| 5/14/2004 12:00:00 AM

India, Malasia, China y ¿Colombia?

La industria colombiana de software ha demostrado que puede competir en el negocio global del offshoring. Pero sus retos son mayores que sus logros.

K3 Group e instant-bank son dos empresas estadounidenses especializadas en el desarrollo de software empresarial y financiero que, como muchas otras en su industria, buscaban mejorar su competitividad y crecer. Sabían que una de las maneras más efectivas de lograrlo era la maquila. Esto es, enviar el trabajo de desarrollar ciertos componentes de su software a otros países cuya mano de obra es más barata. Pero en lugar de ir con la corriente mundial y enviar su trabajo a países como India, Malasia y China, que se han convertido en los destinos predilectos para estos trabajos, estas empresas decidieron, en cambio, que Colombia era el lugar ideal. Hoy, CincoSoft maneja un proyecto para instant-bank, mientras que un grupo de colombianos hace desarrollos puntuales para K3.

Estos dos casos son emblemáticos del fenómeno global: offshore outsourcing. En los últimos tres años, el negocio del offshoring ha crecido más de 55%, hasta sumar cerca de US$14.000 millones en 2003 y se ha convertido en un polémico tema de la campaña presidencial en Estados Unidos por la mano de obra que se deja de contratar en ese país. El negocio es relativamente nuevo en la industria informática, aunque obedece al viejo concepto de división de trabajo. En el desarrollo de software, el offshoring se puede considerar como una cadena en la cual los países que dan precios más baratos hacen trabajos rudimentarios. Estos incluyen bodyshopping, que es la compra de horas-hombre, e involucran el desarrollo de líneas de código sueltas (no el programa entero), actualizaciones y la eliminación de pequeños defectos. Más arriba en la cadena, hay trabajos que implican manejar proyectos enteros. Estos son más sofisticados y suelen quedarse en los países ricos.

Esta no es la primera ni la única vez que empresas colombianas incursionan en el offshoring. PSL de Medellín, Enigma de ParqueSoft en Cali y AlfaGL y Compucentro en Bogotá, entre otras empresas, también hacen trabajos para desarrolladores extranjeros. Estos ejemplos ofrecen un microcosmos del potencial colombiano en offshoring y reflejan las ventajas y desventajas de Colombia para ser parte de un negocio que todo país subdesarrollado quiere morder antes que otro.

Visto por una empresa extranjera interesada en hacer offshoring, el potencial de un país se fundamenta en tres aspectos: costo, capital humano y ambiente de negocios. Salvo este último factor, los desarrolladores de K3 y CincoSoft ofrecían ahorros y talento. En cuanto a costos, los colombianos ofrecían sustanciales ahorros. Javier Barreiro, jefe de tecnología de K3, dice que un desarrollador en Colombia se puede ubicar por debajo de US$12.000 al año frente a un costo comparable de US$36.000 en Estados Unidos. Sin divulgar cifras de su contrato con instant-bank, Víctor Toro, socio de CincoSoft, asegura que un desarrollador con experiencia cuesta alrededor de US$72.000 al año en Estados Unidos frente a US$30.000 en Colombia.

En cuanto a talento, los colombianos sencillamente demostraron que eran mejores que otras alternativas. Instant-bank y K3 llegaron a Colombia buscando menores costos, pero se quedaron por el talento. Factores como la creatividad, experiencia técnica y profesionalismo inclinaron la balanza a favor de los colombianos. Instant-bank hizo un riguroso chequeo de las cualidades técnicas y referencias de empresas en Colombia y otros países vecinos antes de elegir a CincoSoft. A la empresa estadounidense le gustó en particular la formación integral y no solo en ingeniería de sistemas que tenía CincoSoft. Por su parte, K3 también evaluó otras opciones antes de elegir a los colombianos y confía en su talento. K3 espera mover trabajo más sofisticado a Colombia a medida que la empresa crezca.

Pero como comenta Barreiro, el talento es igual en todas partes, por lo que Colombia necesita crear una buena reputación en el mercado global. Y aquí, sin duda, Colombia pierde más puntos. Tanto instant-bank como K3 llegaron a Colombia más por suerte que por reputación. El presidente de la primera decidió analizar el país solo porque su vecino en Estados Unidos era un colombiano que logró convencerlo de que Colombia podría ser una opción. El caso de K3 no es muy distinto. Barreiro, de K3, es un colombiano con contactos y amigos en Colombia y también logró convencer al presidente de la empresa de que pensara en el país.

