dificultades de las grandes potencias europeas: recesión, déficit, inflación y crecimiento de la deuda. El escándalo por la sexo-política ha desviado las miradas y el debate sobre su suerte económica ha pasado a un segundo plano. El asunto sigue siendo clave, porque lo que está en juego no es el futuro político de Berlusconi sino el de la Unión Europea.

En un artículo de The New York Times, el director del Centro de Estudios para la política europea, Daniel Gros, aseguró: "Italia no puede fallar, eso podría ser el final de la Unión Europea. Cualquier cosa que se deba hacer para salvarla, debe ser hecha".

¿Cuál es el problema? El asunto va más allá de los devaneos del Premier italiano. El Fondo Monetario Internacional (FMI) analizó una masa de créditos contratados por Italia en los últimos años, por 116.000 millones de euros; la mayor parte de ellos pertenece a bancos en Francia, Alemania, Reino Unido y España. Cualquier tropiezo en honrar esas deudas podría generar un efecto dominó en el sector financiero de la región. Ese es el quid del asunto.

¿Mensajes de tranquilidad?

A pesar de las alarmas de los analistas y del escándalo del último año, el gobierno se ha mostrado sereno. El ministro de Finanzas, Giulio Tremonti, destacó a comienzos de febrero que el país tiene sus cuentas públicas en orden y que ahora está listo para iniciar una nueva etapa de "crecimiento y desarrollo". ¿Será verdad tanta belleza, se preguntan hoy muchos, mientras miran en las primeras planas de todos los diarios la foto de la joven marroquí Ruby, una de las modelos que asistía a las pródigas rumbas de Berlusconi.

Lo primero que hay que decir es que el hasta ahora Jefe de Gobierno de Italia heredó una situación económica crítica cuando llegó al poder en 2008. Ya entonces los pasivos del país estaban por encima de 106% del PIB y esto significaba destinar buena parte de los ingresos a pagar las deudas. Además, la nación había completado seis años con un crecimiento mediocre inferior al 1%.

En estos tres años de gobierno no se ha logrado cambiar el rumbo. La economía tuvo una recesión de 1,3% en 2008 y luego, en 2009, cayó 5%, en medio de la tormenta financiera internacional; el año pasado alcanzó a crecer apenas 1,3%, por debajo del promedio de Europa. Eso explica que los malos resultados se hayan agudizado: la deuda ya está por encima de los 118 puntos del PIB y el déficit fiscal cercano al 5%.

Berlusconi no ha dejado de tomar medidas, aunque sus decisiones han sido demoradas. Apenas el año pasado decidió poner a consideración del Congreso un ajuste fiscal por 24.000 millones de euros para 2011, 2012 y 2013. Brian Lesmes, economista de macroeconomía internacional de Bancolombia, explicó que el hueco en las finanzas italianas se explica sustancialmente por el elevado pasivo en las pensiones, que se lleva la tercera parte del presupuesto.

Pero los desafíos no están solo por el lado fiscal. La situación social se puede volver compleja, pues aunque el desempleo está en el 8% y sigue siendo uno de los más bajos de la región, es latente la amenaza de un golpe migracional: se calcula que van a llegar al país unos 300.000 inmigrantes del norte de África, huyendo por la dura situación política al otro lado del Mediterráneo.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) también puso el dedo en la llaga cuando señaló que Italia necesita reformas para mejorar su competitividad, por ejemplo, al mercado laboral.

Según Po Jeng Ng, analista internacional de InterBolsa, con la crisis de Libia se le suma al Premier italiano otro problema: el país africano le provee el 23% de su petróleo.

Los desafíos son muy grandes. Es evidente que todavía hay una tarea por cumplir y aquí es donde Berlusconi tiene su lado más flaco. Buena parte de estos ajustes y medidas necesitan de apoyo político en el Congreso. El escándalo de Ruby, la jovencita marroquí que deleitó a Berlusconi, se ha vuelto el palo en la rueda para que él siga mandando.

Su margen político es cada vez menor. Así quedó en evidencia a comienzos de febrero, cuando el Congreso le negó una reforma para fortalecer el federalismo municipal, que no es otra cosa que lograr que cada región busque sus propios ingresos tributarios. La reforma era impopular en el sur del país, la región pobre de Italia, pero le garantizaba el apoyo de los poderosos del Norte.

El margen de maniobra de "Il Cavaliere" es cada vez menor; en una coyuntura como la actual, no puede dejar de gobernar en temas clave como la economía. Italia tiene que garantizar niveles de crecimiento razonables en los próximos años para cumplir con su deuda. El affaire Ruby es una amenaza real, pues está concentrando toda la atención y ha dejado al margen el debate sobre el futuro económico. Berlusconi, quien es hábil jugando con fuego, le apostó a seguir apagando este incendio; esta vez sí podría salir quemado.

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