| 2/2/2017 12:00:00 AM

Jorge Tovar: El zar de San Victorino

Jorge Tovar empezó vendiendo jeans en la calle y hoy es uno de los hombres más poderosos del centro de Bogotá. Aunque estudió economía en Moscú, su éxito comercial lo logró con el capitalismo y las ventas populares. Esta es su historia.

Las historias empresariales no solo vienen de las élites. En pleno corazón de Bogotá y justo en el sitio en donde nació el comercio de la capital del país está la oficina de Jorge Tovar, un emprendedor convertido hoy en empresario inmobiliario.

Su familia llegó desplazada del Sumapaz (zona rural de Bogotá) pocos años después del bogotazo. Su padre, Luis Obdulio Tovar, –en la actualidad uno de los patriarcas comerciales de San Victorino– llegó literalmente con una mano adelante y la otra atrás. Prácticamente se vio obligado a soltar el azadón para ponerse a vender cosas en el centro de la ciudad. Era un asunto de subsistencia. Su estreno en esas nuevas lides lo recuerda con gran exactitud su hijo Jorge Tovar: “Eso fue el 13 de agosto de 1955. Fue una etapa muy dura porque desde niño tuve que acompañarlo en largas jornadas, vendíamos de todo”, recuerda ‘don Jorge’, como le dicen quienes trabajan con él. Su oficina está ubicada en el quinto piso del Centro Comercial Rosita en la calle 11 con carrera 10.

En video: Magoma, el emprendimiento familiar que innova con golosinas saludables

Tanto andén, sacrificio, frío y sol empezaron a rendir sus frutos. En 1968, don Luis Obdulio logró reunir el dinero suficiente para tomar en arriendo un local en la calle 11. Ese fue el comienzo de una larga travesía que llevó a esta familia a convertirse en una de las más poderosas del centro de la capital.

Jorge alternó sus actividades de venta en el local de su papá con estudios de psicología en la Universidad Incca. Alcanzó a cursar seis semestres. Luego se enteró de unas becas que el gobierno de la extinta Unión Soviética estaba ofreciendo en el país “y como estaba en una universidad con ese tipo de inclinaciones políticas, pues me postulé”, afirma.

Ganó la beca y se fue a Moscú a estudiar Economía en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos (antes Universidad Patricio Lumumba). Esa experiencia le cambió la vida. No solo aprendió ruso y se graduó en Europa, para rematar, se casó con una bella mujer soviética.

Al volver al país se dio cuenta de que San Victorino era un mar de oportunidades comerciales por desarrollar. “Cuando volví ya estaba organizado en la zona un grupo que se llamaba ‘Los once de la once’, una asociación de comerciantes en donde estaba mi padre Luis Obdulio”.

Jorge Tovar armó su propia versión de este clan y se asoció con otros 10 comerciantes amigos en una nueva sociedad. El nuevo grupo –integrado por comerciantes empíricos– aprovechó desde el primer día la preparación académica de Jorge Tovar. Es así como este les propuso aportar cada mes la suma de $50 mil a un fondo especial dedicado a nuevos negocios y oportunidades. Ese fue el inicio de todo, pues ya no se trataba de uno que otro comerciante que había logrado un cierto nivel de prosperidad. El asunto era de emprendimientos y a una mayor escala. Desde entonces, Jorge Tovar ha liderado la construcción de nuevos grupos que buscan el mismo propósito. En la actualidad, uno de los clanes más poderosos en la zona es la sociedad Centro Comercial San Victorino S.A, constituida por no menos de 130 empresarios.

La pelea con Peñalosa

En febrero de 1998 el alcalde Enrique Peñalosa y los comerciantes de San Victorino tuvieron una reunión histórica. Los vendedores de textiles llegaron al Palacio Liévano con una propuesta bajo el brazo que incluía la construcción de un parqueadero público y el mejoramiento de seguridad. La idea era salvar a San Victorino de las pretensiones vanguardistas de la nueva administración. Sin embargo, Peñalosa les salió adelante y les explicó que cualquier peso que se invirtiera en la zona podría perderse, pues tenía la idea de renovarla por completo y al mejor estilo de las grandes urbes del mundo.

Lea también: Medellín, epicentro del emprendimiento

“Fue un baldado de agua fría. Lo que hicimos inmediatamente fue organizarnos y contratar unos abogados. Es que la economía de Bogotá nació acá, así que dimos la pelea en medios, estrados judiciales y escenarios políticos”, dijo.

La tarea rindió sus frutos y finalmente el alcalde solo pudo construir el parque Tercer Milenio y renovar la plazoleta de San Victorino. El segundo round se produce justo ahora en la segunda alcaldía de Peñalosa, pero en este caso los comerciantes están más organizados y buena parte de ellos están dispuestos a participar económicamente en un plan de renovación de las manzanas que no se han tocado.

El poder comercial

San Victorino es probablemente el centro comercial a cielo abierto más grande del país. “Hay cerca de 10.000 comerciantes que generan unos 40.000 empleos y es el punto de partida para grandes empresas. Aquí Arturo Calle tuvo local, Carlos Federico Ruiz arrancó con la Panamericana, Esteban Rangel con Calzado Piel Roja y, para no ir tan lejos, el padre de Guillermo Botero creó Fenalco en estas calles”, explica Tovar.

Pero a la par de esas grandes historias empresariales germinaron fenómenos delictivos como el contrabando, evasión y plagio de marcas en ropa, textiles y otros productos. A juicio de Tovar, este tipo de irregularidades ha venido disminuyendo, no solo por el accionar de la Dian y la Policía, sino porque los comerciantes se dieron cuenta de que podían crear sus propias marcas.

“Ahora hay muchos casos de éxito en la legalidad. Está el de confecciones Divina, de John Giraldo, o la empresa Offiesco, con amplia presencia nacional. También habría que mencionar Inversiones Vadisa, que sale en el ranking que ustedes (Revista Dinero) publican cada año”, dijo. Según el especial Las 5.000 Empresas de Revista Dinero esta compañía facturó en 2015 más de $61.000 millones.

El éxito de San Victorino se resume en buenos precios, constante y multitudinaria afluencia de clientes y variedad de mercancías. Pero una de las cosas que más llama la atención de esta zona comercial es el precio de los locales. Se manejan cifras increíbles, incluso superadas por la milla de oro de la calle 85. “El metro cuadrado acá en la zona puede estar en $40 millones, más una prima de acreditación que se cobra”, afirma Tovar. Dicha prima de acreditación fue objeto de escándalo hace unos meses al conocerse que unos comerciantes de origen chino pagaban miles de millones de pesos por estos derechos.

Por eso el nuevo foco de los negocios de Jorge Tovar es el inmobiliario. Aunque no compartió con nosotros detalles del número de locales que posee, una sola propiedad de él tiene 120 de estos espacios. El temor para contar lo que posee no es gratuito. Varios de sus compañeros han sido extorsionados y secuestrados, eso sin contar que su oficina se parece más a un búnker que a un despacho administrativo.

Falta mucho por hacer en San Victorino. Persisten algunos problemas de seguridad, contrabando y plagio, pero queda claro que en medio de este curioso matrimonio de formalidad con informalidad es posible contar historias empresariales destacadas.

También le puede interesar: Ex combatientes de Farc y Ejército ahora están unidos por el emprendimiento

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 524

PORTADA

Así es el mercado de los bufetes de abogados en Colombia

En un año que no resulta fácil para la economía, la actividad de las firmas legales está más dinámica que nunca. Los bufetes de abogados se juegan el todo por el todo.