| 11/1/1994 12:00:00 AM

La barrita mágica

En pocos meses, las cadenas de supermercados dejarán de distribuir los productos que no estén identificados con un código de barras. Los proveedores que no cumplan el plazo, se quedarán por fuera.

Hasta hace algún tiempo aparecían exclusivamente en los envases de productos importados. Hoy, buena parte de los artículos nacionales los llevan. Se trata de símbolos que representan la "cédula de ciudadanía" del producto. Como cualquier documento de identidad, estos símbolos son personales e intransferibles y deben presentarse para participar en determinados eventos. A partir de 1995 las más importantes cadenas de supermercados en Colombia dejarán de comercializar aquellos productos que no estén identificados mediante un código de barras.

La adquisición de la tecnología de código de barras no es un capricho de las cadenas de almacenes de autoservicio. Esta es una inversión rentable en tiempo y dinero que permite obtener beneficios en la atención al cliente, el manejo de inventarios y las comunicaciones con proveedores.

Se estima que una cajera experta comete un error por cada 300 marcaciones. En cambio, la lectura de un código de barras estaría equivocada una sola vez por cada 3 millones de operaciones. Gracias a esta identificación de los artículos no sólo se reduce el margen de error en la operación de los puntos de pago sino que, además, se disminuye el número de pasos que las cajeras deben realizar.

En las registradoras tradicionales es necesario introducir el precio y las cantidades de cada producto. En cambio, con los terminales POS (Point of Sale), desarrollados para trabajar con un dispositivo óptico que lee códigos de barras, no hace falta marcar los precios. Estos "ya se encuentran en la memoria del computador", explica Álvaro Gutiérrez, gerente regional de almacenes Exito en Bogotá. En consecuencia, el empleo de un código de barras aumenta la productividad y la eficiencia con que se manejan las cajas en los supermercados y almacenes por departamentos. El propósito es descongestionar los puntos de pago.

¿Cuál es la prisa de los supermercados de adoptar esta tecnología? En pocos meses llegarán al país las multinacionales Makro y Wal-Mart. Estas cadenas tendrán una ventaja competitiva por su alto grado de tecnificación. Las cadenas nacionales tendrán que competir con la tecnología de punta.

Los códigos de barras tienen múltiples aplicaciones. La más conocida está a la vista de los compradores en los almacenes de autoservicio. Sin embargo, se trata de una tecnología de la que se pueden obtener muchas otras ventajas. Gutiérrez dice que quizás la más importante es la posibilidad de automatizar el registro de las ventas. La información

acumulada directamente en los puntos de pago facilita el análisis de las ventas por departamento y por producto. Esto era prácticamente imposible antes de la implantación de los códigos de barras. De esta forma los comerciantes pueden identificar los artículos de mayor rotación y los que dejan la mayor rentabilidad al establecimiento. Así mismo, las cadenas pueden optimizar el empleo de sus áreas de exhibición, que son tal vez el activo más apreciado para cualquier intermediario.

La implementación de un código de barras facilita, además, el desarrollo de aplicaciones en otras áreas. Por ejemplo, "se puede automatizar el manejo físico y contable del inventario en los puntos de venta", indica José Fernando Bustamante, jefe del departamento de sistemas de Cafam. Cada vez que se marca un artículo en una registradora POS, se descarga inmediatamente el inventario. Los códigos de barras permiten, adicionalmente, "racionalizar los procesos de reposición y almacenamiento de mercancías", señala. El mismo sistema puede indicar si las existencias de determinado producto han alcanzado un nivel crítico y es hora de formular un nuevo pedido. Como se conoce con exactitud el volumen de ventas en cada almacén, las acumulaciones de inventarios en las bodegas centrales se reducen a la mínima expresión.

Todas estas aplicaciones tienen ahora mismo un impacto benéfico sobre la carga laboral de las cadenas de supermercados. Y lo tendrán más en unos pocos años, cuando se difunda ampliamente la tecnología para el intercambio electrónico de documentos entre autoservicios y proveedores, más conocida como EDI. En la medida en que esto suceda, se liberará una buena parte de los recursos humanos que han estado ocupados en la elaboración de cotizaciones, tomas de pedidos, etcétera.

El EDI viene siendo empleado por algunas cadenas privadas como Cadenalco y el Exito para transmitir electrónicamente sus órdenes de compra y devoluciones a ciertos proveedores como la Compañía Nacional de Chocolates, Carvajal y Propal, entre otros. El desarrollo de esta herramienta habría sido imposible si no fuera por los códigos de barras.

