| 7/1/1997 12:00:00 AM

La era del gas

El gas natural en Colombia se convirtió en un negocio del cual todos quieren participar.

El gas natural ha ocupado el primer plano de las noticias económicas y empresariales de las últi- mas semanas. Es como si, de buenas a primeras, hubiéramos descubierto que en el país hay gas natural y grandes oportunidades de negocios en su transporte y distribución.



La última amenaza de paro de la USO tenía que ver, esta vez, con la creación de la Empresa Colombiana de Gas, Ecogas, la empresa industrial y comercial del Estado a cuyo cargo estará en el futuro el manejo de una red interconectada de gasoductos y cuyo activo fundamental será la infraestructura de transporte de gas construida por Ecopetrol a lo largo de los últimos cinco años, y en la cual la petrolera estatal invirtió aproximadamente US$1.000 millones. Para la USO, separar el transporte del gas de las actividades meramente petroleras de Ecopetrol, "debilitaría a la empresa" (y al poderoso sindicato petrolero, desde luego). Después de las discusiones entre Ecopetrol, el Ministerio de Minas y la USO se obtuvo el permiso de ésta última para presentar al Congreso el proyecto de ley que crea Ecogas -empresa industrial y comercial del Estado-, que finalmente fue evacuado en las sesiones extras del Congreso.



Por otra parte, en mayo se llevó a cabo, en las bolsas de valores, la primera vuelta del martillo de las acciones de Gas Natural S.A., Invercolsa S.A. y Surtigas S.A., que dio lugar a un debate público entre el presidente de Ecopetrol y el doctor Fernando Londoño Hoyos, en su calidad de ex presidente de Invercolsa S.A., al haber adquirido éste último una cuantía importante de sus acciones y cuestionarse, por parte de Ecopetrol, la calidad de ex trabajador de la compañía del doctor Londoño, que le permitía participar en la primera vuelta del remate. El hecho es que la compra de una importante porción de las acciones de Invercolsa por los grupos solidarios -en cabeza de Londoño Hoyos y según dicen con un crédito del Banco del Pacífico- implicó que el paquete a ser ofrecido en venta, en la segunda vuelta -aplazada, por el momento- sea inferior al 50% que se requeriría para tener el control accionario de la empresa y de su administración.



En los primeros días de junio tuvo lugar la segunda vuelta para la venta de Gas Natural S.A. que duró 20 horas y como resultado de la cual una empresa española, Gas Natural Latinoamericana -subsidiaria de Gas Natural de España y de Repsol- adquirió el control de esta compañía, pagando un precio por acción superior en tres veces el precio base fijado por Ecopetrol.



Y ya se ha constituido, inclusive, una asociación de gas natural, Naturgas, nombrándose como su presidente a Alberto Calderón Zuleta, un prestigioso economista, con trayectoria importante tanto en el Banco de la República como en el gobierno -fue viceministro de Educación y de Desarrollo en la administración Gaviria- y en el exterior. El nuevo gremio ha comenzado a actuar solicitando reglas de juego equitativas para el gas natural frente a los otros energéticos para garantizarle futuro a un negocio en el cual se están invirtiendo cuantiosos recursos nacionales y extranjeros.



¿Qué es lo que ha pasado, entonces, con el gas natural, para que la opinión sea bombardeada con este tema, inexistente hace poco tiempo? La respuesta a este interrogante no es distinta a que el país entró en la "era del gas".



El gran cambio



Quince años atrás se discutía en Colombia si construir un gasoducto para traer al centro del país el gas de los pozos de Ballena, en la Guajira, era una inversión socialmente rentable. Por allá en 1986 comenzó a hablarse de la alternativa del gas para sustituir energía eléctrica en las cocinas de los bogotanos. Hoy en día existe una red interconectada de gasoductos y, en términos prácticos, puede decirse que existe la oferta del combustible y la parte esencial de la infraestructura de transporte y distribución del mismo, como para que el consumo de gas natural se incremente de manera dramática en los próximos años.



En la red nacional de gasoductos se invirtieron US$1.063 millones, de los cuales Ecopetrol aportó US$324.6 millones y el sector privado US$738 millones, es decir, el 67%. Sin mayor debate, y sin saberse a qué horas, las circunstancias son radicalmente opuestas a las de principios de la década.



