| 11/27/2013 6:00:00 PM

La hora de Genaro

El Gerente de la Federación Nacional está listo para enfrentar al Congreso Cafetero más tenso de los últimos años. En entrevista con Dinero explica cuál cree que debe ser la estrategia para superar la crisis.

Tal vez este sea uno de los años más difíciles para los caficultores colombianos. Los bajos precios se han llevado por delante los avances en materia de producción y muchos se han declarado en quiebra y angustiados por el futuro.

El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, Luis Genaro Muñoz, fija su posición frente a los temas más sensibles.

— ¿Cómo llega la caficultura a su congreso anual?
En lo corrido del año podemos ver dos cosas: la primera, el crecimiento de la productividad frente al año pasado va a estar cercano a 35%. Es decir ,la transformación productiva que planeamos funcionó y era lógico que funcionara en 2013, que no antes, porque el café es un cultivo de mediano rendimiento. Lo otro y lo que hace crisis es el precio internacional, que en los últimos meses ha seguido una vertiginosa caída de cerca de 40% que no ha podido ser compensada por la devaluación en la tasa de cambio durante los últimos meses. Eso hace que la rentabilidad del cultivo esté comprometida en este momento.

— ¿Qué hicieron para que hubiera transformación productiva?
Cambiamos cerca de 600.000 hectáreas en los últimos cuatro años. De cafetales envejecidos a cafetales jóvenes adaptados y mejor preparados para el cambio climático. Eso hace que pasemos de 7,8 millones de sacos en 2012 a muy cerca de 11millones en 2013. Ningún país del mundo, voy a afirmarlo así de categórico, ha logrado, ni ningún cultivo similar en Colombia, ha tenido un resultado semejante.

— El tema central hoy son los precios. ¿Qué panorama está viendo?
Precios duros. Vemos un panorama complejo en el mercado internacional. Precios que probablemente sean similares a los de los últimos meses. Razones fundamentales: hay sobreproducción, una gran oferta por parte de Brasil y Vietnam. El mercado percibe sobreoferta.

— Juan José Echavarría mostró que, si bien ha habido incremento en productividad en los últimos años, sigue siendo baja frente a otros países. ¿Cuál es su posición frente al tema?
Con la poca información que se tiene hasta ahora sobre el avance de los estudios de la Comisión, lo que sí se ve es que la serie de datos sobre la cosecha se interrumpe en el año 2011. Hay que incorporar la situación actual y se lo dijimos a Echavarría, porque el 35% de aumento en la productividad es una realidad y no es una realidad ocasional. Colombia pasó de nueve sacos por hectárea a más de 14 en promedio. Inclusive encontramos cafetales que están por encima de 25 y 30 sacos hectárea año. Yo esa productividad la puedo presentar con orgullo en cualquier parte del mundo.

No es una productividad ocasional, es una transformación productiva. Me parece que los avances de los estudios no han recogido todavía el resultado del plan de transformación. Sin embargo, debo decir que conozco poco los estudios y no sé si ya han completado las series y proyectado con el parque productivo actual.

— Pero la productividad aumenta en medio de condiciones de mercado muy difíciles…
El mercado ha absorbido la mayor producción de Colombia, o sea que no se trata de producir para guardar. Cuando Colombia se cayó en producción fue Brasil el que sacó provecho. Ahora que Centroamérica, Ecuador y Perú están perdiendo su producción, el ganador es Colombia, que regresa con dos millones de sacos, o quizás más, al mercado en un solo año.

— Aún así, seguimos en bajos niveles de productividad
Cuando uno habla de productividad tiene que hablar es de competitividad, porque puedo ser productivo, pero estar quebrado, que es lo que les pasa a los colegas en Brasil y Vietnam. En este momento no creo que haya un país que tenga niveles adecuados de rentabilidad en la caficultura y por eso creo que todos los países están ayudando a sus caficultores, a través de inventarios, a través de crédito o de apoyo directo al precio.

