| 11/28/2013 1:00:00 AM

El vaso medio lleno

Ante el sorprendente resultado de crecimiento en el segundo trimestre, aumenta el optimismo para el cierre de 2013. La industria es aún la gran preocupación. 

En agosto pasado, en medio de la crisis generada por los paros, las expectativas sobre el comportamiento de la economía eran negativas. Sin embargo, superadas las protestas y luego de conocerse el resultado de la economía en el segundo trimestre (4,2%, una cifra que sorprendió al país), el optimismo empezó a crecer.

El Banco de la República replanteó su proyección entre 3,5% y 4,5%, algunos analistas subieron las expectativas a 4% o más y el Gobierno ratificó su meta de 4,5%.

Muchos sectores jalonaron ese crecimiento. Agro, servicios sociales y electricidad, gas y agua, han estado en el primer semestre por encima de lo registrado el año anterior en el mismo periodo, al tiempo que la construcción mantiene su ritmo.

“Sin duda, la construcción viene impulsando la economía del país y va a tener unos impactos significativos al cierre del año. El programa de las 100.000 viviendas gratis y los complementarios en subsidios a la tasa, aprovechando la capacidad de ahorro, dinamizan esta cadena, que llamamos de mejoramiento y mantenimiento del hogar, y cuyo valor asciende a US$12.000 millones”, señala Santiago Piedrahita, presidente del Grupo Mundial –al que pertenece Pintuco–.

La infraestructura también da señales interesantes, pero las más importantes se verán a partir del año entrante cuando se empiecen a firmar los contratos de la cuarta generación (4G) de concesiones que valen cerca de $47 billones y que le permitirán al país mover la aguja del PIB. Los cálculos del Gobierno establecen que entre 2015 y 2020 este programa puede significar un punto porcentual anual en el PIB, al que se suma un efecto multiplicador de 50% porque impulsa toda la cadena de proveedores. “Entonces, si íbamos a crecer 4,5% en promedio anual, podríamos crecer al 6%”, asegura Luis Andrade, de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI).

Muchas empresas ya tienen sus apuestas en estos procesos. Por ejemplo, para Conalvías –que está precalificada en cinco de los nueve proyectos iniciales de 4G– la participación de los negocios en Colombia cambiará su estructura de ingresos, que este año serán de $870.000 millones. “Para 2014, nuestras ventas llegarán a $1,2 billones, de los cuales 70% estará en Colombia. Antes, los negocios en el país representaban alrededor de 50%”, dice Andrés Jaramillo, presidente de la compañía.

En energía, gas y agua, la dinámica del país es muy alta. En los últimos tres años, el Gobierno ha invertido en acueductos y alcantarillados más de $4,1 billones, aunque el nivel de cobertura es muy desigual en el país pues mientras 97% del sector urbano tiene el servicio de acueducto, en el rural solo alcanza el 53%, según la Encuesta de Calidad de Vida de 2012. En energía, avanzan los grandes proyectos de generación –como Quimbo, Ituango y Sogamoso, entre otros– que representan inversiones superiores a los US$10.000 millones. En gas, según Ricardo Roa, presidente de TGI, la demanda de gas natural entre enero y octubre de este año ha tenido un crecimiento de 9%, destacándose el sector comercial, con incremento de 5,1%, y vehicular, de 6,1%. “Para el año entrante vemos un repunte del sector industrial de 3% a 3,5%, y un mayor dinamismo del sector comercial –que representa negocios en logística, servicios, restaurantes, discotecas, centros comerciales– con incrementos cercanos a 20%”, dice Roa.

El otro sector dinamizador es el de servicios sociales, por cuenta de los incentivos del Gobierno en el área social y que en el primer semestre de este año tuvo un crecimiento de 4,5%, frente a 3,9% del mismo periodo del año anterior. Un ejemplo es el Departamento para la Prosperidad Social (DPS), cuyo presupuesto para 2012 fue de $2,4 billones; este año ascendió a $2,6 billones y para 2014 estará por encima de $3 billones.

“Los incentivos entregados inciden sobre la estructura de gasto de los hogares al ser efectivo manejado por el hogar. Se espera que el gasto se dirija a asegurar la disponibilidad de alimentos con alto contenido nutricional, que su uso esté destinado a gastos relacionados con la asistencia a establecimientos educativos, como por ejemplo uniformes y útiles escolares. Los resultados de las evaluaciones de impacto realizadas al programa han demostrado aumentos en el consumo por parte de las familias beneficiarias, especialmente en lo relacionado con consumo de proteínas y sobre el vestuario y calzado de los menores”, asegura Gabriel Vallejo, director del DPS.

Y, finalmente, el caso del agro. “El agro viene portándose muy bien en temas de producción física y, en particular, la producción de café tiene crecimientos enormes de más de 50% en casi todos los meses y la expectativa es que este año sea récord. Además, por primera vez en muchos años el sector va a crecer más que el conjunto de la economía. Pero los precios van muy mal”, asegura Leonardo Villar, director de Fedesarrollo.

Por esto, el agro se convirtió, paradójicamente, en uno de los motores de la economía. En el primer semestre creció 6,2%, pero la medición se hace sobre la producción y no sobre los precios que hoy, a la baja, se convierten en una de las principales amenazas para el sector. En todo caso tener cosechas récord significa empleo adicional y dinamismo regional.

