| 1/23/2009 12:00:00 AM

La encrucijada del empleo

Eliminación de impuestos a la nómina y creación de estímulos a la generación de puestos de trabajo, plantean los expertos para salir del bache.

La pérdida de empleos se está convirtiendo en la mayor tragedia para la economía mundial. Menos empleados significan menos compradores, con lo cual se acelera el círculo vicioso de la crisis. Para conjurar la situación, algunos países han anunciado fórmulas que van desde reforzar la inversión en infraestructura o aumentar el gasto estatal hasta estimular la demanda con menores impuestos y bajo costo del dinero, con el fin de activar el ciclo económico.

En países como Colombia, donde en los últimos cinco años el desempleo ha sido de un dígito solo en dos breves periodos, el tema cobra gran importancia y ha reavivado el debate sobre qué hacer para mejorar la generación de empleo y si ya es hora de revisar las pesadas cargas impositivas que operan sobre los empleadores. Expertos, académicos, catedráticos, ex ministros y empresarios coinciden en afirmar que el país vive una de sus coyunturas más difíciles a causa de su sesgo antiempleo, fruto de malas políticas y de los altos costos que se le han venido 'colgando' en los últimos años.

Impulso a la generación de empleo

A este respecto, Alejandro Gaviria, decano de Economía de la Universidad de Los Andes, afirma que hay tres factores que han jugado secularmente en contra de la generación de empleo y que hoy requieren revisión. Comienza por mencionar el encarecimiento del empleo, generado por impuestos a las nóminas que incluyen, desde cargas parafiscales, hasta financiación de programas sociales. El segundo aspecto que menciona es el fracaso de los programas sociales que no estimulan el empleo formal, pese a ser financiados por esta vía. Y termina diciendo que "el Gobierno ha abaratado la acumulación de capital y ha encarecido la generación de empleo".

Según el académico, las fórmulas para frenar el desempleo deben contrarrestar estos tres factores: hay que reducir los costos a la generación de empleo; diseñar una política que estimule la creación de nuevos puestos de trabajo, antes que recortar impuestos al capital, y crear, por ejemplo, un programa de subsidios a la generación de empleo.

"La política económica en Colombia tiene un claro sesgo antiempleo pues en casi ningún otro país del mundo se cobran impuestos al trabajo para financiar el cuidado infantil, la capacitación laboral, el emprendimiento, los programas de apoyo a la vejez, la salud subsidiada, etc. Estos programas son loables, algunos fundamentales, pero no se deberían financiar encareciendo la generación de empleo", considera Gaviria. Opina además que, para promover el empleo, el Gobierno debe moverse hacia un sistema tributario más neutral en su tratamiento al capital y al trabajo. Advierte que quienes invierten son premiados mientras los que generan empleo son castigados. "El Presidente repite que la mejor forma de generar empleo es promoviendo la inversión. Pero esta afirmación no tiene ningún sustento empírico ni teórico. Es mala economía", señala.

Alivio al desempleo
El ex gerente del Banco de la República, Miguel Urrutia, propone que en la actual coyuntura se aplique un subsidio al desempleo, con un esquema distinto al que vienen operando las Cajas de Compensación. La propuesta viene siendo estudiada por Urrutia y un grupo de expertos, y será planteada al Gobierno en las próximas semanas. Parte de la creación de un fondo nacional, financiado por todos los colombianos -no solo por las nóminas de las empresas- y que beneficiaría a los empleados formales que perdieron sus puestos de trabajo.

La propuesta se complementa con una iniciativa que contempla la eliminación de las cargas parafiscales porque "disminuye los incentivos a la informalidad y motiva a más empresas a buscar una formalización del trabajo". Adicionalmente, el catedrático considera que la única manera de disminuir la informalidad es creando incentivos para la formalidad, no pagando parafiscales y con un subsidio de desempleo.

Urrutia opina que algunos de los programas que hoy se financian con los cargos adicionales a las nóminas de las empresas formales deberían tener recursos del Gobierno, a través de impuestos como el IVA, que pagan todos los colombianos. Además, explica que una de las razones por las cuales se han mantenido los parafiscales es porque las entidades que los reciben insisten en que sean las empresas las que los paguen; "porque tienen ingresos garantizados, mientras que si sus recursos vienen del presupuesto general, tendrían que aceptar la evaluación de sus programas y correrían el riesgo de que algunos fueran eliminados por malos".

