| 8/8/2003 12:00:00 AM

La apuesta agroindustrial

En 140 hectáreas cerca de Bogotá, se está gestando una plataforma logística que les permitirá a la capital y a la región generar exportaciones agroindustriales por más de US$1.500 millones en 2013.

"La manera más eficaz de conseguir un desarrollo dinámico y sostenible para el campo es con el fomento de las actividades agrícolas orientadas a la exportación. Estas actividades generan crecimiento genuino y sostenible, pues están basadas en ventajas comparativas y no en medidas proteccionistas, consolidan polos de desarrollo -tipo cluster- y generan una estructura productiva y comercial permanente, en tanto que pueden estar vinculadas a los nichos más dinámicos del mercado internacional".

Este análisis, tomado del estudio "Bases para un modelo agroexportador para Colombia", escrito por Mauricio Reina y Sandra Zuluaga, de Fedesarrollo, resume la estrategia que adelantan hoy Bogotá y Cundinamarca, en un gigantesco proyecto agroindustrial que, según cifras y cálculos preliminares, permitiría que en 2013, la región produzca frutas, verduras y hortalizas con ventas anuales por más de US$1.700 millones, representados en 2 millones de toneladas de productos agrícolas, y exportaciones por US$1.500 millones que corresponden a 650.000 toneladas de productos agroindustriales.

El megaproyecto consiste, básicamente, en darles valor a los productos agrícolas que son abastecidos por campesinos de la región, para que luego desde allí sean despachados hacia los mercados de exportación o para atender la demanda interna, gracias a su ubicación al occidente de la ciudad sobre la vía que conduce a Medellín y la Costa Atlántica, en un área que cubre más de 140 hectáreas.

Para agregar valor, el proyecto se fundamenta un poderoso trípode compuesto por las siguientes plataformas: una, la logística con la que se crean los procesos de empaque, ensamble, etiquetado de los productos procesados y se da un proceso de agregación de valor a los productos; dos, la tecnológica que permite incrementar la capacidad de generación y gestión del conocimiento; y, por último, la económica que se apoyará en modernos sistemas de financiación para la realización del proyecto.

El proyecto forma parte del Plan Estratégico Exportador de la región Bogotá-Cundinamarca y que fue diseñado por el Comité Asesor Regional de Comercio Exterior (Carce) para aprovechar sus ventajas.

"Hay que crear valor en el país y no en el exterior. El mejor caso lo representan las flores. Su modelo como cluster, que genera valor al producto y le da competitividad al sector es el ejemplo de que se puede desarrollar una estrategia similar", dice Rafael Mariño, director del Megaproyecto Agroindustrial.

En la actualidad, mediante la Cámara de Comercio de Bogotá, se acaba de solicitar la cooperación técnica de la Corporación Andina de Fomento (CAF) para la realización de un estudio de preinversión y que contará con el apoyo de expertos españoles en el tema hortifrutícola, mientras que la plataforma logística tendrá una inversión inicial de US$10 millones.



El modelo

Varios países ya han sacado provecho de sus ventajas comparativas. Por ejemplo, según el estudio de Reina y Zuluaga, Brasil domina las tres cuartas partes de las ventas internacionales de jugo de naranja procesado y Costa Rica tiene el 30% del mercado mundial de piña.

Pero estas ventajas implican también cambios en las empresas y las tendencias mundiales van en dos sentidos. Por una parte, ya no son estructuras empresariales de profunda integración vertical, sino estructuras organizacionales flexibles. Y por otra, los productos no provienen de fabricantes que intentan introducirlos a un mercado incierto, sino que los identifican y diseñan en coordinación con el cliente final y luego los producen.

En el proyecto se identificaron 4 grandes tendencias mundiales del sector de alimentos, en los que el megaproyecto puede competir: productos naturales sin aditivos ni preservantes, productos sanos e inocuos obtenidos con prácticas de agricultura limpia y orgánica, productos de conveniencia (platos ya preparados y listos para servir, ensaladas precortadas y raciones para instituciones) y productos de innovación (gourmet, nuevos sabores y aromas, y platos étnicos).

En ese escenario, "la región tiene dos premisas: una, pensar en grande, y dos, trabajar con base en la demanda de los mercados y no de la oferta", explica Hernando Otero, director del Carce. Este cambio de énfasis implica ciclos de vida de los productos más cortos, para garantizar la compra de la producción y una infraestructura que responda a esta realidad.