La chispa que prendió la llama fue, sin duda, el racionamiento de energía eléctrica que vivió el país en 1992. En la búsqueda de soluciones, el Consejo Nacional de Política Económica y Social, Conpes, aprobó, en ese año, el Plan Nacional del Gas y se impuso el objetivo de aprovechar las reservas de gas natural -las de Ballena y las encontradas a principios de la década que se estima podrán atender las necesidades de Colombia por 50 años- para abastecer los centros urbanos colombianos.



Se trataba de sustituir el consumo de energía costosa por el de gas natural. Pero, salvo en la Costa Atlántica, no existía una infraestructura de transporte y de distribución de gas natural que permitiera conectar los campos de producción con las zonas de consumo. Y, de otra parte, el marco regulatorio y normativo de la industria del gas era precario; estaba concebido para un escenario de oferta limitada y ausencia de competencia.



De ahí las inversiones llevadas a cabo por Ecopetrol; el tamaño que adquirieron los activos dedicados por la empresa al transporte y la distribución -las inversiones que realizó en lo que será Ecogas y en las compañías que ha empezado a vender dedicadas a la distribución-; y la necesidad tanto de escindir Ecopetrol para formar Ecogas, como de privatizar las participaciones en Gas Natural S.A., Invercolsa S.A. y Surtigas S.A., todo ello, ahora dentro del marco normativo de la Ley 142 de 1994, mejor conocida como la Ley de Servicios Públicos Domiciliarios.



El mercado del gas natural



Uno de los elementos básicos para que un mercado funcione, el de la oferta del producto, se da plenamente en Colombia. No solamente hay gas en los campos de petróleo descubiertos y explotados recientemente, sino que la participación del suministro de gas residencial dentro del total ha venido aumentando de manera considerable, alcanzando ya un poco menos del 10%, cuando hace cinco años no llegaba al 1%. El suministro total en 1996 fue de 4.664.79 millones de metros cúbicos, de los cuales el 43,19% proviene ya de los campos de los Llanos Orientales, el 35,83% se origina en la Guajira y el resto, en su gran mayoría, del valle del Magdalena. Esta disponibilidad está creciendo mes por mes así como las conexiones residenciales.



De su parte, se estima que no más de cuatro millones de habitantes tienen acceso al gas natural, lo que representaría un 10% del consumo de productos energéticos a nivel nacional. Se prevé que en el año 2010 estas cifras se elevarán a dieciséis millones y al 32% respectivamente. En Argentina la penetración del gas natural dentro del mercado de energéticos es, en la actualidad, del 45%. El potencial de expansión del mercado es enorme, lo cual explica el apetito de las grandes firmas de distribución de gas natural en el mundo por hacerse a una tajada del mercado colombiano.



Las cifras en este sentido son elocuentes. Gas Natural S.A., que tiene la concesión del servicio público de transporte y distribución en Bogotá y en Soacha por un término de 50 años, podría atender en la actualidad una población de seis millones de habitantes. El cubrimiento, sin embargo, es en la actualidad de apenas 350.000 usuarios -algo así como 1.5 millones de personas- y de unos 320 millones de metros cúbicos de gas al año. A tiempo con ello, la compañía Gases del Caribe S.A., que cubre parte de la Costa Atlántica, vendió el año anterior 254 millones de metros cúbicos en un área geográfica con una población total estimada de 1.5 millones de personas.



El remate del año



Por todo lo anterior, el poten- cial de masificación del gas en Bogotá es gigantesco. Así debieron comprenderlo los cinco participantes en la segunda vuelta del remate de Gas Natural S.A., que se llevó a cabo el 4 y el 5 de junio en las instalaciones de la Bolsa de Bogotá. Esos participantes fueron una compañía francesa, una inglesa, una española, una estadounidense y un consorcio argentino-americano-colombiano. Se ofrecía el 53,74% de las acciones suscritas, pagadas y en circulación, de las cuales las de Ecopetrol representaban el 50,3%, las de Alcanos del Huila E.S.P. el 3,01%, y las de la Compañía Neivana de Gas S.A. el 0,43%.



