| 4/16/2010 12:00:00 PM

La estrategia para fomentar el cine

Gracias a los instrumentos que generó la Ley de Cine en Colombia, este sector ha registrado un interesante crecimiento. Sin embargo, aún hay tareas por desarrollar.

Entre 2003 y 2009, el número de estrenos de películas colombianas al año se triplicó, al pasar de tres a más de diez y hoy, uno de los fenómenos más interesantes es que muchas se exhiben en las selecciones oficiales de los festivales más importantes del mundo con distinciones como la de la cinta el Vuelo del Cangrejo, de Óscar Ruiz, que ganó recientemente en el Festival de Berlín.

Si bien no se puede decir que la industria ya alcanzó estabilidad y madurez, sin duda el panorama del cine en Colombia ha tenido avances que se deben principalmente a los instrumentos que creó la Ley de Cine en 2004. Por un lado, se encuentra el Fondo de Desarrollo Cinematográfico (FDC), cuyos recursos provienen de una cuota parafiscal que pagan exhibidores, distribuidores y productores. En los últimos seis años, el FDC ha recaudado $43.700 millones, de los cuales el 70% se ha destinado a la producción, en la que se destacan 46 largometrajes, 57 cortometrajes y 49 documentales.

Esto significa que, en promedio al año, el FDC ha recaudado más de $7.000 millones (cerca de US$4 millones). Si bien, comparada con una industria como la de Hollywood, es una cifra irrisoria, pues una sola película en estudios norteamericanos puede llegar a costar hasta US$300 millones, es un monto importante para Colombia, si se tiene en cuenta que en el pasado no había recursos.

Por otro lado, están los incentivos tributarios a privados que creó la Ley, los cuales se convirtieron en otro importante instrumento para su desarrollo. Se trata de una deducción de la base gravable del 125% del valor invertido, lo que supone que la empresa o persona natural puede recuperar el 41% de su inversión vía impuestos, dejando a riesgo solo el 59% de su importe. Lo anterior ha logrado que, desde 2004, los privados hayan hecho parte de 58 proyectos cinematográficos con un aporte total de $42.000 millones, convirtiéndose el cine en una nueva alternativa para los portafolios de inversión.

Sin embargo, haber logrado avances importantes no significa necesariamente que el negocio sea rentable. De hecho, se trata de un negocio riesgoso, no solo en Colombia, sino en cualquier parte del mundo, donde no hay puntos medios: se tiene éxito o se fracasa. Por lo anterior, Mauricio Reina, investigador asociado de Fedesarrollo y estudioso del impacto económico del sector cinematográfico, recomienda a los inversionistas no poner sus recursos en una sola película, sino en tantas como pueda.

¿Dónde está la rentabilidad?

De acuerdo con Adelfa Martínez, directora de cinematografía del Ministerio de Cultura, hacer un largometraje en Colombia se demora dos años y cuesta en promedio unos $2.000 millones. En la taquilla local está el grueso de la recuperación de la inversión y, en promedio, según lo explica Martínez, una película colombiana recoge en el país cerca de $500 millones, correspondientes a unos 250.000 espectadores.

Según Reina, de Fedesarrollo, las películas colombianas se llevan al año -en promedio- el 10% del total de la taquilla, es decir, unos dos millones de espectadores, cifra alta comparada con otros países de la región que producen más películas que Colombia -por ejemplo, en Brasil es el 9,8% con 82 películas, y en México llega a 7% con 70 películas-. Sin embargo, añade Reina, de diez películas que se sacan al año en el país, solo una o dos son exitosas y esas son las que se llevan la taquilla.

Por lo anterior, el cine resulta un negocio riesgoso, pues la taquilla en la mayoría de los casos se vuelve insuficiente para cubrir los costos. Reina explica que, para minimizar el riesgo financiero, las películas tienden a buscar ganchos para encontrar nichos en otros países y así aumentar la probabilidad de recuperar la inversión, como actores famosos internacionales, coproducciones o historias universales.

Por supuesto, al acudir a ayudas existentes como el FDC, cuyos estímulos para la producción son de $600 millones por película, incentivos tributarios u otros fondos internacionales, también ayudan a minimizar el riesgo del inversionista, pues los recursos a recuperar son menores.

El camino para lograr un mayor reconocimiento de las cintas es clave. Los productores coinciden en que el primer paso es participar en festivales internacionales. Lograr su selección y alcanzar un galardón, le permitirá a la película que los distribuidores internacionales la tengan en el radar y aumentará su probabilidad de éxito en las salas.

Además de la taquilla, hay que tener en cuenta que existen otras ventanas donde se pueden seguir recogiendo los frutos, como el DVD y la venta de derechos a canales de televisión. Sin embargo, en general, los recursos obtenidos a través de estos mecanismos no son muy elevados. Según el director de cine colombiano, Harold Trompetero, vender a través de otras ventanas significa una ganancia adicional del 10%, en el mejor de los casos.

Reina indica que, dado que la mayor parte de la recuperación de una película se da en la taquilla local, el tamaño del mercado resulta preocupante, por lo que hay que hacer esfuerzos para aumentar la penetración del cine colombiano en el país. También es importante, dice, avanzar hacia los fondos de inversión de cine, para así asegurar la diversificación de riesgo, pues, a la fecha, en Colombia solo existe un vehículo de este tipo. Se trata de Dynamo Capital, un fondo de US$10 millones que se creó en 2006 y desde entonces ha participado en 12 proyectos.

Por su parte, Harold Trompetero señala que los productores tienen que mejorar las expectativas que dan a los inversionistas. Alessandro Angulo, gerente de Laberinto Producciones, productora de Bluff y de San Andresito, dice que una de las estrategias que implementa es asegurarle al inversionista un tiempo de producción determinado que, si no se cumple, la productora asume los sobrecostos. Otra estrategia es buscar financiación privada solo en el último año de producción, para asegurar en un año o menos un retorno vía impuestos y vía taquilla.

Sin embargo, la operación en el cine no es solo financiera . Para lograr éxito en estos campos se requiere una plataforma e infraestructura local que permita desarrollar historias novedosas y seductoras.

Para Alejandro Ángel, gerente de San Antero Films, productora de Saluda al diablo de mi parte, en términos técnicos, Colombia tiene cosas a favor, "pero se necesitan directores y escritores que entiendan de narrativa de cine, pues en el país las producciones tienden a ser de telenovela".

El futuro del cine en Colombia está por proyectarse. Ya se dieron los primeros pasos, pero es necesario atacar aspectos de desarrollo del negocio que le permita al país posicionarse como uno de los de mayor potencial.

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