Así las cosas, se consolida una nueva gestión del entorno productivo con la conformación de redes empresariales y económicas. El megaproyecto agroindustrial congrega a productores que aportan los abastecimientos -desde fincas productoras agrícolas de la región- y se crea mayor valor a partir de tres plataformas fundamentales en el proyecto. La primera, el Centro de Actividades Logísticas y de Transporte (Celta). Se trata de un complejo con un costo aproximado de US$260 millones que centralizará los procesos de manejo, ensamble, alistamiento, cadena de frío y envío de los productos de valor agregado. Según el Plan Básico de Ordenamiento Territorial del municipio de Funza, en donde está ubicado el megaproyecto, Celta es considerado, además, como un parque de negocios rural. El World Trade Center empezará la construcción de un centro de negocios y un hotel. "Como es proyecto orientado por la demanda, el World Trade Center es vital en la identificación de oportunidades de negocio, pues tiene más de 290 oficinas regadas por el mundo", afirma Enrique Tafur, director de Celta.

Esta plataforma logística tiene varias ventajas. Por una parte, está a solo 6 kilómetros del aeropuerto Eldorado. Además, con el nuevo proceso de concesión del aeropuerto y su transformación, la idea es montar un centro de perecederos con vista al occidente, pues el 85% de la carga del aeropuerto corresponde a perecederos -flores, frutas y hortalizas-. De hecho, dos de los jugadores más interesados en participar en la concesión del aeropuerto son la ciudad y la Cámara de Comercio de Bogotá. Se trataría de que ellos puedan, como en otros aeropuertos nacionales, participar en esa concesión y, uno de los modelos que se ha visto con mayor entusiasmo es el de Atlanta. "También se va a crear un puerto seco en esta zona y, adicionalmente, junto con Colfecar, se está definiendo la estrategia para el transporte de carga", agrega Tafur. Según los estimativos iniciales, las exportaciones marítimas requerirían unos 30.000 contenedores anuales de cerca de 16 toneladas cada uno, mientras que las aéreas serían de unas 166.000 toneladas por valor de US$360 millones.

La segunda plataforma corresponde al aspecto financiero. Se trata de hacer más eficientes los recursos, el manejo de transacciones, la reducción de costos y el control acertado de los precios.

En ese sentido, se busca la creación de alianzas con actores del sector financiero para hallar fuentes de recursos. Por ejemplo, la Bolsa Nacional Agropecuaria gestionaría la financiación de las producciones con contratos forward para garantizar el abastecimiento de la agroindustria y asegurarle capital de trabajo al agricultor. Con la ayuda de empresas como Suleasing también se están diseñando productos para inversiones en infraestructura.

Y la tercera, la tecnológica que integra los elementos de información y comunicaciones, para asegurar el aumento de la productividad en las zonas agrícolas, junto con el conocimiento para generar una cultura propia en actitudes y valores. Además, lograr un manejo de sistemas de información que soporten la estructura operativa.



La expectativa

Una tarea importante será la de organizar la oferta agrícola. Para Jorge Carulla, que dirige la estrategia agrícola de la región desde el Carce, la producción está muy atomizada, lo cual no permite volúmenes ni estandarización de productos ni de calidades. "El reto es integrar esas producciones, romper las cercas y relacionarlas. Si no es así, ellos solos no podrán desarrollar nuevos mercados".

Pero este ejercicio que adelantan Bogotá y la región, además de generar un nuevo esquema de negocios, tiene otros beneficios: puso a los sectores público y privado a pensar en alternativas de negocio que les brinden un cambio en el mercado y a promover la creación de confianza para fortalecer así la construcción de capital social.

Pero el proyecto tendrá varios retos antes de consolidarse. Por una parte, lograr los recursos necesarios para adelantar la infraestructura. Entidades como la CAF o la IFC ya han mostrado interés en el proyecto y podrían convertirse en inversionistas y las alianzas con entidades financieras para desarrollar productos casi a la medida. Y por otra, un trabajo intenso con instituciones como Corpoica y el Sena en investigación, estandarización de productos y en capacitación de mano de obra para que la generación de cerca de 120.000 empleos directos y unos 5.000 empleos industriales y de transporte sean eficientes y competitivas.

Por ahora, la apuesta está hecha y sus posibilidades de desarrollo dependerán del empuje y entusiasmo y de adecuarse de la forma más rápida a los mercados. Solo el tiempo definirá si la apuesta fue exitosa.
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