| 1/23/2009 12:00:00 AM

La crisis va sobre ruedas

Los fabricantes de automóviles en el mundo comienzan a implementar estrategias para afrontar la peor crisis de su historia.

La caída en las ventas de vehículos en todo el mundo tiene en aprietos a los principales fabricantes del sector, quienes se han visto obligados a tomar medidas de choque y solicitar ayudas estatales para evitar la bancarrota.

El país más afectado por esta situación es Estados Unidos, donde las ventas de automóviles cayeron 35,6% tan solo en el pasado mes de diciembre con respecto a igual período de 2007, y donde sus marcas insignia registraron récords históricos en pérdidas: General Motors (GM) reportó pérdidas por US$39.000 millones; Chrysler por US$5.000 millones, y Ford por US$2.700 millones.

Según la analista Autodata, las ventas de automóviles de Ford y GM cayeron más de 20% en unidades el año pasado con relación a 2007, mientras que Chrysler vendió 30% menos automóviles en el mismo periodo.

Lo que se pensaba podría ser una repercusión de la crisis financiera en el mercado de automóviles estadounidense, pronto se extendió a las ensambladoras de Europa y Asia, que si bien han sufrido una menor caída de sus ventas, ya prendieron las alarmas de sus respectivos gobiernos.

En 2008, las ventas globales de Renault cayeron 4,2% y las de Peugeot lo hicieron en 4,9%. Según The Wall Street Journal, Renault comenzó un plan de retiro voluntario para reducir 4.300 puestos de trabajo en Francia y recortó 4.000 en su planta de Rumania.

Fiat, la mayor fabricante italiana de automóviles, tuvo una caída de 14,9% en sus ventas globales durante diciembre y anunció su interés por encontrar socios que la ayuden a sobrevivir.

En el Reino Unido, la india Tata anunció la eliminación de 4.500 puestos de trabajo en su planta para Land Rover y congeló los salarios de sus ejecutivos hasta octubre. A su vez, la japonesa Nissan despedirá 1.200 personas de su planta de Sunderland.

La desaceleración de la economía y la crisis bancaria fueron decisivas para este desastre en el sector automotor: las empresas no encontraron créditos para sus inversiones y los clientes eliminaron sus gastos suntuosos.

Pero no todos los males son adjudicables a la crisis. En el caso de los fabricantes estadounidenses, las altas cargas prestacionales les han quitado competitividad y han impedido una reducción en los precios de sus automotores, un tema en el que pesa la antigüedad de estas compañías, que responden por las pensiones y los gastos médicos de cientos de miles de sus ex trabajadores. Por eso, una de las tareas de estas compañías ha sido renegociar los convenios. En 2007, GM llegó a un acuerdo con United Auto Workers, sindicato de los trabajadores de la industria automotriz, para suspender estos pagos a cambio de US$50.000 millones. El problema es que este arreglo sólo será efectivo en 2010, cuando ya podría ser muy tarde.

A esto se suman errores de estrategia que llevaron a las compañías estadounidenses a mantener modelos de alto consumo, como utilitarios y camionetas, cuando el aumento en el precio de los combustibles llevó a que gran cantidad de compradores optara por autos asiáticos y europeos que ofrecían un consumo más inteligente.

En Europa, por su parte, la industria registró una sobreproducción del 20% antes de la crisis, lo cual ha hecho más difícil para las compañías bajar sus inventarios.

Paños de agua tibia

Ante la desaceleración del sector automotor, los gobiernos han tomado distintas medidas. Mientras los europeos decidieron incentivar la reposición de modelos antiguos por vehículos de última generación y estimular los créditos a compradores, el gobierno estadounidense creó un plan de rescate financiero por US$13.400 millones, para evitar la quiebra de GM y Chrysler, y darles tiempo de implementar sus programas de reestructuración interna. Este plan dejó abierta la posibilidad de entregar US$4.000 millones adicionales.

Rick Wagoner, presidente ejecutivo de General Motors, dijo que con este dinero ejecutará los planes de reestructuración previstos para los próximos tres meses, tras lo cual presentará un proyecto de viabilidad a las autoridades. La compañía ya redujo sus expectativas de ventas para 2009 en Estados Unidos, de 12 millones de vehículos a 10,5 millones. Así mismo, anunció el despido de 744 trabajadores de su unidad en Brasil.

Para el presidente de Chrysler, Bob Nardelli, esta inyección ayudará a sortear la crisis de liquidez que afrontan y a restituir sus utilidades. La empresa suspendió la operación de sus 30 plantas a finales de diciembre, debido al declive en la demanda y a la escasez de efectivo en caja. Chrysler retomará la operación en febrero.

Por su parte, Ford comenzó a cambiar su estrategia. En la feria del automóvil de Detroit, su director ejecutivo, Bill Ford, afirmó que tendrán en venta dos modelos eléctricos en 2011, los cuales serán alimentados por baterías y recorrerán casi 200 kilómetros con una sola carga. Así mismo, la firma se enfocará en vehículos más pequeños que consuman menos combustible, como su modelo 'Fiesta'.

Europa responde

Como en Estados Unidos, los europeos dejaron de comprar vehículos por la incertidumbre económica y las empresas perdieron el acceso a créditos de inversión. "La ayuda pública para este sector es prioritaria", dijo el comisionado europeo de industria, Guenter Verheugen.

En diciembre pasado, el gobierno francés dispuso de 1.000 millones de euros para que la áreas financieras de Renault y Peugeot Citroën ofrezcan créditos a quienes quieran comprar automóvil. Así mismo, aprobó subsidios por 1.000 euros para quienes reemplacen vehículos con más de 10 años por modelos nuevos. Según Renault, este bono contribuyó a que las ventas crecieran 40% en diciembre, frente a noviembre.

En este anuncio, el presidente de Francia, Nicolas Sarcozy, pidió a los fabricantes no cerrar ninguna planta en ese país: la industria automotriz representa al 10% de la fuerza laboral francesa.

Alemania también comenzó un agresivo plan para premiar a los conductores que reemplacen sus viejos vehículos. El servicio de noticias Bloomberg dice que el gobierno entregará 2.500 euros a quienes cambien sus automóviles de mínimo 9 años de antigüedad por modelos nuevos más "amigables con el medio ambiente".

Igualmente, los vehículos que sean comprados antes del 30 de junio de 2009 no tendrán que pagar impuestos durante su primer año.

A pesar de que la crisis ya ha comenzado a afectar sus economías, Italia y el Reino Unido aún no contemplan medidas de choque para esta crisis automotriz. Con una crisis cada vez más profunda, los fabricantes de automóviles tendrán que crear modelos que usen combustible de forma más eficiente y satisfacer un mercado con presupuestos más bajos. Al final, sobrevivirán quienes unan estrategia y tecnología a bajos costos.

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