El martillo tuvo un precio base de $6.667, el mismo al cual se había colocado el 10,29% de las acciones totales de la compañía en la primera vuelta de remate el día 30 de abril, dirigida a las entidades solidarias. La puja condujo a que el martillo se prolongara por más de once horas en la jornada del miércoles 4 de junio y por seis horas en la del jueves 5. Se llevaron a cabo 38 vueltas con intervalos de media hora cada una -de acuerdo con la reglamentación vigente- e incrementos en los precios, en cada vuelta, de un 3%, porcentaje también establecido en las normas. Una situación de esta naturaleza nunca se había vivido en la limitada historia de los martillos realizados en las bolsas de valores del país, por lo cual sólo hasta esta ocasión fue posible poner a prueba las normas que regulan estas operaciones, contenidas en la Resolución 327 de 1995 de la Superintendencia de Valores.



Al cabo de las 38 vueltas la acción se adjudicó a la compañía Gas Natural Latinoamericana, por un valor total de US$160.426 millones, lo cual implica que el mayor valor sobre el precio base fue cercano al 200%.



La experiencia de éste, que bien puede calificarse desde ahora como el remate del año, señala que el procedimiento de vender los activos de propiedad del Estado a través de las bolsas es eficiente y transparente para asegurarle al vendedor el precio máximo en la enajenación. En este caso no puede hablarse propiamente de que la participación estatal en la empresa se "ferió", para utilizar los términos que le gustan al señor contralor general de la nación cuando critica los procesos de privatización. Es más, no han faltado quienes opinen que la valoración de la compañía arrojó un precio demasiado bajo y estaba errada.



El comentario también es cuestionable. Los activos, o los bienes, valen lo que los compradores están dispuestos a pagar por ellos, por más refinado que sea un ejercicio de valoración. En este caso se ofrecía el control de una empresa en un mercado que, como hemos visto, tiene perspectivas muy favorables y para el cual existe un apetito enorme de inversionistas internacionales, conocedores del negocio, y que en un entorno de globalización dirigen su atención a la geografía latinoamericana en búsqueda de nuevas oportunidades para rentabilizar sus recursos.



El lío de Invercolsa y su lección



La otra venta que hizo noti- cia en junio fue la de las acciones de Ecopetrol en Invercolsa S.A. en la primera ronda de su proceso de privatización, dirigido a los denominados grupos solidarios. Invercolsa S.A. es una empresa de economía mixta y de tipo matriz o "holding" que, como tal, mantiene participaciones accionarias en un conjunto de compañías envueltas en los diferentes sectores de la industria del gas en Colombia. Invercolsa S.A. se constituyó a mediados de 1990 y sus inversiones se encuentran, todas, en compañías que desarrollan actividades de distribución de gas natural. Solamente en una de éstas, y no muy significativa, tiene una participación del 51%; en las demás las participaciones son inferiores y en muchos casos no despreciables como sucede, por ejemplo, en Gas Natural del Oriente E.S.P., que distribuye gas natural en casi la totalidad de la ciudad de Bucaramanga y en algunas poblaciones de Santander, o en Gases del Caribe S.A., la compañía de distribución de gas natural en Atlántico, Magdalena y Cesar que, como se comentó anteriormente, atiende cerca de 230.000 usuarios y en la cual la participación de Invercolsa es de 48,95%.



Un estimativo burdo de los usuarios de las compañías en las cuales tiene inversiones directas Invercolsa S.A. arroja una cifra cercana a los 600.000, sin incluir los de Gas Natural, en donde Invercolsa tiene una participación menor al 0,5%. El patrimonio de la compañía el 31 de diciembre de 1995 se elevaba a $20.800 millones y sus utilidades al cierre de dicho año fueron de $2.408 millones.



En la primera vuelta de la venta de Invercolsa S.A., también llevada a cabo el 30 de abril en la Bolsa de Bogotá, se ofrecieron no solamente las acciones de propiedad de Ecopetrol, que representaban el 24,76% de las totales, sino las de otros socios, South American Gulf Oil Company y Explotaciones Cóndor S.A., con lo cual se completó un paquete equivalente al 52,54% de las acciones en circulación de la compañía. A un precio básico de $63,89 por acción se colocaron, en esa oportunidad, 147.762.607 acciones, el 39,01% de lo ofrecido equivalente, a su vez, al 20,50% de la propiedad de la empresa, por un valor total de $9.568 millones.



