| 12/1/2005 12:00:00 AM

Inversión social rentable

Los empresarios colombianos deben cambiar su visión frente al apoyo a programas sociales. Deben dejar de hacer únicamente donaciones para hacer inversiones que generen un impacto social y a la vez produzcan utilidades.

El terremoto de la zona cafetera logró juntar a fuerzas del gobierno, del tercer sector, del sector empresarial y varias fundaciones para recuperar la zona. El modelo del Fondo de Reconstrucción del Eje Cafetero (Forec) en torno al cual se aunaron estos esfuerzos, se convirtió en ejemplo mundial. Sin embargo, como dice Luis Gallo, director de Compartamos con Colombia, "no se debería necesitar un terremoto para que la gente se sensibilice".

Los empresarios deberían ir más allá del deber ser, sobre todo hoy con la importancia que se le está dando a la responsabilidad social. De hecho, el concepto de inversión social rentable (social investing) lleva ya 15 años en Europa y Estados Unidos. El objetivo es buscar puntos intermedios, en donde las empresas puedan maximizar el impacto social empresarial pero sin perder de vista sus utilidades, lo que tiene dos grandes efectos: donación vs. inversión. Una donación bien o mal es un regalo y el empresario debe preocuparse de que no se malgaste este dinero. Pero cuando se trabaja con el concepto de inversión, hay una cantidad de consecuencias psicológicas que desarrollan el concepto gerencial. El empresario quiere saber cuánto se va a invertir, qué va a pasar con el dinero, cómo lograr sinergias y conformar alianzas.

Además, si los empresarios invierten en este tipo de negocio tendrán ventajas como reducción del costo de capital, rentabilidad económica y social, acceso a una mayor participación de mercado, generación de economías de escala, mano de obra por fuera de la nómina y posicionamiento de la empresa socialmente responsable.

En Colombia ya hay casos que se pueden identificar con este concepto. Por ejemplo, en el Magdalena Medio, Indupalma convirtió a sus empleados en empresarios y, como tales, en aliados de la compañía. Aunque el plan se desarrolló por necesidad debido a la zona en la que se encuentran los cultivos, los palmeros pudieron salir adelante y obtener buenos resultados para toda la comunidad. Otro caso es Nestlé, que lleva 30 años promoviendo la cadena láctea en el Putumayo y Caquetá (ya tiene una planta en Florencia). Por su parte, el proyecto Carcafé inició como un experimento pequeño con la Organización Internacional de Migraciones (OIM). El objetivo inicial era solucionar dos problemas: cumplir volúmenes y estándares como proveedores de Starbucks y dar una respuesta sostenible a la zona del sur de Nariño. Así, se unieron esfuerzos con cooperación internacional (Holanda) y empresa privada, y se aprovechó el comprador internacional que tenía todas las posibilidades de pagar un precio justo y de hacer extensiva su política cooperativa en Colombia. A partir de esto se lograron tres metas: ambientales con prácticas de agricultura sostenible; sociales, con tejidos y asociaciones autosostenibles y económicas, al organizar a los agricultores del departamento de Nariño como proveedores permanentes de los exportadores. Además, se crearon centros de cómputo en todas las escuelas, se diseñaron prácticas de agricultura para los jóvenes y, con la ayuda de la gobernación, se restablecieron las prioridades de la zona.

El semillero Estas experiencias abrieron el camino para que Compartamos con Colombia y la OIM, que el próximo año cumple 50 años en el país, conformaran una alianza para acercar al sector privado a estos proyectos y cambiar la idea de que la colaboración de las empresas privadas debe ser asistencial, y no sostenible, como es la tendencia actual.

USAID (United States for International Development) es el donante principal de este proyecto. La idea es generar pensamiento y conciencia e identificar algunos negocios con empresarios en zonas complejas. "Colombia crece con el promedio de América Latina, lo que quiere decir que sí se están haciendo negocios, pero los empresarios no están siendo parte de la solución y, como todos somos parte del problema, todos tenemos que ser parte de la solución", afirma Marcelo Pisani, jefe de misión adjunto de la OIM Colombia.

Un empresario que vive ocupado con la reelección, el TLC y la revaluación, no tiene tiempo para el tema de la responsabilidad social. "La idea es enseñarle al empresario que tenemos que hacer mucho más para lograr la paz y el desarrollo sostenible. Hay zonas muy marginadas donde la solución no debe provenir solo del gobierno ni de la OIM sino del conjunto de las organizaciones (gobierno, agencias multilaterales, cooperación internacional y empresas) para que el proyecto sea sostenible", afirma Gallo.

Hay una cantidad de recursos internacionales subutilizados y en casi todos hay espacio para que el sector privado participe. USAID tiene programado para 2006 tres proyectos: ADAM, que es desarrollo alternativo en municipios; MIDAS, alianzas públicas privadas, y ADP, desplazados y otros sectores vulnerables. En estos hay invertidos casi US$500 millones en cooperación internacional estadounidense. Pero para que funcionen, tiene que haber cooperación de todos los sectores.

En últimas, se trata de replicar casos exitosos en Colombia. El esfuerzo de la OIM y Compartamos es generar un semillero de proyectos que permita que el tema de inversión social rentable se vuelva parte de la forma en que se hacen negocios en Colombia.

"La empresa privada genera riqueza, pero no estabilidad social. Esto debe ser una puerta de entrada para que el gobierno pueda posicionarse en algunas zonas vulnerables a las que no ha podido llegar. Un gana-gana para todo el país", dice Pisani.

Los empresarios colombianos deben empezar a invertir en proyectos sostenibles de impacto social para lograr el desarrollo del país. Aún están a tiempo de generar valor.
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