| 6/8/2006 12:00:00 AM

La evolución del negocio

Productores, comercializadores y exportadores unen esfuerzos para darle más valor agregado a la esmeralda colombiana. Mineros que vienen aplicando un modelo de solución de conflictos enfocado en la productividad.

Desde que se firmó el acuerdo de no agresión hace 14 años, no se había presentado un conflicto de intereses tan embarazoso como el que se dio en 2000. Ese año, los principales productores de esmeraldas centraron su atención en una zona donde se estima que están los yacimientos más importantes de las últimas décadas. Se le conoce como el sector de Muzo-Polveros, en Boyacá. Todos ellos, 16 o más, presentaron ante el gobierno solicitudes para obtener las licencias de exploración en áreas donde coincidían unos con otros. Hoy, Víctor Carranza, el zar de las esmeraldas colombianas, reconoce que esa situación generó mucha tensión y pudo alborotar los ánimos. Sin embargo, advierte que para entonces las disputas regionales ya no se resolvían como antaño y que, antes de que empezaran a soplar vientos de guerra, los dirigentes tuvieron la suficiente sensatez para sentarse a negociar. Así se dio inicio a uno de los procesos de solución de conflictos más interesantes de que se tenga historia en esta industria, en materia de distribución de áreas de exploración.

Se contrató al experto Luis Arturo Rojas, presidente del Instituto de Negociación Estratégica Avanzada Ynga, para que sirviera de mediador. El profesor explicó que se puso en marcha un modelo de negociación avanzada para la productividad. "Todos escucharon las necesidades de los demás y de esta manera se articularon unas con otras. Esto posibilitó que los inversionistas se agruparan con base en las expectativas que tenían y que crearan asociaciones para explorar áreas específicas o para trabajar en franjas independientes. De este modo se organizaron como empresarios, se generó confianza, se construyó futuro y se consolidó la paz mediante un modelo productivo del cual se iban a beneficiar tanto los grandes productores como los pequeños".

Muchos coinciden en que este proceso cambió para siempre las relaciones no solo entre productores, sino también con los comercializadores y exportadores de esmeraldas. Para Carranza, fue la prueba más importante por la que pasaron los mineros para mantener el pacto que, en sus propias palabras, hoy está más firme que nunca. De hecho, los líderes de la región son ahora socios en varios de los consorcios que se crearon a raíz de la negociación y que están por comenzar las exploraciones en sus respectivas áreas, pues hasta ahora están culminando la etapa de legalización de los convenios. Por eso, el dirigente es enfático al afirmar que hechos como el atentado de que fue víctima Yesid Nieto, socio de la mina La Pita, no están relacionados con el negocio de las esmeraldas. "No es cierto, como lo han querido mostrar algunos medios colombianos e internacionales, que haya una 'nueva guerra verde' como incluso tituló un periódico de Londres", dice.

Y así lo confirma Daniel de Narváez, presidente de la Asociación de Productores de Esmeraldas Colombianas (Aprecol), que también estuvo al frente de este proceso. "No se puede crear una guerra donde no la hay. Por el contrario, estamos trabajando unidos para darle más valor agregado a la esmeralda colombiana y mejorar tanto la producción como el precio internacional, para lo cual hemos contado con el apoyo incondicional del ministro de Minas, Luis Ernesto Mejía", sostiene. Explica que con esta filosofía se creó la Federación Nacional de Esmeraldas, la cual está conformada por los tres gremios que hacen parte de esta cadena productiva: Aprecol, la Asociación Colombiana de Comerciantes (Asocoesmeral) y la Asociación Colombiana de Exportadores de Esmeraldas (Acores). La federación ha venido trabajando en llave con el Ministerio de Minas e Ingeominas, en la creación de un centro tecnológico, cuya inauguración está prevista para dentro de 4 meses, y en el cual se invertirán los $1.300 millones que se han recaudado con el impuesto del 1% a las exportaciones, propuesto por los mismos esmeralderos.

