| 11/7/2008 12:00:00 AM

La alarma laboral está encendida

Se agitó el movimiento sindical. Empresarios, trabajadores y Gobierno deben entender que el escenario ahora es más globalizado y dinámico y que la generación de confianza es vital para las partes.

En las últimas dos décadas, Colombia no había vivido una situación laboral tan agitada como la que se ha registrado en los últimos dos meses. La justicia estuvo paralizada 44 días, los trabajadores de la Dian y la Registraduría Nacional realizaron paros escalonados y jornadas de protesta, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) convocó a un paro nacional el pasado 23 de octubre y los corteros de caña mantenían, al cierre de esta edición, interrumpida la producción de azúcar y etanol. Y ahora, más 3.000 trabajadores del puerto de Buenaventura amenazan con un cese de actividades para reivindicar sus protestas laborales.

¿Qué es lo que está pasando? El protagonismo que han tomado las relaciones laborales en la agenda global está impulsando a los sindicatos colombianos a fortalecer unas estructuras que se habían debilitado en los últimos diez años, debido a procesos de reestructuración empresarial, fusiones, privatizaciones y adquisiciones y a la aparición de figuras como las cooperativas de trabajo asociado (CTA). Este modelo, no solo les quitó afiliados sino que ha sido muy cuestionado porque algunas cooperativas no cumplen con obligaciones laborales como el pago de la seguridad social de los trabajadores.

A su vez, esta ola de protestas está llevando a que los empresarios empiecen a entender que los problemas laborales ya no son del resorte interno y que, dependiendo de cómo manejen las relaciones con sus trabajadores, se les pueden abrir o cerrar puertas de los mercados internacionales.

Bajo estas condiciones, analistas consideran que empresarios, trabajadores y Gobierno deben propender por establecer nuevas relaciones y entender que lo laboral ahora va más allá de las fronteras de la empresa y del país. La clave para resolver los conflictos está en la generación de confianza entre los distintos actores, que deben sintonizarse con el nuevo escenario, cada vez más dinámico y cambiante.

Para Óscar Agüera Jr., presidente de la firma consultora Advance S.A., es necesario que las empresas progresen en el tema de la responsabilidad social laboral. "A las empresas que no estén 'certificadas' en este sentido, se les pueden cerrar muchas puertas en el mercado global, donde la presión cada vez es más grande para que todos los trabajadores laboren en igualdad de condiciones. En medio de este proceso, es probable que las CTA tengan que desaparecer", advierte.

El abogado Gabriel Mesa, de la firma Prieto & Carrizosa, corrobora esta tesis: "Un despido de trabajadores sindicalizados, una huelga -que en una economía cerrada es del ámbito local y se resuelve ante el inspector de trabajo o un juez-; en un contexto global hace parte de los intereses de los consumidores europeos, de las ONG japonesas, del Parlamento Europeo, de los asesores de Barack Obama o de la senadora demócrata Nancy Pellosi. Esto cambia el panorama y es fundamental que todos nos demos cuenta de ello", afirma.

Mesa sostiene, además, que con el nuevo paradigma de los acuerdos comerciales el tema de la lucha contra las drogas ya no se menciona y que ahora lo que abre o cierra las puertas del comercio mundial es el cumplimiento de unos estándares laborales, medio ambientales y de derechos humanos.

De hecho, hace un par de años, cuando grandes cadenas comerciales inglesas vieron en Colombia un proveedor de flores, visitaron el país y se enfocaron en los aspectos laborales y sociales, como salarios ajustados a la ley, nada de trabajo infantil y jornadas laborales adecuadas. "No querían correr el riesgo de que, frente a sus tiendas, ONG's y sindicalistas hicieran manifestaciones contra los productos colombianos que tenían problemas sociales", explica un analista que participó en esa negociación. Pero hay otros botones para la muestra como el boicot que afrontó The Coca-Cola Company por cuenta del asesinato de un dirigente sindical en Colombia.

Es una realidad que las entidades internacionales miran con mayor interés el desarrollo laboral del país. A principios de octubre, una delegación de Acas, un organismo inglés que trabaja por mejorar las relaciones entre empleados y trabajadores, visitó Colombia. "Estamos a la espera de su reporte. Durante su visita se reunieron con sindicalistas, empleadores y el Ministro de la Protección Social para presentar modelos que permitan superar las disputas laborales", explica James Dauris, embajador (e) del Reino Unido.

En estas circunstancias, el gran interrogante es qué va pasar con las relaciones laborales de cara a la crisis económica mundial. "Sindicatos, trabajadores y gobiernos jugarán papeles claves en esta coyuntura", prevé Dauris.

Alarma encendida

De no mejorar la situación laboral en el país, la situación podría complicarse para las empresas colombianas. Como explica un funcionario del Gobierno, en la negociación del TLC los sindicalistas estadounidenses señalaban que iban a hacer todo lo posible para que no se diera el acuerdo con Colombia, pero que, si se firmaba, se convertirían en veedores implacables de las empresas colombianas. "Si hasta el momento han cumplido con lo primero, no hay por qué dudar que no cumplirán lo segundo".

