| 7/1/1997 12:00:00 AM

La segunda oportunidad

Canadá se ha convertido en una interesante alternativa para los colombianos que quieren empezar de nuevo en un país con una alta calidad de vida.

Hasta el año pasado, Alvaro Ricaurte era un exitoso ejecutivo en Bogotá. Con 37 años, manejaba la vicepresidencia financiera de Leasing Colmena, y su nombre era conocido en el círculo empresarial. Tenía lo que se espera tener a esa edad. Casa, carro, un cargo alto en una reconocida empresa, relaciones, estabilidad, buenos ingresos... Pero decidió abandonar todo eso para arrancar de ceros. Empacó sus maletas, vendió sus propiedades, juntó a su familia y se fue a Canadá a rehacer su vida.



¿Por qué lo hizo? "Desde hace cuatro o cinco años vine de visita a Canadá y me pareció un país increíble por su seguridad, pujanza, la mezcla entre lo europeo y lo americano, y decidí que mis hijos tenían que conocer una faceta en la que prime la calidad de vida".



Al poco tiempo de llegar de su viaje aplicó informalmente a una visa en calidad de inmigrante, pero en esa oportunidad no se arriesgó a viajar. La decisión definitiva la tomó a mediados de 1996. Sacó visa de inmigrante categoría profesional, y viajó con su esposa y sus tres hijos a Vancouver el pasado 14 de febrero.



Aunque Ricaurte optó por una visa profesional, su intención es montar una empresa importadora de flores procedentes de Colombia y Ecuador, para comercializarlas en Canadá y Estados Unidos, principalmente alrededor de Vancouver, Seattle y Portland.



"Hacer empresa aquí es sencillo porque se parte de la buena fe. No se necesita constituir una empresa para empezar, basta con hacer un acuerdo de asociación. Yo hice mi partnership con mi esposa". Según explica Ricaurte, el problema logístico de conformación de la sociedad se resuelve en una forma muy rápida y se hace en un solo sitio. Lo difícil es encontrar el mercado y saber cómo llevarlo a cabo.



Precisamente, eso es lo que ha hecho Ricaurte en los cuatro meses que lleva en Vancouver. Armar su red de clientes. ¿De qué vive? "De mis ahorros". Y es que uno de los requisitos que impone el gobierno de Canadá para otorgar la visa de profesionales, es que el solicitante lleve como mínimo US$10.000 para sostenerse mientras consigue puesto.



Aunque no ha podido poner a marchar su negocio, Ricaurte considera que sus expectativas se han cumplido. "Aquí tengo tranquilidad. Uno no se preocupa por nada, porque la ciudad es muy segura. Vivo con el 50% menos de lo que vivía en Bogotá. Recibo educación gratuita para mis hijos en escuelas de excelente nivel y tengo subsidio médico para toda la familia. Eso sí, el nivel impositivo es muy alto".



Esto no quiere decir que sea fácil establecerse en Canadá. De lo primero que se debe tomar conciencia es de volver a empezar a escalar posiciones, empezando muchas veces desde niveles inferiores a los alcanzados en Colombia.



En el caso de los profesionales, la mayoría de las empresas exige experiencia canadiense para otorgar un puesto. Y esto se convierte en un círculo vicioso, porque sin experiencia nadie contrata, y ésta no se puede conseguir porque no dan trabajo.



Esta situación lleva a que se tenga que sacrificar ingreso e inclusive a tener que trabajar en profesiones distintas a la propia, para poder llenar este requisito. "Y si uno no está consciente de eso, se frustra".Los que tienen ventaja son los profesionales de carreras que tienen gran demanda en Canadá como ingenieros, programadores de computador, analistas de sistemas, terapistas ocupacionales y fisioterapistas. O los que tienen carreras muy especializadas.



De este último punto da razón Juan Camilo Samper, uno de los veterinarios más cotizados de la provincia de British Columbia y en general, de Canadá. Samper hizo un doctorado en reproducción animal en Estados Unidos y cuando terminó fue llamado para dar clases en una universidad en Ontario. En 1994 le ofrecieron un trabajo como veterinario en British Columbia y un año después se independizó. Está dedicado a trabajar en reproducción de caballos. Samper no se acogió al programa de inmigrantes, porque estaba en Estados Unidos cuando lo llamaron a trabajar en Canadá. Pero es un ejemplo de que con empeño y con los conocimientos adecuados, se puede llegar lejos en ese país. "Yo tengo una ventaja porque mi campo es muy especializado y tengo bastante demanda. Es diferente para administradores de empresas o economistas que tienen que competir con gente de similar entrenamiento", señaló. A pesar de la preparación de Samper, en su momento se tuvo que someter a todas las pruebas que se le exigen a médicos, enfermeros, dentistas, abogados... "Se tienen que diligenciar licencias y presentar exámenes para poder trabajar. Eso se vuelve casi como hacer la carrera otra vez".



