| 9/18/2013 6:00:00 PM

“Mi padre no tumbó a ningún ahorrador”

Pablo Michelsen Niño libra una dura batalla para reivindicar el nombre de su padre, Jaime Michelsen. Quiere probar que el escándalo financiero de los 80 fue orquestado por actores privados y gobierno.

Treinta años después de la intervención y nacionalización del Grupo Grancolombiano, el poderoso conglomerado financiero creado en los años 80 por el banquero Jaime Michelsen, su hijo, el abogado Pablo Michelsen Niño sigue dando la batalla por reivindicar la memoria de su padre.

Michelsen Niño atribuye la caída del Grupo Grancolombiano, de propiedad de su familia, a una operación orquestada desde el gobierno e instigada por actores privados y hasta al margen de la ley, que buscaban atacar a quien consideraban el principal símbolo de la oligarquía financiera del país, para satisfacer intereses mezquinos. Por el camino, asegura, este proceso acabó con la carrera de una de las mentes más brillantes del país en materia económica y llevó a su familia a una difícil situación económica.

D— ¿Por qué asegura que esta fue una confabulación contra su padre?

Porque fue una toma hostil por parte de cuatro factores perseguidores: primero, el expresidente Carlos Lleras Restrepo, que le tenía un odio manifiesto a Jaime Michelsen porque había votado en la convención liberal por la candidatura de Alfonso López Michelsen y respaldó a Julio César Turbay cuando Carlos Lleras buscaba la reelección. Segundo, hubo una persecución competitiva de un grupo de empresarios antioqueños que al final reconocieron que Jaime Michelsen nunca les quedó mal y que todos los negocios fueron buenos. En tercer lugar, hubo una persecución monumental del M19 y a esto se sumó un cuarto elemento: un problema de pauta publicitaria que le querían cobrar dos veces al Grupo y que desató una persecución a muerte por parte del periódico El Espectador.

D— ¿Qué tenía que ver el M19?

Belisario Betancur como presidente electo, antes de posesionarse, se reunió clandestinamente con el M19 en Madrid y en esas reuniones el M19 le exigió la cabeza de Jaime Michelsen, porque era el símbolo oligárquico, el supuesto depredador de los ahorradores y había que destruir y sacrificar a este símbolo oligárquico. Hay dos testimonios impresionantes, uno del exministro Rodrigo Lara Bonilla, publicado póstumamente por Patricia Lara, que ni siquiera es afecta a nuestra causa, y otro del exintegrante del M19, Iván Marino Ospina, en un reportaje que dio en el libro Las guerras de la paz a la periodista Olga Behar.

D— ¿Qué dicen estos testimonios?

En estos dos testimonios confiesan que Belisario Betancur, como presidente electo, en reuniones clandestinas ilegales y tratando de negociar un proceso de paz, negoció la cabeza de Jaime Michelsen con el M19.

D— ¿Y qué pasó con los ahorradores?


El Grupo nunca tuvo problemas con ningún ahorrador. Los presuntos autopréstamos fueron unos créditos que se hicieron por fuerza mayor, en respuesta a un decreto persecutorio con nombre propio, dictado por uno de esos empresarios antioqueños, Hernán Echavarría Olózaga, el 384 de 1980, en que sin previo aviso les prohibió a los fondos de inversión tener acciones del sector financiero y los conmina a venderlos en un plazo no mayor de seis meses.

D— ¿Cuál fue el efecto de este decreto?

Desinfló el mercado y, como única alternativa para proteger a los inversionistas, el grupo no tuvo otra posibilidad que comprar las acciones, entregarles la plata a los fondos de inversión para que les devolvieran los dineros a los ahorradores que tenían el dinero a la vista. Pero no hubo un solo ahorrador que perdiera.

D— Pero, ¿por qué no compareció Jaime Michelsen?

Jaime Michelsen de ninguna manera se había negado a comparecer ante la justicia. El exministro Edgar Gutiérrez Castro, que según todos los rankings fue uno de los Ministros de peor desempeño en toda la historia, dice que en esa navidad y año nuevo de 1983-1984 buscaron a mi padre para tratar de llegar a un acuerdo, pero la realidad es que el gobierno pretendía montar unas órdenes de captura con escándalo mediático por medio, sin previo aviso a los afectados, y sin ninguna justificación.

D— ¿Por qué habla de una conspiración del gobierno?


Belisario les da el manejo total de la economía a amigos de Carlos Lleras, a Edgar Gutiérrez como ministro de Hacienda. Ahí, en ese gobierno es cuando dictan el decreto para penalizar los presuntos autopréstamos, que es un término periodístico, y le aplican retroactivamente el decreto a unos créditos que ya habían ocurrido por fuerza mayor.

D— ¿No fueron los autopréstamos los que desataron el escándalo?


No. Lo que produjo la baja en los valores de los fondos de inversión fue el decreto 384 de 1980 para desmontar los fondos de inversión.

D— ¿Qué determinó la justicia en estos casos?


Los cinco procesos penales que le montaron a mi padre no terminaron en nada. En el proceso de los ahorradores no nos absolvieron, pero terminó por prescripción.

D— ¿Qué pasó con el cargo por autopréstamos?


Por este tema se abrieron tres expedientes y, para evitar la prescripción, ellos los convirtieron en cuatro. Pero no terminaron en nada, demostramos que no se podía aplicar retroactivamente la norma, que todos los créditos tenían absoluto respaldo.

D— ¿Por qué entonces condenaron a su padre?

Al final, cuando ven que los procesos que habían montado no terminaban en nada dijeron bueno, a este señor tenemos que aplicarle por lo menos una condena simbólica y en uno de esos procesos, mediante la condena más contradictoria que alguien se pueda imaginar le dictan una condena a 30 meses de prisión, pena que a cualquier procesado le habría permitido tener una condena de ejecución condicional y solo a él se la niegan.

D— ¿Qué pasó con la fortuna familiar?

Mi padre tuvo que vivir en las condiciones más adversas esta situación. Además, como era una persona tan sencilla y tan desprendida, sin ninguna codicia, se quedó sin ningún bien productivo, quedamos en una situación económica dramática y, lo peor, con fama de multimillonarios. Incluso nos tocó afrontar el secuestro de una de mis 7 hermanas durante 22 meses a manos del M19. Pero contamos con la bondad de Carlos Ardila Lülle, quien nos ayudó a pagar el secuestro. Él milagrosamente visitó a mi papá estando exiliados en Panamá, y pagó unos US$300.000 de los US$500.000 que habían pedido por el rescate y nunca nos aceptó reembolso. Nos los regaló prácticamente.
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