Además, el tema laboral con Colombia, amarrado al TLC, estuvo en la agenda de los candidatos presidenciales en Estados Unidos e hizo parte de uno de los debates. De hecho, una de las principales críticas al gobierno colombiano en la negociación del tratado es que en el tema de la protección social le dio prioridad a la propiedad intelectual y al debate de los medicamentos, mientras que el espacio de la discusión laboral se lo apropiaron los sindicatos colombianos.

En estas condiciones, ¿qué queda por hacer? La palabra clave es generar confianza entre los actores. Es necesario reestructurar el discurso, tanto de empresarios como de sindicalistas, para que la relación permita el crecimiento económico de las empresas y una participación sindical más proactiva.

Como lo plantea el análisis Empresas y sindicatos en medio del conflicto. ¿Cómo construir confianza

, de Alexandra Guáqueta y Ángela María Puentes, de la Fundación Ideas para la Paz, otra opción son las iniciativas multi-actores que aglutinen en un mismo grupo a sindicatos y empresarios directamente. La Fundación, por ejemplo, en conjunto con un grupo de empresas nacionales y extranjeras, viene impulsando las Guías Colombia en seguridad y derechos humanos, un código de conducta empresarial que aborda, entre otros las relaciones de las empresas con la seguridad, la integridad física de los sindicalistas y el no pago de extorsiones a grupos armados ilegales.

Para Miguel Eduardo Cárdenas, asesor científico de la Friedrich Ebert Stiftung en Colombia (Fescol), el país requiere una reorientación de su política laboral y sindical. Para ello, sostiene que el manejo económico debiera priorizar el sector real de la economía, impulsar la productividad regional y contar con un sistema financiero no especulativo.

Un buen ejemplo de lo que puede lograr en un marco de confianza es lo que ha venido sucediendo en el Cerrejón, donde, en los últimos 16 años, el sindicato no ha votado una huelga. Para el presidente de la compañía, León Teicher, esto se logra cuando hay una empresa que respeta los derechos de los trabajadores a asociarse y los ve como socios estratégicos del negocio, y cuando hay un sindicato maduro que entiende lo importante que representa la rentabilidad de una compañía para su estabilidad y la de los trabajadores y no permite la intromisión de terceros.

En el país, sin embargo, se han logrado acuerdos que han permitido salvar empresas, como sucedió en el caso de Acerías Paz del Río y, más recientemente, en Coltejer, donde la participación de los trabajadores fue definitiva para que las empresas no fueran liquidadas.

La movida sindical

A mediano y largo plazo, lo que se está gestando es una transformación del movimiento sindical, enmarcado en dos grandes tendencias. La primera: para darle un nuevo aire a los sindicatos privados, se está promoviendo la creación de sindicatos de industria, que se constituyen con trabajadores pertenecientes a diversas empresas de la misma rama industrial, lo que les permite aglutinar a más miembros e ir detrás de un modelo como el europeo de negociación por sector y por región.

De hecho, el presidente de la CUT, Tarsicio Mora, sostiene que el futuro del sindicalismo es la unidad y que por eso dicha organización va a promover la creación de unos 20 sindicatos de industria en Colombia. "Contrario a lo que se ha hecho creer, los sindicatos no son enemigos de las empresas. Para construir un marco de confianza, las organizaciones sindicales requieren de seguridad y de garantías para la protesta social y la asociación. No es posible que a estas alturas de la vida respondan a las exigencias laborales tildándonos de guerrilleros y de terroristas", sostiene el líder sindical.

La segunda tendencia, como ya se dijo, tiene que ver con un entorno mucho más globalizado. Los sindicatos saben que ahora tienen una mayor visibilidad internacional y que el tema laboral se está convirtiendo en uno de los factores de entrada a los mercados internacionales para los productos y servicios de las empresas locales, junto con el tema social y la protección del medio ambiente. Este hecho les da un renovado poder de negociación frente a las empresas, que no piensan desaprovechar.

A su vez, los sindicatos también 'están pasando su cuenta de cobro' por la actual crisis que atraviesa la economía mundial, de la que culpan a la política neoliberal y a la globalización, corrientes a las que siempre les han hecho oposición y a las que atribuyen el vertical descenso de la tasa de sindicalización en Colombia y en el mundo en general.

Álvaro Delgado, investigador del Cinep, considera que el movimiento sindical debe desplegar estrategias de lucha flexibles. En uno de sus estudios sostiene que los sindicatos no son batallones de infantería sino equipos de negociación y lucha. "Dirigentes que no sepan negociar con el capital ni llegar a acuerdos no les interesan a los trabajadores. Pero todo esto puede quedarse a medio camino si los sindicatos no buscan el reencuentro con el grueso de la población trabajadora, que habita las barriadas de la pobreza y la descomposición social y donde se incuba un nuevo e inmenso campo de la protesta popular: los desplazados".

En medio de las dificultades laborales, empresarios y sindicatos tienen dos caminos: seguir por un modelo cerrado de confrontación, donde prevalece el conflicto de clases, o entender que la suerte de las empresas y de la economía está en nuevos modelos de relaciones donde la confianza es el elemento vital para salir adelante.

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