El programa



La emigración "masiva" de colom- bianos a Canadá es reciente y, a juzgar por las solicitudes, va en aumento. Tradicionalmente, emigraban 250 familias al año, pero en 1996 esta cifra aumentó a 500, explicó el primer secretario de la embajada de Canadá, John Jonk. El interés que ha despertado este país se debe, entre otros factores, a que tiene una política de inmigración muy organizada. El gobierno canadiense tiene un sistema de visas que busca atraer a personas que contribuyan al desarrollo del país.



Las principales categorías de visa son para profesionales, empresarios e inversionistas. En general, todas tienen los mismos requisitos. La de profesional le da derecho a trabajar en Canadá.



La de empresario lo compromete a crear una compañía y a generar como mínimo un puesto de trabajo (no vale emplear al cónyuge). La de inversionista implica invertir una suma determinada en un fondo de inversión del gobierno, y no retirarla en cinco años.



Los aspirantes a las categorías de independientes deben demostrar que tienen como mínimo US$10.000 para vivir en Canadá, mientras que al empresario y al inversionista se les exige un capital neto propio por lo menos de US$350.000, y, en el caso del inversionista, efectuar una inversión mínima que oscila entre US$175.000 y US$350.000, dependiendo de la provincia donde se quiera establecer. Además, existen unos costos que se deben asumir, como el pago de US$375 para procesar la solicitud de residencia, y de US$725 para obtener el derecho a establecerse en el país como inmigrante. La única suma reembolsable en caso de que no se le conceda la visa es la de los derechos.



El proceso entre la presentación de los papeles y la aceptación de la visa dura unos siete meses, pero si se incluye el período para tomar la decisión el tiempo es mayor. León Teicher, presidente saliente de Unisys Colombia, duró 18 meses desde que empezó a madurar la idea de independizarse y montar una empresa en Vancouver, hasta que obtuvo la visa para él y su familia.



El considera que el proceso de selección es muy claro y que no se necesitan abogados para hacer los trámites. "La embajada es muy clara y eficiente en todo el proceso".



Además, el gobierno canadiense es muy organizado y cada provincia cuenta con entidades que apoyan con información a los inmigrantes. La mayor ayuda se concede a los empresarios, por la preponderancia que se le da a la generación de empleo.

La oficina de inmigración empresarial de British Columbia, por ejemplo, ayuda a establecer a los nuevos inmigrantes, y les suministra información sobre cómo constituir una empresa, cuáles son los sectores económicos de mayor movimiento, proporciona estadísticas de todo tipo e incluso puede llegar a presentarle empresas o personas interesadas en establecer una sociedad. Según Mark Cogan, responsable de esta oficina para América Latina, la inmigracion de colombianos a esa provincia es relativamente reciente, pero ya hay entre 25 y 30 personas en vías de constitución de su empresa.



British Columbia tiene el clima más benévolo del país. Su capital, Victoria, es considerada la ciudad más segura del mundo, mientras que a Vancouver la catalogan como la capital del siglo XXI, por su clara vocación a la cuenca del Pacífico. Ontario, por su parte, tiene el Ministerio de Desarrollo Económico, Comercio y Turismo, al cual el inmigrante puede acudir por ayuda. Proveen información sobre oportunidades de inversión y de negocios, servicios de localización de empresas y estadísticas de otras agencias del gobierno, entre otros. "Somos consultores sobre procedimientos de emigración y sobre cómo hacer negocios en Ontario", explicó Chantal Ramsey. Ontario aporta el 40% del Producto Interno Bruto de Canadá, es la provincia más grande del país y concentra el 38% de la población. Otra provincia que atrae a los colombianos es la francoparlante Québec, donde sobresalen ciudades como Montreal, considerada como uno de los principales centros industriales y financieros; y Ville de Québec, capital de la provincia, que fue nombrada patrimonio histórico de la humanidad por la Unesco en 1985.



La ayuda para los inmigrantes no se agota en las entidades estatales. Colombia tiene una embajada en Ottawa, consulados generales en Montreal y Toronto y consulados honorarios en Vancouver y Calgary. Un consulado muy activo es el de British Columbia, donde William Bush atiende personalmente a los colombianos y les da una guía sobre temas tan disímiles como en qué colegios matricular a sus hijos o cómo llenar una hoja de vida. "Por el momento tengo 200 estudiantes de inglés y entre 30 y 35 inmigrantes", explicó el cónsul.



La gran ventaja que tiene Canadá frente a otros destinos es que no sólo es un país con una alta calidad de vida, sino que tiene una larga tradición de inmigrantes, lo que hace que los extranjeros se sientan como en su casa.



De ahí que muchos quieran conseguir una segunda oportunidad en su territorio.
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