Menores impuestos
En el tema de eliminación de impuestos al trabajo coincide plenamente el ex ministro e investigador de Fedesarrollo, Guillermo Perry, quien asegura que hoy Colombia es el país de América Latina "que cobra más impuestos y contribuciones al empleo". Hasta hace una década eran Uruguay y Argentina los que estaban a la cabeza en este escalafón, pero en la medida en que han entendido la urgencia de mover el empleo, han diseñado estrategias para mejorar su competitividad y eliminar cargas.

"No es sorprendente que seamos al mismo tiempo uno de los países con mayor informalidad, en comparación con otros como México y Argentina", explica Perry. Y señala que estudios de la Universidad de Los Andes, Fedesarrollo, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), prueban que el nivel tan alto de parafiscales que opera en Colombia contribuye a la informalidad.

Eduardo Lora, economista jefe del BID, coincide en que el costo de los parafiscales es muy alto para las empresas colombianas: "es absolutamente escandaloso el sobreprecio que se paga por las nóminas", asegura. Reconoce además que Colombia tiene un esquema de contratación laboral muy complejo, con niveles de sobreprotección que están afectando la generación de empleo. Particularmente, afirma que las prerrogativas que operan para las mujeres embarazadas y "algunas arandelas laborales" terminan volviéndose en contra del empleo de mujeres y jóvenes, grupos en los que se presentan los mayores niveles de desocupación.

Pero, en el caso de los parafiscales, para el ex ministro Perry los cuestionamientos van más allá de por qué con impuestos al trabajo se financian instituciones y programas que deberían operar con otro tipo de presupuestos, para adentrarse en qué tan eficiente ha sido el uso de estos recursos en el mejoramiento del entrenamiento laboral del país. Para comenzar, asegura que nadie duda de que el Instituto de Bienestar Familiar juegue un papel muy importante dentro de la estrategia de proteger a la niñez abandonada del país. Sin embargo, cuestiona por qué su financiación no proviene del presupuesto del Gobierno central, sino de cargas adicionales que deben pagar las empresas sobre sus nóminas.

Frente al Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena, observa que las críticas de los empresarios son recurrentes sobre el aporte que esta entidad hace a la formación de sus colaboradores, cuando en otras instituciones privadas pueden obtener programas más actualizados y acordes con las nuevas tendencias mundiales. "Hoy, la mayoría de empresas necesita un entrenamiento especializado que el Sena no está en capacidad de ofrecer", explica Perry.

Parafiscales y salario mínimo
La eliminación de los parafiscales no es un tema que Hugo López, gerente del Banco de la República en Medellín, considere determinante para la generación de nuevos puestos de trabajo. En opinión del experto en empleo, las conclusiones de la Misión de Pobreza, un estudio contratado hace dos años por el Departamento Nacional de Planeación, encontró que la eliminación de parafiscales, en el mejor de los casos, permite generar, por una sola vez, entre 250.000 y 300.000 puestos de trabajo, "pero su efecto no es dinámico", agrega. Por esta razón, considera que "el problema no es el multiplicador de salarios indirectos sino la política de alza en el salario mínimo, porque genera mayores costos para el empresario".

En este sentido, López cree que, aunque resulta impopular, la revisión del aumento del salario mínimo es un tema importante a la hora de evaluar cómo generar empleo pues, aunque muchos creen que elevarlo es lo más conveniente, su efecto solo se siente en la mitad de los colombianos, que son los que tienen empleos formales: "los demás están en el rebusque y la informalidad y no sienten su impacto", afirma.

El asunto de fondo es la productividad del país, la cual resulta sensiblemente golpeada ante aumentos en el salario mínimo superiores a la inflación causada, con el consiguiente nuevo aumento de precios que esto acarrea, dando inicio a un círculo vicioso para la competitividad, al tiempo que se incrementa el desempleo. La reducción en las cargas parafiscales tiene el efecto contrario, favorece la productividad y la generación de empleo, generando un círculo virtuoso en el que aumentaría el salario mínimo real.

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