“Con el aumento de la productividad este año, se marcará una cifra récord en producción. Pero lo más importante no son simplemente los volúmenes, sino la tendencia. Indudablemente, es hacia mayor generación de empleo, a mayor aporte en el PIB. Eso hace que el plan inicial de que la caficultura sea el gran motor de la locomotora agropecuaria se esté cumpliendo. El gran jalonador del agro en términos de PIB es el café. Lo que hace crisis es el precio internacional, que en los últimos meses ha tenido una caída de cerca de 40% que la devaluación no ha compensado”, asegura Luis Genaro Muñoz, gerente de la Federación de Cafeteros (ver entrevista pág. 94).

Otros factores a favor, según el economista Mauricio Reina, están relacionados con el menor nivel de desempleo de los últimos años, que la economía sigue recibiendo el impulso de las bajas tasas de interés del Banco de la República y que a pesar de la caída en los precios de los commodities, el petróleo mantiene niveles favorables.

“Creo que el año va a cerrar bien, en 4,1% o 4,2% y el año entrante, el crecimiento podría llegar a ser 4,5%. La inflación está controlada y hay campo para algunos estímulos a la economía. El empleo, el consumo y la calidad de la cartera –a pesar de algunos problemas en cartera comercial–se están viendo bien. Un buen final de año que apalanca un buen principio para 2014”, dice Santiago Perdomo, presidente del Banco Colpatria.

Lunares y preocupaciones

Aunque el mayor optimismo lo reporta el Gobierno manteniendo su proyección de crecimiento en 4,5%, pocos creen que se logre. “La recuperación es clara, pero no creemos que dé para un crecimiento como el que espera el Gobierno. Mantenemos para el año completo nuestra proyección de 3,8%”, dice Villar, de Fedesarrollo.

¿Qué preocupaciones persisten? Unas coyunturales y otras estructurales. La más importante de corto plazo es que se repita la amarga experiencia de los paros de agosto, que golpearon la confianza en consumidores y empresarios. Ya se anuncian movilizaciones para los primeros días de diciembre, por los que consideran incumplimientos del Gobierno.

Otra coyuntural es que 2014 será un año atípico: elecciones -de Congreso y Presidenciales-, el desarrollo de las negociaciones en el proceso de paz y el Mundial de Fútbol, con la Selección Colombia clasificada. Por lo general, la inversión y la dinámica empresarial quedan a la expectativa de lo que ocurra en el proceso electoral y del cumplimiento de la ley de garantías. Además, el tema electoral es recurrente en Latinoamérica. “Los procesos electorales están muy activos en muchos países donde tenemos operaciones. Ya empezó en Chile y habrá elecciones en Venezuela, Brasil y Colombia, entre otros. Eso genera algunas inquietudes regionales”, asegura Piedrahíta, del Grupo Mundial.

Dentro de las estructurales, la gran preocupación es la industria. Para el primer semestre de este año tuvo un crecimiento negativo de 1,6%, frente a 0,7% positivo del año pasado a junio.

“Hay un proceso de desindustrialización marcado. La industria está muy golpeada por las importaciones baratas, con dumping, de India o China”, advierte Carlos Hugo Escobar, presidente de la junta directiva de Corpacero.

En otro frente, el mundo está a la expectativa de las decisiones que adopte la Reserva Federal de Estados Unidos con relación a los estímulos, determinaciones que pueden reflejarse de diversas maneras en el país. “En la medida en que la política monetaria de Estados Unidos se vaya revirtiendo el año entrante, va a impactar la tasa de cambio y esa devaluación puede hacer que la industria compita mejor y represente un efecto rebote para el sector”, dice Mauricio Reina.

Por otro lado, esa decisión también puede tener un impacto poco favorable para la economía porque generaría un escenario de incertidumbre, dado que los recursos del mundo buscarían retornar países desarrollados, hecho que podría golpear las inversiones en Colombia y encarecer los recursos internacionales.

Por el lado de comercio, las inquietudes que asaltan están en la dinámica que ha adquirido el mercado. Según Camilo Herrera, presidente de la consultora Raddar, se ha visto una recuperación positiva en el consumo al final del año, “pero no será un diciembre tan espectacular como 2010 o 2011”. Lo que sí preocupa es la característica del mercado de hoy. “Nos metimos en una guerra de precios tan profunda que dejó de ser una herramienta de mercado. Bajar precio para que la gente compre su producto de manera puntual es un ejercicio táctico. Pero cuando lleva tres años en promociones, todas al mismo tiempo, y el mercado no se mueve, no hay diferenciación”, dice Herrera.

La última preocupación es que una nueva caída en la economía venezolana pueda afectar a Colombia por varias vías. “Una, de menor demanda, y ya las exportaciones a Venezuela comenzaron a caer. En el tercer trimestre de este año están cayendo casi 30%. Y dos, el esquema cambiario venezolano. Las distorsiones tan grandes que genera una tasa de cambio negra que está casi 10 veces por encima de la tasa oficial pueden inducir fenómenos de contrabando hacia Colombia”, dice Villar, de Fedesarrollo.

Lo que viene para los empresarios es una etapa de expectativa y análisis para determinar cómo se va a mover el mercado y en qué escenarios pueden convertirse en ganadores o perdedores de una etapa atípica y retadora.
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