Unos días después de realizada esta primera vuelta se conoció que el doctor Fernando Londoño Hoyos había adquirido parte sustancial de lo adjudicado en la primera vuelta por ostentar la calidad de ex empleado de Invercolsa, como quiera que había sido presidente y representante legal de la compañía por varios años. El presidente de Ecopetrol denunció públicamente al doctor Londoño argumentando que no había sido trabajador de la empresa, por nunca haber firmado un contrato de trabajo con la misma, e interpuso un recurso jurídico frente a la Cámara de Comercio para que suspendiera la inscripción de los cambios societarios en la misma Cámara de Comercio, como en efecto sucedió. A mediados de junio el conflicto jurídico se desarrollaba en dos estadios: uno, el de la Cámara de Comercio, por cuanto el mismo doctor Londoño interpuso el recurso de apelación ante la suspensión provisional de la inscripción de las modificaciones en la propiedad y, otro, en el campo laboral, porque el asunto de fondo es de este carácter y reside en definir la verdadera calidad de la relación que existió entre Fernando Londoño Hoyos e Invercolsa cuando el primero prestó servicios a la segunda. Mientras el pleito tiene lugar, el doctor Londoño es el propietario y tenedor de las acciones que se le adjudicaron.



El análisis en frío del potencial del negocio del gas natural en Colombia permite entender el interés de hacerse a la propiedad de las distintas compañías ya establecidas y con concesiones otorgadas por el Ministerio de Minas y Energía. Y confirma, también, que el mecanismo de privatizar, ofreciendo primero al sector solidario y posteriormente a inversionistas estratégicos, está mal concebido. Los solidarios no tienen la capacidad de compra pero, efectivamente, se benefician de precios de venta más bajos por lo cual resulta atractivo "colarse" como solidario o aprovechar cualquier posibilidad de ser calificado como tal, para adquirir paquetes sustanciales que permitan tener puestos en la junta directiva y un decir en el manejo de las compañías y en la futura distribución de dividendos. Porque también es cierto que los pocos solidarios que pueden comprar se hacen a acciones que generalmente son ilíquidas, es decir, que no tienen mercado y no pueden venderse, así sus posibles precios de realización fueran atractivos.



El público en general, en cambio, no tiene acceso a este tipo de inversión, cuando es fácil prever que habría un interés muy grande de muchas gentes, en cuantías pequeñas o grandes, de comprar acciones de unas compañías que van a explotar un negocio con el potencial de expansión del gas natural y que van a arrojar excelentes resultados en el futuro. Si el Estado deja.



La "era del gas" y sus incógnitas



A todas estas, cuando el país entra de lleno en la era del gas y nacionales y extranjeros realizan millonarias inversiones, las reglas de juego que enmarcan el desarrollo del negocio no se encuentran completamente definidas. A pesar de los avances en materia de regulación, la política del gas natural y, en algunos aspectos, la de energía en su conjunto, no es todavía clara. Por eso el gremio que preside el doctor Calderón se vuelve más activo y beligerante con los días. Se trata de que el negocio se desenvuelva dentro de condiciones que se acerquen a las de mercado, que reflejen el costo de oportunidad de los recursos energéticos colombianos y unas mínimas normas ambientales que favorezcan al uso de los combustibles más limpios.



Y, en la medida en la cual se impongan cargas impositivas a unos sectores, se otorguen subsidios a los consumidores de otras fuentes energéticas o se controlen inadecuadamente los precios, es decir, en la medida en la cual se pierda la equidad en el tratamiento de los distintos subsectores se estará beneficiando a unos productores a costa de otros y unos negocios se volverán más o menos atractivos. Un ejemplo de mala regulación es autorizar rebajas en el precio del gas propano entre el 15 y el 30% a partir del 15 de julio, como acaba de hacerlo la Comisión de Regulación de Energía y Gas, la CREG. De ahí, igualmente, el riesgo de que Ecogas se maneje con criterios políticos y clientelistas, echándose a perder las inversiones del sector privado.



El Estado, entonces, tiene que ser consciente de lo que está en juego. Que, en términos de poder y de dinero, es mucho.
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