| 2/1/1994 12:00:00 AM

La puja por el celular sigue viva

Todavía falta mucho por pasar en el mundo de la telefonía celular.

Quienes pensaron que la emoción y el encanto del negocio de la telefonía celular se habían acabado el pasado 22 de enero, cuando se realizó la audiencia pública de adjudicación de la banda B a las sociedades privadas, se quedaron cortos. Los elevados precios ofrecidos por la explotación del negocio y las alianzas empresariales que empezaron a darse para la concesión de la banda A a compañías mixtas, que se realizará el próximo 17 de febrero, devolvieron la sazón al asunto. Los ganadores de la banda B en las tres regiones del país se pusieron manos a la obra para comenzar a prestar el servicio a partir de junio próximo. El Grupo Santo Domingo con sus compañías Celumóvil y Celumóvil de la Costa, con el respaldo operativo y técnico de la multinacional más grande en el mundo de las telecomunicaciones, AT&T (dueña del operador McCaw Cellular Communications, Inc.), y la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, con las Telefónicas de España y Chile, serán huesos duros de roer para quien quiera entrar en la competencia.

Además del poderío económico y técnico que significan las alianzas de los ganadores, el precio dado por ellos para atender el servicio dejó a muchos sin aire durante la audiencia pública de la banda B. Porque los US$455 millones (casi $370.000 millones) que entregará Celumóvil por las zonas oriental y norte del país, y los US$160 millones (casi $130.000 millones) de Cocelco por la zona occidental, rompieron los cálculos más conservadores de los competidores mixtos que entrarán en escena en cosa de días.

Tan nerviosos se pusieron los oponentes de la banda A, que algunos amenazaron con renunciar y muchos dimes y diretes se entretejieron sobre la casi imposibilidad de competir contra sumas tan altas (hay que recordar que las empresas mixtas que quieran entrar deben ofrecer al menos el 95% de lo que dieron los nuevos dueños de la banda B). Muchos de los representantes de las telefónicas locales que son accionistas mayoritarios en las compañías que competirán por la banda A, advirtieron, aunque no públicamente, que el servicio de telefonía celular había quedado totalmente privatizado.

Sin embargo, con el paso de las horas y con la sangre menos caliente, volvieron a echar números, oyeron propuestas de algunos de los perdedores de la banda B, quienes conservan la esperanza de entrar a repartirse algo de la tajada de uno de los negocios más rentables en el futuro, y anunciaron con bombos y platillos que estaban dispuestos a dar la lucha. Ese es el caso, por ejemplo, de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y el posible retiro de la Bell de Canadá de la asociación. Sólo el rumor de la renuncia hizo que le llovieran socios a la ETB, y en las últimas horas la composición accionaria de la alianza habría cambiado en forma radical. Esa situación incluso favorecería la consecución del dinero suficiente para no dar el brazo a torcer ante las. empresas privadas.

Por eso todavía hay cosas como para alquilar balcón. Y es que en el fondo de todo el asunto, la sobrevivencia de los competidores mixtos es la que puede inclinar la balanza, aunque sea un poco, para favorecer a los consumidores que podrían recibir mejor trato en un mercado abierto. Así una competencia con menores precios y tarifas, y los ganchos de servicios complementarios, pueden decidir el futuro de la repartición del ponqué nacional celular. Y como las noticias sobre telefonía celular se han centrado en la puja entre operadores y conglomerados por hacerse al servicio, DINERO se dio a la tarea de averiguar cómo le irá al suscriptor.

Lo cierto es que hasta ahora no hay nada totalmente definido sobre el costo de la conexión y el teléfono, tarifas de uso y demás asuntos que tienen que ver con el consumidor. Sin embargo, una consulta con fuentes allegadas a las empresas que quedaron con el negocio permite concluir que los costos básicos y los accesorios del servicio estarían sobre los siguientes parámetros: cada usuario deberá considerar cuatro componentes para optar por el servicio de telefonía celular: la conexión, el costo fijo mensual, la cuenta por uso del servicio (y de sus modalidades de consumo) y el costo del terminal móvil (o simplemente teléfono).

El derecho de servicio o conexión, según los costos del área latinoamericana y los de Estados Unidos, puede variar entre US$500 y US$ 1.000. Se prevé que en Colombia, inicialmente la suscripción podrá estar entre $750.000 y $800.000. La tarifa básica mensual está en el área entre US$20 y US$50, y en Colombia este cargo será de $25.000. El costo por uso del servicio cada minuto se encuentra entre US$0.20 y US$0.50, acercándose más a la última cifra. En Colombia el consumo en las horas pico costará US$0.40 minuto (unos $330) y en la noche y fines de semana y feriados US$0.27 minuto ($225). Se estima que mensualmente el recibo promedio de cada suscriptor será de $185.000.