Aunque los casos de CincoSoft y K3 demuestran el potencial de Colombia, la verdad es que en temas como el talento colombiano y sus costos, no hay claridad acerca de la competitividad del país. Por su parte, el ambiente de negocios no es el más favorable. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que ninguna de estas variables por sí solas determina el éxito de un país. Todas se conjugan.



Las variables

El aspecto principal en toda consideración de hacer offshoring es costo. Las empresas estadounidenses están interesadas en buscar soluciones a los altos costos laborales en ese país. Sin embargo, en Colombia es casi imposible establecer un consenso en torno a lo que cuesta la mano de obra. Incluso teniendo en cuenta que el costo depende de la duración de un proyecto y de qué tipo de trabajador y con qué experiencia se necesitará, pues un trabajo puede necesitar arquitectos, analistas y desarrolladores de distintos grados, no hay acuerdo sobre las escalas de precios.

Carlos Ardila, presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Sistemas, ACIS, estima que el costo de un desarrollador en Colombia es de US$7.000 al año. Su homólogo estadounidense puede costar US$60.000 el año, dice. Y en cuanto a un arquitecto, quien diseña toda una aplicación y cobra más que el desarrollador, puede costar hasta US$150.000 al año en Estados Unidos, sustancialmente más que en Colombia. Como se ve, estos costos difieren de los estimados por K3 y CincoSoft.

No se debe creer que Colombia es del todo competitiva en el escenario mundial. Por ejemplo, dice Barreiro, los desarrolladores en Rumania son más baratos que los colombianos. Para Diego Tovar, de EDS, multinacional proveedora de servicios de outsourcing, el costo por año en Colombia puede ser hasta 35% mayor que en India. Y para Carlos Santanilla, presidente de Fedesoft, un desarrollador puede costar alrededor de US$80.000 al año, lo que les ha funcionado a las empresas colombianas en el mercado doméstico, pero deben ubicarse entre US$40.000 y US$16.000 para ser competitivas en el escenario mundial. Entre las empresas grandes del sector ya se evidencian precios más competitivos, dice.



Talento y educación

Pero el costo no es todo. En realidad, solo complementa un buen capital humano. Ardila, de ACIS, asegura que los colombianos son reconocidos en Estados Unidos incluso por encima de sus homólogos latinoamericanos. Para un proyecto de la Contraloría General de la República, manejado por EDS, los ingenieros colombianos inicialmente fueron mirados con escepticismo por parte de ingenieros de EDS mexicanos llamados a apoyar, dice Tovar. Sin embargo, los colombianos rápidamente demostraron su experiencia, hasta el punto en el cual hoy casi no necesitan el apoyo de EDS México.

A pesar del talento demostrado por los colombianos, hace falta masificarlo para crear una mejor reputación-país. Como dice Barreiro, de K3, el talento colombiano es reconocido "en Miami, pero no en Boston".

El problema puede ser de educación. Para Toro, ex profesor de la Universidad de los Andes, se necesita gente más capacitada para conseguir trabajos de offshoring más sofisticados y no solo de bodyshopping. Por un lado, dice Toro, las escuelas de ingeniería de sistemas necesitan formar ingenieros con más sentido práctico y mejores prácticas, en cambio, "los están dejando en lo teórico". Jorge Aramburo, presidente de PSL, concuerda con él. "Hay que enseñarles lo que ya deberían haber aprendido en la Universidad". Aramburo habla de la abundancia de textos obsoletos en las facultades, como muestra de lo que hay que eliminar.

Por otro lado, el colombiano necesita más conocimiento en temas específicos de una industria dada y una formación más integral. Esto es crucial pues las oportunidades de una empresa doméstica que quiere ganar un contrato de offshoring mejoran, si su gente, además, tiene conocimientos en un área específica afín con el tipo de software que desarrolla la extranjera. El hecho de que CincoSoft tuviera profesionales en matemáticas e ingeniería fue crucial para que la empresa estadounidense la contratara.

El idioma también es otro factor de peso en la educación y es en lo que más falla Colombia. Ardila dice que la falta de bilingüismo se debe a que muchas universidades públicas en Colombia desprecian el inglés. Pero la realidad es que los manuales de las nuevas tecnologías y el mundo de negocios se dan en inglés. De nuevo, si se quieren trabajos más sofisticados de offshore en Colombia se necesitará un mejor inglés que el actual. "El desarrollador se puede defender por e-mail, pero el diseñador y el gerente del proyecto tienen que desenvolverse oralmente muy bien", dice Barreiro, de K3.

