| 9/5/2003 12:00:00 AM

Juntas directivas

En Colombia, todavía falta claridad acerca de qué hace una junta directiva o para qué sirve. Hay avances, pero se necesita un cambio en la cultura empresarial.

A finales de agosto, WorldCom, que protagonizó uno de los escándalos corporativos más grandes en la historia de Estados Unidos, anunció sustanciales cambios a su sistema de gobierno corporativo. Las recomendaciones, hechas por un monitor asignado por las Cortes, le implicarán a la gigante de telecomunicaciones la separación de los papeles de presidente de la junta directiva y presidente ejecutivo, funciones que Bernie Ebbers como presidente ejecutivo ejerció en la empresa hasta que esta se declaró en una bancarrota seguida por un fraude contable de US$11.000 millones. También piden nuevas modalidades de compensación y, con la excepción del gerente, la total independencia de la junta directiva.

Para muchos observadores, las recomendaciones sientan precedentes y le dan una nueva cara al tema de gobierno corporativo y en particular al manejo de las juntas directivas en las empresas.

Infortunadamente, en Colombia el tema de juntas directivas todavía está crudo. Por lo general, existe desconocimiento acerca de qué son o para qué sirven. Son arcaicas y poco activas, dice Paola Gutiérrez, gerente del programa de Gobierno Corporativo de Confecámaras. Es usual encontrar juntas meramente decorativas o que solo buscan estrechar sus contactos por medio de los de sus miembros. También pueden ser excesivamente fiscalizadoras y adentradas en la operación de la empresa, dice Alfonso Cotes, director de Forum de la Universidad de la Sabana.

Estos no son los propósitos de una junta directiva. La junta tiene que velar por el lineamiento estratégico de la empresa en aras de que cumpla sus metas. Sin él, la empresa puede terminar en confusos andares o, peor, sin camino. Parte del problema reside en que si bien no se sabe para qué son, sus miembros tampoco saben qué deben hacer en ellas. La profesionalización de los miembros de la juntas directivas poco a poco crece en importancia. En asocio con el Banco Mundial, Confecámaras presentará un programa de acreditación mundial para miembros de juntas directivas. Quienes acrediten este currículo quedarán certificados como profesionales en este tema. Se espera que estos esfuerzos empaten con las leyes de intervención económica y de mercados de capitales que piden juntas más profesionales.

Aunque lentamente, en Colombia se han hecho avances en el tema. Debido a la sensibilidad de temas como el lavado de activos, el sistema financiero colombiano es probablemente uno de los más avanzados en materia de juntas directivas. Gracias a la observancia de la legislación estadounidense en este aspecto y a diferencia de las juntas de sociedades comerciales, las de entidades financieras deben tener miembros externos. Igualmente, la legislación les exige más comités. Por otro lado, la resolución 275 de la Superintendencia de Valores exige a las empresas que quieran financiarse en el mercado de capitales emitir un código de buen gobierno. Igualmente, la Ley 222 de 1995 establece responsabilidades legales a los miembros de la junta directiva. Con esta, los miembros deben responder civil, penal y fiscalmente por las decisiones que tomen en la junta. Las penas pecuniarias alcanzan el patrimonio personal del miembro.

Sin duda, estos avances son buenos. Tanto que ciertas compañías de seguros en Colombia están considerando emitir pólizas de seguro para miembros de juntas, en particular extranjeras que ya tienen experiencia emitiendo este tipo de productos. Por más caras que han llegado a ser las primas después de tantos escándalos, ejecutivos de Europa y Estados Unidos se están cubriendo del riesgo.

Sin embargo, todavía falta lo más importante. Como dice Gutiérrez, de Confecámaras, medidas como estas no se han acompañado de un cambio cultural en las empresas colombianas. Porque en el tema de juntas directivas no necesariamente los países ricos son el punto de referencia. Si bien estos están más avanzados que Colombia, los numerosos escándalos corporativos en Estados Unidos y Europa evidencian que tanto acá como allá, la efectividad de una junta no está en el grado de desarrollo del país, sino en la cultura de sus empresas. El cambio cultural se dará lentamente en la medida en que no solo los miembros de las juntas sino los accionistas se den cuenta de los beneficios de una junta profesional con direccionamiento.

Los beneficios también serán para el país en la medida en que se pueda dar mayor confianza a inversionistas extranjeros. Las empresas que mejor manejan temas de gobierno corporativo y en particular juntas directivas atraen capital más fácilmente. En este sentido, la IFC, brazo inversionista del sector privado del Banco Mundial, asesora a empresas colombianas como Bavaria y el Grupo Antioqueño en el manejo de su gobierno corporativo en su búsqueda de capital para modernizarse.
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