Entretanto, en Muzo, se respira tranquilidad. "¿Usted cree que si hubiera guerra hubieran podido llegar hasta acá acompañados por un familiar muy cercano de Don Víctor, sin escoltas de ninguna clase y sin portar armas?", cuestionó un comerciante de esmeraldas de la localidad. Según él, nada de lo sucedido ha alterado la paz en la región. Y así lo pudo constatar Dinero, que llegó hasta la capital mundial de las esmeraldas luego de recorrer, durante tres horas desde Chiquinquirá, una carretera convertida en trocha por el invierno y por el abandono del gobierno departamental. Nadie porta armas ni hay retenes ni vigías en los caminos. Incluso, en el cauce del río Minero, que en otras épocas estaba atiborrado por cientos de guaqueros que llegaban a la región en busca de esmeraldas, tan solo unos pocos escarbaban entre los escombros que en abril dejó una avalancha que vino de las montañas donde antes se explotaba a tajo abierto. Ahora la exploración es bajo tierra, en socavones y, por tanto, mucho más costosa y restringida. Esta situación, según los habitantes de la región, ha hecho que las cosas vuelvan a la normalidad. "Antes, todo el mundo cogía una pala y se iba a buscar esmeraldas. Hasta los niños. Ahora, como se acabaron las piedras, la gente ha vuelto al campo a cultivar y las escuelas están llenas", dicen.

Certificación verde

El proyecto más importante que tienen en mente los productores es el del Centro de Desarrollo Tecnológico de la Esmeralda (CDTEC), el cual contará con un centro de certificación con los estándares de los más avanzados del mundo. La tecnología, que cuesta unos $1.500 millones, se está adquiriendo en estos días en Estados Unidos, Alemania, Francia y Bélgica. La idea es que allí se pueda certificar la calidad de la piedra colombiana, su origen y el grado de mejoramiento a que haya sido sometida. Para Juan José Cícua, director del CDTEC, la certificación mejorará el precio de la esmeralda colombiana en el mercado internacional, donde se especuló mucho acerca de que eran 'envenenadas', es decir, adulteradas con procesos químicos. Cícua explica que los compradores podrán obtener un registro digital de la esmeralda certificada, lo que generará mucha más confianza y credibilidad a las transacciones, que aún hoy siguen siendo muy informales. Una vez entre en operación, Proexport iniciará una campaña para promocionar nuevamente la esmeralda colombiana en el mundo.

Otro aspecto en el que trabajarán conjuntamente el CDTEC, los productores y los comercializadores es tratar de frenar las exportaciones de esmeraldas en bruto y promover la talla y el engaste, es decir, con algún trabajo de joyería, para darle más valor agregado. India, por ejemplo, que no produce esmeraldas, exporta US$10.000 millones anuales en joyas hechas con esmeraldas que compran en Colombia. El país, entretanto, que produce el 60% de las esmeraldas del mundo, exportó el año pasado US$70 millones. Por no poseer una industria fuerte en la talla y engaste, tienen que resignarse a ver que las mayores ganancias se queden en las compañías internacionales especializadas en estos procesos. Para imitar el ejemplo de India, el gobierno se comprometió a facilitar, por medio de Bancoldex, la financiación de proyectos en este sentido, que contarán con la asesoría de Artesanías de Colombia y el Sena. Carranza, por su parte, reveló que ya hay acercamientos para concretar alianzas estratégicas con el sector joyero para promover exportaciones de joyas colombianas enriquecidas con esmeraldas.

Si bien las exportaciones han caído sistemáticamente (en 1996 se exportaron US$400 millones), los productores explican que se debe en parte a que ahora la exploración es bajo tierra, y no a tajo abierto como antes, lo que no solo encarece la exploración sino que demora la extracción. Los costos diarios de una mina como la de Puerto Arturo, en Muzo, en donde se explora por debajo del nivel freático (capa de agua subterránea formada por la filtración), es de $10 millones, y pueden pasar meses sin que se topen con un hallazgo importante. Los mineros aspiran a que ahora, con la Ley de Estabilidad Jurídica para las Inversiones, se puedan traer socios internacionales para que se vinculen al negocio que requiere mucha tecnología y, por ende, grandes inversiones.

Las expectativas en producción siguen siendo grandes, especialmente en el cinturón Muzo-Polveros. Y nunca antes se había visto a los líderes de la cadena productiva tan unidos en el propósito de mejorar la producción y comercialización de las esmeraldas colombianas. Por eso, muchos coinciden en afirmar que está empezando una nueva etapa que sin duda mejorará la imagen de este negocio no solo en Colombia sino también en el exterior.
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