La clave regional

| 2/11/2000 12:00:00 AM

La clave regional

La clave regional Con los nuevos modelos de crecimiento industrial, planteados en estrategias como los clusters o las cadenas productivas, las regiones le apuestan a su desarrollo hacia el futuro.

En 1990 el cultivo de algodón en el Tolima generaba unos 105.000 empleos. Bastaron 10 años para que esta actividad se marchitara, al punto de emplear solo 7.100 trabajadores el año pasado. El algodón dejó de ser negocio cuando se liberaron las importaciones y la poca productividad de los terrenos cultivados impidió que los agricultores compitieran con los bajos precios internacionales de este producto. Las textileras, por su parte, vieron deteriorar sus mercados y sus finanzas, y tuvieron que optar por el algodón importado para poder reducir costos. Pero hoy, algodoneros, textileros y confeccionistas están empeñados en recuperar los cultivos y, de esta forma, crear una cadena productiva (algodón-textil-confección) que podría generar en el 2005 alrededor de 486.000 empleos, poco más del doble de los que genera hoy. Sus metas son ambiciosas: incrementar las siembras en los próximos 5 años a 70.000 hectáreas de algodón (hoy son 8.000), casi duplicar el consumo regional/semestre de fibra de algodón para llegar a 40.000 toneladas, y exportar para el 2005 un excedente de 14.000 toneladas. Este modelo regional, que cabría dentro de la definición de cluster, tiene el apoyo de más de 1.000 productores de algodón del Tolima, 4 importantes empresas textileras (Fibratolima, Texpinal, Fatexcol y Carolina), cerca de 400 empresas de confecciones de todos los tamaños ubicadas en la región, centros de investigación como Cidetexco o el Centro Regional de Productividad, y proveedores de insumos y servicios. En octubre pasado, los empresarios firmaron en Ibagué el acuerdo regional de competitividad, que será vinculado al convenio de competitividad exportadora de la cadena que se firma el 10 y 11 de febrero en el Foro de Productividad y Competitividad en Cali, evento en el que también se suscribirán otros nueve convenios en diferentes sectores. La proliferación de convenios no es gratuita. Obedece a un cambio en la concepción de desarrollo regional, que mira la creación de los clusters y el fortalecimiento de las cadenas productivas como la mejor alternativa para generar un crecimiento sostenido en las regiones. ¿Qué hay de nuevo en estos acuerdos? El compromiso de todos los actores y, lo más importante, del sector privado. "El gobierno y los empresarios tenemos unas tareas definidas, un marco de acción claro y unos indicadores que debemos cumplir. Antes, por ejemplo, en muchos casos los acuerdos apenas se firmaban entre el gobierno y los gremios. Hoy, además de ellos, estamos nosotros como empresarios", asegura un industrial. Una muestra del cambio en el tipo de compromisos que se establecían en el pasado y el que se firmó este mes, es que se hacen explícitas y cuantificables las responsabilidades de cada uno de los actores. En el caso de la cadena de algodón-textil-confecciones, el gobierno garantiza, por ejemplo, un precio mínimo para el agricultor por tonelada de algodón producida, siempre y cuando este adopte para la siembra paquetes tecnológicos que mejoren la producción. Los empresarios, por su parte, se comprometen a aumentar, en los próximos 3 años, en 90% sus exportaciones de tejidos, en 50% las de confecciones, en 30% la de fibras diferentes a algodón y en 20% las exportaciones de hilazas. Sin embargo, más allá de los compromisos y los indicadores, el éxito está en la construcción de capital social, donde Colombia tiene las mayores deficiencias. Según la Encuesta de Competitividad Nacional del Ministerio de Comercio Exterior y el Informe Anual de Competitividad del Foro Económico Mundial, el sector que presentó mayor deterioro entre 1998 y 1999 fue el de capital humano y trabajo, que mide el recurso humano, las regulaciones laborales y el sistema educativo.