No es una sorpresa que el ambiente de negocios sea el punto más débil de Colombia. Casos como el de K3 y CincoSoft y otras empresas colombianas han tenido un final feliz. Pero solo en ciertos casos. La verdad es que el riesgo país sigue perjudicando la posibilidad de ganar más contratos en el futuro. Por ejemplo, por méritos técnicos, la propuesta de CincoSoft, de la mano de instant-bank, fue la ganadora de un jugoso contrato con un banco grande estadounidense, dice Toro, de CincoSoft. Sin embargo, no se le adjudicó al dúo colombo americano. El banco no podía aceptar que sus desarrolladores y hombres de soporte e implementación estuvieran en un país 'inseguro' como Colombia.

Quizás la mayor ventaja de Colombia en este aspecto es su ubicación geográfica. Un trabajo de offshoring implica hacer varios viajes al año. Adicionalmente, implica varias largas conferencias telefónicas a la semana. Para un estadounidense, todo esto suma más si su desarrollador está en India y no en Colombia. Por otro lado, la teoría de "seguir el sol" no funciona del todo. Esta dice que mientras ellos duermen uno trabaja y viceversa, con lo cual no hay días perdidos. La verdad es que mientras unos trabajan, surgen problemas que requieren despertar a los que duermen y esto no siempre es posible ni productivo. Otro factor de peso para que Colombia gane méritos en el exterior es su profesionalismo. Es muy importante cumplir las fechas que se estipulan, dice Barreiro, de K3. También se debe generar la confianza de que las líneas de código no desaparecerán 'misteriosamente', un gran temor de quienes mandan trabajo fuera de sus fronteras.



¿Para dónde vamos?

La posición de Colombia en la cadena global de offshoring también debe ser una inquietud de la industria. La pregunta de hacia dónde vamos está en discusión y su respuesta todavía no es muy clara. Para los participantes hay que tener un delicado equilibrio entre la atención que se la da al mercado doméstico y al externo.

Unos quieren incursionar en el negocio del offshoring por medio del bodyshopping. Uno de los principales impulsores de esta corriente es Carlos Ardila, de ACIS. Por medio de ALCOSA, una comercializadora colombiana en construcción, Ardila quiere vender mano de obra colombiana en Estados Unidos. Ardila se la está jugando a favor de lo que más tiene Colombia: mano de obra barata capaz de hacer los trabajos sencillos, que implica el bodyshopping. Según Ardila, uno de los argumentos detrás de esto es que hacer proyectos enteros sería demasiado difícil para la mayoría de las microempresas colombianas de software. "Están en distintos grados de madurez y usan distintos métodos. Coordinarlas sería casi imposible", dice.

Sin embargo, otros consideran que este camino tiene riesgos para la industria nacional, la cual no debe perder de vista el mercado doméstico. "Colombia no está preparada para hacer bodyshopping", dice Santanilla, de Fedesoft. Él aduce que la industria nacional necesita desarrollar más su capacidad técnica y empresarial para mejorar sus productos y mantener sus mercados en Colombia. Más aún, para hacerlo necesita la fuerza laboral que está saliendo cada año de las universidades. Si el bodyshopping toma vuelo, la atención de la industria se desvía de este objetivo al dedicarse a hacer trabajos para empresas extranjeras. "Sin embargo, todavía hay que echarle cifras a este asunto", dice.

Ambos argumentos son válidos. Por un lado, la industria colombiana podría aprender mucho de mejores prácticas y cómo funcionan los mercados externos de bodyshopping, dice Jaime Echavarría, presidente de Mecosoft. Al fin y al cabo, así aprendió India. Además, la industria no puede crecer al amparo del mercado doméstico, dice Aramburo, de PSL.

Pero, por otro lado, la industria nacional necesita fortalecerse internamente para competir. Porque las empresas que buscan mandar trabajo a otros países necesitan ver que las empresas que contratan son sólidas, tienen buenas prácticas, pueden dar soporte y perduran. Aramburo también cree en esto y de allí la necesidad de tener empresas "ancla" que jalonen a la pequeñas. Además, Ardila dice que el bodyshopping se debe hacer para Estados Unidos, mientras que en Centroamérica y países vecinos la industria colombiana debe exportar productos de más valor agregado, argumento con el cual Fedesoft está de acuerdo.

Con todo, las posiciones no son mutuamente excluyentes. La verdad probablemente está en el punto intermedio.

Como dice Echavarría, la industria debe progresar desde trabajos simples y rudimentarios como el bodyshopping, pero sin perder de vista un objetivo más ambicioso: exportar con más valor agregado.
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