| 5/13/2005 12:00:00 AM

La guerra del cartucho

Los fabricantes de impresoras están haciendo todo lo posible para que el 60% del mercado de repuestos de tinta y tóner, más de US$30 millones, no se lo lleven la recarga y la remanufactura.

Ninguno de ellos ve a los otros como su competidor, pese a que todos producen y comercializan impresoras tanto de inyección de tinta como láser. En eso coinciden Lexmark, Hewlett Packard y Epson. Sus verdaderos competidores, según ellos, son los que se dedican a reinyectar y remanufacturar sus cartuchos de tinta y tóner y a producir productos genéricos para reemplazar a los originales, con una diferencia de precios que en algunos casos llega al 60%. Esta industria se está quedando con el 60% del mercado de repuestos que asciende a unos US$30 millones anuales, según cifras de IDC Colombia, firma de investigación de mercados tecnológicos. Pero algunos empresarios del sector de originales creen que esta cifra es mucho mayor. "En pesos colombianos, lo estimaría en $233.000 millones, de los cuales $98.000 millones sería de originales y $135.000 millones del mercado informal", sostuvo uno de ellos. Carlos Villate, gerente de IDC, explica que el verdadero negocio de esta industria no es la venta de las impresoras, sino la comercialización de las tintas de repuesto. Sostiene que el mercado se masificó cuando los fabricantes empezaron a lanzar modelos económicos con cartuchos de inyección de tinta para el hogar y las pequeñas y medianas oficinas. Así, impresoras que hace siete años valían hasta US$400 hoy se consiguen a US$100 o menos. Esto permitió la venta de miles de impresoras que llegaron por el auge de los computadores que hasta hace unos meses se podían comprar sin IVA. La expansión de las grandes superficies también contribuyó a este auge, pues introdujeron nuevas marcas y modelos económicos con crédito, garantía y respaldo técnico posventa. Sin embargo, el precio de los cartuchos de repuesto era similar o incluso mayor al de la misma impresora, lo que motivó toda una industria alrededor de los repuestos, en especial de las tintas de inyección, que es la categoría que más ha crecido en el mercado. En 2003, por ejemplo, se vendieron 308.000 impresoras de este tipo, y en 2004 la cifra ascendió a 347.000.



La resistencia

Los fabricantes de impresoras dicen no estar dispuestos a sacrificar calidad por precio y, por eso, no van a lanzar cartuchos con tintas más económicas para competir contra el mercado del rellenado y la refabricación, pese a que por allí se les esfuman miles de millones en ganancias. Además, sostienen en coro que las tintas e insumos que se utilizan en estas prácticas dañan las impresoras, lo que confirma que lo barato sale caro. A cambio, los fabricantes están llevando a cabo estrategias diferentes de fidelización para que sus clientes compren repuestos originales y no manden a rellenar sus cartuchos ni compren productos genéricos. Mario Pedreros, gerente de Lexmark de Colombia, reconoce que el negocio está en lo que ellos llaman productos consumibles como la tinta, el tóner y el papel de impresión. "Nada sacamos si plantamos miles de impresoras y no podemos venderles los insumos", dice. Por eso, la compañía lanzó al mercado, hace año y medio, modelos de impresión con cartuchos de uso moderado. Se trata de empaques de tinta de color y negro más pequeños y que cuestan en promedio $50.000, la mitad que uno grande. Los modelos Z, así como las multifuncionales (impresora, scanner, fax y fotocopiadora), permiten utilizar cualquiera de los dos tamaños. Así mismo, esta compañía emprendió una campaña ecológica para recoger los cartuchos usados por sus clientes corporativos, que a la vez ayudan a racionalizar los gastos de estos insumos con supervisores y asesorías permanentes. "Hemos descubierto que los directivos no identifican al que tiene la responsabilidad de comprar cartuchos y tóner dentro de las empresas. A muchos de ellos les ofrecen comisiones por entregar las carcasas al mercado informal del relleno o muchas veces cambian los originales por remanufacturados", sostiene Pedreros. Otra táctica de la compañía para evitar que sus cartuchos caigan en otras manos es cambiarlos por entradas de cine en las salas de Cinemark.

Por los lados de Hewlett Packard, la publicidad se ha enfocado en dar a conocer la calidad de las tintas y demás productos originales de la compañía, en cuyos desarrollos la multinacional invierte anualmente unos US$4.000 millones. Carlos Gaviria, gerente de consumibles, informó que la firma Quality Logic realizó recientemente un estudio sobre consumibles HP y remanufacturados, en el que concluyó que la calidad desempeña un papel importante en los costos de impresión en el ambiente de los negocios. "En promedio, los cartuchos de impresión originales demostraron un nivel de confiabilidad nueve veces mayor. Eso significa menos costo de operación y un incremento en la productividad. Los remanufacturados, por sus deficiencias, pueden tener un impacto significativo en el costo total", advierte Gaviria.

