| 9/1/1994 12:00:00 AM

La rentabilidad nacional

El tema de la competitividad de nuestras exportaciones ha vuelto a ponerse en el primer plano de la agenda empresarial de los últimos meses.

En índice de la tasa de cambio real -un indicador de esa competitividad- se situó a finales de junio en 90,6, casi 10 puntos por debajo del nivel de equilibrio alcanzado en 1986. Por primera vez, desde que se inició la discusión a mediados del año pasado, los estimativos de Analdex y la junta del Banco de la República coinciden en señalar, aunque con distinto grado de preocupación, el fenómeno de la reevaluación.

Esta situación plantea un doble reto al nuevo gobierno. En primer lugar, la obligación de encontrar fórmulas de transición para enfrentar la disminución de los niveles de rentabilidad y pérdida neta a que están enfrentados los sectores más sensibles de la actividad exportadora y, especialmente, aquellos más vulnerables a la tasa de cambio en el sector industrial; y en segundo lugar, le exige tomar atenta nota de la evidencia internacional. Según el Banco Mundial, los países más exitosos en estos procesos de apertura e integración son aquellos que han logrado mantener niveles adecuados y estables de la tasa de cambio real. Los demás han tenido que revisar e incluso reversar sus procesos.

Es claro que si el país quiere afrontar con éxito los nuevos escenarios de apertura e integración, el Estado y los empresarios deberán ponerse de acuerdo en torno a estrategias competitivas que vayan más allá de la tasa de cambio. Este es, a nuestro juicio, el aporte más valioso de los Estudios de Competitividad de la Economía Colombiana, elaborados por la firma Monitor. Si bien algunos observadores han sido duros críticos de la generalidad de sus planteamientos, el estudio acierta en la importancia que otorga a los aspectos macroeconómicos, frecuentemente menos preciados por los analistas de nuestro desarrollo en el pasado reciente.

Al Estado le corresponde un papel decisivo para crear un entorno competitivo, a través de su nuevo rol facilitador en aspectos fundamentales como la infraestructura, el desarrollo tecnológico, el entrenamiento de la fuerza laboral y, desde luego, a través de una política macroeconómica estable, que vigile los movimientos de la tasa de cambio real. Pero la base de la competitividad se encuentra en la empresa y a ella corresponde "enfocarse en temas considerados esenciales... como el entendimiento de los clientes, el manejo de los costos y la anticipación de las estrategias de la competencia".

En la entrega de las conclusiones de tan mencionado estudio, Michael Fairbanks destacó al nuestro como un país de paradojas, porque siendo una nación rica en recursos naturales, con abundante sol, mano de obra barata y localización estratégica, a largo plazo la abundancia se convirtió en un grave obstáculo para su desarrollo. Colombia se confió en las "bendiciones" de la naturaleza y no se preocupó por aprender a satisfacer clientes exigentes fuera del país que son, precisamente, aquellos que le permitirán a sus empresas absorber los costos que conlleva la reevaluación.



Pero hay, más. La apertura de las fronteras nacionales y la globalización de la economía, ha hecho coincidir una nueva dinámica de los flujos comerciales con un creciente interés por la atracción de capitales extranjeros. Las naciones que se embarcan en acuerdos multilaterales o zonas de libre comercio, se ocupan, ahora más que nunca, de calcular la rentabilidad de sus ciudades para competir por la localización productiva. Factores como el transporte interno e internacional, el precio de la mano de obra, el alquiler de las bodegas, los costos de energía y telecomunicaciones, son ahora analizados por México, con el fin de determinar qué tan rentable es frente a República Dominicana, Corea, China o Taiwan para desempeñarse con éxito en el marco de NAFTA.

Colombia sólo recientemente se ha ocupado de una exploración en este sentido. La creación de cinco zonas francas privadas y la firma de acuerdos de integración de los cuales hoy participa el país, han dado paso al interés por conocer la real capacidad de nuestras ciudades para garantizar una localización competitiva a los empresarios nacionales e internacionales.

Un trabajo realizado por la firma Araujo Ibarra y Asociados para el Ministerio de Comercio Exterior, con el sugestivo nombre de Atpacost, y que en próximos días podrá ser consultado por los empresarios en Proexport, permite, mediante un sencillo programa de computador, comparar 101 factores de costo organizados en ocho grupos, entre cinco ciudades colombianas -Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Cartagena y 23 ciudades de 9 países del mundo.

Este tipo de análisis representa un avance significativo en el proceso de identificar las fortalezas y debilidades que presentan nuestras ciudades, como plataformas para el aprovechamiento óptimo de las oportunidades concedidas en la Ley de Preferencias Andinas, ATPA. Pero además, será una herramienta complementaria cíe los estudios contratados por varias ciudades colombianas, para "aterrizar" las estrategias de Monitor a nivel regional, que es, en esencia, donde se juega el día a día de la competitividad.

Así por ejemplo, en las gráficas ilustradas se observa cómo los costos de adquisición de una bodega en zona franca o parque industrial en cualquiera de las ciudades colombianas resultan más competitivos que en Tokio, Munich y Toronto, aunque sólo ligeramente si se compara con Ciudad de México.

Otro indicador de rentabilidad que resulta interésante evaluar es el del transporte aéreo. Aunque no parezca evidente, Ciudad de México se encuentra a una distancia similar de Miami (1.285 millas), a la de la mayoría de las ciudades colombianas. Cali, por ejemplo, se encuentra a 1.563 millas. Sin embargo, el flete por vía aérea, en promedio, es inferior desde cualquiera de nuestras ciudades. Este es un importante factor de costo que bien puede ser utilizado para promover, por ejemplo, la localización de capitales taiwaneses o coreanos en nuestras ciudades.

De otra parte, al comparar los costos de los servicios de telecomunicaciones, brindados por empresas del sector privado, se observa que la tarifa promedio por

minuto en las ciudades colombianas es superior a la que se cobra en Ciudad de México. Es probable que, en la medida en que los operadores de la telefonía celular en nuestro país logren aumentar sus coberturas, el costo de este servicio empezará a disminuir. Pero, por el momento, este es un factor de rentabilidad que

pesa en beneficio de los mexicanos.

Finalmente, el Atpacost también permite evaluar los costos comparativos en materia de remuneración al trabajo. Así por ejemplo, en el sector de las confecciones, el salario promedio de un operario calificado en las ciudades colombianas es inferior al pagado en Ciudad de México y en otras ciudades de países desarrollados. No obstante, es evidente que ciudades como Guayaquil y Maracaibo han venido garuando competitividad gracias a la menor remuneración de sus operarios.

De esta manera, el programa, además de ser un buen ejercicio para calcular la rentabilidad de nuestras ciudades, alerta sobre los riesgos que se asumen cuando la competitividad se sustenta, exclusivamente, en políticas de bajo costo. De ahí la importancia que adquiere la adopción, por parte de nuestros empresarios, de estrategias competitivas basadas en la diferenciación y desarrollo de nuevos productos con destino a los mercados más sofisticados. Esta es una de las condiciones para que los empresarios colombianos puedan consolidar ventajas dinámicas y sostenibles en el largo plazo, que vayan más allá de la tasa de cambio.
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