| 6/24/2005 12:00:00 AM

Laboratorios de empresas

En las 31 incubadoras de empresas que hay en el en el país han nacido 600 nuevos negocios, que el año pasado facturaron más de $66.000 millones en ventas. Sin embrago, la brecha entre ellas cada vez es más grande.

Han pasado más de 10 años del nacimiento del modelo de incubación de empresas en Colombia, que surgió con la Corporación Innovar en Bogotá en 1994. Este instrumento para la generación de nuevas empresas reportó en los últimos dos años, desde cuando se mide el modelo, ventas superiores a los $66.000 millones. El crecimiento de 2004 superó el 70% frente a 2003.

Las 31 incubadoras que operan en el país han creado, en este período, cerca de 600 empresas que han generado un poco más de 5.600 empleos. A pesar de estos resultados, el modelo de incubación en Colombia apenas se está consolidando, pues cerca del 84% de los ingresos generados corresponde a 4 incubadoras: el Parque Tecnológico del Software (ParqueSoft) en Cali; Corporación Bucaramanga Emprendedora, en Santander; la Incubadora de Empresas de Base Tecnológica de Antioquia (IEBTA); y la Corporación Innovar en Bogotá. Mientras tanto, las otras incubadoras apenas empiezan a despuntar.

Incluso, una de estas ganadoras -la Corporación Innovar- atraviesa un momento difícil. Según fuentes que han conocido su crisis, tomó decisiones equivocadas en el manejo de recursos; convenios y contratos con programas gubernamentales la tienen con una deuda superior a los $1.600 millones y con dificultades internas que han obligado la intervención de la Cámara de Comercio de Bogotá, la Universidad Nacional y el Sena. Pero no se va a acabar. "Buscamos recuperar su fortaleza y sacar, además, un modelo renovado y una gerencia excelente que le den una nueva oportunidad para que los recursos, tanto financieros como de conocimiento, vuelvan a fluir para la creación de empresas en Bogotá", explica Darío Montoya, director del Sena. La Universidad Nacional y la Incubadora de Base Tecnológica de Antioquia, entre otras entidades, seguirán prestando los servicios a las empresas incubadas allí.

Aunque no hay cifras consolidadas sobre la mortandad de empresas en Colombia, el reto es minimizarla frente a las inversiones. Para José Manuel Pérez, presidente de Vanalon, incubadora de empresas de Asturias, España, en ese país la mortandad de empresas en total es del 50%, mientras que en su región en relación con las empresas incubadas es del 27%. "El esfuerzo de incubar empresas y hacer acompañamientos en su desarrollo reduce en 23% esa mortandad".

El modelo, que nació como una sofisticación académica dirigida a los proyectos de base tecnológica, ya tiene incubadoras dirigidas a modelos de agroindustria y biocomercio. Sin embargo, en este contexto, han surgido interrogantes: ¿cuál debe ser el modelo ideal? ¿Deberían consolidarse las incubadoras? ¿Cuál debe ser su papel en la agenda interna de las regiones?



El desarrollo

Para Juan Carlos Botero, director de Incubar Colombia, hay tres grandes épocas de las incubadoras en el país. "La primera, que se dio con los pioneros cuando surgió este movimiento. La segunda etapa, que inició en 2000 con nuevas incubadoras ligadas a grandes ciudades o a centros de desarrollo de conocimiento, como Cúcuta o Manizales. Y una tercera de 2004 hasta hoy, con un nuevo impulso y dinamismo para mostrar que las empresas de conocimiento son fuentes efectivas en la generación de riqueza en el país. Y aunque se buscan rápidos resultados, apenas se están empezando a dar", dice.

No es sorpresa, entonces, que varias de las incubadoras que abrieron camino hoy tengan la delantera. Sin embargo, ese modelo inicial de tener bajo un mismo espacio grupos de empresas con ideas innovadoras y una masa crítica suficiente, lo han complementado con otras ofertas para hacer autosostenible su operación.

Por una parte, la venta de su know how y conocimiento. Así, la Corporación Bucaramanga Emprendedora ha ganado licitaciones del Banco Mundial, por encima de incubadoras de Brasil y Chile, para modelos de emprendimiento en Paraguay; la IEBTA avanza en el desarrollo de programas regionales de la alcaldía de Medellín, la Cámara de Comercio de la ciudad y el departamento de Antioquia, para cultura emprendedora y han llevado asesorías a Honduras, Guatemala y Perú. Por otra, complementan su portafolio y se convierten en asesores de empresas ya constituidas, como el caso de Incubar Caribe o la misma IEBTA.

"Hemos tenido un proceso de evolución, crecimiento y desarrollo del modelo. En este momento, nos debemos considerar como un acelerador empresarial. Aceleramos el proceso de creación de empresas. Si antes nos tardábamos 3 años en sacar empresas, ahora los tiempos se han reducido de 9 a 12 meses, con seguimientos personalizados a las empresas y un fortalecimiento en su programa de preincubación. Antes solo buscábamos la creación de empresas y ahora trabajamos en el fortalecimiento empresarial, donde creamos soluciones a empresas independientes. Así nació, por ejemplo, Intersoftware, dedicada a la internacionalización de las empresas de software de la región", dice Liliana Gallego, directora de IEBTA.

