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Si se convierte en delito la conducción en estado de embriaguez, habrá que aumentar la capacidad de la Fiscalía y del sistema carcelario.

| 8/9/2013 9:42:00 AM

La última copa

Además de mayores sanciones penales para los conductores borrachos, hay que aumentar la pedagogía y el control. ¿Cuál es la fórmula?

Los accidentes provocados por conductores borrachos han tomado unas dimensiones que los están convirtiendo en un problema de orden público y económico.

Cifras del Fondo de Prevención Vial (FPV) indican que de las 5.693 víctimas fatales en accidentes de tránsito en 2012, cerca de una tercera parte tienen relación con alcohol, aunque no en todos los casos se hacen pruebas. En lo corrido de 2013 esta irresponsable conducta ya habría generado más de 200 muertes en el país. Además, según el FPV, los accidentes viales le estarían costando al país cerca de 1% del PIB.

Por eso, la discusión que está hoy en la agenda pública –si se castiga con cárcel a los conductores borrachos – debería ser más integral e involucrar a todos los actores de la sociedad, incluyendo empresas y hogares. Si se opta por convertir en delito la conducción en estado de embriaguez, habrá que aumentar la capacidad de la Fiscalía y otras autoridades, así como del sistema carcelario –en una profunda crisis–, pero se corre el gran riesgo de que los cambios queden en el papel. Por tanto, solo penalizar la conducta no será suficiente y hay que acompañar estas medidas con mayor pedagogía y control. “Hay países que tienen consumos más altos de alcohol –en Colombia es de 6,3 litros por persona al año– pero la accidentalidad es mucho menor pues hay una cultura de consumo responsable de licor y las sanciones son más efectivas”, dice Alexandra Rojas, directora del Fondo.

Y es cierto. Para muchos, las penas en Colombia son relativamente altas y comienzan desde la primera copa de alcohol. El problema es que no se cumplen. Una inmovilización del vehículo cuesta cerca de un $1 millón y aunque hoy –si hay muertes– es considerado homicidio culposo –sin intención– existe la posibilidad de decretar dolo eventual y establecer penas de hasta 17 años. Pero los responsables logran generosas rebajas aceptando cargos e indemnizando a las víctimas. Por tanto, se requieren constantes operativos de la Policía y una mejor aplicación de las leyes.

Además, el Estado debería redoblar los esfuerzos en campañas que promuevan el consumo moderado y responsable de bebidas alcohólicas. Esto es, que se aclare cuáles son los límites, pues cerca de 35% de la población que ocasionalmente bebe licor se excede, según un estudio de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Además, es necesario ampliar el espectro del análisis y no centrar el problema en los conductores ebrios sino también hacer referencia a los peatones borrachos que se exponen.

Otras medidas son incentivar más el uso de servicios como ‘el conductor elegido’ que ofrecen las compañías de seguros o regular mejor el servicio de taxis en las noches, brindando mayor seguridad.

También es necesario que las empresas del sector multipliquen sus esfuerzos en relación con sus millonarias ventas para incentivar una mayor cultura. Es más, el sector privado en general podría cumplir un papel más activo en este frente. Por ejemplo, muchas compañías están implementando políticas que van desde incorporar en el contrato laboral cláusulas que les permitan despedir a un trabajador al que le impongan un comparendo por conducir en estado de embriaguez –así sea fuera de horas laborales–, hasta garantizar que en sus fiestas anuales nadie salga a manejar embriagado o, incluso, hacer las fiestas sin alcohol.

La ciudadanía se indigna cada vez que hay casos como los de Fabio Salamanca, pero lo cierto es que la mayoría de los jóvenes empieza su consumo en la familia. Alrededor de 20% de los ciudadanos bebió cuando era menor de edad.

No es casualidad que en los días en que más se ingiere alcohol –los domingos y fechas especiales, como año nuevo o día de la madre–, sean también las fechas más violentas y accidentadas. Por esto, si quiere dar ejemplo a sus hijos, modérese. Recuerde que si solo se dedica a decir “la última”, sea consciente de que en verdad puede serlo.

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