| 11/15/2013 5:00:00 AM

Las cosas secretas del zar

A un año del mayor descalabro bursátil, Dinero publica apartes de un capítulo del libro ¿Quién se llevó el dinero de InterBolsa?, escrito por Jorge González, jefe de investigaciones de la revista.

Juan Carlos Ortiz Zárrate, uno de los zares del mercado de valores colombiano, recorrió medio mundo con cargo a una tarjeta de crédito American Express cubierta por el Premium Capital Investment Advisors (PCIA) de Curazao, administrador de recursos por US$174 millones que 1.260 inversionistas le confiaron a InterBolsa.

Entre 2009 y 2012 pudo caminar con espíritu contemplativo por las orillas del lago Danu Bratan en Indonesia, apreciar la imponencia del Taj Mahal en India, fotografiar la mezquita del Abdullah en Jordania, disfrutar de atractivos no menos convencionales en otros 13 países y pagar gustos por más de medio millón de dólares (US$565.645, exactamente) con el dinero plástico que le proveía, además del fondo radicado en Antillas Holandesas, la Sheeclun Corporation, una de esas compañías off shore que pocos como él saben estructurar.

Acompañado en algunas ocasiones por su esposa, la presentadora de televisión Viena Ruiz, su periplo no fue exclusivamente turístico. El 31 de octubre de 2012, los agentes de migración del aeropuerto de Tocumen registraron su llegada a Ciudad de Panamá, donde dos días más tarde recibió la confirmación de una noticia que ya esperaba: la Superintendencia Financiera de Colombia había iniciado la intervención de la Sociedad Comisionista de InterBolsa.

A juzgar por los contactos que sostuvo allí, llegaba a pasar revista a sus inversiones personales y a prepararse para paliar los efectos de la destorcida de una crisis que tocaría la médula de varias sociedades de una red empresarial que él ayudó a tejer, entre ellas la subsidiaria en Panamá de la firma caída en desgracia.

Le aguardaba un conductor de confianza de su familia. Tenía que recorrer la Avenida Aquilino de la Guardia, demarcada entre edificios donde funcionan los bufetes de abogados más prestigiosos de la ciudad, especialistas en hilvanar sociedades anónimas y en la custodia de los más preciados secretos financieros.

Al atardecer, como era su costumbre cuando llegaba a Panamá, terminaría la visita a los abogados y citaría en algún restaurante del muelle de la Calzada de Amador a ‘Paco’ Oñate, su hombre de confianza en el istmo. ‘Paco’ o Francisco José Oñate Bello era una de las pocas personas a las que Ortiz, su familia y sus socios le confiaban el manejo de sus inversiones y movimientos a través de algunos de los 92 bancos que se disputan el mercado en un país que vive de la actividad financiera.

Pocos como Oñate conocían los vericuetos de negocios hechos a través de sociedades anónimas usadas por sus patrones para comprar, entre otros bienes, oficinas y unidades residenciales privadas en las Tower Trump del exclusivo sector de Punta Pacífica.

El muelle de Amador, donde atracaban los yates de lujo, les había ofrecido siempre el ambiente ideal para perfilar y cerrar negocios al calor de un par de vodkas y era allí donde los dos perfilarían una estrategia para hacer inaccesibles sus recursos en caso de que el Estado colombiano pudiera extender allí un brazo largo y echarles mano a algunos bienes que sirvieran para amortiguar los costos de los perjuicios causados a cientos de inversionistas afectados.

El único de los socios de Ortiz que miraba con desconfianza a ‘Paco’ era Juan Carlos Aspiazo Ballestas. Aspiazo había acompañado al zar y a Tomás Jaramillo, hijo del presidente de InterBolsa, en la constitución de Andean Capital, subsidiaria del Fondo Premium en Panamá y no le cabía en la cabeza que aquel extraño tuviera acceso y manejo expeditos de las finanzas de las compañías en las que su mentor tenía intereses (...).

Aspiazo había entrado a la sociedad casi en secreto, sin abandonar por un tiempo su calidad de Subdirector del Fondo Nacional de Garantías, un organismo creado por el gobierno colombiano para respaldar a pequeños y empresarios.