Sin embargo, estas actividades generan controversia. Según el consultor Jaime Acosta, citado en la tesis Valoración del impacto de la Corporación Innovar, de Vinciane Servantie, en 2004, "las incubadoras de empresas en Colombia no han alcanzado los objetivos esperados por lo que solo son uno de los instrumentos de una política nacional y territorial de transformación de un sistema productivo. Es decir, se han confundido medios con fines. Esta confusión ha derivado en tres tendencias de cierto riesgo: una, pedirles que sean autosostenibles cuando ese no es el propósito principal de este instrumento. Para sobrevivir han tenido que duplicar el portafolio de servicios, teniendo que dedicar gran cantidad de su tiempo a la gestión de recursos, distrayéndolas de su razón fundamental: la creación o formación de nuevas empresas. Dos, como no se ha creado una red de semilleros, también han tenido que asumir la responsabilidad de conducir los procesos de preincubación. Y tres, la necesidad de producir resultados cuantitativos ha conducido a que la exigencia de un mayor contenido tecnológico a los proyectos se haya flexibilizado y se apunte ante todo a iniciativas innovadoras menos complejas, que son menos atractivas para inversionistas que quieran asociarse o adquirirlas".

Por su parte, para Darío Montoya, director del Sena, abrirse a participar de estos modelos es importante desde el punto de vista del flujo de fondos. "Creo que es imposible que la incubadora haga un buen papel si ella en sí misma no es una empresa sólida. No puede haber incubadoras débiles tratando de sacar empresas adelante. Si algunas han bajado el impulso en su trabajo principal -el de crear empresas-, hay un problema por resolver", agrega.

Entretanto, las incubadoras avanzan en el desarrollo de sus modelos y en la aplicación de mejoramientos que le permitan subsistir. Por un lado, por ejemplo, ParqueSoft ha evolucionado en su operación y replicado el modelo en el suroccidente del país. Según el informe de la firma Nodriza sobre buenas prácticas de las incubadoras en Colombia, esta incubadora de Cali pasó de un modelo tradicional donde las incubadoras ven al emprendedor como cliente, hacia la visión de tener al emprendedor como asociado y dueño de la incubadora. Además, las actividades cuya operación se puedan tercerizar, se transfieren a empresas de emprendedores para que se las realicen a la incubadora. Por otra parte, incubadoras como Bucaramanga Emprendedora, Incubar Caribe y ParqueSoft avanzan en sus procesos de aseguramiento de calidad y algunas de ellas, como la de Bucaramanga, ya han tenido las primeras auditorías.



¿Consolidarse?

A pesar de estas buenas prácticas, la brecha entre las incubadoras líderes y el resto sigue siendo muy grande y esta situación ha generado una iniciativa: por qué no consolidarlas, es decir, que las líderes asuman la responsabilidad en otras regiones.

Sin embargo, esto no es tan claro. "Estos procesos deben estar apuntando al desarrollo regional y local. Si bien hay incubadoras con desarrollo sostenible, algunas incubadoras están en procesos incipientes y tienen que adquirir un modelo propio, pues para cada región los modelos varían y las regiones son muy diferentes. Las incubadoras tienen que consolidar un modelo muy propio y que apunta a las necesidades de su entorno y constituidas por actores muy comprometidos en su desarrollo", advierte Karina Quintero, directora de Incubar Caribe.

La Incubadora de Apartadó trabaja en un modelo agroindustrial cuya prioridad es el valor agregado al banano y a la pesca. Por su parte, Incubar Futuro de Cali también les apuesta a los sectores agroindustrial, de salud y de biocomercio.

El tiempo avanza y las circunstancias en las que se inició la creación de las incubadoras hace 10 años también están cambiando. Frente a una negociación del TLC y a una agenda interna de cada una de las regiones, las incubadoras, para algunos, deben alcanzar un papel prioritario. Para Jairo Trujillo, de Incubar Huila, el momento que viven las incubadoras es decisivo. "Hoy las regiones han desarrollado un modelo de apuestas productivas y las incubadoras son las llamadas a articular y operar estas apuestas, no desde la perspectiva de empresas, sino desde el punto de vista de clusters y cadenas productivas. Es decir, donde el aporte de las incubadoras sea fundamental para el desarrollo de estas agendas".

Para esta labor no se pueden dejar por fuera otros jugadores, como los centros de desarrollo tecnológico, los parques tecnológicos o los centros de productividad, advierte Álvaro Turriago, subdirector de Innovación, de Colciencias.

"Las incubadoras tienen que trabajar por construir capital social, basado en la confianza que se va dando por la mutua interacción entre empresas y sector productivo y por la diversificación de proyectos rentables que además tienen una alta rentabilidad social y financiera. Ellas tienen que luchar por ser más reconocidas y apreciadas en sus regiones y en sus sectores industriales", puntualiza Turriago.
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