| 8/1/2008 12:00:00 AM

La nueva acupuntura urbana

Bogotá tiene en su portafolio 21 proyectos de renovación urbana, la gran mayoría de iniciativa privada, que ascenderían a $8 billones.

En 2006, la constructora paisa Coninsa Ramón H. le apostó al negocio de la renovación y recuperación de inmuebles. Llegó a Bogotá y recuperó el tradicional Hotel Continental del centro de la ciudad. En noviembre de ese año salió a ventas y antes de finalizar el año ya tenía vendido el 75% del proyecto, cuya inversión ascendió a $30.000 millones.

"Este fue el proyecto piloto de recuperación de un inmueble icono de la zona. En febrero de 2009 entregaremos los primeros locales y entre abril y mayo, los apartamentos", señala Mayerly Cavanzo, directora comercial de la firma.

El interés por la renovación urbana no es exclusivo de las constructoras y es una de las prioridades de la administración distrital para potenciar áreas que permitan el desarrollo económico y social.

La Secretaría de Planeación Distrital identificó 21 proyectos de renovación urbana, en su mayoría de iniciativa privada, que buscan fomentar las zonas y corresponden a 517 hectáreas e involucran a 4.488 predios en toda la ciudad, bajo el modelo de planes parciales de renovación. La idea es profundizar en este modelo para darle nuevos usos a los suelos y facilitar el desarrollo de negocios o proyectos sociales. Según cálculos de algunos analistas, la inversión estimada para estos proyectos ascendería a cerca de $8 billones, que en su gran mayoría provendrían del sector privado. "Le apostamos a generar pequeños proyectos que activen y permitan acelerar desarrollos zonales y dinamicen la actividad económica", explica Óscar Molina, secretario de Planeación de Bogotá.

Listos para renovar

Dentro de los proyectos, en su mayoría para vivienda, comercio y oficinas, sobresalen los del centro de la ciudad, como el triángulo de Fenicia, La Alameda, un proyecto alrededor del Cementerio Central para crear un cluster funerario y armonizar los comercios de Plaza España y San Victorino. Otro proyecto que está sobre la mesa es el de Ciudad Salud, al sur de la ciudad y de iniciativa pública, con el que se pretende unir siete centros hospitalarios que están hoy en esa zona y crear un cluster de salud. Este modelo también lo pretende desarrollar la Clínica del Country, al norte de Bogotá. Potenciar la calle 13 y la Estación de la Sabana, que sería un eje para el tren de cercanías y el desarrollo del metro, es otra de las prioridades.

"El plan que formulamos está en una zona de unos 28.000 m2 para vivienda -incluso VIS-, comercio y otros usos como la posibilidad de montar un hotel, dada la cercanía con la Estación de la Sabana. Es un proyecto que en costos y obligaciones puede llegar a $490.000 millones y las ventas podrían ser de $700.000 millones", explica Juan Carlos Bohórquez, arquitecto que lidera el proyecto de La Sabana-El Listón. En este caso, propietarios de lotes están contratando los estudios para desarrollar esta zona. "En el instrumento de renovación, la materia prima es el suelo y, como la ciudad tiene limitaciones, el de las zonas céntricas adquiere mayor importancia y valor, que podrían multiplicarse más que la rentabilidad de otros proyectos", explica Bohórquez.

Por su parte, Claudia Velandia, directora de planeación de la Universidad de los Andes, que participa en el proyecto del triángulo de Fenicia, explica que el plan pretende devolverle al centro vida permanente, pues depende en gran parte de los semestres académicos. "El proyecto trata de darle una vida distinta al centro, además de la universitaria, atrayendo vivienda, comercio y consolidando una actividad cultural y turística", dice Velandia.

La estrategia busca motivar a los privados a que sean los promotores y no repetir la experiencia del parque del Tercer Milenio que tuvo una inversión gigantesca del Distrito, pero esta no fue suficiente para dinamizar la zona y solo ahora empiezan a cristalizarse los proyectos de San Victorino y el de Ciudad Salud que bordean el parque.

Los retos

Pero no todo es tan fácil. Por un lado, se trata de un modelo -el de los planes parciales de renovación urbana- que antes no había sido prioritario. Esto genera dificultades a la hora de formular los proyectos y de adecuarlos con la norma y las necesidades de la ciudad y los promotores. Como menciona Velandia, de la Universidad de los Andes, el reto es lograr un buen matrimonio público y privado, "donde el privado ponga los estudios técnicos y la generación de un proyecto urbanístico de altas especificaciones, y el público agilice trámites y gestión porque, si se demora, estos proyectos pierden oportunidad en el mercado", dice Velandia.

Por otro lado, el tiempo es una variable que juega en contra. Desde la Empresa de Renovación Urbana, ERU, hace más de tres años, se vienen estructurando planes de recuperación, como el de San Victorino, pero hasta ahora se están dando. "La ERU apenas fue capitalizada con $14.000 millones hace unos meses; sin embargo, esa cifra no es suficiente para poder invertir. Se requeriría, al menos, diez veces esta cantidad para intervenir más eficientemente algunas zonas", dice un funcionario distrital. De hecho, en San Victorino, la ERU viene desarrollando un centro comercial que motivó a los comerciantes del lugar a desarrollar otro para atender la alta demanda de la zona.

Otro factor, que podría jugar en contra hacia el futuro, es que como aún no se conocen los trazados del tren de cercanías ni del metro, más adelante podrían darse complicaciones de cara a la armonización de estos proyectos y su desarrollo, con la planeación de estas megaobras.

Y, finalmente, como dice el arquitecto Bohórquez, hay desinformación en los habitantes y la comunidad de los sectores porque no todos conocen los planes parciales. "Uno de los retos es llegar a la gente y a los propietarios y hacerles entender que tienen una oportunidad, pues son los actores principales. En la medida en que se incluyan los moradores, la viabilidad del instrumento se hace más expedita", señala.
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