Mientras, en lo que tiene que ver con el aparato o terminal móvil los valores dependen del tipo de teléfono, funciones o accesorios que se requieran (van desde US$200 a US$1.500). En Colombia se iniciará con el sistema analógico y en tres años empezará a convertirse en digital (tendencia mundial que permite usar más teléfonos por celda del sistema y evita saturación de llamadas y logra menores costos). Un teléfono análogo vale entre US$200 y VS$600, mientras uno dual, es decir que incluye los sistemas analógico y digital, está entre US$700 y US$1.500 (estos últimos bajarán sensiblemente en los próximos cinco meses y se acercarán al costo actual de uno análogo). En el cuadro se pueden ver las ofertas del mercado de la región.

Hay tres tipos de aparatos en el mercado: los portátiles, que son pequeños y livianos. Los transportables, que van en el automóvil, y son más incómodos en el uso. Y los móviles, sólo para el carro o la finca, más grandes y consumen más energía. En el caso de la elección de los aparatos telefónicos y sus aditamentos, operará en Colombia un mercado libre, en el cual el consumidor podrá decidir entre las ofertas que haya en el mercado. Los fabricantes deberán pedir al Ministerio de Comunicaciones que homologue sus aparatos celulares bajo las directrices americanas conocidas como AMPS, para que reúnan unos requisitos mínimos de calidad y compatibilidad con el sistema usado en Colombia.

La comercialización se hará en forma independiente de los operadores. Se podrá comprar en cualquier almacén o traerlo del exterior. Sin embargo puede haber la posibilidad de que alguno de los operadores, con el fin de cautivar más consumidores de su servicio, regale como gancho el aparato celular, y lo incluya en los costos de derecho de conexión al servicio o tarifas. Actualmente tres compañías ofrecen aparatos celulares duales, es decir que conjugan los dos sistemas, pero a mediados del año 12 o 14 compañías internacionales sacarán al mercado teléfonos que incluyen el servicio análogo y digital al mismo tiempo. "El digital tiene mayores posibilidades de servicio, pero la calidad de las llamadas es igual en el análogo", advierte el ingeniero Juan Rodríguez, de la división celular de la Ericsson.

Un celular no difiere mucho del teléfono fijo normal que usan los colombianos. Sin embargo, además de la gran ventaja que representa el poder llevarlo consigo, puede llegar a prestar muchas más facilidades. Los aparatos tienen teclado numérico. Pueden dejar el mensaje de la causa de la no entrada de la llamada. El servicio puede incluir el buzón electrónico (especie de contestador automático), por medio del cual el usuario que no puede atender llamadas por un tiempo hace que éstas queden en la central telefónica. Entre otras funciones puede remarcar el último número, tiene entre 99 y 250 memorias para almacenar números telefónicos (incluso pueden salir en la minipantalla o display del aparato con una referencia, estilo agenda electrónica).

Cada teléfono dispone de un número de serial que queda registrado en la central con el número asignado al usuario, lo que evita que puedan realizarse fraudes con teléfonos olvidados, robados o sin uso. Puede programarse la banda en la que se va a usar, A o B. Pueden conectarse dos líneas al mismo aparato. Tiene funciones de beeper, para dejar mensajes en el display. Con el teclado puede marcarse una clave de acceso, sin la cual no pueden hacerse llamadas desde el aparato. En la terminal telefónica puede activarse un código secreto, que debe conocerse para realizar llamadas internacionales. Puede pedirse un registro acumulado de las llamadas hechas y los minutos utilizados. Incluso puede anunciarse a la central operadora que el teléfono sólo pueda usarse hasta cierto tope de marcaciones o costo, en determinados períodos de tiempo.

Pueden realizarse conferencias de hasta tres personas al mismo tiempo. Puede dejar una llamada en espera estilo conmutador, programar transferencias de llamadas a otro teléfono (sistema conocido como el sígueme) según el cual llamadas hechas en determinado tiempo al celular, por ejemplo la noche, se trasladarán al teléfono de la casa del propietario que deja su celular en la compañía o el auto. También se dispone de la conocida "llamada maliciosa" en la cual es posible dar orden anticipada a la central para que registre el número de teléfono de quien hizo alguna llamada. Puede traer el Telepack, que da la posibilidad de conectar un fax, un modem o un computador personal.

Es tan sofisticado el mercado de accesorios, que éstos bien pueden costar más que el aparato mismo. La tecnología es ya tan alta que puede hacerse un teléfono del tamaño de una tarjeta de crédito, pero sería inoperable desde el punto de vista anatómico (distancia entre el oído y la boca). Por eso el precio del aparato no sólo es el que cuenta, sino que a la hora de comprar uno deben tenerse en cuenta opciones y servicios casi que obligatorios como el famoso "kit manos libres", que permite usar el teléfono mientras se conduce el auto, o el cargador de baterías, sin el cual no hay celular que valga. En fin, el cuento de la telefonía celular aún sigue vivo y coleando, y todavía queda mucho por pasar.
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