En cuanto a los elevados precios de sus repuestos (un cartucho de esta marca puede costar entre $90.000 y $120.000), Gaviria afirma que la tecnología de Hewlett Packard no estaba en las impresoras, sino en los cartuchos. Explica que estos elementos contienen un circuito integrado y señales de direccionamiento precisas que van a los inyectores de tinta en el instante correcto. "Una expulsión de calor con una intensidad siete veces mayor que la superficie del Sol crea una burbuja de vapor que expulsa la tinta a través de cientos de boquillas microscópicas", dice.

Precisamente, para reducir el costo de sus cartuchos, Epson decidió trasladarle su tecnología a la impresora. Diego López, especialista de la compañía en productos consumibles, explicó que el hecho de que el cartucho no incluya el cabezal permite reducir su precio y hacerlo más competitivo frente a los informales. Así lanzó al mercado latinoamericano las 'impresoras económicas' hasta con cuatro cartuchos, en el caso de las multifuncionales, que se pueden cambiar a medida que se vayan acabando. El negro vale $38.000 y los de colores $23.900 cada uno. En las impresoras con dos cartuchos, el negro cuesta $27.900 y el de color $44.900. "La compañía entendió que esta región es muy susceptible al precio, por lo cual decidió subsidiar el costo del cartucho en Latinoamérica, sin afectar la calidad de la tinta", sostiene López. Esto ha cerrado la brecha de precios con los cartuchos de imitación, pero la diferencia con el rellenado aún sigue siendo importante, pues en el mercado esta práctica está costando entre $10.000 y $15.000.



Dura pelea

Pese a que los fabricantes han invertido muchos millones de pesos educando a sus usuarios en el uso de suministros originales, varias empresas dedicadas al rellenado y refabricación de cartuchos y tóner también han hecho importantes inversiones en tecnología y varias de ellas, incluso, han obtenido la certificación ISO9000 que garantiza la calidad de sus procesos. Es el caso de Imcesal Trading, que la obtuvo en noviembre pasado. Esta empresa utiliza un sistema electrónico de recarga, remanufactura 25.000 cartuchos al mes, cuenta con varias sucursales en el país y lanzó su propia marca al mercado: Prink Tec. El gerente Wolfran J. White asegura que no es cierto que los remanufacturados o cartuchos rellenados dañen las impresoras. "A mis clientes les doy la garantía de que si alguna de sus impresoras se daña por la utilización de algunos de mis productos se las cambio por una nueva. Y en seis años no he tenido que cambiar la primera", sostiene. Dice que tampoco es cierto que las tintas que utilizan empresas como la suya sean de mala calidad. "Utilizamos tintas importadas de empresas con certificaciones de calidad y con densidades muy similares a la de los originales. De lo contrario no podrían ser compatibles". Explica que la reducción de costos salta a la vista. "Uno de mis clientes que licitó en 2003 servicios de consumibles para impresión por $340 millones, en 2004 redujo los costos a $125 millones debido a que cambió originales por remanufacturados". Advierte, eso sí, que hay que saber distinguir en el mercado a las firmas que ofrecen servicios tecnificados, garantía y atención técnica posventa. Pero Imcesal Trading no es la única en su género. En Cali nació Tintas y Tintas, en 1999, y hoy cubre 7 ciudades con 13 oficinas. En enero del 2002 apareció Orgánica Ltda., distribuidor para Colombia y Ecuador de cartuchos compatibles, que ofrece mantenimiento preventivo y correctivo de impresoras. Otras cadenas, como QuickFill, han desarrollado el sistema de franquicias que cubre el montaje del local, los derechos, curso de entrenamiento y apoyo continuo, entre otros aspectos.

El negocio parece ser tan atractivo, que empresas como Carvajal también decidieron entrar a competir en este mercado de sustituibles. A través de Norma lanzó al mercado un kit de recarga para que los usuarios rellenen sus cartuchos de manera manual en sus hogares, así como cartuchos remanufacturados y compatibles con las principales marcas del mercado. Su principal canal de distribución son las papelerías Panamericana. Al mismo tiempo han surgido importadores y mayoristas de tinta que surten este mercado, mientras que de China y Corea también han llegado al mercado nacional marcas genéricas que se han extendido por todo el país como Ink Mate.

Pero la competencia para los fabricantes originales se tornará mucho más difícil, pues ya están llegando al país las más grandes comercializadoras de tinta e insumos de Estados Unidos, como American Injet, United y Future Grafics, entre otros. Se sabe que trabajan en la organización de sus canales de distribución y están abriendo oficinas de representación.

Según Carlos Villate, gerente de IDC, todavía no hay tecnología que reemplace la que actualmente se utiliza en los sistemas de impresión, por lo cual la disputa por ese mercado seguirá vivita y coleando. "Los márgenes del negocio son suficientes para que las actividades de rellenado y venta de genéricos continúen", dice. Y en eso, todos están de acuerdo.
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