Gracias a un correo electrónico escrito por Aspiazo el martes 24 de abril de 2012, las autoridades colombianas tendrían conocimiento, tiempo después, de quién era el principal enlace de Ortiz en Panamá. Su correo hacía este perfil de ‘Paco’:

“El nivel de manejo y confianza que tenía el señor Oñate le permitía con su sola firma manejar todos los recursos del PCIA, investment manager de PCAF (Premium Capital Appreciation Fund de Curazao), incluyendo la posibilidad legal de tomar control total y absoluto de Andean Capital Markets y sus subordinadas. De hecho tenía el manejo directo y exclusivo de las cuentas bancarias de Panamerican Fund Services, compañía que constituyeron los socios para administrar los fondos desde Panamá, así como el manejo de todo el efectivo en dólares del grupo de empresas relacionadas con los fondos. Igualmente, manejaba recursos personales de la familia Ortiz Zárrate para la administración de sus bienes en Panamá: carro, conductor, apartamentos, etc.” (…).

(…) Llamado “testaferro” por algunos y “alter ego” de Ortiz por otros, el nombre de Oñate Bello no es muy conocido en los ámbitos comercial y financiero de Panamá. Sin embargo no les suena extraño a los funcionarios de los despachos del Poder Judicial en Ciudad de Panamá que funcionan en instalaciones levantadas por Estados Unidos durante la época de la ocupación, junto al hospital oncológico Gorgas.

Oñate fue procesado civilmente allí en 2010 a instancias de una millonaria demanda hipotecaria impulsada por la firma de abogados Ellis & Ellis, en representación del Bank Of Nova Scotia, e indagado penalmente por la falsificación de firmas en títulos valores.

Después de impartir las instrucciones a sus agentes en el istmo, Juan Carlos Ortiz voló a Bogotá el 4 de noviembre de 2012, cuando el escándalo causado por la intervención de la comisionista de InterBolsa copaba las agendas de los medios de comunicación. Sabía que sería foco de atención y llegaba preparado con un libreto que sonaría convincente en medio de la avalancha de preguntas sobre su rol en la crisis.

¿Acaso no había sido el arquitecto de las operaciones más intrépidas de la compañía? ¿No era él quien desde una oficina del cuarto piso de la sede principal de la holding en la calle 82 de Bogotá pronunciaba siempre el abretesésamo en negocios como la compra de un puesto en la Bolsa de Valores de Sao Paulo? ¿No era suya la ‘patente’ de la fórmula de constituir repos sobre repos para darles mayor bursatilidad a las acciones de empresas como Fabricato?

No lo sorprendería ningún interrogante de ese tenor. Acostumbrado a no dejar nada al azar, sus respuestas a los periodistas que lo abordaran serían simples y directas. Negaría toda relación con el colapso y sus protagonistas. Diría que se había desentendido de InterBolsa más de un año atrás, cuando su relación con Rodrigo Jaramillo, presidente de la holding, se fracturó para siempre porque este se negó a apoyarlo en un plan de rescate de los clientes e inversionistas que habían quedado a la deriva tras el hundimiento Proyectar Valores.

Es más, se quejaría de que en su condición de socio minoritario jamás fue consultado acerca del apalancamiento a un reducido grupo de inversionistas que se haría al control de Fabricato. Tampoco había sido tenido en cuenta cuando se perfilaron otras operaciones que terminaron siniestradas (…)

Pero tampoco permanecería impasible ante los hechos. Con la asesoría de una agencia de comunicaciones estratégicas Ortiz se encargaría de que calara hondo en la conciencia social su oferta de contribuir con $6.000 millones al resarcimiento de los inversionistas defraudados (…).

(…) Pero Ortiz ignoraba a esas alturas que agencias internacionales de información financiera y el Internal Revenue Services (servicio de rentas de Estados Unidos) se habían interesado de tiempo atrás en sus movimientos.

La comunidad de inteligencia no solo conocía los extractos de su American Express, identificaba las fuentes de pago de sus operaciones y seguía algunos de sus movimientos en Panamá, sino que tenía rastro de sus incursiones en paraísos fiscales desde 2000.

Informes reservados que llegarían a Bogotá cuando la caída de InterBolsa dio lugar a investigaciones penales y administrativas reportaban que una de sus primeras creaciones en esos confines había sido la compañía Palmeras & Intertourist Inc, con base en Islas Vírgenes Británicas. Según los datos que reposan en su registro de matrícula número 355336, la empresa fue constituida el 9 de junio de 2000 y entre sus socios beneficiarios figuraban, además del zar, los también colombianos Richard Emilio Martínez Gómez y Tomás Jaramillo Botero (…).