La apuesta



La unión alrededor de procesos productivos y de exportación se ha venido gestando en varias regiones. El ejercicio de los 11 Comités Asesores Regionales de Comercio Exterior (Carce) se convirtió en el catalizador para evidenciar las necesidades exportadoras como motor del desarrollo regional. ¿Cuál es la visión moderna del desarrollo? Jugársela en la conformación de un nuevo tejido institucional y empresarial, que permita regionalizar las políticas y definir sus tareas. Hasta ahora, los esfuerzos de los Carce se han centrado en identificar proyectos y clusters que potencien la región y la coloquen de cara al mundo. En Antioquia o Atlántico, las experiencias han sido favorables. No en vano son hoy, los principales centros industriales del país, reconocimiento que no es gratuito porque vienen trabajando desde hace años una visión a largo plazo de desarrollo, definiendo sus ventajas competitivas y los factores que las pueden llevar al éxito en los mercados nacionales e internacionales. Las ideas alrededor del desarrollo regional, concebidas en los clusters, son positivas: la identificación de su huella regional, sus ventajas competitivas y las sinergias que han despertado, han logrado poner de acuerdo a sectores que en el pasado trabajaban en forma independiente, como universidades, empresarios y centros de investigación. Sin embargo, su implementación podría convertirse en una caja llena de sorpresas. Hasta el momento, el cluster más desarrollado del país es el de textiles y confecciones de Antioquia, y dentro de él se destaca el microcluster de ropa interior femenina. Según la Cámara de Comercio de Medellín, este microcluster está conformado por más de 1.200 empresas y es la actividad en la región con un mayor número de empresas exportadoras: 61. Cada 'nudo' de la red añade valor al proceso y registra crecimientos sostenidos y el 23% de participación en las exportaciones del sector de confecciones de la región. Otros están en plena formación, como en el caso del de azúcar, y la identificación de sus microclusters en confitería, alcoholes, papel y energía. Juan Zaccour, presidente de la Zona Franca de Palmaseca y del Carce de la región, asegura que las sinergias y las relaciones entre todos los miembros del Carce les han permitido generar en el corto plazo perspectivas interesantes "especialmente en confitería y dulces". Gracias a la presencia de empresas como Colombina, Chiclets Adams, Nabisco y Comestibles Aldor, el impulso para el proyecto sería considerable.



El nuevo tejido



¿Cómo hacer que estas iniciativas no se queden en un fallido experimento, como ha sucedido tantas otras veces con las buenas ideas? Para unos, la dinámica alrededor de los Carce y de las tareas dentro de los clusters implica un cambio de paradigmas en los empresarios, como mirar el potencial de desarrollo en función de la demanda y no de la oferta. Gustavo Bernal, presidente de Fibratolima, explica la importancia de ir 'al revés': "conocer qué quiere el consumidor final y devolver todo el proceso, para que las confecciones, los textiles y las fibras se acomoden a la necesidad del consumidor". Otros, como Mariano Ghisais, presidente de Superbrix, consideran que la integración privada y pública, con un propósito común, es destacable. Aunque reconoce que la dificultad está en poder articular todas las políticas y los protagonistas para que "no se genere por dentro una competencia feroz". Es necesario cuidar que los Carce, que poco a poco se han convertido en un escenario interesante, no sean excluyentes y que, por el contrario, su espíritu democrático impere. Sin desconocer la naturaleza propia de la competencia en los negocios, compartir nuevos esquemas dará a los empresarios y a la región una nueva visión.





Zapatero a tus zapatos



La especialización de la región da un impulso generador a uno de los elementos más importantes en la estructura y equilibrio del cluster: la inversión extranjera. Y para atraerla, es necesario, más allá de exenciones tributarias, 'vender' bien el proyecto. El ejemplo más claro es el proyecto siderúrgico en la Costa Atlántica. Carlos Zuluaga, vicepresidente de Acesco, considera que llegó el momento en que las empresas piensen en reubicarse y tener mayor ventaja competitiva. "La 'chispa' para encender el proceso es dinamizar el convencimiento y la lección de la crisis: las exportaciones son el camino", señala. Nadie discute las bondades de este plan: novedosas estrategias, buenas ideas, pero la mayor dificultad será su implementación: el gran cuello de botella.



Llevar a la realidad los proyectos requiere dejar atrás modelos paternalistas, políticas en desuso y darles un mayor protagonismo al empresario y al impulso que alrededor de él se ha venido consolidando. El mismo gobierno reconoce las limitaciones y ha propuesto una nueva metodología para superar el discurso y los diagnósticos. Busca crear una Red Estratégica que les dé mayor eficiencia a las acciones y enfrentar, así, la diversidad regional. Su objetivo es adaptarse a los cambios en el entorno y aprovechar nuevas oportunidades. El interés colectivo que se generó alrededor de las exportaciones, bien por convencimiento o por necesidad, está gestando un nuevo clima empresarial en el país. Poco a poco, los empresarios se han ido involucrando en el proceso y de ellos dependerá su consolidación. Es, sin duda, la gran apuesta hacia el futuro. ¿Ya pensó cómo, en dónde y con quién se la va a jugar?
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