— ¿En Brasil cómo está la situación?
Gravísima. Los productores están ad portas de irse a un paro. Y el gobierno ha financiado los costos de producción especialmente en las grandes caficulturas y ha financiado los inventarios que se están generando. En Vietnam acaban de decretar una retención de inventarios, con recursos públicos, de cinco millones de sacos. Por donde mire uno hay ayudas del gobierno, porque lo que tenemos aquí es un problema mundial de mercado y no solo de Colombia. La parte grande de la rentabilidad se queda en comercializadores y tostadores.

— Así que es necesario seguir con los subsidios.
Mientras sigamos en esta coyuntura sí. Yo no pido que esto tenga que ser eterno. Los precios están deprimidos. Esa es la justificación clara y por eso me parece que el país es solidario con los caficultores y con la agricultura en general. Colombia tiene que buscar el equilibrio para que los subsidios, de acuerdo con los teóricos, no se conviertan en un incentivo perverso que promueva la pereza y no la productividad.

— ¿Los cafeteros no están en ese plan hoy?
¡No! ¡Por Dios! Las cifras demuestran lo contrario. Están trabajando en lo que pueden trabajar: la productividad interna de sus fincas. Seguimos trabajando en desarrollo social, etc.

— ¿Qué hacer con la tasa de cambio?
Reconozco que el Gobierno y el Banco han hecho la tarea que pueden hacer. De golpe hay más espacio, pero sí vemos un esfuerzo para darle a Colombia una tasa más competitiva. ¿Se puede hacer más? Sí, el ejemplo es Japón. El ministro Abe tomó medidas y le devolvió la competitividad a la tasa de cambio. Pero la economía en Colombia tiene una gran dependencia de las grandes economías y hay cosas que puede controlar y otras que no. Siempre vemos otras opciones: un dólar diferencial cafetero es una de las alternativas que han estado sobre la mesa.

— Usted dice que el país ha cambiado. ¿Debe cambiar la Federación?
La Federación ha evolucionado y tiene que evolucionar. Eso significa transformaciones.

— ¿En qué ha evolucionado?
¡Transformación productiva! Ese es un clarísimo ejemplo. El otro asunto es la revolución de la estrategia comercial. Pasamos de la simple comercialización ‘verde’ a que 70% de las exportaciones del Fondo Nacional del Café sean con valor agregado. Eso es otra Colombia, es otra dimensión. En solo 10 años desarrollamos una compañía como Procafecol. Llegamos hasta Kuwait–¡cuándo se había pensado en eso!– con productos terminados. Pasamos de cero a 165.000 productores trabajando en especiales, en sellos, en protocolos, en futuro de mercado.

— ¿Usted no está cerrado a la banda para que se revise el papel de la Federación en la exportación de café?
Para nada. Las recomendaciones pueden ser para confirmar, para fortalecer o para suprimir, pero con argumentos.

—Se han escuchado voces que recomiendan un giro radical cafetero. Usted supone la permanencia de la Federación y del Fondo del Café como la institucionalidad base del sector.
Sin duda, el país tiene que fortalecer las instituciones, no destruir las instituciones. Desde ellas debemos tener un actuar más dinámico, sí. Tenemos que sincronizar la velocidad de cambio de la sociedad con la de las instituciones. No podemos ir en carretilla, mientras la sociedad va en jet. Pero no se trata de destruir lo que se tiene, si lo que se tiene es inmensamente valioso a pesar de las crisis y a pesar de los errores.

— ¿Cómo ve el futuro de los productos con valor agregado?
Con mucho entusiasmo. El consumo mundial de café está subiendo 2% o 3% al año. Pero el consumo de cafés especiales gourmet crece a 7%. Colombia lleva ahí una buena base adelantada.

— ¿El café de Colombia sigue siendo el mejor del mundo?
Sin duda alguna, cada vez las propiedades del café colombiano se reconocen más y se hacen más evidentes. Ya no solo el Café de Colombia sino las denominaciones de origen regional. La canasta y la oferta de especiales de Colombia es cada vez más rica y más reconocida.
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