(…) El interés de las autoridades de Estados Unidos en Ortiz no guardaba relación con alguna investigación directa en su contra. Solo querían saber si catorce corredores de bolsa y brokers colombianos que estaban pedidos en extradición tenían alguna relación con él o con otros altos ejecutivos del sector bursátil.

Inicialmente hubo algunas razones que alimentaron las sospechas. Carlos Leyton Sinisterra, uno de los requeridos por la justicia de aquel país, había sido representante legal para operaciones comerciales de Proyectar Valores, la misma firma que colapsó en octubre de 2011 bajo la égida de Ortiz. Además, era primo de Inés Elvira Sinisterra, esposa de Alberto Mendoza, directivo de InterBolsa. Pero al margen de las suspicacias, nunca hubo confirmación de nexos entre las operaciones del lavado y directivos de las firmas comisionistas.

Sin que ese tampoco fuera su propósito, el monitoreo de la agencia norteamericana sirvió, sin embargo, para comprobar que Ortiz estuvo siempre al tanto de los movimientos del Fondo Premium y que dirigió –detrás de bambalinas como ha sido su costumbre después de su expulsión de la bolsa en 1997– varias de las más importantes operaciones de la comisionista de bolsa. Algunas de ellas reflejadas en el manejo de los contratos de recompra (repos) que empujaron hasta el techo el valor de las acciones de Fabricato.

El monitoreo se hacía permanente cuando el zar visitaba su apartamento de descanso en el condominio Opal Tower de Boca Ratón, Florida. Se hacía extensivo a ciertos sitios que visitaba mientras se encontraba en territorio de Estados Unidos. Uno de ellos era un apartamento situado en el 2 Grove Isle Building TWO Penthouse de Miami, a nombre Víctor Maldonado, socio capitalista de InterBolsa (…).

(…) La preocupación que existía en esa época, dieciocho meses antes de que el circuito empresarial se fuera por el despeñadero, fue confirmada por un cruce de correos que se inició el 26 de mayo de aquel año con un mensaje dirigido a Juan Carlos y a Tomás por Juan Andrés Tirado, representante del Fondo Premium para Colombia.

Tirado era un hombre muy cercano a Tomás Jaramillo. Habían sido compañeros de promoción en la Universidad de Georgetown. Rachid Maluf, que también dirigió la representación de Premium en Colombia, era más próximo a Ortiz quien lo incorporó a la compañía por recomendación de su amigo Víctor Maldonado. ‘Juancho’ y ‘Racho’ era la manera familiar como Tomás y Juan Carlos se dirigían a ellos.

‘Juancho’ Tirado estaba molesto con la idea de que el fondo quedara adscrito a la Sociedad Administradora de Inversiones. Si eso ocurría, él podría perder la línea directa que tenía con los socios de InterBolsa y quedaría subordinado a mandos medios. Su correo, reconstruido por investigadores forenses, es transcrito literalmente aquí:

from: Juan Tirado

to: Juan Carlos Ortiz

to: Tomás Jaramillo

cc: Yo

reply to: juantirado@movistar.co.blackberry,com

subject: Fondo PCAF

sent: May 26, 2011 5:36 PM

Estimados Juan y Tomás:

Entiendo que a partir de la fecha el fondo PCAF pasa a la SAI y que yo le reporto a Mauricio Infante (director de la SAI). Por favor necesito que me confirmen si esto es así o si por el momento y mientras se define estructura y documentación sigo reportando a ustedes.

Adicional a esto me gustaría saber cuándo podemos hablar. Es muy importante que la estructura mediante la cual el fondo pase a IB (InterBolsa) sea la adecuada para garantizar la continuación del éxito y crecimiento del fondo. Personalmente considero que la SAI no Puede ni debe ser el vehículo.

De antemano les agradezco su pronta respuesta.

Gracias,

Juancho.


Rachid Maluf intervino para apoyar la posición de ‘Juancho’ y desde su cuenta rmaluf@intereconomiacol.com escribió:

Estoy de acuerdo con Juancho que quisiéramos claridad con esto para saber como proceder, y más aún que pasárselo a SAI va hacer (sic) al fondo perder valor por varios motivos, mientras que en otro vehículo puede hacerlo incrementar valor significativamente como lo ha hecho en los últimos años.

