| 4/16/2004 12:00:00 AM

La próxima revolución comercial

Los sistemas de identificación por radiofrecuencia (RFID) cambiarán en pocos años la forma en que se llevan los inventarios y se controla la logística empresarial. También podría hacer desaparecer las filas en las cajas registradoras.

La promesa es demasiado atractiva. Con los equipos de identificación por radiofrecuencia, los industriales pueden hacer inventario en su bodega, en las bodegas y en las góndolas de sus clientes de manera instantánea, sin moverse del escritorio. Pero también pueden seguir cada producto individual en la cadena de producción, o establecer descuentos y ofertas personalizadas a los consumidores mientras ellos compran en el punto de venta. Además, podrían reducir las filas de las cajas registradoras, porque un lector identifica todos los productos que hay en el carrito de mercado del comprador y genera una factura, sin tener que sacarlos para pasarlos por un lector de código de barras.

La tecnología de los chips de radiofrecuencia lleva más de 50 años en el mercado, pero su aplicación comercial apenas está empezando. La cadena de almacenes estadounidense WalMart y sus proveedores están muy cerca de utilizarlos en las cajas y las estibas de todos sus despachos, y con ello provocarían su masificación y la caída en los precios de los equipos, que se traducirá una revolución en la logística.



En qué consiste

Para que la tecnología de identificación por radiofrecuencia (RFID por su sigla en inglés) funcione, a cada producto se le adhiere una etiqueta con un chip que contiene información para identificarlo: el tipo de bien, el número de serie y fechas de expiración, entre otros.

Los lectores ubicados en diferentes etapas del proceso de fabricación y venta, emiten señales que son 'respondidas' por cada chip. De esa forma, un lector ubicado en una bodega puede determinar la cantidad y la ubicación exacta de cada producto dentro del local. El reporte de la comunicación entre el lector y cada chip se lleva a un computador, que puede generar informes o actuar de forma automática, por ejemplo, haciendo pedidos para reemplazar el inventario.

Las aplicaciones saltan a la vista. Hasta ahora, los comerciantes se enteran de la salida de un producto cuando pasa por las cajas electrónicas, que descargan el artículo del inventario, señala Gustavo Arbeláez, de Bavaria. Con RFID, los computadores del almacén sabrían cuándo un producto se retira de los estantes y generarían una orden para reemplazarlo en ese momento. Así, se podría tener una menor cantidad de artículos en las góndolas y quizás una mayor variedad para ofrecer.

Los chips pueden ser programados para que registren otras condiciones del ambiente, como la humedad, el contacto con agua o la temperatura. Así como lo hicieron compañías de teléfonos celulares en México, señala Arbeláez, se puede controlar si un aparato se mojó, con lo cual no opera la garantía. También se puede saber el estado de los productos congelados o bienes perecederos que necesitan un control muy elevado.

El problema para adoptar esta tecnología es el precio. Un chip vale entre US$0,40 y US$0,50 y algunos alcanzan los US$2. El mercado espera que con la entrada de WalMart, los precios se reduzcan a US$0,05, en los adhesivos para aplicaciones básicas.

No obstante, hay formas de abaratar el uso de la actual tecnología. Se pueden instalar chips de US$1 o más caros cuando se le pegan a un artículo al inicio de una línea de producción y se retiran al final para ser reutilizados. Con eso se gana el control a lo largo de la cadena, a costos cada vez menores.



En qué vamos

En Colombia, la RFID está ganando adeptos, incluso sin haber completado los estándares para su uso. El Instituto Colombiano de Codificación y Automatización Comercial (IAC) avanza en la definición de los códigos -electronic product code, ePC-, de la misma forma que lo hizo con los códigos de barras.

Para pulir los estándares, un grupo de empresas trabaja con la IAC desde hace algún tiempo. Firmas industriales como Bavaria, Estra, Gillette, Procter & Gamble y comerciales como Olímpica, Éxito y Colsubsidio.

Algunas avanzan más rápido y ya tienen proyectos piloto para ensayar la tecnología y mejorar su capacidad de adaptación cuando se deba utilizar plenamente. La cervecera Bavaria y su proveedor de canastillas y estibas plásticas Industrias Estra, por ejemplo, tienen un proyecto conjunto para implantar chips y evaluar su comportamiento. Todavía no han hecho cálculos de costos. Están en la fase de evaluar los equipos y comparar los chips regrabables contra los que tienen información fija, y determinar la mejor frecuencia para evitar interferencias de líquidos o metales.

En otros lugares, ya hay reportes de los beneficios que se pueden conseguir con RFID. La consultora AT Kearney sostiene que se pueden rebajar los costos por la reducción del inventario (con ahorros de 5%), disminución en costos de mano de obra en las bodegas (7,5% de ahorro) y recorte en la probabilidad de quedar sin mercancía en las góndolas. Lo que se ahorra, dicen, es suficiente para cubrir el costo de implantación de la tecnología, que estiman en US$400.000 por cada centro de distribución, US$100.000 para cada almacén, además de US$35 millones para el sistema central y US$0,05 por cada etiqueta.

Como el código de barras hace algunos años, el estándar para RFID en poco tiempo se convertirá en el sistema de identificación más importante del mundo. En el país, algunos se están preparando para ese futuro inexorable.
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