Es claro, entonces, que esta tecnología beneficia no sólo a los consumidores y a los comerciantes. También los industriales pueden obtener ventajas de la utilización de un código de barras. En particular, ello' les permitiría, entre otras cosas,( hacerle un seguimiento a sus productos durante el proceso de transformación, mejorar la gestión de sus inventarios y racionalizar sus pedidos y despachos de mercancías. Infortunadamente los industriales colombianos, en general, se han mostrado tímidos en esta materia. Algunas excepciones dignas de mención son las de Coltejer y de Satexco en el sector de las confecciones; Noel, en la industria de alimentos; y Belonda, en el ramo de productos farmacéuticos y de belleza. Aun así, pasará un buen tiempo antes de que los industriales se decidan a aplicar masivamente los códigos de barras.

Por ahora los comerciantes tienen la iniciativa. Cadenalco (que comprende las cadenas Ley, SuperLey, Pomona, SuperKids y La Candelaria), Carulla y el Exito han puesto aparte sus tradicionales rencillas con las cajas de compensación y vienen trabajando simultáneamente con Cafam y Colsubsidio para presionar a todos sus provee-dores a que marquen sus artículos con códigos de barras. Pronto, La 14 de Cali, Supertiendas Olímpica, Comisariato El Vivero y Magaly París de Barranquilla, y La Tienda de Pereira, seguirán el ejemplo. La meta es que a partir del primero de enero del año próximo no haya un solo producto en sus estanterías que no esté debidamente codificado.

Para este efecto, las cadenas han previsto un cronograma que se ha venido cumpliendo, aunque no a la velocidad deseada. Según explicó Álvaro Gutiérrez, en el Exito "desde el primero de julio de este año dejamos de recibir proveedores nuevos cuyos artículos no trajeran el código de barras. A partir del primero de octubre dejamos de recibir artículos nuevos que no estén codificados, sin importar a qué proveedor pertenecen".

La presión de los autoservicios está surtiendo efecto. Así lo indica la evolución del número de afiliados del Instituto Colombiano de Codificación y Automatización Comercial, IAC. Esta entidad administra en el país el sistema de codificación conocido como EAN-UCC. En 1988 el IAC fue constituido con 29 miembros. Hoy cuenta con 3.024 afiliados y "antes de finalizar el año serán 3.500", indicó Rafael Flórez, director de la institución.

Las siglas EAN y UCC corresponden respectivamente a las organizaciones internacionales que representan los dos códigos de barras más usados por los comerciantes en el mundo. Ambos son sistemas numéricos, pero difieren en el número de dígitos que los componen. El EAN tiene 13 dígitos mientras que el código administrado por la UCC tiene sólo 12. Estados Unidos es el único país del mundo donde rige este último. Este hecho, sin embargo, ha dejado de ser un inconveniente para exportar a Norteamérica. Desde 1987 las dos entidades han desarrollado un programa de cooperación para que las empresas ubicadas en países miembros de la EAN como Colombia, obtengan el símbolo que se les, exige para entrar a Estados Unidos por intermedio de la institución nacional que administra los códigos de barras.

"Nuestra misión simplemente es ser facilitadores de los procesos de adaptación y transferencia de tecnología para que los empresarios alcancen altos niveles de productividad y eficiencia", señaló Flórez. Por esta razón el IAC fue concebido como una entidad privada, sin ánimo de lucro y de carácter técnico. Sus recursos provienen de las cuotas de afiliación y sostenimiento de los afiliados, pero la mayor parte de los ingresos se generan por actividades de capacitación. La cuota de afiliación es pagadera por una sola vez y la de mantenimiento se paga anualmente. Ambas dependen del valor de los activos de la empresa. Si el valor de éstos es inferior a $100 millones, la afiliación no tiene ningún costo.

La creciente utilización de los códigos de barras ha convertido al IAC en un punto de encuentro de comerciantes y representantes de las empresas más diversas. La industria informática, por ejemplo, mira con expectativa la implantación de esta tecnología en el país. "No sólo en el caso de venta de equipos, sino también en el desarrollo de soluciones y actividades de consultoría la codificación tendrá un impacto sobre nuestra empresa", dice Víctor Duque, gerente general de IBM en Colombia.

Por su parte, el presidente de Unisys, León Teicher, indicó que aunque hoy en día °la tecnología nos permite hacer prácticamente cualquier cosa", los procesos de codificación son aún incipientes en el país. "No se trata de traer la tecnología porque sí". Esta requiere de una cuidadosa implementación que requiere un cambio en la manera de concebir y hacer las cosas.

El camino por recorrer tiene varios obstáculos. Al elevado componente artesanal que existe en la industria, se suma el hecho de que la legislación comercial colombiana está desactualizada. Los comerciantes están obligados a marcar en el envase el precio de cada uno de los productos que comercializan. Esta medida es obsoleta y les resta capacidad para competir con las cadenas multinacionales que ingresarán al país próximamente.
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