Estamos listos para ejecutar las decisiones que tomen.

Saludos,

RM

Ortiz cerró la discusión y escribió desde su correo juan.ortiz@premiumcaf.com: “Todavía no. Hay puntos pendientes! Les avisamos, por ahora todo igual. Gracias Racho y Juancho”.

(…) Cuando fue consultado para este libro Juan Carlos Ortiz dijo que no tuvo injerencia alguna en las operaciones bursátiles con la acción de Fabricato, ni con el otorgamiento de préstamos por parte del Fondo Premium u otras compañías relacionadas con InterBolsa para que el italiano Alessandro Corridori y su grupo asumieran el control de la compañía. “Después del 31 de diciembre de 2011 no existe un solo documento, mensaje o comunicación que me relacione con esos asuntos”, dijo en tono categórico.

Otras conversaciones monitoreadas por agencias internacionales y los contenidos de los correos examinados por expertos forenses parecen contradecirlo. El 5 de marzo de 2012 el representante de Premium en Colombia, Juan Andrés Tirado, le pidió a Ortiz intervenir directamente para conciliar una fuerte diferencia surgida con el italiano respecto a la firma de un contrato de distribución utilidades sobre acciones.

Tirado le contaba en su mensaje que Corridori y sus agentes en la junta directiva de Fabricato, John Herreño Marín y Ciro Habib Daza, se habían retirado dando un portazo de una reunión convocada para zanjar diferencias. Corridori quería imponer allí sus condiciones, entre ellas la de que los intereses generados por los créditos –que él calculaba en $26.000 millones (los mensajes no aluden al monto exacto de los préstamos)– debían ser liquidados como parte del costo de los precios de la acción y de los repos. Y decía que “necesitaba cuadrar todo con Juan Carlos”.

“Mañana me reúno con él en la noche (…)”, respondió Ortiz desde su correo personal. La reunión entre Corridori y Ortiz debió ser productiva porque tres días después, el 8 de marzo, Herreño les escribió en tono amigable a los representantes de Premium pidiéndoles datos que harían posible cerrar el acuerdo, eso sí con el visto bueno final de Alessandro, Juan Carlos y Tomás (...).

(…) En agosto de 2013, cuando hacía cábalas sobre si la Fiscalía General de la Nación anexaría o no su nombre a la lista de imputados penalmente por el caso InterBolsa, el zar accedió a dar testimonio para este libro. En ese momento sus propiedades visibles y las de su familia habían sido tomadas cautelarmente por la Supersociedades.

Sin abandonar el tono optimista que siempre lo caracterizó, dijo en aquella ocasión que tenía cómo demostrar que el derrotero de sus negocios no pasó por paraísos fiscales, que sus “supuestas” empresas en Panamá fueron creadas en realidad por su padre y nunca operaron bajo su mando o el de su familia.

“Mi papá –dijo remarcando cada palabra– hizo muchas compañías en Panamá. Pero crearlas y cederlas son dos cosas distintas. Su negocio era ese: constituir una razón social y venderla luego. Crearlas le costaba, por ejemplo, US$5.000 y por cederlas recibía US$15.000. ¿No es ese un negocio lícito?”

Por aquella época la Superintendencia de Sociedades tomó posesión de los bienes visibles de los principales implicados en el affaire de InterBolsa, de sus socios y familiares. Nadie pareció reparar que en la lista figuraba Ricardo Landucci, esposo de Amanda Ortiz, hermana de Juan Carlos

El dato era relevante porque investigadores destacados por la Fiscalía colombiana habían recibido información según la cual Landucci operó un puesto de bolsa en Estados Unidos en representación de Ortiz.

“Esa es una afirmación mentirosa hecha, sotto voce, por algunos que alguna vez se dijeron amigos”, replicó Ortiz. “Él (su cuñado) solo sabe de carros. Los antiguos son su pasión y su ejercicio empresarial solo ha tenido que ver con autos”, insistió.

“Fortunas ocultas no tengo; dispongo de ahorros para vivir”, explicó antes de dar su versión sobre el origen de su apartamento de condominio Opal Tower en Boca Ratón. Lo describió como una propiedad adquirida a finales de los 90 por su familia en US$110.000. El Wells Fargo les prestó US$80.000 a 25 años y las cuotas fijas mensuales, calculados intereses, quedaron en US$500.

“Es un bien que tiene 110 metros cuadrados. Allí va siempre mi familia, allí nacieron mis hijos. Ya le hice las cuentas al interventor de la Superintendencia de Sociedades: si lo venden, tendrán que asumir una deuda de US$60.000 y pagarle al gobierno americano impuestos del 30%. Su valor sería entonces US$42.000 y alguien de mi familia estará dispuesto a pagarlos de una vez”.

Negó a pie juntilla que hubiese recibido autopréstamos en el Fondo Premium. Aferrado a un libreto que coincidía en muy pocos puntos con el contenido de sus correos personales, dijo que nunca recibió un solo peso como préstamo personal y las obligaciones contraídas por empresas en las que tuvieran intereses su familia o la de su socio Tomás Jaramillo, fueron honradas a tiempo y a cabalidad.

Aceptó que una de esas compañías fue Colombiana de Capitales, pero repuso: “sorpréndase con unos datos que están certificados: esas compañías también le prestaron plata al Fondo. Fue una relación comercial de ida y vuelta”.

“Estoy tranquilo”, dice mientras camina por los alrededores del Parque de la 93 en Bogotá. “Quienes decían ser mis amigos nunca me volvieron a buscar y me libré de los ‘lagartos’ que me asediaban a diario. Me quedé con cinco amigos: mis mejores compañeros del colegio”.

“¿Qué voy a hacer?”, se pregunta. “No creo que vaya a la cárcel sólo porque alguna vez tuve relación de negocios con los Jaramillo. No volveré a hacer algo que tenga relación con el mercado bursátil, de donde fui expulsado. Pero sé hacer negocios. Iré a la plaza, compraré tomates y los venderé, pero a cualquier cosa sabré sacarle justa rentabilidad” (…).

Cuando las investigaciones que hizo el autor en Panamá concluyeron, fue preciso buscar de nuevo a Ortiz para consultar su versión sobre las relaciones con Francisco José Oñate Bello, a quien algunos de sus detractores consideraban su “testaferro” en el istmo. Esta vez el ‘zar’ se tomó su tiempo para responder y lo hizo a través de un correo electrónico (…).

“Oñate –escribió Ortiz– es un bogotano que vivía en esa época en Panamá, buen conocido de mi papá. Fue representante de mi papá en varias de las empresas que él creaba en ese país dentro de su trabajo de abogado. Juan Carlos Aspazio, cuando era el gerente del Fondo, también usaba los servicios de Oñate Bello.  Su madre Lourdes (Bello) es amiga de toda la vida de mi madre. No tengo mucho más que agregar”

¿Por qué el Fondo Premium, captador de la mayor parte de los recursos enredados, le pagó las cuotas de su tarjeta de crédito con la que pagó sus viajes por trece países? “En esa época –explicó Ortiz– yo era, aparte de mi condición de fundador, inversionista del Fondo. Y esos pagos fueron cruces de cuentas contra mis inversiones. Era una facilidad que ofrecía el Fondo: en vez de girarme a mí los dineros que me correspondían, los giraba directamente a quien yo ordenara. En este caso particular, contra mis deudas de tarjeta de crédito. Pero debo precisar que se trataba de recursos míos invertidos en el Fondo”.

Siempre según él, gran parte de esos pagos se hizo desde las cuentas de Sheeclum en el Fondo. Sheeclum es una sociedad que ya está liquidada y que perteneció a sus padre. “Ese monto es el consolidado de varias tarjetas de crédito de miembros de la familia, que de hecho en esos años vivía fuera del país”, agregó en la respuesta enviada vía e-mail.

No negó que cuando la sociedad comisionista de InterBolsa fue intervenida él acababa de llegar a Panamá, pero dio su propia versión sobre el viaje: “Fuimos con mi esposa para conocer y saludar a los recién nacidos gemelos de la mejor amiga de toda la vida de ella, que desde hace un tiempo vive en Ciudad de Panamá(…)”.

Su real preocupación era un posible y largo periplo por los estrados judiciales, pero esta vez sin cargo a su American Express.
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